En toda congregación hay alguien que cuesta. El que no aparece, el que siempre está desanimado, el que se cansa a la primera. La reacción fácil es pensar que sobra. El texto que vamos a estudiar dice lo contrario, y lo dice desde una iglesia que ya tenía exactamente ese problema hace dos mil años.

El texto que vamos a mirar de cerca

"También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos" (1 Tesalonicenses 5:14).

Cuatro verbos, cuatro grupos. Antes de aplicarlo a tu iglesia, conviene preguntar algo que casi siempre saltamos.

Primero: ¿qué significaba para ellos?

La primera pregunta al estudiar un pasaje no es "qué significa para mí". Es "qué le quería decir Pablo a Tesalónica". Esta carta no se escribió para el siglo veintiuno. Se escribió para una comunidad concreta, con nombre y dirección.

Sacar un versículo de su contexto es como leer un solo mensaje de una conversación ajena y creer que ya entendiste toda la historia. Falta el resto. Por eso el estudio serio empieza atrás, en la situación original, y solo después cruza el puente hacia hoy.

La situación de Tesalónica

Pablo fundó esta iglesia en su segundo viaje misionero, en Macedonia, al norte de Grecia. Fue parte del primer gran salto del evangelio a Europa. Lo acompañaban Silvano, a quien conocemos como Silas, y Timoteo.

La comunidad era mezcla de judíos y gentiles, y desde temprano sufrió persecución. Sus miembros eran excluidos de la vida pública y hostigados por sus vecinos. Pablo mismo tuvo que salir de la ciudad casi huyendo, después de haberse quedado un tiempo trabajando con sus manos para no ser una carga.

Y sin embargo, era una iglesia que Pablo amaba. Al abrir la carta la llama ejemplo "a todos los de Macedonia y de Acaya" (1 Tesalonicenses 1:7). Ejemplar, admirada, y aun así con hermanos que costaban. Ese es el dato que lo cambia todo.

Los cuatro grupos, palabra por palabra

El griego afina lo que en español se pierde. Vale la pena detenerse.

Los ociosos. La palabra es ataktos, un término militar: el soldado fuera de fila, desordenado, que rompe la formación. No es solo el flojo. Es el que va a su ritmo y desarma al grupo. A ese, dice Pablo, hay que amonestarlo (noutheteo): ponerle algo en la mente, corregirlo con intención de restaurar, no de humillar.

Los de poco ánimo. En griego oligopsychos, literalmente "de alma pequeña": el desanimado, el que ya no da más. A ese no se le reprende. Se le alienta (paramytheomai): consolar acercándose, hablar al lado, como quien camina junto al que flaquea.

Los débiles. Asthenes, el que no tiene fuerza, sea espiritual o moral. A ese hay que sostenerlo (antechomai): aferrarse a él, ser su punto de apoyo para que no caiga.

Tres grupos, tres respuestas distintas. Y una cuarta palabra los cubre a todos: paciencia (makrothymeo), la longanimidad que no se agota rápido.

El grupo que casi nadie cuenta

Si miras bien, hay un cuarto grupo escondido en el versículo: los que están bien. Porque alguien tiene que hacer todo lo anterior.

Pablo no dice "saquen a los desordenados, echen a los débiles, deshagánse de los desanimados". Dice lo opuesto: conténganlos, guíenlos, sopórtenlos. Lo que hacía hermosa a esta iglesia no era que no tuviera problemas. Era que tomaba a los que costaban y los llevaba a Cristo.

La voluntad del Señor nunca es sacar al que está mal. Es fortalecer al débil, sostener al caído, insistir con el ocioso.

El puente hacia hoy

Ahora sí podemos cruzar. Si lo que Pablo mandó a Tesalónica valía para una iglesia perseguida y ejemplar que igual tenía flojos y desanimados, vale para la tuya, que también los tiene.

El puente es este: si tú estás bien en la fe, ese es precisamente tu trabajo. No criticar al que no viene. No comentar al desanimado por lo bajo. Tu tarea es amonestar con amor, alentar al que flaquea, sostener al débil y tener paciencia con todos.

El que se coordina mal con las palmas en el coro no sobra. Para él también hay un propósito. Sacarlo sería más cómodo. No es lo que el Señor pide.

Un paso concreto esta semana

Piensa en la persona de tu congregación que más te cuesta. La que dirías que "estorba". Antes del próximo domingo, haz por ella una sola de estas cuatro cosas según lo que necesite: un mensaje de ánimo si está desanimada, una palabra franca y amable si anda desordenada, un gesto de apoyo si está débil.

No esperes que cambie primero. Ese es el punto de todo el pasaje. En la iglesia de Cristo nadie sobra, y si tú estás firme, es para levantar al que no lo está.