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Día 100 de 365 · 10 de abril

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Josué 12

1Estos son los reyes de la tierra a quienes los israelitas derrotaron, y cuya tierra poseyeron al otro lado del Jordán, hacia el oriente, desde el valle del Arnón hasta el monte Hermón, y todo el Arabá hacia el oriente:
2Sehón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón y gobernaba desde Aroer, que está al borde del valle del Arnón, el medio del valle y la mitad de Galaad, y hasta el arroyo de Jaboc, frontera de los amonitas; 3y el Arabá hasta el mar de Cineret hacia el oriente, y hasta el mar de Arabá, el mar Salado, al oriente hacia Bet Jesimot, y al sur, al pie de las laderas del Pisga; 4y el territorio de Og, rey de Basán, uno de los que quedaba de los refaítas, que habitaba en Astarot y en Edrei, 5y que gobernaba en el monte Hermón, en Salca y en todo Basán, hasta las fronteras del Gesureo y del maacateo, y la mitad de Galaad, hasta la frontera de Sehón, rey de Hesbón.
6 A estos Moisés, siervo del Señor, y los israelitas los derrotaron; y Moisés, siervo del Señor, dio su tierra en posesión a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés.
7Estos son los reyes de la tierra que Josué y los israelitas derrotaron al otro lado del Jordán, hacia el occidente, desde Baal Gad en el valle del Líbano hasta el monte Halac que se levanta hacia Seir. Josué dio la tierra de estos reyes en posesión a las tribus de Israel según sus divisiones, 8en la región montañosa, en las tierras bajas, en el Arabá, en las laderas, en el desierto y en el Neguev; de los hititas, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos: 9el rey de Jericó, uno; el rey de Hai, que está al lado de Betel, uno; 10el rey de Jerusalén, uno; el rey de Hebrón, uno; 11el rey de Jarmut, uno; el rey de Laquis, uno; 12el rey de Eglón, uno; el rey de Gezer, uno; 13el rey de Debir, uno; el rey de Geder, uno; 14el rey de Horma, uno; el rey de Arad, uno; 15el rey de Libna, uno; el rey de Adulam, uno; 16el rey de Maceda, uno; el rey de Betel, uno; 17el rey de Tapúa, uno; el rey de Hefer, uno; 18el rey de Afec, uno; el rey de Sarón, uno; 19el rey de Madón, uno; el rey de Hazor, uno; 20el rey de Simrón Merón, uno; el rey de Acsaf, uno; 21el rey de Taanac, uno; el rey de Meguido, uno; 22el rey de Cedes, uno; el rey de Jocneam del Carmelo, uno; 23el rey de Dor, en las alturas de Dor, uno; el rey de Goyim en Gilgal, uno; 24el rey de Tirsa, uno. Treinta y un reyes en total.

Josué 13

1Cuando Josué ya era viejo el Señor le dijo: «Tú ya eres anciano y todavía queda mucha tierra por conquistar. 2Esta es la tierra que queda: todos los distritos de los filisteos y todos los de los gesureos; 3desde el Sihor, que está al oriente de Egipto, hasta la frontera de Ecrón al norte (que se considera de los cananeos); los cinco príncipes de los filisteos: el gazeo, el asdodeo, el ascaloneo, el geteo, y el ecroneo; también los aveos. 4Hacia el sur, toda la tierra de los cananeos, y Mehara que pertenece a los sidonios, hasta Afec, hasta la frontera de los amorreos; 5y la tierra de los giblitas, y todo el Líbano hacia el oriente, desde Baal Gad al pie del monte Hermón, hasta Lebo Hamat.
6»A todos los habitantes de la región montañosa desde el Líbano hasta Misrefot Maim, a todos los sidonios, yo los expulsaré de delante de los israelitas. Solamente tú tienes que repartir la tierra por suerte a Israel como heredad tal como te he mandado. 7Ahora pues, reparte esta tierra como heredad a las nueve tribus, y a la media tribu de Manasés».
8Los rubenitas y los gaditas con la otra media tribu habían recibido ya su heredad, la cual Moisés les había dado al otro lado del Jordán, hacia el oriente, tal como se la había dado Moisés, siervo del Señor: 9desde Aroer, que está a la orilla del valle del Arnón, con la ciudad que está en medio del valle, y toda la llanura de Medeba, hasta Dibón; 10todas las ciudades de Sehón, rey de los amorreos, que reinaba en Hesbón, hasta la frontera de los amonitas.
11También Galaad y el territorio de los gesureos y los maacateos, y todo el monte Hermón, y todo Basán hasta Salca; 12todo el reino de Og en Basán, el cual reinaba en Astarot y en Edrei (solo él quedaba del remanente de los refaítas); porque Moisés los hirió y los desposeyó.
13Pero los israelitas no desposeyeron a los gesureos ni a los maacateos. Así que Gesur y Maaca habitan en medio de Israel hasta hoy.
14Solo a la tribu de Leví no le dio Moisés heredad; las ofrendas encendidas al Señor, Dios de Israel, son su heredad, como Él le había dicho.
15Moisés le había dado una heredad a la tribu de los hijos de Rubén conforme a sus familias. 16Y el territorio de ellos era desde Aroer, que está a la orilla del valle del Arnón, con la ciudad que está en medio del valle, y toda la llanura hasta Medeba; 17Hesbón y todas sus ciudades que están en la llanura: Dibón, Bamot Baal, Bet Baal Meón, 18Jahaza, Cademot, Mefaat, 19Quiriataim, Sibma, Zaret Sahar en el monte del valle, 20Bet Peor, las laderas de Pisga, Bet Jesimot, 21todas las ciudades de la llanura, y todo el reino de Sehón, rey de los amorreos, que reinaba en Hesbón, al cual Moisés hirió, así como a los jefes de Madián, Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, príncipes de Sehón que habitaban en aquella tierra.
22Entre los que mataron los israelitas, también dieron muerte a espada al adivino Balaam, hijo de Beor. 23El límite de los rubenitas era el Jordán. Esta fue la heredad de la tribu de Rubén según sus familias: las ciudades y sus aldeas.
24Moisés también había dado una heredad a la tribu de Gad, a los hijos de Gad, conforme a sus familias. 25Y su territorio era Jazer, todas las ciudades de Galaad y la mitad de la tierra de los amonitas hasta Aroer, que está frente a Rabá; 26desde Hesbón hasta Ramat Mizpa y Betonim, y desde Mahanaim hasta la frontera de Debir; 27y en el valle, Bet Aram, Bet Nimra, Sucot y Zafón, el resto del reino de Sehón, rey de Hesbón, con el Jordán como límite, hasta el extremo del mar de Cineret al otro lado del Jordán, al oriente. 28Esta es la heredad de los hijos de Gad según sus familias, las ciudades y sus aldeas.
29Moisés también le había dado una heredad a la media tribu de Manasés. Fue para la media tribu de los hijos de Manasés, conforme a sus familias. 30Su territorio abarcaba desde Mahanaim, todo Basán, todo el reino de Og, rey de Basán, y todos los pueblos de Jair que están en Basán, sesenta ciudades. 31También la mitad de Galaad con Astarot y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán, fueron para los hijos de Maquir, hijo de Manasés, para la mitad de los hijos de Maquir conforme a sus familias.
32Estos son los territorios que Moisés repartió por heredad en las llanuras de Moab, al otro lado del Jordán, al oriente de Jericó. 33Pero a la tribu de Leví, Moisés no le dio heredad. El Señor, Dios de Israel, es su heredad, como Él les había prometido.

Hechos 11

1Los apóstoles y los hermanos que estaban por toda Judea oyeron que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. 2Cuando Pedro subió a Jerusalén, los que eran de la circuncisión le reprocharon: 3«Tú entraste en casa de incircuncisos y comiste con ellos».
4Entonces Pedro comenzó a explicarles en orden lo sucedido: 5«Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión: un objeto semejante a un gran lienzo que descendía, bajado del cielo por las cuatro puntas, y vino hasta mí. 6Cuando fijé mis ojos en él y lo observaba, vi cuadrúpedos terrestres, fieras, reptiles y aves del cielo. 7También oí una voz que me decía: “Levántate Pedro, mata y come”. 8Pero yo dije: “De ninguna manera, Señor, porque nada impuro o inmundo ha entrado jamás en mi boca”. 9Pero una voz del cielo respondió por segunda vez: “Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú impuro”. 10Esto sucedió tres veces, y todo volvió a ser llevado arriba al cielo.
11»En aquel momento se aparecieron tres hombres delante de la casa donde estábamos, los cuales habían sido enviados a mí desde Cesarea. 12Y el Espíritu Santo me dijo que fuera con ellos sin dudar. Estos seis hermanos fueron también conmigo y entramos en la casa de aquel hombre. 13Y él nos contó cómo había visto al ángel de pie en su casa, el cual le dijo: “Envía unos hombres a Jope y haz traer a Simón, que también se llama Pedro, 14quien te dirá palabras por las cuales serás salvo, tú y toda tu casa”.
15»Cuando comencé a hablar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, tal como lo hizo sobre nosotros al principio. 16Entonces me acordé de las palabras del Señor, cuando dijo: “Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”. 17Por tanto, si Dios les dio a ellos el mismo don que también nos dio a nosotros después de creer en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poder impedírselo a Dios?».
18Al oír esto se calmaron, y glorificaron a Dios, diciendo: «Así que también a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida».
19Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que sobrevino después de la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando la palabra a nadie, sino solo a los judíos. 20Pero había algunos de ellos, hombres de Chipre y de Cirene, los cuales al llegar a Antioquía, hablaban también a los griegos, predicando el evangelio del Señor Jesús. 21La mano del Señor estaba con ellos, y gran número que creyó se convirtió al Señor.
22La noticia de esto llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía, 23el cual, cuando vino y vio la gracia de Dios, se regocijó y animaba a todos para que con corazón firme permanecieran fieles al Señor; 24porque era un hombre bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor.
25 Bernabé salió rumbo a Tarso para buscar a Saulo; 26y cuando lo encontró, lo trajo a Antioquía. Y se reunieron con la iglesia por todo un año, y enseñaban a las multitudes; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.
27Por aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. 28Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu Santo, que ciertamente habría una gran hambre en toda la tierra. Y esto ocurrió durante el reinado del emperador Claudio.
29Los discípulos, conforme a lo que cada uno tenía, determinaron enviar una ayuda a los hermanos que habitaban en Judea. 30Y así lo hicieron, mandándola a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.

Salmo 100

Salmo de acción de gracias.
1Aclamen con júbilo al Señor, toda la tierra.
2Sirvan al Señor con alegría;
Vengan ante Él con cánticos de júbilo.
3Sepan que Él, el Señor, es Dios;
Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;
Pueblo Suyo somos y ovejas de Su prado.
4¶Entren por Sus puertas con acción de gracias,
Y a Sus atrios con alabanza.
Denle gracias, bendigan Su nombre.
5Porque el Señor es bueno;
Para siempre es Su misericordia,
Y Su fidelidad por todas las generaciones.

Proverbios 7

1Hijo mío, guarda mis palabras
Y atesora mis mandamientos contigo.
2Guarda mis mandamientos y vivirás,
Y mi enseñanza como la niña de tus ojos.
3Átalos a tus dedos,
Escríbelos en la tabla de tu corazón.
4Di a la sabiduría: «Tú eres mi hermana»,
Y llama a la inteligencia tu mejor amiga,
5Para que te guarden de la mujer extraña,
De la desconocida que lisonjea con sus palabras.
6¶Porque desde la ventana de mi casa
Miraba por la celosía,
7Y vi entre los simples,
Distinguí entre los muchachos
A un joven falto de juicio,
8Pasando por la calle, cerca de su esquina;
Iba camino de su casa,
9Al atardecer, al anochecer,
En medio de la noche y la oscuridad.
10Entonces una mujer le sale al encuentro,
Vestida como ramera y astuta de corazón.
11Es alborotadora y rebelde,
Sus pies no permanecen en casa;
12 Está ya en las calles, ya en las plazas,
Y acecha por todas las esquinas.
13Así que ella lo agarra y lo besa,
Y descarada le dice:
14«Tenía que ofrecer ofrendas de paz,
Y hoy he cumplido mis votos;
15Por eso he salido a encontrarte,
Buscando tu rostro con ansiedad, y te he hallado.
16-»He tendido mi lecho con colchas,
Con linos de Egipto en colores.
17-»He rociado mi cama
Con mirra, áloes y canela.
18-»Ven, embriaguémonos de amor hasta la mañana,
Deleitémonos con caricias.
19-»Porque mi marido no está en casa,
Se ha ido a un largo viaje;
20Se ha llevado en la mano la bolsa del dinero,
Volverá a casa para la luna llena».
21Con sus palabras persuasivas lo atrae,
Lo seduce con sus labios lisonjeros.
22Al instante la sigue
Como va el buey al matadero,
O como uno en grillos al castigo de un necio,
23Hasta que una flecha le traspasa el hígado;
Como el ave que se precipita en la trampa,
Y no sabe que esto le costará la vida.
24¶Ahora pues, hijos míos, escúchenme,
Y presten atención a las palabras de mi boca.
25No se desvíe tu corazón hacia sus caminos,
No te extravíes en sus sendas.
26Porque muchas son las víctimas derribadas por ella,
Y numerosos los que ha matado.
27Su casa es el camino al Seol,
Que desciende a las cámaras de la muerte.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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