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Día 102 de 365 · 12 de abril

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Josué 16

1Tocó en suerte a los hijos de José desde el Jordán frente a Jericó (las aguas de Jericó) al oriente, hacia el desierto, subiendo desde Jericó por la región montañosa a Betel. 2Seguía desde Betel a Luz, y continuaba hasta la frontera de los arquitas en Atarot. 3Y descendía hacia el occidente al territorio de los jafletitas, hasta el territorio de Bet Horón de abajo, y hasta Gezer, y terminaba en el mar.
4Recibieron, pues, su heredad los hijos de José, Manasés y Efraín. 5Este fue el territorio de los hijos de Efraín conforme a sus familias: el límite de su heredad hacia el oriente era Atarot Adar, hasta Bet Horón de arriba. 6El límite iba hacia el occidente en Micmetat al norte, girando hacia el oriente en Taanat Silo, y continuaba más allá al oriente de Janoa. 7Descendía de Janoa a Atarot y a Naarat, llegaba a Jericó y salía al Jordán.
8De Tapúa el límite continuaba hacia el occidente hasta el arroyo de Caná, y terminaba en el mar. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Efraín, conforme a sus familias, 9junto con las ciudades que fueron apartadas para los hijos de Efraín en medio de la heredad de los hijos de Manasés, todas las ciudades con sus aldeas. 10Pero los de Efraín no expulsarona los cananeos que habitaban en Gezer. Por tanto, los cananeos habitan en medio de Efraín hasta hoy, pero fueron sometidos a trabajos forzados.

Josué 17

1Esta fue la suerte que le tocó a la tribu de Manasés, porque él era el primogénito de José: a Maquir, primogénito de Manasés, padre de Galaad, por cuanto era hombre de guerra, se le otorgó Galaad y Basán. 2También echaron suertes para el resto de los hijos de Manasés conforme a sus familias: para los hijos de Abiezer, para los hijos de Helec, para los hijos de Asriel, para los hijos de Siquem, para los hijos de Hefer y para los hijos de Semida. Estos eran los descendientes varones de Manasés, hijo de José, conforme a sus familias.
3Sin embargo, Zelofehad, hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, no tenía hijos, sino solo hijas. Estos son los nombres de sus hijas: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. 4Ellas vinieron delante del sacerdote Eleazar, delante de Josué, hijo de Nun, y delante de los principales y les dijeron: «El Señor mandó a Moisés que nos diera una heredad entre nuestros hermanos». Así que según el mandato del Señor, Josué les dio heredad entre los hermanos de su padre.
5A Manasés le tocaron diez porciones, además de la tierra de Galaad y Basán que está al otro lado del Jordán, 6porque las hijas de Manasés recibieron heredad entre sus hijos. Y la tierra de Galaad perteneció al resto de los hijos de Manasés.
7El límite de Manasés se extendía desde Aser hasta Micmetat, que estaba al oriente de Siquem. Entonces el límite iba hacia el sur hasta los habitantes de En Tapúa. 8La tierra de Tapúa pertenecía a Manasés, pero Tapúa en la frontera con Manasés pertenecía a los hijos de Efraín. 9El límite descendía hasta el arroyo de Caná, hacia el sur del arroyo (estas ciudades pertenecían a Efraín entre las ciudades de Manasés). El límite de Manasés estaba al lado norte del arroyo, y terminaba en el mar.
10El lado sur pertenecía a Efraín, el lado norte a Manasés y el mar era su límite. Lindaban con Aser al norte y con Isacar al oriente. 11En Isacar y en Aser, Manasés tenía Bet Seán y sus aldeas, Ibleam y sus aldeas, los habitantes de Dor y sus aldeas, los habitantes de Endor y sus aldeas, los habitantes de Taanac y sus aldeas, y los habitantes de Meguido y sus aldeas. La tercera es Náfet. 12Pero los hijos de Manasés no pudieron tomar posesión de estas ciudades, porque los cananeos persistieron en habitar en esa tierra. 13Pero cuando los israelitas se hicieron fuertes, sometieron a los cananeos a trabajos forzados, aunque no los expulsaron totalmente.
14Entonces los hijos de José hablaron a Josué: «¿Por qué me has dado solo una suerte y una porción como heredad, siendo yo un pueblo numeroso que hasta ahora el Señor ha bendecido?».
15Josué les dijo: «Si son pueblo tan numeroso, suban al bosque y limpien un lugar para ustedes allí en la tierra de los ferezeos y los refaítas, ya que la región montañosa de Efraín es muy estrecha para ustedes».
16Los hijos de José le respondieron: «La región montañosa no es suficiente para nosotros, y todos los cananeos que viven en la tierra del valle tienen carros de hierro, tanto los que están en Bet Seán y sus aldeas, como los que están en el valle de Jezreel».
17Pero Josué dijo a la casa de José, a las tribus de Efraín a Manasés: «Eres un pueblo numeroso y tienes gran poder. No te tocará solo una suerte, 18sino que la región montañosa será tuya. Porque aunque es bosque, la desmontarás, y será tuya hasta sus límites más lejanos. Porque expulsarás a los cananeos, aunque tengan carros de hierro yaunque sean fuertes».

Hechos 13

1En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. 2Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: «Aparten a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado». 3Entonces, después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron.
4Ellos, pues, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia y de allí se embarcaron para Chipre. 5Al llegar a Salamina, proclamaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos; y tenían también a Juan de ayudante.
6Después de haber recorrido toda la isla hasta Pafos, encontraron a cierto mago, un falso profeta judío llamado Barjesús, 7que estaba con el procónsul Sergio Paulo, hombre inteligente. Este hizo venir a Bernabé y a Saulo, y deseaba oír la palabra de Dios. 8Pero Elimas, el mago, pues así se traduce su nombre, se les oponía, tratando de desviar de la fe al procónsul.
9Entonces Saulo, llamado también Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando la mirada en él, dijo: 10«Tú, hijo del diablo, que estás lleno de todo engaño y fraude, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de torcer los caminos rectos del Señor? 11Ahora, la mano del Señor está sobre ti; te quedarás ciego y no verás el sol por algún tiempo». Al instante niebla y oscuridad cayeron sobre él, e iba buscando quien lo guiara de la mano. 12Entonces el procónsul, cuando vio lo que había sucedido, creyó, maravillado de la doctrina del Señor.
13Pablo y sus compañeros navegaron desde Pafos y llegaron a Perge de Panfilia; pero Juan se apartó de ellos y regresó a Jerusalén; 14ellos, saliendo de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y en el día de reposo entraron a la sinagoga y se sentaron. 15Después de la lectura de la ley y los profetas, los oficiales de la sinagoga les mandaron a decir: «Hermanos, si tienen alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablen».
16Pablo se levantó, y haciendo señal con la mano, dijo:
«Hombres de Israel, y los que temen a Dios, escuchen: 17El Dios de este pueblo de Israel, escogió a nuestros padres y engrandeció al pueblo durante su estancia en la tierra de Egipto, y con brazo fuerte los sacó de ella. 18Por un período como de cuarenta años los soportó en el desierto. 19Después de destruir siete naciones en la tierra de Canaán, repartió sus tierras en herencia; todo esto duró como 450 años. 20Después de esto, Dios les dio jueces hasta el profeta Samuel. 21Entonces ellos pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años.
22»Cuando lo quitó, les levantó por rey a David, del cual Dios también testificó y dijo: “He hallado a David, hijo de Isaí, un hombre conforme a Mi corazón, que hará toda Mi voluntad”. 23De la descendencia de este, conforme a la promesa, Dios ha dado a Israel un Salvador, Jesús, 24después de que Juan predicó, antes de Su venida, un bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. 25Cuando Juan estaba a punto de terminar su carrera, decía: “¿Quién piensan ustedes que soy yo? Yo no soy el Cristo; pero miren, viene tras mí uno de quien yo no soy digno de desatar las sandalias de sus pies”.
26»Hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre ustedes temen a Dios, a nosotros nos es enviada la palabra de esta salvación. 27Pues los que habitan en Jerusalén y sus gobernantes, sin reconocer a Jesús ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, cumplieron estas escrituras, cuando lo condenaron.
28»Aunque no hallaron causa para dar muerte a Jesús, pidieron a Pilato que lo mandara a matar. 29Cuando habían cumplido todo lo que estaba escrito acerca de Él, lo bajaron de la cruz y lo pusieron en un sepulcro. 30Pero Dios lo levantó de entre los muertos; 31y por muchos días se apareció a los que habían subido con Él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son Sus testigos ante el pueblo.
32»Nosotros les anunciamos las buenas nuevas de que la promesa hecha a los padres, 33Dios la ha cumplido a nuestros hijos al resucitar a Jesús, como también está escrito en el Salmo segundo: “Hijo Mío eres Tú; Yo te he engendrado hoy”.
34»Y en cuanto a que lo resucitó de entre los muertos para nunca más volver a corrupción, Dios ha hablado de esta manera: “Les daré las misericordias santas y fieles prometidas a David”. 35Por tanto dice también en otro salmo: “No permitirás que Tu Santo vea corrupción”.
36»Porque David, después de haber servido el propósito de Dios en su propia generación, durmió, y fue sepultado con sus padres, y vio corrupción. 37Pero Aquel a quien Dios resucitó no vio corrupción.
38»Por tanto, hermanos, sepan que por medio de Él les es anunciado el perdón de los pecados; 39y que de todas las cosas de que no pudieron ser justificados por la ley de Moisés, por medio de Él, todo aquel que cree es justificado. 40Tengan, pues, cuidado de que no venga sobre ustedes aquello de que se habla en los profetas:
41“Miren, burladores, maravíllense y perezcan;
Porque Yo hago una obra en sus días,
Una obra que ustedes nunca creerían aunque alguien se la describiera” ».
42Al salir Pablo y Bernabé, la gente les rogaba que el siguiente día de reposo les hablaran de estas cosas. 43Terminada la reunión de la sinagoga, muchos de los judíos y de los prosélitos temerosos de Dios siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes, hablándoles, les instaban a perseverar en la gracia de Dios.
44El siguiente día de reposo casi toda la ciudad se reunió para oír la palabra del Señor. 45Pero cuando los judíos vieron la muchedumbre, se llenaron de celo, y blasfemando, contradecían lo que Pablo decía.
46Entonces Pablo y Bernabé hablaron con valor y dijeron: «Era necesario que la palabra de Dios les fuera predicada primeramente a ustedes; pero ya que la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, así que ahora nos volvemos a los gentiles. 47Porque así nos lo ha mandado el Señor:
“Te he puesto como luz para los gentiles,
A fin de que lleves la salvación hasta los confines de la tierra” ».
48Oyendo esto los gentiles, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron cuantos estaban ordenados a vida eterna. 49Y la palabra del Señor se difundía por toda la región.
50Pero los judíos instigaron a las mujeres piadosas y distinguidas, y a los hombres más prominentes de la ciudad, y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de su región. 51Entonces estos sacudieron el polvo de sus pies contra ellos y se fueron a Iconio. 52Y los discípulos estaban continuamente llenos de gozo y del Espíritu Santo.

Salmo 102

Plegaria de uno que sufre, cuando desmaya y expone su queja ante el Señor.
1Oh Señor, escucha mi oración,
Y llegue a Ti mi clamor.
2No escondas de mí Tu rostro en el día de mi angustia;
Inclina hacia mí Tu oído;
El día en que te invoco, respóndeme pronto.
3Porque mis días han sido consumidos en humo,
Y como brasero han sido quemados mis huesos.
4Mi corazón ha sido herido como la hierba y se ha secado,
Y hasta me olvido de comer mi pan.
5A causa de la intensidad de mi gemido
Mis huesos se pegan a la piel.
6Me parezco al pelícano del desierto;
Como el búho de las soledades he llegado a ser.
7No puedo dormir;
Soy cual pájaro solitario sobre un tejado.
8¶Mis enemigos me han afrentado todo el día;
Los que me escarnecen han usado mi nombre como maldición.
9Porque he comido cenizas por pan,
Y con lágrimas he mezclado mi bebida,
10A causa de Tu indignación y de Tu enojo;
Pues Tú me has levantado y me has rechazado.
11Mis días son como sombra que se alarga;
Y yo me seco como la hierba.
12¶Pero Tú, Señor, permaneces para siempre,
Y Tu nombre por todas las generaciones.
13Te levantarás y tendrás compasión de Sión,
Porque es tiempo de apiadarse de ella,
Pues ha llegado la hora.
14Ciertamente Tus siervos se deleitan en sus piedras,
Y se apiadan de su polvo.
15Las naciones temerán el nombre del Señor,
Y todos los reyes de la tierra, Su gloria.
16Porque el Señor ha edificado a Sión,
Y se ha manifestado en Su gloria.
17Ha considerado la oración de los menesterosos,
Y no ha despreciado su plegaria.
18¶Esto se escribirá para las generaciones futuras,
Para que un pueblo aún por crear alabe al Señor.
19Pues Él miró desde Su excelso santuario;
Desde el cielo el Señor se fijó en la tierra,
20Para oír el gemido de los prisioneros,
Para poner en libertad a los condenados a muerte;
21Para que los hombres anuncien en Sión el nombre del Señor
Y Su alabanza en Jerusalén,
22Cuando los pueblos y los reinos se congreguen a una
Para servir al Señor.
23¶Él debilitó mis fuerzas en el camino;
Acortó mis días.
24Dije: «Dios mío, no me lleves a la mitad de mis días;
Tus años son por todas las generaciones.
25-»Desde la antigüedad Tú fundaste la tierra,
Y los cielos son la obra de Tus manos.
26-»Ellos perecerán, pero Tú permaneces.
Todos ellos como una vestidura se desgastarán,
Como vestido los cambiarás, y serán cambiados.
27-»Pero Tú eres el mismo,
Y Tus años no tendrán fin.
28-»Los hijos de Tus siervos permanecerán,
Y su descendencia será establecida delante de Ti».

Proverbios 9

1La sabiduría ha edificado su casa,
Ha labrado sus siete columnas;
2Ha preparado su alimento, ha mezclado su vino,
Ha puesto también su mesa;
3Ha enviado a sus doncellas, y clama
Desde los lugares más altos de la ciudad:
4«El que sea simple que entre aquí».
Al falto de entendimiento le dice:
5«Ven, come de mi pan,
Y bebe del vino que he mezclado.
6-»Abandona la necedad y vivirás;
Anda por el camino del entendimiento».
7¶El que instruye al insolente, atrae sobre sí deshonra,
Y el que reprende al impío recibe insultos.
8No reprendas al insolente, para que no te aborrezca;
Reprende al sabio, y te amará.
9Da instrucción al sabio, y será aún más sabio,
Enseña al justo, y aumentará su saber.
10El principio de la sabiduría es el temor del Señor,
Y el conocimiento del Santo es inteligencia.
11Pues por mí se multiplicarán tus días,
Y años de vida te serán añadidos.
12Si eres sabio, eres sabio para provecho tuyo,
Y si escarneces, tú solo lo sufrirás.
13¶La mujer insensata es alborotadora,
Es simple y no sabe nada.
14Se sienta a la puerta de su casa,
En un asiento, en los lugares altos de la ciudad,
15Llamando a los que pasan,
A los que van derechos por sus sendas:
16«El que sea simple, que entre aquí».
Y al falto de entendimiento, le dice:
17«Dulces son las aguas hurtadas,
Y el pan comido en secreto es sabroso».
18Pero él no sabe que allí están los muertos,
Quesus invitados están en las profundidades del Seol.

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