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Día 105 de 365 · 15 de abril

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Josué 22

1Entonces Josué llamó a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés, 2y les dijo: «Ustedes han guardado todo lo que Moisés, siervo del Señor, les mandó, y han escuchado mi voz en todo lo que les mandé. 3Hasta el día de hoy no han abandonado a sus hermanos durante este largo tiempo, sino que ustedes han cuidado de guardar el mandamiento del Señor su Dios. 4Y ahora el Señor su Dios ha dado descanso a sus hermanos, como Él les había dicho. Vuelvan, pues, y vayan a sus tiendas, a la tierra de su posesión que Moisés, siervo del Señor, les dio al otro lado del Jordán. 5Solamente guarden cuidadosamente el mandamiento y la ley que Moisés, siervo del Señor, les mandó, de amar al Señor su Dios, andar en todos Sus caminos, guardar Sus mandamientos y de allegarse a Él y servirle con todo su corazón y con toda su alma». 6Josué los bendijo y los despidió, y ellos se fueron a sus tiendas.
7Moisés había dado a la media tribu de Manasés una posesión en Basán, pero a la otra media tribu Josué dio una posesión entre sus hermanos hacia el occidente, al otro lado del Jordán. Y cuando Josué los mandó a sus tiendas, los bendijo, 8y les dijo: «Vuelvan a sus tiendas con grandes riquezas, con mucho ganado, con plata, oro, bronce, hierro y con muchos vestidos. Repartan con sus hermanos el botín de sus enemigos».
9Entonces los rubenitas y los gaditas y la media tribu de Manasés, volvieron y se separaron de los israelitas en Silo, que está en la tierra de Canaán, para ir a la tierra de Galaad, a la tierra de su posesión la cual ellos habían poseído, conforme al mandato del Señor por medio de Moisés.
10Cuando llegaron a la región del Jordán que está en la tierra de Canaán, los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, edificaron allí un altar junto al Jordán, un altar de aspecto grande.
11Y los israelitas oyeron decir: «Los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés han edificado un altar en el límite de la tierra de Canaán, en la región del Jordán, en el lado que pertenece a los israelitas». 12Cuando los israelitas oyeron esto, toda la congregación de los israelitas se reunió en Silo para subir a pelear contra ellos.
13Entonces los israelitas enviaron a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés, en la tierra de Galaad, a Finees, hijo del sacerdote Eleazar, 14y con él a diez jefes, un jefe por cada casa paterna de cada tribu de Israel. Cada uno de ellos era cabeza de la casa de sus padres entre los millares de Israel.
15Y vinieron a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés, a la tierra de Galaad, y les dijeron: 16«Así dice toda la congregación del Señor: “¿Qué infidelidad es esta que ustedes han cometido contra el Dios de Israel, apartándose hoy de seguir al Señor, edificándose un altar, y rebelándose hoy contra el Señor?
17”¿No nos es suficiente la iniquidad de Peor, de la cual no nos hemos limpiado hasta hoy, a pesar de que vino una plaga sobre la congregación del Señor, 18para que también ustedes se aparten hoy de seguir al Señor? Y sucederá que si hoy se rebelan contra el Señor, mañana Él se enojará con toda la congregación de Israel.
19”Pero si la tierra de la posesión de ustedes es inmunda, entonces pasen a la tierra de la posesión del Señor, donde está el tabernáculo del Señor, y tomen posesión entre nosotros. Pero no se rebelen contra el Señor, ni se rebelen contra nosotros edificándose un altar aparte del altar del Señor nuestro Dios. 20¿No fue infiel Acán, hijo de Zera, en cuanto al anatema, y vino la ira sobre toda la congregación de Israel? Y aquel hombre no pereció solo en su iniquidad” ».
21Entonces los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés respondieron a las cabezas de las familias de Israel: 22«¡El Poderoso Dios, el Señor, el Poderoso Dios, el Señor! Él lo sabe; que Israel mismo lo sepa. Si fue rebelión, o una infidelidad contra el Señor, que no nos salve hoy. 23Si nos hemos edificado un altar para apartarnos de seguir al Señor, o para ofrecer holocausto u ofrenda de cereal sobre él, o para ofrecer en él sacrificios de ofrendas de paz, que el Señor mismo nos lo demande.
24»En verdad, hemos hecho esto más bien por temor, diciendo: “El día de mañana los hijos de ustedes pudieran decir a nuestros hijos: ‘¿Qué tienen que ver ustedes con el Señor, Dios de Israel? 25Porque el Señor ha puesto el Jordán por límite entre nosotros y ustedes, hijos de Rubén e hijos de Gad. Ustedes no tienen parte con el Señor’. Así sus hijos podrían hacer que nuestros hijos dejaran de temer al Señor”.
26»Por tanto, dijimos: “Construyamos ahora un altar, no para holocaustos ni para sacrificios, 27sino para que sea testigo entre nosotros y ustedes, y entre nuestras generaciones después de nosotros, que hemos de cumplir el servicio del Señor delante de Él con nuestros holocaustos, con nuestros sacrificios y con nuestras ofrendas de paz, para que en el día de mañana los hijos de ustedes no digan a nuestros hijos: ‘No tienen porción en el Señor’ ”.
28»Nosotros, pues, dijimos: “Sucederá el día de mañana, que si nos dicen esto a nosotros o a nuestras generaciones, entonces diremos: ‘Vean la réplica del altar del Señor que nuestros padres edificaron, no para holocaustos ni para sacrificios, sino más bien como testigo entre nosotros y ustedes’ ”. 29Lejos esté de nosotros que nos rebelemos contra el Señor y nos apartemos de seguir hoy al Señor, construyendo un altar para holocaustos, para ofrenda de cereal o para sacrificios, aparte del altar del Señor nuestro Dios que está frente a Su tabernáculo».
30Cuando el sacerdote Finees y los principales de la congregación, es decir, las cabezas de las familias de Israel que estaban con él, oyeron las palabras que dijeron los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, les pareció bien. 31Y Finees, hijo del sacerdote Eleazar, dijo a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés: «Hoy sabemos que el Señor está en medio de nosotros, porque no han cometido esta infidelidad contra el Señor. Ahora han librado a los israelitas de la mano del Señor».
32Entonces Finees, hijo del sacerdote Eleazar, y los jefes, dejaron a los rubenitas y a los gaditas, y regresaron de la tierra de Galaad a la tierra de Canaán, a los israelitas, y les dieron respuesta. 33La respuesta agradó a los israelitas. Estos bendijeron a Dios, y no hablaron más de subir a pelear contra ellos para destruir la tierra en que habitaban los rubenitas y los gaditas. 34Y los rubenitas y los gaditas llamaron al altar Testigo; pues dijeron: «Es testigo entre nosotros de que el Señores Dios».

Josué 23

1Aconteció muchos días después de haber dado el Señor reposo a Israel de todos sus enemigos de alrededor, siendo Josué ya muy anciano y avanzado en años, 2que Josué llamó a todo Israel, a sus ancianos, a sus jefes, a sus jueces y a sus oficiales, y les dijo: «Yo ya soy viejo y avanzado en años. 3Y ustedes han visto todo lo que el Señor su Dios ha hecho a todas estas naciones por causa de ustedes, porque el Señor su Dios es quien ha peleado por ustedes.
4»Miren, les he asignado por suerte, como heredad para sus tribus, estas naciones que aún quedan junto con todas las naciones que he destruido, desde el Jordán hasta el mar Grande, hacia la puesta del sol. 5El Señor su Dios las echará de delante de ustedes y las expulsará de su presencia; y ustedes poseerán su tierra, tal como el Señor su Dios les ha prometido.
6»Esfuércense, pues, en guardar y en hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, para que no se aparten de ella ni a la derecha ni a la izquierda, 7a fin de que no se junten con estas naciones, las que quedan entre ustedes. No mencionen el nombre de sus dioses, ni hagan que nadie jure por ellos, ni los sirvan, ni se inclinen ante ellos, 8sino que al Señor, el Dios de ustedes, se mantendrán unidos, como lo han hecho hasta hoy.
9»Porque el Señor ha expulsado a naciones grandes y poderosas de delante de ustedes. En cuanto a ustedes, nadie les ha podido hacer frente hasta hoy. 10Un solo hombre de ustedes hace huir a mil, porque el Señor su Dios es quien pelea por ustedes, tal como Él les ha prometido. 11Tengan sumo cuidado, por la vida de ustedes, de amar al Señor su Dios.
12»Porque si se vuelven, y se unen al resto de estos pueblos que permanecen entre ustedes, y contraen matrimonio con ellos, y se juntan con ellos, y ellos con ustedes, 13ciertamente sepan que el Señor su Dios no continuará expulsando a estas naciones de delante de ustedes, sino que serán como lazo y trampa para ustedes, como azote en sus costados y como espinas en sus ojos, hasta que perezcan de sobre esta buena tierra que el Señor su Dios les ha dado.
14»Miren, hoy me voy por el camino de toda la tierra, y ustedes saben con todo su corazón y con toda su alma que ninguna de las buenas palabras que el Señor su Dios habló acerca de ustedes ha faltado. Todas les han sido cumplidas, ninguna de ellas ha faltado.
15»Y sucederá que así como han venido sobre ustedes todas las buenas palabras que el Señor su Dios les habló, de la misma manera el Señor traerá sobre ustedes toda amenaza, hasta que los haya destruido de sobre esta buena tierra que el Señor su Dios les ha dado.
16»Cuando quebranten el pacto que el Señor su Dios les ordenó, y vayan y sirvan a otros dioses, y se inclinen ante ellos, entonces la ira del Señorse encenderá contra ustedes, y perecerán prontamente de sobre esta buena tierra que Él les ha dado».

Hechos 16

1Pablo llegó también a Derbe y a Listra. Y estaba allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego, 2del cual hablaban elogiosamente los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. 3Pablo quiso que este fuera con él, y lo tomó y lo circuncidó por causa de los judíos que había en aquellas regiones, porque todos sabían que su padre era griego.
4Según pasaban por las ciudades, entregaban los acuerdos tomados por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que los observaran. 5Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y diariamente crecían en número.
6Pasaron por la región de Frigia y Galacia, habiendo sido impedidos por el Espíritu Santo de hablar la palabra en Asia. 7Cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. 8Entonces pasando por Misia, descendieron a Troas.
9Por la noche se le mostró a Pablo una visión: un hombre de Macedonia estaba de pie, suplicándole: «Pasa a Macedonia y ayúdanos». 10Cuando tuvo la visión, enseguida procuramos ir a Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para anunciarles el evangelio.
11Así que, saliendo de Troas, navegamos con rumbo directo a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis. 12De allí fuimos a Filipos, que es una ciudad principal de la provincia de Macedonia, una colonia romana; en esta ciudad nos quedamos por varios días.
13El día de reposo salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde pensábamos que habría un lugar de oración. Nos sentamos y comenzamos a hablar a las mujeres que se habían reunido. 14Y estaba escuchando cierta mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas de púrpura, que adoraba a Dios; y el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía. 15Cuando ella y su familia se bautizaron, nos rogó: «Si juzgan que soy fiel al Señor, vengan a mi casa y quédense en ella». Y nos persuadió a ir.
16Mientras íbamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una muchacha esclava que tenía espíritu de adivinación, la cual daba grandes ganancias a sus amos, adivinando. 17Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes les proclaman el camino de salvación».
18Esto lo hacía por muchos días; pero desagradando esto a Pablo, se volvió y dijo al espíritu: «¡Te ordeno, en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella!». Y el espíritu salió en aquel mismo momento.
19Pero cuando sus amos vieron que se les había ido la esperanza de ganancia para ellos, prendieron a Pablo y a Silas, y los arrastraron hasta la plaza, ante las autoridades. 20Después de haberlos presentado a los magistrados superiores, dijeron: «Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad, 21y proclaman costumbres que no nos es lícito aceptar ni observar, puesto que somos romanos». 22La multitud se levantó a una contra ellos, y los magistrados superiores, rasgándoles sus ropas, ordenaron que los azotaran con varas. 23Después de darles muchos azotes, los echaron en la cárcel, ordenando al carcelero que los guardara con seguridad; 24el cual, habiendo recibido esa orden, los echó en el calabozo interior y les aseguró los pies en el cepo.
25Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban. 26De repente se produjo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos. Al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron. 27Al despertar el carcelero y ver abiertas todas las puertas de la cárcel, sacó su espada y se iba a matar, creyendo que los prisioneros se habían escapado. 28Pero Pablo clamó a gran voz, diciendo: «No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí».
29Entonces él pidió luz y se precipitó adentro, y temblando, se postró ante Pablo y Silas, 30y después de sacarlos, dijo: «Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?». 31Ellos respondieron: «Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa».
32Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. 33El carcelero los tomó en aquella misma hora de la noche y les lavó las heridas, y enseguida fue bautizado con todos los suyos. 34Llevándolos a su hogar, les dio de comer, y se regocijó grandemente por haber creído en Dios con todos los suyos.
35Cuando se hizo de día, los magistrados superiores enviaron a sus oficiales, diciendo: «Suelta a esos hombres». 36El carcelero comunicó a Pablo estas palabras, diciendo: «Los magistrados superiores han dado orden de que les suelte. Así que, salgan ahora y vayan en paz». 37Pero Pablo les dijo: «Aunque somos ciudadanos romanos, nos han azotado públicamente sin hacernos juicio y nos han echado a la cárcel; ¿y ahora nos sueltan en secreto? ¡De ninguna manera! Que ellos mismos vengan a sacarnos».
38Los oficiales informaron esto a los magistrados superiores, y al saber que eran ciudadanos romanos, tuvieron temor. 39Entonces vinieron y les suplicaron, y después de sacarlos, les rogaban que salieran de la ciudad. 40Cuando salieron de la cárcel, fueron a casa de Lidia, y al ver a los hermanos, los consolarony se fueron.

Salmo 105

1Den gracias al Señor, invoquen Su nombre;
Den a conocer Sus obras entre los pueblos.
2Cántenle, cántenle;
Hablen de todas Sus maravillas.
3Gloríense en Su santo nombre;
Alégrese el corazón de los que buscan al Señor.
4Busquen al Señor y Su fortaleza;
Busquen Su rostro continuamente.
5Recuerden las maravillas que Él ha hecho,
Sus prodigios y los juicios de Su boca,
6Oh simiente de Abraham, Su siervo,
Hijos de Jacob, Sus escogidos.
7Él es el Señor nuestro Dios;
Sus juicios están en toda la tierra.
8¶Para siempre se ha acordado de Su pacto,
De la palabra que ordenó a mil generaciones,
9 Del pacto que hizo con Abraham,
Y de Su juramento a Isaac.
10También lo confirmó a Jacob por estatuto,
A Israel como pacto eterno,
11Diciendo: «A ti te daré la tierra de Canaán
Como porción de la heredad de ustedes».
12Cuando eran pocos en número,
Muy pocos, y extranjeros en el país,
13Cuando vagaban de nación en nación,
Y de un reino a otro pueblo,
14Él no permitió que nadie los oprimiera,
Y por amor a ellos reprendió a reyes, diciéndoles:
15«No toquen a Mis ungidos,
Ni hagan mal a Mis profetas».
16¶Y llamó al hambre sobre la tierra;
Quebró todo sustento de pan.
17Envió a un hombre delante de ellos,
A José, vendido como esclavo.
18Con grillos afligieron sus pies,
Él mismo fue puesto en cadenas,
19Hasta que su predicción se cumplió;
La palabra del Señor lo puso a prueba.
20El rey envió, y lo soltó,
El soberano de los pueblos lo puso en libertad.
21Lo puso por señor de su casa,
Y administrador sobre todos sus bienes,
22Para que encarcelara a sus príncipes a voluntad suya,
Y a sus ancianos enseñara sabiduría.
23También Israel entró en Egipto,
Así peregrinó Jacob en la tierra de Cam.
24E hizo que su pueblo se multiplicara mucho,
Y los hizo más fuertes que sus adversarios.
25¶Les cambió el corazón para que odiaran a Su pueblo,
Para que obraran astutamente contra Sus siervos.
26Envió a Moisés Su siervo,
Y a Aarón a quien había escogido.
27Estos hicieron las maravillas de Dios entre ellos,
Y prodigios en la tierra de Cam.
28Mandó tinieblas e hizo que se oscureciera,
Pero ellos no atendieron a Sus palabras.
29Convirtió sus aguas en sangre,
E hizo morir sus peces.
30Se llenó su tierra de ranas
Hasta en las alcobas de sus reyes.
31Él habló, y vinieron enjambres de moscas
Y mosquitos por todo su territorio.
32Les dio granizo por lluvia,
Y llamas de fuego en su tierra.
33Devastó también sus vides y sus higueras,
Y destrozó los árboles de sus territorios.
34Él habló, y vinieron langostas,
Y orugas sin número;
35Que devoraron toda la vegetación de su país,
Y se comieron el fruto de su suelo.
36También hirió de muerte a todo primogénito de su tierra;
Las primicias de todo su vigor.
37¶Pero a Su pueblo lo sacó con plata y oro,
Y entre Sus tribus no hubo quien tropezara.
38Egipto se alegró cuando se fueron,
Porque su terror había caído sobre ellos.
39Extendió una nube para cubrirlos,
Y fuego para iluminarlos de noche.
40Pidieron, y les mandó codornices,
Y los sació de pan del cielo.
41Abrió la roca, y brotaron las aguas;
Corrieron como un río en tierra seca.
42Porque se acordó de Su santa palabra
Dada a Abraham Su siervo,
43Y sacó a Su pueblo con alegría,
Y a Sus escogidos con gritos de júbilo.
44También les dio las tierras de las naciones,
Y poseyeron el fruto del trabajo de los pueblos,
45A fin de que guardaran Sus estatutos,
Y observaran Sus leyes.
¡Aleluya!

Proverbios 12

1El que ama la instrucción ama el conocimiento,
Pero el que odia la reprensión es torpe.
2El bueno alcanzará el favor del Señor,
Pero Él condenará al hombre de malos designios.
3El hombre no se afianzará por medio de la impiedad,
Y la raíz de los justos no será removida.
4La mujer virtuosa es corona de su marido,
Pero la que lo avergüenza es como podredumbre en sus huesos.
5Los pensamientos de los justos son rectos,
Los consejos de los impíos, engañosos.
6Las palabras de los impíos son asechanzas sangrientas,
Pero a los rectos su boca los librará.
7Los impíos son derribados y ya no existen,
Pero la casa de los justos permanecerá.
8El hombre será alabado conforme a su discernimiento,
Pero el perverso de corazón será despreciado.
9Más vale el poco estimado que tiene siervo,
Que el que se alaba y carece de pan.
10El justo se preocupa de la vida de su ganado,
Pero las entrañas de los impíos son crueles.
11El que labra su tierra se saciará de pan,
Pero el que persigue lo vano carece de entendimiento.
12El impío codicia el botín de los malos,
Pero la raíz de los justos da fruto.
13En la transgresión de sus labios se enreda el malvado,
Pero el justo escapará del apuro.
14Por el fruto de su boca cada uno se saciará de bien,
Y las obras de las manos del hombre volverán a él.
15El camino del necio es recto a sus propios ojos,
Pero el que escucha consejos es sabio.
16El enojo del necio se conoce al instante,
Pero el prudente oculta la deshonra.
17El que habla verdad declara lo que es justo,
Pero el testigo falso, falsedad.
18Hay quien habla sin tino como golpes de espada,
Pero la lengua de los sabios sana.
19Los labios veraces permanecerán para siempre,
Pero la lengua mentirosa, solo por un momento.
20Hay engaño en el corazón de los que traman el mal,
Pero gozo en los consejeros de paz.
21Ningún daño sobreviene al justo,
Pero los impíos están llenos de pesares.
22Los labios mentirosos son abominación al Señor,
Pero los que obran fielmente son Su deleite.
23El hombre prudente oculta su conocimiento,
Pero el corazón de los necios proclama su necedad.
24La mano de los diligentes gobernará,
Pero la indolencia será sujeta a trabajos forzados.
25La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime,
Pero la buena palabra lo alegra.
26El justo es guía para su prójimo,
Pero el camino de los impíos los extravía.
27El indolente no asa su presa,
Pero la posesión más preciosa del hombre es la diligencia.
28En la senda de la justicia está la vida,
Y en sucamino no hay muerte.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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