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Día 107 de 365 · 17 de abril

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Jueces 2

1El ángel del Señor subió de Gilgal a Boquim y dijo a los israelitas: «Yo los saqué a ustedes de Egipto y los conduje a la tierra que había prometido a sus padres y les dije: “Jamás quebrantaré Mi pacto con ustedes, 2y en cuanto a ustedes, no harán pacto con los habitantes de esta tierra; sus altares derribarán”. Pero no me han obedecido. ¿Qué es esto que han hecho? 3Por lo cual también dije: “No los echaré de delante de ustedes, sino que serán como espinas en su costado, y sus dioses les serán lazo para ustedes” ».
4Cuando el ángel del Señor habló estas palabras a todos los israelitas, el pueblo alzó su voz y lloró. 5Y llamaron a aquel lugar Boquim. Y allí ofrecieron sacrificio al Señor.
6Después que Josué despidió al pueblo, los israelitas fueron cada uno a su heredad para tomar posesión de la tierra. 7El pueblo sirvió al Señor todos los días de Josué, y todos los días de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían sido testigos de la gran obra que el Señor había hecho por Israel. 8Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, murió a la edad de 110 años. 9Y lo sepultaron en el territorio de su heredad, en Timnat Sera, en la región montañosa de Efraín, al norte del monte Gaas. 10También toda aquella generación fue reunida a sus padres. Y se levantó otra generación después de ellos que no conocía al Señor, ni la obra que Él había hecho por Israel.
11Entonces los israelitas hicieron lo malo ante los ojos del Señor y sirvieron a los Baales. 12Abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y siguieron a otros dioses de entre los dioses de los pueblos que estaban a su derredor; se postraron ante ellos y provocaron a ira al Señor. 13Dejaron al Señor y sirvieron a Baal y a Astarot.
14La ira del Señor se encendió contra Israel, y los entregó en manos de salteadores que los saquearon. También los vendió en mano de sus enemigos de alrededor, y ya no pudieron hacer frente a sus enemigos. 15Por dondequiera que iban, la mano del Señor estaba contra ellos para mal, tal como el Señor había dicho y como el Señor les había jurado, y se angustiaron en gran manera.
16Entonces el Señor levantó jueces que los libraron de la mano de los que los saqueaban. 17Sin embargo, no escucharon a sus jueces, porque se prostituyeron siguiendo a otros dioses, y se postraron ante ellos. Se apartaron pronto del camino en que sus padres habían andado en obediencia a los mandamientos del Señor. No hicieron como sus padres. 18Cuando el Señor les levantaba jueces, el Señor estaba con el juez y los libraba de mano de sus enemigos todos los días del juez. Porque el Señor se compadecía por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían. 19Pero cuando moría el juez, ellos volvían atrás y se corrompían aún más que sus padres, siguiendo a otros dioses, sirviéndoles e inclinándose ante ellos. No dejaban sus costumbres ni su camino obstinado.
20Entonces se encendió la ira del Señor contra Israel, y dijo: «Por cuanto esta nación ha quebrantado Mi pacto que ordené a sus padres, y no ha escuchado Mi voz, 21tampoco Yo volveré a expulsar de delante de ellos a ninguna de las naciones que Josué dejó cuando murió, 22para probar por medio de ellas a Israel, a ver si guardan o no el camino del Señor, y andan en él como lo hicieron sus padres». 23Así pues, el Señor permitió que aquellas naciones se quedaran allí, sin expulsarlasenseguida, ni las entregó en manos de Josué.

Jueces 3

1Estas son las naciones que el Señor dejó para probar con ellas a Israel (es decir, a los que no habían experimentado ninguna de las guerras de Canaán, 2y así las generaciones de los israelitas conocieran la guerra, o sea, aquellos que antes no la habían experimentado). 3Estas naciones son: los cinco príncipes de los filisteos, todos los cananeos, los sidonios y los heveos que habitaban en el monte Líbano, desde el monte de Baal Hermón hasta Lebo Hamat. 4Y eran para probar a Israel, para ver si obedecían los mandamientos que el Señor había ordenado a sus padres por medio de Moisés.
5Los israelitas habitaron entre los cananeos, los hititas, los amorreos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos. 6Tomaron para sí a sus hijas por mujeres, y dieron sus propias hijas a los hijos de ellos, y sirvieron a sus dioses.
7Los israelitas hicieron lo malo ante los ojos del Señor, y olvidaron al Señor su Dios, y sirvieron a los Baales y a las imágenes de Asera. 8Entonces se encendió la ira del Señor contra Israel, y los vendió en manos de Cusán Risataim, rey de Mesopotamia. Y los israelitas sirvieron a Cusán Risataim por ocho años.
9Cuando los israelitas clamaron al Señor, el Señor levantó un libertador a los israelitas para que los librara, a Otoniel, hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb. 10Y vino sobre él el Espíritu del Señor, y juzgó a Israel. Cuando salió a la guerra, el Señor entregó en su mano a Cusán Risataim, rey de Mesopotamia, y su poder prevaleció sobre Cusán Risataim. 11La tierra tuvo descanso por cuarenta años. Y murió Otoniel, hijo de Quenaz.
12Los israelitas volvieron a hacer lo malo ante los ojos del Señor. Entonces el Señor fortaleció a Eglón, rey de Moab, contra Israel, porque habían hecho lo malo ante los ojos del Señor. 13Y Eglón reunió consigo a los amonitas y amalecitas. Fue y derrotó a Israel, y se apoderaron de la ciudad de las palmeras. 14Y los israelitas sirvieron a Eglón, rey de Moab, por dieciocho años.
15Pero los israelitas clamaron al Señor, y el Señor les levantó un libertador, a Aod, hijo de Gera, el benjamita, el cual era zurdo. Y los israelitas enviaron tributo con él a Eglón, rey de Moab. 16Aod se hizo una espada de dos filos, de un codo (45 centímetros) de largo, y la ató a su muslo derecho debajo de la ropa. 17Y presentó el tributo a Eglón, rey de Moab; y Eglón era un hombre muy grueso.
18Cuando Aod terminó de presentar el tributo, despidió a la gente que había traído el tributo. 19Pero él se volvió desde los ídolos que estaban en Gilgal, y dijo: «Tengo un mensaje secreto para usted, oh rey». «Guarda silencio», le dijo el rey. Y todos los que le servían salieron. 20Aod vino a él cuando estaba sentado solo en su sala de verano. Y Aod dijo: «Tengo un mensaje de Dios para usted». Y él se levantó de su silla.
21Aod alargó la mano izquierda, tomó la espada de su muslo derecho, y se la hundió en el vientre. 22Y la empuñadura entró también tras la hoja, y la gordura se cerró sobre la hoja, pues no sacó la espada de su vientre. Y se le salieron los excrementos. 23Entonces salió Aod al corredor, cerró tras sí las puertas de la sala de la terraza y les pasó el cerrojo.
24Después que él salió, vinieron los siervos y vieron que las puertas de la sala de la terraza tenían el cerrojo pasado, y dijeron: «Sin duda que el rey está haciendo su necesidad en la sala de verano». 25Y esperaron hasta sentir inquietud, pues él no abría las puertas de la sala de la terraza. Entonces tomaron la llave y las abrieron, y su señor estaba en el suelo, muerto.
26Pero Aod había escapado mientras ellos esperaban. Pasando por los ídolos, había huido a Seirat. 27Cuando llegó, tocó la trompeta en la región montañosa de Efraín; y los israelitas descendieron con él de la región montañosa, estando él al frente de ellos. 28Entonces Aod les dijo: «Persíganlos, porque el Señor ha entregado en sus manos a sus enemigos, los moabitas». Y descendieron tras él y se apoderaron de los vados del Jordán frente a Moab, y no dejaron pasar a nadie. 29En aquella ocasión mataron a unos 10,000 moabitas, todos hombres robustos y valientes; ninguno escapó. 30Así Moab fue subyugado aquel día bajo la mano de Israel. Y la tierra tuvo descanso durante ochenta años.
31Después de Aodvino Samgar, hijo de Anat, el cual hirió a 600 filisteos con una aguijada de bueyes. Y él también salvó a Israel.

Hechos 18

1Después de esto Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. 2Allí se encontró con un judío que se llamaba Aquila, natural del Ponto, quien acababa de llegar de Italia con Priscila su mujer, pues el emperador Claudio había ordenado a todos los judíos que salieran de Roma. Pablo fue a verlos, 3y como él era del mismo oficio, se quedó con ellos y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas de campaña. 4Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, tratando de persuadir a judíos y a griegos.
5Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo comenzó a dedicarse por completo a la predicación de la palabra, testificando solemnemente a los judíos que Jesús era el Cristo. 6Pero cuando los judíos se le opusieron y blasfemaron, él sacudió sus ropas y les dijo: «Su sangre sea sobre sus cabezas; yo soy limpio; desde ahora me iré a los gentiles».
7Partiendo de allí, se fue a la casa de un hombre llamado Ticio Justo, que adoraba a Dios, cuya casa estaba junto a la sinagoga. 8Crispo, el oficial de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa. También muchos de los corintios, al oír, creían y eran bautizados.
9Por medio de una visión durante la noche, el Señor dijo a Pablo: «No temas, sigue hablando y no calles; 10porque Yo estoy contigo, y nadie te atacará para hacerte daño, porque Yo tengo mucha gente en esta ciudad». 11Entonces Pablo se quedó allí un año y seis meses, enseñando la palabra de Dios entre ellos.
12Pero siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se levantaron a una contra Pablo y lo trajeron ante el tribunal. 13«Este persuade a los hombres a que adoren a Dios en forma contraria a la ley», dijeron ellos.
14Cuando Pablo iba a hablar, Galión dijo a los judíos: «Si fuera cuestión de una injusticia o de un crimen depravado, oh judíos, yo les toleraría, como sería razonable. 15Pero si son cuestiones de palabras y nombres, y de su propia ley, allá ustedes; yo no estoy dispuesto a ser juez de estas cosas».
16Y los echó del tribunal. 17Entonces todos ellos agarraron a Sóstenes, el oficial de la sinagoga, y lo golpeaban frente al tribunal, pero Galión no hacía caso de nada de esto.
18Pablo, después de quedarse muchos días más, se despidió de los hermanos y se embarcó hacia Siria, y con él iban Priscila y Aquila. Y en Cencrea se hizo cortar el cabello, porque tenía hecho un voto. 19Llegaron a Éfeso y dejó allí a Priscila y Aquila. Y entrando Pablo a la sinagoga, discutía con los judíos. 20Cuando le rogaron que se quedara más tiempo, no consintió, 21sino que se despidió de ellos, diciendo: «Volveré a ustedes otra vez, si Dios quiere». Y embarcándose, se fue de Éfeso.
22Al llegar a Cesarea, subió a Jerusalén para saludar a la iglesia, y luego descendió a Antioquía. 23Después de pasar allí algún tiempo, Pablo fue recorriendo por orden la región de Galacia y de Frigia, fortaleciendo a todos los discípulos.
24Llegó entonces a Éfeso un judío que se llamaba Apolos, natural de Alejandría, hombre elocuente, y que era poderoso en las Escrituras. 25Este había sido instruido en el camino del Señor, y siendo ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba con exactitud las cosas referentes a Jesús, aunque solo conocía el bautismo de Juan. 26Y comenzó a hablar abiertamente en la sinagoga. Pero cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo llevaron aparte y le explicaron con mayor exactitud el camino de Dios.
27Cuando Apolos quiso pasar a Acaya, los hermanos lo animaron, y escribieron a los discípulos que lo recibieran. Cuando llegó, ayudó mucho a los que por la gracia habían creído, 28porque refutaba vigorosamente en público a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.

Salmo 107

1Den gracias al Señor, porque Él es bueno;
Porque para siempre es Su misericordia.
2Díganlo los redimidos del Señor,
A quienes ha redimido de la mano del adversario,
3Y los ha reunido de las tierras,
Del oriente y del occidente,
Del norte y del sur.
4¶Vagaron por el desierto, por lugar desolado,
No hallaron camino a ciudad habitada;
5Hambrientos y sedientos,
Su alma desfallecía en ellos.
6Entonces en su angustia clamaron al Señor,
Y Él los libró de sus aflicciones;
7Y los guió por camino recto,
Para que fueran a una ciudad habitada.
8Den gracias al Señor por Su misericordia
Y por Sus maravillas para con los hijos de los hombres.
9Porque Él ha saciado al alma sedienta,
Y ha llenado de bienes al alma hambrienta.
10¶Moradores de tinieblas y de sombra de muerte,
Prisioneros en miseria y en cadenas,
11Porque fueron rebeldes a las palabras de Dios
Y despreciaron el consejo del Altísimo;
12Humilló sus corazones con trabajos,
Tropezaron y no hubo quien los socorriera.
13Entonces en su angustia clamaron al Señor
Y Él los salvó de sus aflicciones;
14Los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte
Y rompió sus cadenas.
15Den gracias al Señor por Su misericordia
Y por Sus maravillas para con los hijos de los hombres.
16Porque Él rompió las puertas de bronce
E hizo pedazos las barras de hierro.
17¶Por causa de sus caminos rebeldes,
Y por causa de sus iniquidades, los insensatos fueron afligidos.
18Su alma aborreció todo alimento,
Y se acercaron hasta las puertas de la muerte.
19Entonces en su angustia clamaron al Señor
Y Él los salvó de sus aflicciones.
20Él envió Su palabra y los sanó
Y los libró de la muerte.
21 Que ellos den gracias al Señor por Su misericordia
Y por Sus maravillas para con los hijos de los hombres.
22Ofrezcan también sacrificios de acción de gracias
Y hablen de Sus obras con cantos de júbilo.
23¶Los que descienden al mar en naves
Y hacen negocio sobre las grandes aguas,
24Han visto las obras del Señor
Y Sus maravillas en lo profundo.
25Pues Él habló, y levantó un viento tempestuoso
Que encrespó las olas del mar.
26Subieron a los cielos, descendieron a las profundidades,
Sus almas se consumían por el mal.
27Temblaban y se tambaleaban como ebrios,
Y toda su pericia desapareció.
28En su angustia clamaron al Señor
Y Él los sacó de sus aflicciones.
29Cambió la tempestad en suave brisa
Y las olas del mar se calmaron.
30Entonces se alegraron, porque las olas se habían aquietado,
Y Él los guió al puerto anhelado.
31 Que den gracias al Señor por Su misericordia
Y por Sus maravillas para con los hijos de los hombres.
32Exáltenlo también en la congregación del pueblo,
Y alábenlo en la reunión de los ancianos.
33¶Él convierte los ríos en desierto
Y los manantiales en secadales;
34La tierra fértil en salinas,
Por la maldad de los que moran en ella.
35Transforma el desierto en estanque de aguas,
Y la tierra seca en manantiales;
36En ella hace morar a los hambrientos,
Para que establezcan una ciudad donde vivir,
37Y siembren campos, planten viñas,
Y recojan una cosecha abundante.
38Los bendice también y se multiplican mucho,
Y no disminuye su ganado.
39¶Cuando son disminuidos y abatidos
Por la opresión, la calamidad y la aflicción,
40Vierte desprecio sobre los príncipes,
Y los hace vagar por un lugar desolado sin camino.
41Pero al pobre lo levanta de la miseria y lo pone seguro en alto,
Y multiplica sus familias como un rebaño.
42Los rectos lo ven y se alegran,
Pero a toda iniquidad se le cierra la boca.
43¿Quién es sabio? Que preste atención a estas cosas,
Y considere las bondades del Señor.

Proverbios 14

1La mujer sabia edifica su casa,
Pero la necia la derriba con sus manos.
2El que anda en rectitud teme al Señor,
Pero el de perversos caminos lo desprecia.
3En la boca del necio hay una vara para su espalda,
Pero los labios de los sabios los protegerán.
4Donde no hay bueyes, el pesebre está limpio,
Pero mucho rendimiento se obtiene por la fuerza del buey.
5El testigo veraz no mentirá,
Pero el testigo falso habla mentiras.
6El insolente busca sabiduría y no la halla,
Pero para el hombre entendido el conocimiento es fácil.
7Apártate de la presencia del necio,
Porque en él no discernirás palabras de conocimiento.
8La sabiduría del prudente está en entender su camino,
Pero la necedad de los necios es engaño.
9Los necios se ríen del pecado,
Pero entre los rectos hay buena voluntad.
10El corazón conoce su propia amargura,
Y un extraño no comparte su alegría.
11La casa de los impíos será destruida,
Pero la tienda de los rectos florecerá.
12Hay camino que al hombre le parece derecho,
Pero al final, es camino de muerte.
13Aun en la risa, el corazón puede tener dolor,
Y el final de la alegría puede ser tristeza.
14El de corazón descarriado se saciará de sus caminos,
Pero el hombre bueno estará satisfecho con el suyo.
15El simple todo lo cree,
Pero el prudente mira bien sus pasos.
16El sabio teme y se aparta del mal,
Pero el necio es arrogante y descuidado.
17El hombre pronto a la ira obra neciamente,
Y el hombre de malos designios es aborrecido.
18Los simples heredan necedad,
Pero los prudentes son coronados de conocimiento.
19Los malos se inclinarán ante los buenos,
Y los impíos, a las puertas del justo.
20Aun por su vecino es odiado el pobre,
Pero muchos son los que aman al rico.
21El que desprecia a su prójimo peca,
Pero es feliz el que se apiada de los pobres.
22¿No se perderán los que traman el mal?
Pero misericordia y verdad recibirán los que planean el bien.
23En todo trabajo hay ganancia,
Pero el vano hablar conduce solo a la pobreza.
24La corona de los sabios es su riqueza,
Pero la necedad de los necios es insensatez.
25El testigo veraz salva vidas,
Pero el que habla mentiras es traidor.
26En el temor del Señor hay confianza segura,
Y a los hijos dará refugio.
27El temor del Señor es fuente de vida,
Para evadir los lazos de la muerte.
28En la multitud del pueblo está la gloria del rey,
Pero en la falta de pueblo está la ruina del príncipe.
29El lento para la ira tiene gran prudencia,
Pero el que es irascible ensalza la necedad.
30Un corazón apacible es vida para el cuerpo,
Pero las pasiones son podredumbre de los huesos.
31El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor,
Pero el que se apiada del necesitado lo honra.
32El impío es derribado por su maldad,
Pero el justo tiene un refugio cuando muere.
33En el corazón del prudente reposa la sabiduría,
Pero en medio de los necios no se da a conocer.
34La justicia engrandece a la nación,
Pero el pecado es afrenta para los pueblos.
35El favor del rey es para el siervo que obra sabiamente,
Pero su enojo es contra el que obra vergonzosamente.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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