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Día 203 de 365 · 22 de julio

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Esdras 2

1Estos son los hijos de la provincia que subieron de la cautividad, de los desterrados que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había llevado cautivos a Babilonia y que volvieron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad, 2los cuales vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Seraías, Reelaías, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvai, Rehum y Baana.
El número de hombres del pueblo de Israel: 3los hijos de Paros, 2,172; 4los hijos de Sefatías, 372; 5los hijos de Ara, 775; 6los hijos de Pahat Moab, de los hijos de Jesúa y de Joab, 2,812; 7los hijos de Elam, 1,254; 8los hijos de Zatu, 945; 9los hijos de Zacai, 760; 10los hijos de Bani, 642; 11los hijos de Bebai, 623; 12los hijos de Azgad, 1,222; 13los hijos de Adonicam, 666; 14los hijos de Bigvai, 2,056; 15los hijos de Adín, 454; 16los hijos de Ater, de Ezequías, 98; 17los hijos de Bezai, 323; 18los hijos de Jora, 112; 19los hijos de Hasum, 223; 20los hijos de Gibar, 95; 21los hombres de Belén, 123; 22los hombres de Netofa, 56; 23los hombres de Anatot, 128; 24los hijos de Azmavet, 42; 25los hijos de Quiriat Jearim, Cafira y Beerot, 743; 26los hijos de Ramá y Geba, 621; 27los hombres de Micmas, 122; 28los hombres de Betel y Hai, 223; 29los hijos de Nebo, 52; 30los hijos de Magbis, 156; 31los hijos del otro Elam, 1,254; 32los hijos de Harim, 320; 33los hijos de Lod, Hadid y Ono, 725; 34los hombres de Jericó, 345; 35los hijos de Senaa, 3,630.
36Los sacerdotes: los hijos de Jedaías, de la casa de Jesúa, 973; 37los hijos de Imer, 1,052; 38los hijos de Pasur, 1,247; 39los hijos de Harim, 1,017.
40Los levitas: los hijos de Jesúa y de Cadmiel, de los hijos de Hodavías, 74. 41Los cantores: los hijos de Asaf, 128. 42Los hijos de los porteros: los hijos de Salum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Acub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai, en total 139.
43Los sirvientes del templo: los hijos de Ziha, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot, 44los hijos de Queros, los hijos de Siaha, los hijos de Padón, 45los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Acub, 46los hijos de Hagab, los hijos de Salmai, los hijos de Hanán, 47los hijos de Gidel, los hijos de Gahar, los hijos de Reaía, 48los hijos de Rezín, los hijos de Necoda, los hijos de Gazam, 49los hijos de Uza, los hijos de Paseah, los hijos de Besai, 50los hijos de Asena, los hijos de Mehunim, los hijos de Nefusim, 51los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harhur, 52los hijos de Bazlut, los hijos de Mehída, los hijos de Harsa, 53los hijos de Barcos, los hijos de Sísara, los hijos de Tema, 54los hijos de Nezía, los hijos de Hatifa.
55Los hijos de los siervos de Salomón: los hijos de Sotai, los hijos de Soferet, los hijos de Peruda, 56los hijos de Jaala, los hijos de Darcón, los hijos de Gidel, 57los hijos de Sefatías, los hijos de Hatil, los hijos de Poqueret Hazebaim, los hijos de Ami. 58El total de los sirvientes del templo y de los hijos de los siervos de Salomón, era de 392.
59Y estos fueron los que subieron de Tel Mela, Tel Harsa, Querub, Addán e Imer, aunque no pudieron demostrar si sus casas paternas o su descendencia eran de Israel: 60los hijos de Delaía, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, 652.
61De los hijos de los sacerdotes: los hijos de Habaía, los hijos de Cos, los hijos de Barzilai, que había tomado por mujer a una de las hijas de Barzilai el galaadita, con cuyo nombre fue llamado. 62Estos buscaron en su registro de genealogías, pero no se hallaron, y fueron considerados inmundos y excluidos del sacerdocio. 63El gobernador les dijo que no comieran de las cosas santísimas hasta que un sacerdote se levantara con Urim y Tumim.
64Toda la asamblea reunida era de 42,360, 65sin contar sus siervos y siervas, que eran 7,337; y tenían 200 cantores y cantoras. 66Sus caballos eran 736; sus mulos, 245; 67sus camellos, 435; sus asnos, 6,720.
68Cuando algunos de los jefes de casas paternas llegaron a la casa del Señor que está en Jerusalén, hicieron ofrendas voluntarias en la casa de Dios para reedificarla sobre sus mismos cimientos. 69Según sus medios dieron al tesoro para la obra 61,000 dracmas (518.5 kilos) de oro, 5,000 minas (2,850 kilos) de plata y 100 túnicas sacerdotales.
70Los sacerdotes y los levitas, algunos del pueblo, los cantores, los porteros y los sirvientes del templo habitaban en sus ciudades, y el resto de Israel en sus ciudades.

Esdras 3

1Cuando llegó el mes séptimo, y ya estando los israelitas en las ciudades, el pueblo se reunió como un solo hombre en Jerusalén. 2Entonces Jesúa, hijo de Josadac, con sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Salatiel, con sus hermanos, se levantaron y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer holocaustos sobre él, como está escrito en la ley de Moisés, hombre de Dios. 3Asentaron el altar sobre su base, porque estaban aterrorizados a causa de los pueblos de aquellas tierras; y sobre él ofrecieron holocaustos al Señor, los holocaustos de la mañana y de la tarde.
4Celebraron la Fiesta de los Tabernáculos como está escrito, con el número diario de holocaustos, conforme a lo prescrito para cada día; 5y después ofrecieron el holocausto continuo, y los de las lunas nuevas, los de todas las fiestas señaladas del Señor que habían sido consagradas, y los de todos aquellos que ofrecían una ofrenda voluntaria al Señor. 6Desde el primer día del mes séptimo comenzaron a ofrecer holocaustos al Señor, pero los cimientos del templo del Señor no se habían echado todavía.
7Entonces dieron dinero a los canteros y a los carpinteros, y alimento, bebida y aceite a los sidonios y a los tirios para que trajeran madera de cedro desde el Líbano por mar hasta Jope, conforme al permiso que tenían de Ciro, rey de Persia. 8Y en el segundo año de su llegada a la casa de Dios en Jerusalén, en el mes segundo, Zorobabel, hijo de Salatiel, y Jesúa, hijo de Josadac, y los demás de sus hermanos los sacerdotes y los levitas, y todos los que habían venido de la cautividad a Jerusalén, comenzaron la obra y designaron a los levitas de veinte años arriba para dirigir la obra de la casa del Señor. 9Entonces Jesúa, con sus hijos y sus hermanos, Cadmiel con sus hijos, los hijos de Judá y los hijos de Henadad con sus hijos y sus hermanos los levitas, se presentaron todos a una para dirigir a los obreros en la casa de Dios.
10Cuando los albañiles terminaron de echar los cimientos del templo del Señor, se presentaron los sacerdotes en sus vestiduras, con trompetas, y los levitas, hijos de Asaf, con címbalos, para alabar al Señor conforme a las instrucciones del rey David de Israel. 11Y cantaban, alabando y dando gracias al Señor: «Porque Él es bueno, porque para siempre es Su misericordia sobre Israel». Y todo el pueblo aclamaba a gran voz alabando al Señor porque se habían echado los cimientos de la casa del Señor. 12Pero muchos sacerdotes y levitas y jefes de casas paternas, que ya eran ancianos y que habían visto el primer templo, cuando se echaban los cimientos de este templo delante de sus ojos, lloraban en alta voz mientras muchos daban gritos de alegría. 13Así que el pueblo no podía distinguir entre el clamor de los gritos de alegría y el clamor del llanto del pueblo, porque el pueblo gritaba en voz alta, y se oía el clamor desde lejos.

Tito 3

1Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes, que estén preparados para toda buena obra. 2Que no injurien a nadie, que no sean contenciosos, sino amables, mostrando toda consideración para con todos los hombres.
3Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros. 4Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y Su amor hacia la humanidad, 5Él nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, 6que Él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, 7para que justificados por Su gracia fuéramos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.
8Palabra fiel es esta; y en cuanto a estas cosas quiero que hables con firmeza, para que los que han creído en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles para los hombres. 9Pero evita controversias necias, genealogías, contiendas y discusiones acerca de la ley, porque son sin provecho y sin valor. 10Al hombre que cause divisiones, después de la primera y segunda amonestación, recházalo, 11sabiendo que el tal es perverso y está pecando, habiéndose condenado a sí mismo.
12Cuando te envíe a Artemas o a Tíquico, procura venir a verme en Nicópolis, porque he decidido pasar allí el invierno. 13Encamina con diligencia a Zenas, intérprete de la ley, y a Apolos, para que nada les falte. 14Y que los nuestros aprendan a ocuparse en buenas obras, atendiendo a las necesidades apremiantes, para que no estén sin fruto.
15Todos los que están conmigo te saludan. Saluda a los que nos aman en la fe.
La gracia sea con todos ustedes.

Salmo 53

Para el director del coro; según Mahalat. Masquil de David.
1El necio ha dicho en su corazón: «No hay Dios».
Se han corrompido, han cometido injusticias abominables;
No hay quien haga el bien.
2Dios ha mirado desde los cielos sobre los hijos de los hombres
Para ver si hay alguien que entienda,
Alguien que busque a Dios.
3Todos se han desviado, a una se han corrompido;
No hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno.
4¶¿Acaso no tienen conocimiento los que hacen iniquidad,
Que devoran a Mi pueblo como si comieran pan,
Y no invocan a Dios?
5 Donde antes no había terror, allí tiemblan de espanto,
Porque Dios esparció los huesos del que acampaba contra ti;
los avergonzaste, porque Dios los había rechazado.
6¡Oh, si de Sión saliera la salvación de Israel!
Cuando Dios restaure a Su pueblo cautivo,
Se regocijará Jacob y se alegrará Israel.

Proverbios 17

1Mejor es un bocado seco y con él tranquilidad,
Que una casa llena de banquetes con discordia.
2El siervo prudente prevalecerá sobre el hijo sin honra,
Y con los hermanos participará de la herencia.
3El crisol es para la plata y el horno para el oro,
Pero el Señor prueba los corazones.
4El malhechor escucha a los labios perversos;
El mentiroso presta atención a la lengua detractora.
5El que se burla del pobre afrenta a su Hacedor;
El que se regocija de la desgracia no quedará sin castigo.
6Corona de los ancianos son los nietos,
Y la gloria de los hijos son sus padres.
7No convienen al necio las palabras elocuentes,
Mucho menos al príncipe los labios mentirosos.
8Talismán es el soborno a los ojos de su dueño;
Dondequiera que se vuelva, prospera.
9El que cubre una falta busca afecto,
Pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos.
10La reprensión penetra más en el que tiene entendimiento
Que cien azotes en el necio.
11El rebelde solo busca el mal,
Y un cruel mensajero se enviará contra él.
12Mejor es encontrarse con una osa privada de sus cachorros,
Que con un necio en su necedad.
13Al que devuelve mal por bien,
El mal no se apartará de su casa.
14El comienzo del pleito es como el soltar de las aguas;
Deja, pues, la riña antes de que empiece.
15El que justifica al impío y el que condena al justo,
Ambos son igualmente abominación al Señor.
16¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría
Cuando no tiene entendimiento?
17En todo tiempo ama el amigo,
Y el hermano nace para tiempo de angustia.
18El hombre falto de entendimiento se compromete,
Y sale fiador a favor de su prójimo.
19El que ama la transgresión, ama el pleito;
El que alza su puerta, busca la destrucción.
20El de corazón perverso nunca encuentra el bien,
Y el de lengua pervertida cae en el mal.
21El que engendra un necio, para su tristeza lo engendra,
Y el padre del necio no tiene alegría.
22El corazón alegre es buena medicina,
Pero el espíritu quebrantado seca los huesos.
23El impío recibe soborno bajo el manto
Para pervertir las sendas del derecho.
24En presencia del que tiene entendimiento está la sabiduría,
Pero los ojos del necio están en los extremos de la tierra.
25El hijo necio es pesadumbre de su padre
Y amargura para la que lo dio a luz.
26Ciertamente no es bueno multar al justo,
Ni golpear a los nobles por su rectitud.
27El que retiene sus palabras tiene conocimiento,
Y el de espíritu sereno es hombre entendido.
28Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio,
Cuando cierra los labios, porprudente.

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