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Día 106 de 365 · 16 de abril

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Josué 24

1Entonces Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquem, llamó a los ancianos de Israel, a sus jefes, a sus jueces y a sus oficiales, y ellos se presentaron delante de Dios. 2Y Josué dijo a todo el pueblo: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Al otro lado del Río habitaban antiguamente los padres de ustedes, es decir, Taré, padre de Abraham y de Nacor, y servían a otros dioses. 3Entonces tomé a Abraham, padre de ustedes, del otro lado del Río y lo guié por toda la tierra de Canaán, multipliqué su descendencia y le di a Isaac. 4A Isaac le di a Jacob y a Esaú, y a Esaú le di el monte Seir para que lo poseyera; pero Jacob y sus hijos descendieron a Egipto.
5”Entonces envié a Moisés y a Aarón, y herí con plagas a Egipto conforme a lo que hice en medio de él. Después los saqué a ustedes. 6Saqué a sus padres de Egipto y llegaron al mar, y Egipto persiguió a sus padres con carros y caballería hasta el mar Rojo. 7Pero cuando clamaron al Señor, Él puso tinieblas entre ustedes y los egipcios, e hizo venir sobre ellos el mar, que los cubrió. Sus propios ojos vieron lo que hice en Egipto. Y por mucho tiempo ustedes vivieron en el desierto.
8”Entonces los traje a la tierra de los amorreos que habitaban al otro lado del Jordán, y ellos pelearon contra ustedes. Los entregué en sus manos, y tomaron posesión de su tierra cuando Yo los destruí delante de ustedes. 9Después Balac, hijo de Zipor, rey de Moab, se levantó y peleó contra Israel, y envió a llamar a Balaam, hijo de Beor, para que los maldijera. 10Pero Yo no quise escuchar a Balaam; y él tuvo que bendecirlos a ustedes, y los libré de su mano.
11”Ustedes pasaron el Jordán y llegaron a Jericó. Los habitantes de Jericó pelearon contra ustedes, y también los amorreos, los ferezeos, los cananeos, los hititas, los gergeseos, los heveos y los jebuseos, pero yo los entregué en sus manos. 12Entonces envié delante de ustedes avispas que expulsaron a los dos reyes de los amorreos de delante de ustedes, pero no fue por su espada ni por su arco. 13Y les di a ustedes una tierra en que no habían trabajado, y ciudades que no habían edificado, y habitan en ellas. De viñas y olivares que no plantaron, comen”.
14»Ahora pues, teman al Señor y sírvanle con integridad y con fidelidad. Quiten los dioses que sus padres sirvieron al otro lado del Río y en Egipto, y sirvan al Señor. 15Y si no les parece bien servir al Señor, escojan hoy a quién han de servir: si a los dioses que sirvieron sus padres, que estaban al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitan. Pero yo y mi casa, serviremos al Señor».
16Y el pueblo respondió: «Lejos esté de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses. 17Porque el Señor nuestro Dios es el que nos sacó, a nosotros y a nuestros padres, de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre, el que hizo estas grandes señales delante de nosotros y nos guardó por todo el camino en que anduvimos y entre todos los pueblos por entre los cuales pasamos. 18Y el Señor echó de delante de nosotros a todos los pueblos, incluso a los amorreos, que moraban en la tierra. Nosotros, pues, también serviremos al Señor, porque Él es nuestro Dios».
19Entonces Josué dijo al pueblo: «Ustedes no podrán servir al Señor, porque Él es Dios santo. Él es Dios celoso; Él no perdonará la transgresión de ustedes ni sus pecados. 20Si abandonan al Señor y sirven a dioses extranjeros, Él se volverá y les hará daño, y los consumirá después de haberlos tratado bien».
21Respondió el pueblo a Josué: «No, sino que serviremos al Señor». 22Y Josué dijo al pueblo: «Ustedes son testigos contra sí mismos de que han escogido al Señor para servirle». «Testigos somos», le contestaron. 23«Ahora pues», les dijo Josué, «quiten los dioses extranjeros que están en medio de ustedes, e inclinen su corazón al Señor, Dios de Israel». 24Y el pueblo respondió a Josué: «Al Señor nuestro Dios serviremos y Su voz obedeceremos».
25Entonces Josué hizo un pacto con el pueblo aquel día, y les impuso estatutos y ordenanzas en Siquem. 26Josué escribió estas palabras en el libro de la ley de Dios. Tomó una gran piedra y la colocó debajo de la encina que estaba junto al santuario del Señor.
27Y Josué dijo a todo el pueblo: «Ciertamente esta piedra servirá de testigo contra nosotros, porque ella ha oído todas las palabras que el Señor ha hablado con nosotros. Será, pues, testigo contra ustedes para que no nieguen a su Dios». 28Entonces Josué despidió al pueblo, cada uno a su heredad.
29Después de estas cosas Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, murió a la edad de 110 años. 30Y lo sepultaron en la tierra de su heredad, en Timnat Sera, que está en la región montañosa de Efraín, al norte del monte Gaas. 31Israel sirvió al Señor todos los días de Josué y todos los días de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que habían conocido todas las obras que el Señor había hecho por Israel.
32Los huesos de José, que los israelitas habían traído de Egipto, fueron sepultados en Siquem, en la parcela de campo que Jacob había comprado a los hijos de Hamor, padre de Siquem, por 100 monedas de plata. Y pasaron a ser posesión de los hijos de José. 33Y murió Eleazar, hijo de Aarón. Lo sepultaron en Guibeáde su hijo Finees, que le había sido dada en la región montañosa de Efraín.

Jueces 1

1Después de la muerte de Josué, los israelitas consultaron al Señor, diciendo: «¿Quién de nosotros subirá primero contra los cananeos para pelear contra ellos?». 2Y el Señor respondió: «Judá subirá primero; ya le he entregado el país en sus manos». 3Entonces Judá dijo a su hermano Simeón: «Sube conmigo al territorio que me ha tocado, para que peleemos contra los cananeos. Yo también iré contigo al territorio que te ha tocado». Y Simeón fue con él.
4Judá subió, y el Señor entregó en sus manos a los cananeos y a los ferezeos, y derrotaron a 10,000 hombres en Bezec. 5Hallaron a Adoni Bezec en Bezec y pelearon contra él, y derrotaron a los cananeos y a los ferezeos. 6Adoni Bezec huyó, pero lo persiguieron, lo prendieron y le cortaron los pulgares de las manos y de los pies. 7Y Adoni Bezec dijo: «Setenta reyes, con los pulgares de sus manos y de sus pies cortados, recogían migajas debajo de mi mesa. Como yo he hecho, así me ha pagado Dios». Lo llevaron a Jerusalén, y allí murió.
8Entonces los hijos de Judá pelearon contra Jerusalén y la tomaron, pasaron a filo de espada a sus habitantes y prendieron fuego a la ciudad. 9Después los hijos de Judá descendieron a pelear contra los cananeos que vivían en la región montañosa, en el Neguev y en las tierras bajas. 10Y Judá marchó contra los cananeos que habitaban en Hebrón (el nombre de Hebrón antes era Quiriat Arba); e hirieron a Sesai, a Ahimán y a Talmai.
11Desde allí Judá fue contra los habitantes de Debir (el nombre de Debir antes era Quiriat Séfer). 12Entonces Caleb dijo: «Al que ataque a Quiriat Séfer y la tome, yo le daré a mi hija Acsa por mujer». 13Y Otoniel, hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb, tomó la ciudad, y Caleb le dio a su hija Acsa por mujer. 14Y cuando ella llegó, Otoniel la persuadió a que pidiera un campo a su padre. Ella entonces se bajó del asno, y Caleb le dijo: «¿Qué quieres?». 15«Dame una bendición», le dijo ella, «ya que me has dado la tierra del Neguev, dame también fuentes de agua». Y Caleb le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo.
16Los descendientes del quenita, suegro de Moisés, subieron de la ciudad de las palmeras con los hijos de Judá, al desierto de Judá que está al sur de Arad; y fueron y habitaron con el pueblo. 17Entonces Judá fue con Simeón su hermano, y derrotaron a los cananeos que vivían en Sefat, y la destruyeron por completo. Por eso pusieron por nombre a la ciudad, Horma. 18Y Judá tomó a Gaza con su territorio, a Ascalón con su territorio y a Ecrón con su territorio.
19El Señor estaba con Judá, que tomó posesión de la región montañosa. Pero Judá no pudo expulsar a los habitantes del valle porque estos tenían carros de hierro. 20Entonces dieron Hebrón a Caleb, como Moisés había prometido. Y él expulsó de allí a los tres hijos de Anac. 21Pero los hijos de Benjamín no expulsaron a los jebuseos que vivían en Jerusalén. Así que los jebuseos han vivido con los benjamitas en Jerusalén hasta el día de hoy.
22De igual manera la casa de José subió contra Betel; y el Señor estaba con ellos. 23Y la casa de José envió espías a Betel (el nombre de la ciudad antes era Luz). 24Y los espías vieron a un hombre que salía de la ciudad y le dijeron: «Te rogamos que nos muestres la entrada de la ciudad y te trataremos con misericordia». 25Él les mostró la entrada de la ciudad, e hirieron la ciudad a filo de espada, pero dejaron ir al hombre y a toda su familia. 26Y el hombre fue a la tierra de los hititas y edificó una ciudad a la que llamó Luz. Y este es su nombre hasta hoy.
27Pero Manasés no tomó posesión de Bet Seán y sus aldeas, ni de Taanac y sus aldeas, ni de los habitantes de Dor y sus aldeas, ni de los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni de los habitantes de Meguido y sus aldeas, porque los cananeos persistían en habitar en aquella tierra. 28Pero cuando Israel se hizo fuerte, sometieron a los cananeos a trabajos forzados, aunque no los expulsaron totalmente.
29Tampoco Efraín expulsó a los cananeos que habitaban en Gezer; y los cananeos habitaron en medio de ellos en Gezer.
30Zabulón no expulsó a los habitantes de Quitrón, ni a los habitantes de Naalal; de manera que los cananeos habitaron en medio de ellos, aunque fueron sometidos a trabajos forzados.
31Aser no expulsó a los habitantes de Aco, ni a los habitantes de Sidón, ni de Ahlab, ni de Aczib, ni de Helba, ni de Afec, ni de Rehob. 32Así que los de Aser habitaron entre los cananeos, los habitantes de aquella tierra, porque no los pudieron expulsar.
33Neftalí no expulsó a los habitantes de Bet Semes, ni a los habitantes de Bet Anat, sino que habitó entre los cananeos, los habitantes de aquella tierra. Pero los habitantes de Bet Semes y de Bet Anat fueron sometidos a trabajos forzados.
34Entonces los amorreos forzaron a los hijos de Dan hacia la región montañosa, y no los dejaron descender al valle. 35Y los amorreos persistieron en habitar en el monte Heres, en Ajalón y en Saalbim; pero cuando el poder de la casa de José se fortaleció, los amorreos fueron sometidos a trabajos forzados. 36La frontera de los amorreos iba desde la subida de Acrabim, desde Sela hacia arriba.

Hechos 17

1Después de pasar por Anfípolis y Apolonia, Pablo y Silas llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. 2Y Pablo, entró según su costumbre, y por tres días de reposo discutió con ellos basándose en las Escrituras, 3explicando y presentando evidencia de que era necesario que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos, y diciendo: «Este Jesús, a quien yo les anuncio, es el Cristo». 4Algunos de ellos creyeron, y se unieron a Pablo y a Silas, junto con una gran multitud de griegos temerosos de Dios y muchas de las mujeres principales.
5Pero los judíos, llenos de envidia, llevaron algunos hombres malvados de la plaza pública, organizaron una turba y alborotaron la ciudad. Asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. 6Al no encontrarlos, arrastraron a Jasón y a algunos de los hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: «Esos que han trastornado al mundo han venido acá también; 7y Jasón los ha recibido. Todos ellos actúan contra los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús». 8Y alborotaron a la multitud y a las autoridades de la ciudad que oían esto. 9Pero después de recibir una fianza de Jasón y de los otros, los soltaron.
10Enseguida los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas a Berea, los cuales, al llegar, fueron a la sinagoga de los judíos. 11Estos eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así. 12Por eso muchos de ellos creyeron, así como también un buen número de griegos, hombres y mujeres de distinción.
13Pero cuando los judíos de Tesalónica supieron que la palabra de Dios había sido proclamada por Pablo también en Berea, fueron también allá para agitar y alborotar a las multitudes. 14Entonces los hermanos inmediatamente enviaron a Pablo para que fuera hasta el mar; pero Silas y Timoteo se quedaron allí. 15Los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas; y después de recibir órdenes de que Silas y Timoteo se unieran a él lo más pronto posible, se fueron.
16Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía dentro de él al contemplar la ciudad llena de ídolos. 17Así que discutía en la sinagoga con los judíos y con los gentiles temerosos de Dios, y diariamente en la plaza con los que estuvieran presentes.
18También discutían con él algunos de los filósofos epicúreos y estoicos. Y algunos decían: «¿Qué quiere decir este palabrero?». «Parece ser un predicador de divinidades extrañas», decían otros; porque les predicaba a Jesús y la resurrección.
19Entonces tomaron a Pablo y lo llevaron al Areópago, diciendo: «¿Podemos saber qué es esta nueva enseñanza que usted proclama? 20Porque le oímos decir cosas extrañas; por tanto, queremos saber qué significan». 21Pues todos los atenienses y los extranjeros de visita allí, no pasaban el tiempo en otra cosa sino en decir o en oír algo nuevo.
22Entonces Pablo poniéndose en pie en medio del Areópago, dijo: «Varones atenienses, percibo que ustedes son muy religiosos en todo sentido. 23Porque mientras pasaba y observaba los objetos de su adoración, hallé también un altar con esta inscripción: “AL DIOS DESCONOCIDO”. Pues lo que ustedes adoran sin conocer, eso les anuncio yo.
24»El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, puesto que es Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres, 25ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que Él da a todos vida y aliento y todas las cosas.
26»De uno solo, Dios hizo todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la superficie de la tierra, habiendo determinado sus tiempos y las fronteras de los lugares donde viven, 27para que buscaran a Dios, y de alguna manera, palpando, lo hallen, aunque Él no está lejos de ninguno de nosotros. 28Porque en Él vivimos, nos movemos y existimos, así como algunos de los poetas de ustedes han dicho: “Porque también nosotros somos linaje Suyo”.
29»Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Naturaleza Divina sea semejante a oro, plata o piedra, esculpidos por el arte y el pensamiento humano. 30Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. 31Porque Él ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien Él ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres cuando lo resucitó de entre los muertos».
32Cuando oyeron de la resurrección de los muertos, algunos se burlaban, pero otros dijeron: «Le escucharemos otra vez acerca de esto». 33Entonces Pablo salió de entre ellos. 34Pero algunos se unieron a él y creyeron, entre los cuales estabanDionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y otros con ellos.

Salmo 106

1¡Aleluya!
Den gracias al Señor, porque es bueno;
Porque para siempre es Su misericordia.
2¿Quién puede relatar los poderosos hechos del Señor,
O expresar toda Su alabanza?
3Bienaventurados los que guardan el juicio,
Los que practican la justicia en todo tiempo.
4¶Acuérdate de mí, oh Señor, en Tu bondad hacia Tu pueblo;
Visítame con Tu salvación,
5Para que yo vea la prosperidad de Tus escogidos,
Para que me regocije en la alegría de Tu nación,
Para que me gloríe con Tu heredad.
6¶Nosotros hemos pecado como nuestros padres,
Hemos hecho iniquidad, nos hemos conducido impíamente.
7Nuestros padres en Egipto no entendieron Tus maravillas;
No se acordaron de Tu infinito amor,
Sino que se rebelaron junto al mar, en el mar Rojo.
8No obstante, los salvó por amor de Su nombre,
Para manifestar Su poder.
9Reprendió al mar Rojo, y se secó;
Y los condujo por las profundidades, como por un desierto.
10Los salvó de mano del que los odiaba,
Y los redimió de mano del enemigo.
11Las aguas cubrieron a sus adversarios,
Ni uno de ellos escapó.
12Entonces ellos creyeron en Sus palabras,
Y cantaron Su alabanza.
13Pero pronto se olvidaron de Sus obras;
No esperaron Su consejo.
14Tuvieron apetitos desenfrenados en el desierto,
Y tentaron a Dios en las soledades.
15Él les concedió lo que pedían,
Pero envió una plaga mortal sobre ellos.
16¶Cuando en el campamento tuvieron envidia de Moisés,
Y de Aarón, el santo del Señor,
17La tierra se abrió y tragó a Datán,
Y se cerró sobre el grupo de Abiram.
18Un fuego ardió contra su grupo,
La llama consumió a los impíos.
19¶Hicieron un becerro en Horeb,
Y adoraron una imagen de fundición;
20Cambiaron su gloria
Por la imagen de un buey que come hierba.
21Se olvidaron de Dios su Salvador,
Que había hecho grandes cosas en Egipto,
22Maravillas en la tierra de Cam,
Y cosas asombrosas en el mar Rojo.
23Él dijo que los hubiera destruido,
De no haberse puesto Moisés, Su escogido, en la brecha delante de Él,
A fin de apartar Su furor para que no los destruyera.
24Aborrecieron la tierra deseable,
No creyeron en Su palabra,
25Sino que murmuraron en sus tiendas,
Y no escucharon la voz del Señor.
26Por tanto, les juró
Abatirlos en el desierto,
27Y esparcir su simiente entre las naciones,
Y dispersarlos por las tierras.
28¶Se unieron también a Baal Peor,
Y comieron sacrificios ofrecidos a los muertos.
29 Lo provocaron a ira con sus actos,
Y la plaga se desató entre ellos.
30Entonces Finees se levantó e intervino,
Y cesó la plaga.
31Y le fue contado por justicia
Por todas las generaciones para siempre.
32¶También hicieron que Él se enojara en las aguas de Meriba,
Y le fue mal a Moisés por culpa de ellos,
33Puesto que fueron rebeldes contra Su Espíritu,
Y él habló precipitadamente con sus labios.
34¶No destruyeron a los pueblos,
Como el Señor les había mandado,
35Sino que se mezclaron con las naciones,
Aprendieron sus costumbres,
36Y sirvieron a sus ídolos
Que se convirtieron en lazo para ellos.
37Sacrificaron a sus hijos y a sus hijas a los demonios,
38Y derramaron sangre inocente,
La sangre de sus hijos y de sus hijas,
A quienes sacrificaron a los ídolos de Canaán,
Y la tierra fue contaminada con sangre.
39Así se contaminaron en sus costumbres,
Y fueron infieles en sus hechos.
40¶Entonces se encendió la ira del Señor contra Su pueblo,
Y Él aborreció Su heredad.
41Los entregó en mano de las naciones,
Y los que los aborrecían se enseñorearon sobre ellos.
42Sus enemigos también los oprimieron,
Y fueron subyugados bajo su poder.
43Muchas veces los libró;
Pero ellos fueron rebeldes en sus propósitos,
Y se hundieron en su iniquidad.
44¶Sin embargo, Él vio su angustia
Al escuchar su clamor,
45Y se acordó de Su pacto por amor a ellos,
Y se arrepintió conforme a la grandeza de Su misericordia.
46Los hizo también objeto de compasión
En presencia de todos los que los tenían cautivos.
47¶Sálvanos, oh Señor, Dios nuestro,
Y reúnenos de entre las naciones,
Para dar gracias a Tu santo nombre,
Y para gloriarnos en Tu alabanza.
48Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
Desde la eternidad y hasta la eternidad.
Y todo el pueblo diga: «Amén».
¡Aleluya!

Proverbios 13

1El hijo sabio acepta la disciplina de su padre,
Pero el insolente no escucha la reprensión.
2Del fruto de su boca el hombre comerá el bien,
Pero el deseo de los traidores es la violencia.
3El que guarda su boca, preserva su vida;
El que mucho abre sus labios, termina en ruina.
4El alma del perezoso desea mucho, pero nada consigue,
Sin embargo, el alma de los diligentes queda satisfecha.
5El justo aborrece la falsedad,
Pero el impío causa repugnancia y vergüenza.
6La justicia guarda al íntegro en su camino,
Pero la maldad destruye al pecador.
7Hay quien pretende ser rico, y nada tiene;
Hay quien pretende ser pobre, y tiene una gran fortuna.
8El rescate de la vida de un hombre está en sus riquezas,
Pero el pobre no oye amenazas.
9La luz de los justos brilla alegremente,
Pero la lámpara de los impíos se apaga.
10Por la soberbia solo viene la contienda,
Pero con los que reciben consejos está la sabiduría.
11La fortuna obtenida con fraude disminuye,
Pero el que la recoge con trabajo la aumenta.
12La esperanza que se demora enferma el corazón,
Pero el deseo cumplido es árbol de vida.
13El que desprecia la palabra pagará por ello,
Pero el que teme el mandamiento será recompensado.
14La enseñanza del sabio es fuente de vida,
Para apartarse de los lazos de la muerte.
15El buen entendimiento produce favor,
Pero el camino de los malvados es difícil.
16Todo hombre prudente obra con conocimiento,
Pero el necio ostenta necedad.
17El mensajero perverso cae en la adversidad,
Pero el enviado fiel trae sanidad.
18Pobreza y vergüenza vendrán al que desprecia la instrucción,
Pero el que acepta la reprensión será honrado.
19Deseo cumplido es dulzura para el alma,
Pero es abominación para los necios el apartarse del mal.
20El que anda con sabios será sabio,
Pero el compañero de los necios sufrirá daño.
21A los pecadores los persigue el mal,
Pero los justos serán recompensados con el bien.
22El hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos,
Pero la riqueza del pecador está reservada para el justo.
23El terreno de los pobres tiene mucho de comer,
Pero se pierde por la injusticia.
24El que evita la vara odia a su hijo,
Pero el que lo ama lo disciplina con diligencia.
25El justo come hasta saciar su alma,
Pero el vientre de los impíos sufre escasez.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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