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Día 101 de 365 · 11 de abril

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Josué 14

1Estos son los territorios que los israelitas recibieron como heredad en la tierra de Canaán, los cuales les repartieron como heredad el sacerdote Eleazar y Josué, hijo de Nun, y las cabezas de familias de las tribus de los israelitas. 2Repartieron por suerte su heredad a las nueve tribus y a la media tribu, tal como el Señor había ordenado por medio de Moisés.
3Pues Moisés había dado la heredad de las dos tribus y de la media tribu al otro lado del Jordán; pero no dio heredad entre ellos a los levitas. 4Porque los hijos de José eran dos tribus, Manasés y Efraín. Ellos no dieron a los levitas ninguna porción en su tierra, sino ciudades donde habitar, con sus tierras de pasto para sus ganados y para sus posesiones. 5Tal como el Señor había ordenado a Moisés, así hicieron los israelitas, y repartieron la tierra.
6Entonces los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal, y Caleb, hijo de Jefone el cenezeo, le dijo: «Tú sabes lo que el Señor dijo a Moisés, hombre de Dios, acerca de ti y de mí en Cades Barnea. 7Yo tenía cuarenta años cuando Moisés, siervo del Señor, me envió de Cades Barnea a reconocer la tierra, y le informé como yo lo sentía en mi corazón. 8Sin embargo, mis hermanos que subieron conmigo, hicieron atemorizar el corazón del pueblo. Pero yo seguí plenamente al Señor mi Dios. 9Y aquel día Moisés juró y dijo: “Ciertamente, la tierra que ha pisado tu pie será herencia tuya y de tus hijos para siempre, porque has seguido plenamente al Señor mi Dios”. 10El Señor me ha permitido vivir, tal como prometió, estos cuarenta y cinco años, desde el día en que el Señor habló estas palabras a Moisés, cuando Israel caminaba en el desierto; así que ahora tengo ochenta y cinco años. 11Todavía estoy tan fuerte como el día en que Moisés me envió. Como era entonces mi fuerza, así es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. 12Ahora pues, dame esta región montañosa de la cual el Señor habló aquel día, porque tú oíste aquel día que allí había anaceos con grandes ciudades fortificadas. Tal vez el Señor esté conmigo y los expulsaré como el Señor ha dicho».
13Y Josué lo bendijo, y dio Hebrón por heredad a Caleb, hijo de Jefone. 14Por tanto, Hebrón vino a ser hasta hoy heredad de Caleb, hijo de Jefone el cenezeo, porque siguió plenamente al Señor, Dios de Israel. 15Y el nombre de Hebrón antes era Quiriat Arba. Pues Arba erael hombre más grande entre los anaceos. Entonces la tierra descansó de la guerra.

Josué 15

1La parte que tocó en suerte a la tribu de los hijos de Judá conforme a sus familias, llegaba hasta la frontera de Edom, hacia el sur, hasta el desierto de Zin al extremo sur. 2Su límite al sur se extendía desde el extremo del mar Salado, desde la bahía que da hacia el sur, 3y seguía por el sur hacia la subida de Acrabim y continuaba hasta Zin. Entonces subía por el lado sur de Cades Barnea hasta Hezrón, y subía hasta Adar y volvía a Carca. 4Después pasaba por Asmón y seguía hasta el torrente de Egipto. Y el límite terminaba en el mar Grande. Este será el límite sur para ustedes.
5El límite oriental era el mar Salado hasta la desembocadura del Jordán. El límite por el lado norte era desde la bahía del mar en la desembocadura del Jordán. 6Entonces el límite subía hasta Bet Hogla y seguía al norte de Bet Arabá y subía hasta la piedra de Bohán, hijo de Rubén. 7El límite subía hasta Debir desde el valle de Acor, y volvía hacia el norte, hacia Gilgal que está frente a la subida de Adumín, al sur del valle, y seguía hasta las aguas de En Semes y terminaba en En Rogel.
8Después el límite subía por el valle de Ben Hinom hasta la ladera del jebuseo al sur, es decir, Jerusalén, y subía hasta la cumbre del monte que está frente al valle de Hinom hacia el occidente, que está al extremo del valle de Refaim hacia el norte. 9Desde la cumbre del monte el límite doblaba hacia la fuente de las aguas de Neftoa, y seguía hasta las ciudades del monte Efrón, girando hacia Baala, es decir, Quiriat Jearim. 10De Baala el límite giraba hacia el occidente, hasta el monte Seir, y continuaba hasta la ladera del monte Jearim al norte, es decir, Quesalón, y bajaba a Bet Semes, y continuaba por Timna. 11El límite seguía hacia el norte por el lado de Ecrón, girando hacia Sicrón, y continuaba hasta el monte Baala, seguía hasta Jabneel y terminaba en el mar Grande. 12El límite occidental era el mar Grande, es decir, su costa. Este es el límite alrededor de los hijos de Judá conforme a sus familias.
13Y Josué dio a Caleb, hijo de Jefone, una porción entre los hijos de Judá, según el mandato del Señor a Josué, es decir, Quiriat Arba, siendo Arba el padre de Anac, es decir, Hebrón. 14Caleb expulsó de allí a los tres hijos de Anac: Sesai, Ahimán y Talmai, hijos de Anac. 15De allí subió contra los habitantes de Debir (el nombre de Debir antes era Quiriat Séfer).
16Y Caleb dijo: «Al que ataque a Quiriat Séfer y la tome, yo le daré a mi hija Acsa por mujer». 17Otoniel, hijo de Quenaz, hermano de Caleb, la tomó, y él le dio a su hija Acsa por mujer.
18Y cuando ella vino a él, este la persuadió a que pidiera un campo a su padre. Ella entonces se bajó del asno, y Caleb le dijo: «¿Qué quieres?». 19«Dame una bendición», respondió ella; «ya que me has dado la tierra del Neguev, dame también fuentes de agua». Y él le dio las fuentes de las regiones altas y las fuentes de las regiones bajas.
20Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Judá conforme a sus familias.
21Las ciudades al extremo de la tribu de los hijos de Judá, hacia la frontera de Edom en el sur, fueron: Cabseel, Edar, Jagur, 22Cina, Dimona, Adada, 23Cedes, Hazor, Itnán, 24Zif, Telem, Bealot, 25Hazor Hadata, Queriot Hezrón, es decir, Hazor, 26Amam, Sema, Molada, 27Hazar Gada, Hesmón, Bet Pelet, 28Hazar Sual, Beerseba, Bizotia, 29Baala, Iim, Esem, 30Eltolad, Quesil, Horma, 31Siclag, Madmana, Sansana, 32Lebaot, Silhim, Aín y Rimón; en total veintinueve ciudades con sus aldeas.
33En las tierras bajas: Estaol, Zora, Asena, 34Zanoa, En Ganim, Tapúa, Enam, 35Jarmut, Adulam, Soco, Azeca, 36Saaraim, Aditaim, Gedera y Gederotaim; catorce ciudades con sus aldeas.
37Zenán, Hadasa, Migdal Gad, 38Dileán, Mizpa, Jocteel, 39Laquis, Boscat, Eglón, 40Cabón, Lahmam, Quitlis, 41Gederot, Bet Dagón, Naama y Maceda; dieciséis ciudades con sus aldeas.
42Libna, Eter, Asán, 43Jifta, Asena, Nezib, 44Keila, Aczib y Maresa; nueve ciudades con sus aldeas.
45Ecrón con sus pueblos y sus aldeas; 46desde Ecrón hasta el mar, todas las que estaban cerca de Asdod, con sus aldeas.
47Asdod, sus pueblos y sus aldeas; Gaza, sus pueblos y sus aldeas; hasta el torrente de Egipto y el mar Grande y sus costas.
48Y en la región montañosa: Samir, Jatir, Soco, 49Dana, Quiriat Sana, es decir, Debir, 50Anab, Estemoa, Anim, 51Gosén, Holón y Gilo; once ciudades con sus aldeas.
52Arab, Duma, Esán, 53Janum, Bet Tapúa, Afeca, 54Humta, Quiriat Arba, es decir, Hebrón, y Sior; nueve ciudades con sus aldeas.
55Maón, Carmel, Zif, Juta, 56Jezreel, Jocdeam, Zanoa, 57Caín, Guibeá y Timna; diez ciudades con sus aldeas.
58Halhul, Bet Sur, Gedor, 59Maarat, Bet Anot y Eltecón; seis ciudades con sus aldeas.
60Quiriat Baal, es decir, Quiriat Jearim, y Rabá; dos ciudades con sus aldeas.
61En el desierto: Bet Arabá, Midín, Secaca, 62Nibsán, la Ciudad de la Sal y Engadi; seis ciudades con sus aldeas.
63Pero a los jebuseos, habitantes de Jerusalén, los hijos de Judá no pudieron expulsarlos; por tanto, los jebuseos habitan hasta hoy en Jerusalén con los hijos de Judá.

Hechos 12

1Por aquel tiempo el rey Herodes echó mano a algunos que pertenecían a la iglesia para maltratarlos. 2Hizo matar a espada a Jacobo, el hermano de Juan.
3Y viendo que esto agradaba a los judíos, hizo arrestar también a Pedro. Esto sucedió durante los días de los Panes sin Levadura. 4Habiéndolo arrestado, lo puso en la cárcel, entregándolo a cuatro grupos de soldados para que lo custodiaran, con la intención de llevarlo ante el pueblo después de la Pascua. 5Así pues, Pedro era custodiado en la cárcel, pero la iglesia hacía oración ferviente a Dios por él.
6Esa misma noche, cuando Herodes estaba a punto de venir a buscarlo, Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas; y unos guardias delante de la puerta custodiaban la cárcel. 7De repente se le apareció un ángel del Señor, y una luz brilló en la celda; y el ángel tocó a Pedro en el costado, y lo despertó diciéndole: «Levántate pronto». Y las cadenas se cayeron de las manos de Pedro. 8«Vístete y ponte las sandalias», le dijo* el ángel. Así lo hizo, y el ángel añadió: «Envuélvete en tu manto y sígueme».
9Y saliendo, Pedro lo seguía, y no sabía que lo que hacía el ángel era de verdad, sino que creía ver una visión. 10Cuando habían pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma. Entonces salieron y siguieron por una calle, y de repente el ángel se apartó de él. 11Cuando Pedro volvió en sí, dijo: «Ahora sé en verdad que el Señor ha enviado a Su ángel, y me ha rescatado de la mano de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judíos».
12Al darse cuenta de esto, fue a la casa de María, la madre de Juan, llamado también Marcos, donde muchos estaban reunidos y oraban. 13Cuando llamó a la puerta de la entrada, una sirvienta llamada Rode salió a ver quién era. 14Al reconocer la voz de Pedro, de alegría no abrió la puerta, sino que corrió adentro y anunció que Pedro estaba a la puerta. 15«¡Estás loca!», le dijeron ellos. Pero ella insistía en que así era. Y ellos decían: «Es su ángel».
16Pero Pedro continuaba llamando; y cuando ellos abrieron, lo vieron y se asombraron. 17Y haciéndoles señal con la mano para que guardaran silencio, les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. Y les dijo: «Informen de estas cosas a Jacobo y a los hermanos». Entonces salió, y se fue a otro lugar.
18Cuando se hizo de día, hubo un alboroto no pequeño entre los soldados sobre qué habría sido de Pedro. 19Herodes, después de buscarlo y no encontrarlo, interrogó a los guardias y ordenó que los llevaran para matarlos. Después de esto Herodes descendió de Judea a Cesarea, y se quedó allí por un tiempo.
20Herodes estaba muy enojado con los de Tiro y de Sidón. Pero ellos, de común acuerdo se presentaron ante él, y habiéndose ganado a Blasto, camarero del rey, pedían paz, pues su región era abastecida por el territorio del rey. 21El día señalado, Herodes, vestido con ropa real, se sentó en la tribuna y comenzó a hablarles. 22Y la gente gritaba: «¡Voz de un dios y no de un hombre es esta!». 23Al instante un ángel del Señor lo hirió, por no haber dado la gloria a Dios; y Herodes murió comido de gusanos.
24Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba.
25Bernabé y Saulo regresaron de Jerusalén después de haber cumplido su misión, llevando consigoa Juan, llamado también Marcos.

Salmo 101

Salmo de David.
1La misericordia y la justicia cantaré;
A Ti, oh Señor, cantaré alabanzas.
2Prestaré atención al camino de integridad.
¿Cuándo vendrás, Señor, a mí?
En la integridad de mi corazón andaré dentro de mi casa.
3No pondré cosa indigna delante de mis ojos;
Aborrezco la obra de los que se desvían;
No se aferrará a mí.
4El corazón perverso se alejará de mí;
No conoceré maldad.
5Destruiré al que en secreto calumnia a su prójimo;
No toleraré al de ojos altaneros y de corazón arrogante.
6¶Mis ojos estarán sobre los fieles de la tierra, para que moren conmigo;
El que anda en camino de integridad me servirá.
7El que practica el engaño no morará en mi casa;
El que habla mentiras no permanecerá en mi presencia.
8Cada mañana destruiré a todos los impíos de la tierra,
Para exterminar de la ciudad del Señora todos los que hacen iniquidad.

Proverbios 8

1¿No clama la sabiduría,
Y levanta su voz la prudencia?
2En la cima de las alturas, junto al camino,
Donde cruzan las sendas, se coloca;
3Junto a las puertas, a la salida de la ciudad,
En el umbral de las puertas, da voces:
4«Oh hombres, a ustedes clamo,
Para los hijos de los hombres es mi voz.
5-»Oh simples, aprendan prudencia;
Y ustedes, necios, aprendan sabiduría.
6-»Escuchen, porque hablaré cosas excelentes,
Y con el abrir de mis labios rectitud.
7-»Porque mi boca proferirá la verdad,
Abominación a mis labios es la impiedad.
8-»Conforme a la justicia son todas las palabras de mi boca,
No hay en ellas nada torcido ni perverso.
9-»Todas son sinceras para el que entiende,
Y rectas para los que han hallado conocimiento.
10-»Reciban mi instrucción y no la plata,
Y conocimiento antes que el oro escogido,
11Porque mejor es la sabiduría que las joyas,
Y todas las cosas deseables no pueden compararse con ella.
12¶»Yo, la sabiduría, habito con la prudencia,
Y he hallado conocimiento y discreción.
13-»El temor del Señor es aborrecer el mal.
El orgullo, la arrogancia, el mal camino
Y la boca perversa, yo aborrezco.
14-»Mío es el consejo y la prudencia,
Yo soy la inteligencia, el poder es mío.
15-»Por mí reinan los reyes,
Y los gobernantes decretan justicia.
16-»Por mí gobiernan los príncipes y los nobles,
Todos los que juzgan con justicia.
17-»Amo a los que me aman,
Y los que me buscan con diligencia me hallarán.
18-»Conmigo están las riquezas y el honor,
La fortuna duradera y la justicia.
19-»Mi fruto es mejor que el oro, que el oro puro,
Y mi ganancia es mejor que la plata escogida.
20-»Yo ando por el camino de la justicia,
Por en medio de las sendas del derecho,
21Para otorgar heredad a los que me aman
Y así llenar sus tesoros.
22¶»El Señor me poseyó al principio de Su camino,
Antes de Sus obras de tiempos pasados.
23-»Desde la eternidad fui establecida,
Desde el principio, desde los orígenes de la tierra.
24-»Cuando no había abismos fui engendrada,
Cuando no había manantiales abundantes en aguas.
25-»Antes que los montes fueran asentados,
Antes que las colinas, fui engendrada,
26Cuando Él no había hecho aún la tierra y los campos,
Ni el polvo primero del mundo.
27-»Cuando estableció los cielos, allí estaba yo;
Cuando trazó un círculo sobre la superficie del abismo,
28Cuando arriba afirmó los cielos,
Cuando las fuentes del abismo se afianzaron,
29Cuando al mar puso sus límites
Para que las aguas no transgredieran Su mandato,
Cuando señaló los cimientos de la tierra,
30Yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto;
Yo era Su delicia de día en día,
Regocijándome en todo tiempo en Su presencia,
31Regocijándome en el mundo, en Su tierra,
Y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.
32¶»Ahora pues, hijos, escúchenme,
Porque bienaventurados son los que guardan mis caminos.
33-»Escuchen la instrucción y sean sabios,
Y no la desprecien.
34-»Bienaventurado el hombre que me escucha,
Velando a mis puertas día a día,
Aguardando en los postes de mi entrada.
35-»Porque el que me halla, halla la vida
Y alcanza el favor del Señor.
36-»Pero el que peca contra mí, a sí mismo se daña;
Todos los que me odian, aman la muerte».

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