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Día 10 de 365 · 10 de enero

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Génesis 19

1Los dos ángeles llegaron a Sodoma al caer la tarde, cuando Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Al verlos, Lot se levantó para recibirlos y se postró rostro en tierra, 2y les dijo: «Señores míos, les ruego que entren en la casa de su siervo y pasen en ella la noche y laven sus pies. Entonces se levantarán temprano y continuarán su camino». «No», dijeron ellos, «sino que pasaremos la noche en la plaza». 3Él, sin embargo, les rogó con insistencia, y ellos fueron con él y entraron en su casa. Lot les preparó un banquete y coció pan sin levadura, y comieron.
4Aún no se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad, los hombres de Sodoma, rodearon la casa, tanto jóvenes como viejos, todo el pueblo sin excepción. 5Y llamaron a Lot, y le dijeron: «¿Dónde están los hombres que vinieron a ti esta noche? Sácalos para que los conozcamos».
6Entonces Lot salió a ellos a la entrada, y cerró la puerta tras sí, 7«Hermanos míos, les ruego que no obren perversamente», les dijo Lot. 8«Miren, tengo dos hijas que no han conocido varón. Permítanme sacarlas a ustedes y hagan con ellas como mejor les parezca. Pero no hagan nada a estos hombres, pues se han amparado bajo mi techo».
9«¡Hazte a un lado!», dijeron ellos. Y dijeron además: «Este ha venido como extranjero, y ya está actuando como juez; ahora te trataremos a ti peor que a ellos». Se lanzaron contra Lot y estaban a punto de romper la puerta, 10pero los dos hombres extendieron la mano y metieron a Lot en la casa con ellos, y cerraron la puerta.
11Y a los hombres que estaban a la entrada de la casa los hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor, de manera que se cansaban tratando de hallar la entrada.
12Entonces los dos hombres dijeron a Lot: «¿A quién más tienes aquí? A tus yernos, a tus hijos, a tus hijas y quienquiera que tengas en la ciudad, sácalos de este lugar. 13Porque vamos a destruir este lugar, pues su clamor ha llegado a ser tan grande delante del Señor, que el Señor nos ha enviado a destruirlo».
14Lot salió y habló a sus yernos que iban a casarse con sus hijas, y dijo: «Levántense, salgan de este lugar porque el Señor destruirá la ciudad». Pero a sus yernos les pareció que bromeaba.
15Al amanecer, los ángeles apremiaban a Lot, diciendo: «Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, para que no sean destruidos en el castigo de la ciudad». 16Pero él titubeaba. Entonces los dos hombres los tomaron de la mano, a él, y a su mujer y a sus dos hijas, porque la compasión del Señor estaba sobre él. Los sacaron y los pusieron fuera de la ciudad.
17Cuando los habían llevado fuera, uno le dijo: «Huye por tu vida. No mires detrás de ti y no te detengas en ninguna parte del valle. Escapa al monte, no sea que perezcas». 18«No, por favor, señores míos», les dijo Lot. 19«Ahora tu siervo ha hallado gracia ante tus ojos, y has engrandecido tu misericordia la cual me has mostrado salvándome la vida. Pero no puedo escapar al monte, no sea que el desastre me alcance, y muera. 20Mira, esta ciudad está bastante cerca para huir a ella, y es pequeña. Te ruego que me dejes huir allá (¿acaso no es pequeña?) para salvar mi vida». 21Y él le respondió: «Bien, te concedo también esta petición de no destruir la ciudad de que has hablado. 22Date prisa, escapa allá, porque nada puedo hacer hasta que llegues allí». Por eso el nombre que se le puso a la ciudad fue Zoar.
23El sol había salido sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar. 24Entonces el Señor hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra, de parte del Señor desde los cielos. 25Él destruyó aquellas ciudades y todo el valle y todos los habitantes de las ciudades y todo lo que crecía en la tierra. 26Pero la mujer de Lot, que iba tras él, miró hacia atrás y se convirtió en una columna de sal.
27Abraham se levantó muy de mañana, y fue al sitio donde había estado delante del Señor. 28Dirigió la vista hacia Sodoma y Gomorra y hacia toda la tierra del valle y miró; y el humo ascendía de la tierra como el humo de un horno. 29Pero cuando Dios destruyó las ciudades del valle, se acordó de Abraham e hizo salir a Lot de en medio de la destrucción, cuando destruyó las ciudades donde había habitado Lot.
30Lot subió de Zoar y habitó en los montes, y sus dos hijas con él, pues tenía miedo de quedarse en Zoar. Y habitó en una cueva, él y sus dos hijas. 31Entonces la mayor dijo a la menor: «Nuestro padre es viejo y no hay ningún hombre en el país que se llegue a nosotras según la costumbre de toda la tierra. 32Ven, hagamos que beba vino nuestro padre, y acostémonos con él para preservar nuestra familia por medio de nuestro padre». 33Aquella noche hicieron que su padre bebiera vino, y la mayor entró y se acostó con su padre, y él no supo cuando ella se acostó ni cuando se levantó.
34Al día siguiente la mayor dijo a la menor: «Mira, anoche yo me acosté con mi padre. Hagamos que beba vino esta noche también, y entonces entra tú y acuéstate con él, para preservar nuestra familia por medio de nuestro padre». 35De manera que también aquella noche hicieron que su padre bebiera vino, y la menor se levantó y se acostó con él, y él no supo cuando ella se acostó ni cuando se levantó. 36Así las dos hijas de Lot concibieron de su padre.
37Y la mayor dio a luz un hijo, y lo llamó Moab. Él es el padre de los moabitas hasta hoy. 38En cuanto a la menor, también ella dio a luz un hijo, y lo llamó Ben-Ammi. Él es el padre de los amonitashasta hoy.

Génesis 20

1Abraham salió de donde estaba hacia la tierra del Neguev, y se estableció entre Cades y Shur. Entonces estuvo por un tiempo en Gerar. 2Abraham decía de Sara su mujer: «Es mi hermana». Entonces Abimelec, rey de Gerar, envió y tomó a Sara. 3Pero Dios vino a Abimelec en un sueño de noche, y le dijo: «Tú eres hombre muerto por razón de la mujer que has tomado, pues está casada».
4Pero Abimelec no se había acercado a ella, y dijo: «Señor, ¿destruirás a una nación aunque sea inocente? 5¿No me dijo él mismo: “Es mi hermana”? Y ella también dijo: “Es mi hermano”. En la integridad de mi corazón y con manos inocentes yo he hecho esto».
6Entonces Dios le dijo en el sueño: «Sí, Yo sé que en la integridad de tu corazón has hecho esto. Y además, Yo te guardé de pecar contra mí, por eso no te dejé que la tocaras. 7Ahora pues, devuelve la mujer al marido, porque él es profeta y orará por ti, y vivirás. Pero si no la devuelves, sabe que de cierto morirás, tú y todos los tuyos».
8Abimelec se levantó muy de mañana, llamó a todos sus siervos y relató todas estas cosas a oídos de ellos; y los hombres se atemorizaron en gran manera. 9Entonces Abimelec llamó a Abraham, y le dijo: «¿Qué nos has hecho? ¿Y en qué he pecado contra ti, para que hayas traído sobre mí y sobre mi reino un pecado tan grande? Me has hecho cosas que no se deben hacer». 10Abimelec añadió a Abraham: «¿Qué has hallado para que hayas hecho esto?».
11Y Abraham respondió: «Porque me dije: Sin duda no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer. 12Además, en realidad es mi hermana, hija de mi padre, pero no hija de mi madre. Ella vino a ser mi mujer. 13Cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije a ella: “Este es el favor que me harás: a cualquier lugar que vayamos, dirás de mí: ‘Es mi hermano’ ” ».
14Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, siervos y siervas, y se los dio a Abraham, y le devolvió a Sara su mujer. 15Y le dijo Abimelec: «Mi tierra está delante de ti. Habita donde quieras». 16A Sara le dijo: «Mira, he dado a tu hermano 1,000 monedas de plata. Esta es tu vindicación delante de todos los que están contigo, y ante todos quedas vindicada». 17Abraham oró a Dios, y Dios sanó a Abimelec, a su mujer y a sus siervas, y tuvieron hijos. 18Porque el Señorhabía cerrado completamente toda matriz en la casa de Abimelec por causa de Sara, mujer de Abraham.

Mateo 10

1Llamando a Sus doce discípulos, Jesús les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.
2Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; y Jacobo, el hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; 3Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Jacobo, el hijo de Alfeo, y Tadeo; 4Simón el cananita, y Judas Iscariote, el que también lo entregó.
5A estos doce envió Jesús después de instruirlos, diciendo: «No vayan por el camino de los gentiles ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. 6Sino vayan más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7Y cuando vayan, prediquen diciendo: “El reino de los cielos se ha acercado”. 8Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios; de gracia recibieron, den de gracia.
9 »No se provean de oro, ni de plata, ni de cobre para llevar en sus cintos, 10ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de sandalias, ni de bordón; porque el obrero es digno de su sostén. 11En cualquier ciudad o aldea donde entren, averigüen quién es digno en ella, y quédense allí hasta que se marchen. 12Al entrar en la casa, denle su saludo de paz. 13Y si la casa es digna, que su saludo de paz venga sobre ella; pero si no es digna, que su saludo de paz se vuelva a ustedes. 14Cualquiera que no los reciba ni oiga sus palabras, al salir de esa casa o de esa ciudad, sacudan el polvo de sus pies. 15En verdad les digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y Gomorra que para esa ciudad.
16 »Miren, Yo los envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sean astutos como las serpientes e inocentes como las palomas. 17Pero cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas; 18y hasta serán llevados delante de gobernadores y reyes por Mi causa, como un testimonio a ellos y a los gentiles. 19Pero cuando los entreguen, no se preocupen de cómo o qué hablarán; porque a esa hora se les dará lo que habrán de hablar. 20Porque no son ustedes los que hablan, sino el Espíritu de su Padre que habla en ustedes.
21 »El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y les causarán la muerte . 22Y serán odiados de todos por causa de Mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, ese será salvo. 23Pero cuando los persigan en esta ciudad, huyan a la otra; porque en verdad les digo, que no terminarán de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre.
24 »Un discípulo no está por encima del maestro, ni un siervo por encima de su señor. 25Le basta al discípulo llegar a ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al dueño de la casa lo han llamado Beelzebú, ¡cuánto más a los de su casa!
26 »Así que no les tengan miedo, porque nada hay encubierto que no haya de ser revelado, ni oculto que no haya de saberse. 27Lo que les digo en la oscuridad, háblenlo en la luz; y lo que oyen al oído, proclámenlo desde las azoteas. 28No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno. 29¿No se venden dos pajarillos por una monedita? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo el Padre. 30Y hasta los cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados. 31Así que no teman; ustedes valen más que muchos pajarillos.
32 »Por tanto, todo el que me confiese delante de los hombres, Yo también lo confesaré delante de Mi Padre que está en los cielos. 33Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de Mi Padre que está en los cielos.
34 »No piensen que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. 35Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; 36y los enemigos del hombre serán los de su misma casa.
37 »El que ama al padre o a la madre más que a Mí, no es digno de Mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a Mí, no es digno de Mí. 38Y el que no toma su cruz y sigue en pos de Mí, no es digno de Mí. 39El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por Mi causa, la hallará.
40 »El que los recibe a ustedes, me recibe a Mí; y el que me recibe a Mí, recibe al que me envió. 41El que recibe a un profeta como profeta, recibirá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo como justo, recibirá recompensa de justo. 42Y cualquiera que como discípulo dé a beber aunque solo sea un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, en verdad les digo que no perderá su recompensa».

Salmo 10

1¿Por qué, oh Señor, te mantienes alejado,
Y te escondes en tiempos de tribulación?
2Con arrogancia el impío acosa al afligido;
¡Que sea atrapado en las trampas que ha preparado!
3¶Porque del deseo de su corazón se gloría el impío,
Y el codicioso maldice y desprecia al Señor.
4El impío, en la arrogancia de su rostro, no busca a Dios.
Todo su pensamiento es: «No hay Dios».
5¶Sus caminos prosperan en todo tiempo;
Tus juicios, oh Dios, están en lo alto, lejos de su vista;
A todos sus adversarios los desprecia.
6Dice en su corazón: «No hay quien me mueva;
Por todas las generaciones no sufriré adversidad».
7Llena está su boca de blasfemia, engaño y opresión;
Bajo su lengua hay malicia e iniquidad.
8Se sienta al acecho en las aldeas,
En los escondrijos mata al inocente;
Sus ojos espían al desvalido.
9Acecha en el escondrijo como león en su guarida;
Acecha para atrapar al afligido,
Y atrapa al afligido arrastrándolo a su red.
10Se agazapa, se encoge,
Y los desdichados caen en sus garras.
11El impío dice en su corazón: «Dios se ha olvidado;
Ha escondido Su rostro; nunca verá nada».
12¶Levántate, oh Señor; alza, oh Dios, Tu mano.
No te olvides de los pobres.
13¿Por qué ha despreciado el impío a Dios?
Ha dicho en su corazón: «Tú no le pedirás cuentas».
14lo has visto, porque has contemplado la malicia y el maltrato, para hacer justicia con Tu mano.
A Ti se acoge el desvalido;
Tú has sido amparo del huérfano.
15Quiébrale el brazo al impío y al malvado;
Persigue su maldad hasta que desaparezca.
16¶El Señor es Rey eternamente y para siempre;
Las naciones han perecido de Su tierra.
17Oh Señor, Tú has oído el deseo de los humildes;
Tú fortalecerás su corazón e inclinarás Tu oído
18Para hacer justicia al huérfano y al afligido;
Para que no vuelva a causar terror el hombre que es de la tierra.

Proverbios 10

1Los proverbios de Salomón.
El hijo sabio alegra al padre,
Pero el hijo necio es tristeza para su madre.
2Tesoros mal adquiridos no aprovechan,
Pero la justicia libra de la muerte.
3El Señor no permitirá que el justo padezca hambre,
Pero rechazará la avidez de los impíos.
4Pobre es el que trabaja con mano negligente,
Pero la mano de los diligentes enriquece.
5El que recoge en el verano es hijo sabio,
El que se duerme durante la siega es hijo que avergüenza.
6Hay bendiciones sobre la cabeza del justo,
Pero la boca de los impíos oculta violencia.
7La memoria del justo es bendita,
Pero el nombre del impío se pudrirá.
8El sabio de corazón aceptará mandatos,
Pero el necio charlatán será derribado.
9El que anda en integridad anda seguro,
Pero el que pervierte sus caminos será descubierto.
10El que guiña el ojo causa disgustos,
Y el necio charlatán será derribado.
11Fuente de vida es la boca del justo,
Pero la boca de los impíos encubre violencia.
12El odio crea rencillas,
Pero el amor cubre todas las transgresiones.
13En los labios del entendido se halla sabiduría,
Pero la vara es para las espaldas del falto de entendimiento.
14Los sabios atesoran conocimiento,
Pero la boca del necio es ruina cercana.
15La fortuna del rico es su fortaleza,
La ruina de los pobres es su pobreza.
16El salario del justo es vida,
La ganancia del impío, castigo.
17 Por senda de vida va el que guarda la instrucción,
Pero el que abandona la reprensión se extravía.
18El que oculta el odio tiene labios mentirosos,
Y el que esparce calumnia es un necio.
19En las muchas palabras, la transgresión es inevitable,
Pero el que refrena sus labios es prudente.
20La lengua del justo es plata escogida,
Pero el corazón de los impíos es poca cosa.
21Los labios del justo apacientan a muchos,
Pero los necios mueren por falta de entendimiento.
22La bendición del Señor es la que enriquece,
Y Él no añade tristeza con ella.
23Como diversión es para el necio el hacer maldad,
Y la sabiduría lo es para el hombre de entendimiento.
24Lo que el impío teme vendrá sobre él,
Y el deseo de los justos será concedido.
25Cuando pasa el torbellino, ya no existe el impío,
Pero el justo tiene cimiento eterno.
26Como el vinagre a los dientes y el humo a los ojos,
Así es el perezoso para quienes lo envían.
27El temor del Señor multiplica los días,
Pero los años de los impíos serán acortados.
28La esperanza de los justos es alegría,
Pero la expectación de los impíos perecerá.
29Fortaleza para el íntegro es el camino del Señor,
Pero ruina para los que obran iniquidad.
30El justo nunca será conmovido,
Pero los impíos no habitarán en la tierra.
31De la boca del justo brota sabiduría,
Pero la lengua perversa será cortada.
32Los labios del justo dan a conocer lo agradable,
Pero la boca de los impíos, lo perverso.

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