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Día 104 de 365 · 14 de abril

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Josué 20

1Entonces el Señor habló a Josué y le dijo: 2«Diles a los israelitas: “Designen las ciudades de refugio de las cuales les hablé por medio de Moisés, 3para que huya allí el que haya matado a cualquier persona sin intención y sin premeditación. Ellas les servirán a ustedes de refugio contra el vengador de la sangre. 4El que busca refugio huirá a una de estas ciudades, se presentará a la entrada de la puerta de la ciudad y expondrá su caso a oídos de los ancianos de la ciudad. Estos lo llevarán con ellos dentro de la ciudad y le darán un lugar para que habite en medio de ellos.
5”Y si el vengador de la sangre lo persigue, ellos no entregarán al acusado en su mano, porque hirió a su prójimo sin premeditación y sin odiarlo de antemano. 6Habitará en esa ciudad hasta que comparezca en juicio delante de la congregación, y hasta la muerte del que sea sumo sacerdote en aquellos días. Entonces el refugiado volverá a su ciudad y a su casa, a la ciudad de donde huyó” ».
7Entonces ellos separaron a Cedes en Galilea, en la región montañosa de Neftalí, y a Siquem en la región montañosa de Efraín, y a Quiriat Arba, es decir, Hebrón, en la región montañosa de Judá. 8Y más allá del Jordán, al oriente de Jericó, designaron a Beser en el desierto, en la llanura de la tribu de Rubén, a Ramot en Galaad, de la tribu de Gad, y a Golán en Basán, de la tribu de Manasés.
9Estas fueron las ciudades designadas para todos los israelitas y para el extranjero que resida entre ellos, para que cualquiera que hubiera matadoa cualquier persona sin intención, pudiera huir allí, y no muriera a mano del vengador de la sangre hasta que hubiera comparecido ante la congregación.

Josué 21

1Entonces los jefes de las casas de los levitas se acercaron al sacerdote Eleazar, a Josué, hijo de Nun, y a los jefes de las casas de las tribus de los israelitas, 2y les hablaron en Silo en la tierra de Canaán y les dijeron: «El Señor ordenó por medio de Moisés que se nos dieran ciudades donde habitar, con sus tierras de pasto para nuestro ganado».
3Entonces los israelitas dieron de su heredad a los levitas estas ciudades con sus tierras de pasto, de acuerdo al mandato del Señor. 4Y la suerte cayó en las familias de los coatitas. Y a los hijos del sacerdote Aarón, que eran de los levitas, les tocaron en suerte trece ciudades de la tribu de Judá, de la tribu de Simeón y de la tribu de Benjamín.
5Al resto de los hijos de Coat les tocaron en suerte diez ciudades de las familias de la tribu de Efraín, de la tribu de Dan y de la media tribu de Manasés. 6A los hijos de Gersón les tocaron en suerte trece ciudades de las familias de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y de la media tribu de Manasés en Basán.
7A los hijos de Merari les tocaron, según sus familias, doce ciudades de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabulón. 8Los israelitas dieron por suerte a los levitas estas ciudades con sus tierras de pasto, como el Señor había ordenado por medio de Moisés.
9Les dieron estas ciudades que aquí se mencionan por nombre, de la tribu de los hijos de Judá y de la tribu de los hijos de Simeón. 10Fueron para los hijos de Aarón, una de las familias de los coatitas, de los hijos de Leví, porque la suerte fue de ellos primero. 11Les dieron Quiriat Arba, siendo Arba el padre de Anac, es decir, Hebrón, en la región montañosa de Judá, con las tierras de pasto alrededor. 12Pero los campos de la ciudad y sus aldeas se los dieron a Caleb, hijo de Jefone, como propiedad suya.
13Y a los hijos del sacerdote Aarón les dieron Hebrón, la ciudad de refugio para el que haya matado a alguien, con sus tierras de pasto, Libna con sus tierras de pasto, 14Jatir con sus tierras de pasto, Estemoa con sus tierras de pasto, 15Holón con sus tierras de pasto, Debir con sus tierras de pasto, 16Aín con sus tierras de pasto, Juta con sus tierras de pasto y Bet Semes con sus tierras de pasto; nueve ciudades de estas dos tribus.
17De la tribu de Benjamín, Gabaón con sus tierras de pasto, Geba con sus tierras de pasto, 18Anatot con sus tierras de pasto y Almón con sus tierras de pasto; cuatro ciudades. 19Todas las ciudades de los sacerdotes, hijos de Aarón, eran trece ciudades con sus tierras de pasto.
20Las ciudades de la tribu de Efraín fueron dadas por suerte a las familias de los hijos de Coat, los levitas, el resto de los hijos de Coat. 21Y les dieron Siquem, la ciudad de refugio para el que haya matado a alguien, con sus tierras de pasto, en la región montañosa de Efraín y Gezer con sus tierras de pasto, 22Kibsaim con sus tierras de pasto y Bet Horón con sus tierras de pasto; cuatro ciudades.
23De la tribu de Dan, Elteque con sus tierras de pasto, Gibetón con sus tierras de pasto, 24Ajalón con sus tierras de pasto y Gat Rimón con sus tierras de pasto; cuatro ciudades.
25De la media tribu de Manasés, les dieron por suertes Taanac con sus tierras de pasto y Gat Rimón con sus tierras de pasto; dos ciudades. 26Todas las ciudades con sus tierras de pasto para las familias del resto de los hijos de Coat fueron diez.
27Para los hijos de Gersón, una de las familias de los levitas, de la media tribu de Manasés, les dieron Golán en Basán, la ciudad de refugio para el que haya matado a alguien, con sus tierras de pasto y Beestera con sus tierras de pasto; dos ciudades.
28De la tribu de Isacar, les dieron Quisión con sus tierras de pasto, Daberat con sus tierras de pasto, 29Jarmut con sus tierras de pasto y Enganim con sus tierras de pasto; cuatro ciudades.
30De la tribu de Aser, les dieron Miseal con sus tierras de pasto, Abdón con sus tierras de pasto, 31Helcat con sus tierras de pasto y Rehob con sus tierras de pasto; cuatro ciudades.
32De la tribu de Neftalí, les dieron Cedes en Galilea, la ciudad de refugio para el que haya matado a alguien, con sus tierras de pasto, Hamot Dor con sus tierras de pasto y Cartán con sus tierras de pasto; tres ciudades. 33Todas las ciudades de los gersonitas, conforme a sus familias, eran trece ciudades con sus tierras de pasto.
34A las familias de los hijos de Merari, el resto de los levitas, les dieron de la tribu de Zabulón, Jocneam con sus tierras de pasto, Carta con sus tierras de pasto, 35Dimna con sus tierras de pasto y Naalal con sus tierras de pasto; cuatro ciudades.
36De la tribu de Rubén, les dieron Beser con sus tierras de pasto, Jahaza con sus tierras de pasto, 37Cademot con sus tierras de pasto y Mefaat con sus tierras de pasto; cuatro ciudades.
38De la tribu de Gad, les dieron Ramot en Galaad, la ciudad de refugio para el que haya matado a alguien, con sus tierras de pasto, Mahanaim con sus tierras de pasto, 39Hesbón con sus tierras de pasto y Jazer con sus tierras de pasto; cuatro ciudades en total. 40Todas estas fueron las ciudades de los hijos de Merari conforme a sus familias, el resto de las familias de los levitas y su suerte fue doce ciudades.
41Todas las ciudades de los levitas en medio de la posesión de los israelitas fueron cuarenta y ocho ciudades con sus tierras de pasto. 42Cada una de estas ciudades tenía sus tierras de pasto alrededor; así fue con todas estas ciudades.
43De esa manera el Señor dio a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. 44Y el Señor les dio reposo en derredor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres. Ninguno de sus enemigos pudo hacerles frente; el Señor entregó a todos sus enemigos en sus manos. 45No faltó ni una palabra de las buenas promesas que el Señor había hechoa la casa de Israel. Todas se cumplieron.

Hechos 15

1Algunos que llegaron de Judea enseñaban a los hermanos: «Si no se circuncidan conforme al rito de Moisés, no pueden ser salvos». 2Como Pablo y Bernabé tuvieran gran disensión y debate con ellos, los hermanos determinaron que Pablo y Bernabé, y algunos otros de ellos subieran a Jerusalén a los apóstoles y a los ancianos para tratar esta cuestión.
3Así que, siendo enviados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, relatando detalladamente la conversión de los gentiles, y causaban gran gozo a todos los hermanos. 4Cuando llegaron a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia, los apóstoles y los ancianos, e informaron de todo lo que Dios había hecho con ellos. 5Pero algunos de la secta de los fariseos que habían creído se levantaron diciendo: «Es necesario circuncidarlos y mandarles que guarden la ley de Moisés».
6Entonces los apóstoles y los ancianos se reunieron para considerar este asunto. 7Después de mucho debate, Pedro se levantó y les dijo: «Hermanos, ustedes saben que en los primeros días Dios escogió de entre ustedes que por mi boca los gentiles oyeran la palabra del evangelio y creyeran. 8Dios, que conoce el corazón, les dio testimonio dándoles el Espíritu Santo, al igual que a nosotros; 9y ninguna distinción hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones.
10»Ahora pues, ¿por qué tientan a Dios poniendo sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11Creemos más bien que somos salvos por la gracia del Señor Jesús, de la misma manera que ellos también lo son».
12Toda la multitud hizo silencio, y escuchaban a Bernabé y a Pablo, que relataban las señales y prodigios que Dios había hecho entre los gentiles por medio de ellos. 13Cuando terminaron de hablar, Jacobo tomó la palabra y dijo: «Escúchenme, hermanos. 14Simón ha relatado cómo Dios al principio tuvo a bien tomar de entre los gentiles un pueblo para Su nombre. 15Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, tal como está escrito:
16“Después de esto volveré,
Y reedificaré el tabernáculo de David que ha caído.
Y reedificaré sus ruinas,
Y lo levantaré de nuevo,
17Para que el resto de los hombres busque al Señor,
Y todos los gentiles que son llamados por Mi nombre”,
18Dice el Señor, que hace saber todo esto desde tiempos antiguos.
19»Por tanto, yo opino que no debemos molestar a los que de entre los gentiles se convierten a Dios, 20sino que les escribamos que se abstengan de cosas contaminadas por los ídolos, de fornicación, de lo estrangulado y de sangre. 21Porque Moisés desde generaciones antiguas tiene en cada ciudad quienes lo prediquen, pues todos los días de reposo es leído en las sinagogas».
22Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, escoger de entre ellos algunos hombres para enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres prominentes entre los hermanos, 23y enviaron esta carta con ellos:
«Los apóstoles, y los hermanos que son ancianos, a los hermanos en Antioquía, Siria y Cilicia que son de los gentiles, saludos.
24Puesto que hemos oído que algunos de entre nosotros, a quienes no autorizamos, los han inquietado con sus palabras, perturbando sus almas,
25nos pareció bien, habiendo llegado a un común acuerdo, escoger algunos hombres para enviarlos a ustedes con nuestros amados Bernabé y Pablo.
26Estos hombres han arriesgado su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
27Por tanto, hemos enviado a Judas y a Silas, quienes también les informarán las mismas cosas verbalmente.
28Porque pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponerles mayor carga que estas cosas esenciales:
29que se abstengan de lo que ha sido sacrificado a los ídolos, de sangre, de la carne de animales que han sido estrangulados y de fornicación. Si se guardan de tales cosas, harán bien. Pásenla bien».
30Así que ellos, después de ser despedidos, descendieron a Antioquía; y reuniendo a la congregación, entregaron la carta. 31Cuando los hermanos la leyeron, se regocijaron por el consuelo que les impartía. 32Siendo Judas y Silas también profetas, exhortaron y confortaron a los hermanos con un largo mensaje.
33Después de pasar allí algún tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos para volver a aquellos que los habían enviado. 34Pero a Silas le pareció bien quedarse allí. 35También Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía, enseñando y proclamando con muchos otros, las buenas nuevas de la palabra del Señor.
36Después de algunos días Pablo dijo a Bernabé: «Volvamos y visitemos a los hermanos en todas las ciudades donde hemos proclamado la palabra del Señor, para ver cómo están». 37Bernabé quería llevar también con ellos a Juan, llamado Marcos, 38pero Pablo consideraba que no debían llevar consigo a quien los había desertado en Panfilia y no los había acompañado en la obra. 39Se produjo un desacuerdo tan grande que se separaron el uno del otro. Bernabé tomó consigo a Marcos y se embarcó rumbo a Chipre, 40pero Pablo escogió a Silas y partió, siendo encomendado por los hermanos a la gracia del Señor. 41Y viajaba por Siria y Cilicia confirmando a las iglesias.

Salmo 104

1Bendice, alma mía, al Señor.
Señor, Dios mío, cuán grande eres;
Te has vestido de esplendor y de majestad,
2Cubriéndote de luz como con un manto,
Extendiendo los cielos como una cortina.
3 Él es el que pone las vigas de Sus altos aposentos en las aguas;
El que hace de las nubes Su carroza;
El que anda sobre las alas del viento;
4Que hace de los vientos Sus mensajeros,
Y de las llamas de fuego Sus ministros.
5¶Él estableció la tierra sobre sus cimientos,
Para que jamás sea sacudida.
6La cubriste con el abismo como con un vestido;
Las aguas estaban sobre los montes.
7A Tu reprensión huyeron,
Al sonido de Tu trueno se precipitaron.
8Se levantaron los montes, se hundieron los valles,
Al lugar que Tú estableciste para ellos.
9Pusiste un límite que no pueden cruzar,
Para que no vuelvan a cubrir la tierra.
10¶Él hace brotar manantiales en los valles,
Corren entre los montes;
11Dan de beber a todas las bestias del campo,
Los asnos monteses mitigan su sed.
12Junto a ellos habitan las aves de los cielos,
Elevan sus trinos entre las ramas.
13Él riega los montes desde Sus aposentos,
Del fruto de Sus obras se sacia la tierra.
14¶Él hace brotar la hierba para el ganado,
Y las plantas para el servicio del hombre,
Para que él saque alimento de la tierra,
15Y vino que alegra el corazón del hombre,
Para que haga brillar con aceite su rostro,
Y alimento que fortalece el corazón del hombre.
16Los árboles del Señor se sacian,
Los cedros del Líbano que Él plantó,
17Donde hacen sus nidos las aves,
Y la cigüeña, cuya morada está en los cipreses.
18¶Los montes altos son para las cabras monteses;
Las peñas son refugio para los tejones.
19Él hizo la luna para señalar las estaciones;
El sol conoce el lugar de su ocaso.
20Tú ordenas la oscuridad y se hace de noche,
En ella andan todas las bestias del bosque.
21Rugen los leoncillos tras su presa,
Y buscan de Dios su comida.
22 Al salir el sol se esconden,
Y se echan en sus guaridas.
23Sale el hombre a su trabajo,
Y a su labor hasta el atardecer.
24¶¡Cuán numerosas son Tus obras, oh Señor!
Con sabiduría las has hecho todas;
Llena está la tierra de Tus posesiones.
25He allí el mar, grande y anchuroso,
En el cual se mueve un sinnúmero
De animales tanto pequeños como grandes.
26Allí surcan las naves,
Y el Leviatán que hiciste para que jugara en él.
27¶Todos ellos esperan en Ti
Para que les des su comida a su tiempo.
28Tú les das, ellos recogen;
Abres Tu mano, se sacian de bienes.
29Escondes Tu rostro, se turban;
Les quitas el aliento, expiran,
Y vuelven al polvo.
30Envías Tu Espíritu, son creados,
Y renuevas la superficie de la tierra.
31¶¡Sea para siempre la gloria del Señor!
¡Alégrese el Señor en sus obras!
32Él mira a la tierra, y ella tiembla;
Toca los montes, y humean.
33Al Señor cantaré mientras yo viva;
Cantaré alabanzas a mi Dios mientras yo exista.
34Séale agradable mi meditación;
Yo me alegraré en el Señor.
35Sean consumidos de la tierra los pecadores,
Y los impíos dejen de ser.
Bendice, alma mía, al Señor.
¡Aleluya!

Proverbios 11

1La balanza falsa es abominación al Señor,
Pero el peso cabal es Su deleite.
2Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra;
Pero la sabiduría está con los humildes.
3La integridad de los rectos los guiará,
Pero la perversidad de los traidores los destruirá.
4De nada sirven las riquezas el día de la ira,
Pero la justicia libra de la muerte.
5La justicia del íntegro enderezará su camino,
Pero el impío caerá por su propia impiedad.
6La justicia de los rectos los librará,
Pero los traidores en su codicia serán atrapados.
7Cuando muere el hombre impío, su esperanza se acaba,
Y la expectación de los poderosos perece.
8El justo es librado de tribulación,
Y el impío toma su lugar.
9Con la boca el impío destruye a su prójimo,
Pero por el conocimiento los justos serán librados.
10Con el bien de los justos, se regocija la ciudad,
Y cuando perecen los impíos, hay gritos de alegría.
11Por la bendición de los rectos, se enaltece la ciudad,
Pero por la boca de los impíos, es derribada.
12El que desprecia a su prójimo carece de entendimiento,
Pero el hombre prudente guarda silencio.
13El que anda en chismes revela secretos,
Pero el de espíritu leal oculta las cosas.
14Donde no hay buen consejo, el pueblo cae,
Pero en la abundancia de consejeros está la victoria.
15Ciertamente sufrirá el que sale fiador por un extraño,
Pero el que odia salir fiador está seguro.
16La mujer agraciada alcanza honra,
Y los poderosos alcanzan riquezas.
17El hombre misericordioso se hace bien a sí mismo,
Pero el cruel a sí mismo se hace daño.
18El impío gana salario engañoso,
Pero el que siembra justicia recibe verdadera recompensa.
19El que persiste en la justicia alcanzará la vida,
Y el que va en pos del mal, su propia muerte.
20Los de corazón perverso son abominación al Señor,
Pero los de camino intachable son Su deleite.
21Ciertamente el malvado no quedará sin castigo,
Pero la descendencia de los justos será librada.
22Como anillo de oro en el hocico de un cerdo
Es la mujer hermosa que carece de discreción.
23El deseo de los justos es solo el bien,
Pero la esperanza de los malvados es la ira.
24Hay quien reparte, y le es añadido más,
Y hay quien retiene lo que es justo, solo para venir a menos.
25El alma generosa será prosperada,
Y el que riega será también regado.
26Al que retiene el grano, el pueblo lo maldecirá,
Pero habrá bendición sobre la cabeza del que lo vende.
27El que con diligencia busca el bien, se procura favor,
Pero el que busca el mal, este le vendrá.
28El que confía en sus riquezas, caerá,
Pero los justos prosperarán como la hoja verde.
29El que turba su casa, heredará viento,
Y el necio será siervo del sabio de corazón.
30El fruto del justo es árbol de vida,
Y el que gana almas es sabio.
31Si el justo es recompensado en la tierra,
¡Cuánto más el impío y el pecador!

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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