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Día 108 de 365 · 18 de abril

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Jueces 4

1Después que Aod murió, los israelitas volvieron a hacer lo malo ante los ojos del Señor. 2Y el Señor los vendió en mano de Jabín, rey de Canaán, que reinaba en Hazor. El comandante de su ejército era Sísara, que vivía en Haroset Goyim. 3Entonces los israelitas clamaron al Señor, porque Jabín tenía 900 carros de hierro y había oprimido duramente a los israelitas durante veinte años.
4Débora, profetisa, mujer de Lapidot, juzgaba a Israel en aquel tiempo. 5Ella se sentaba debajo de la palmera de Débora entre Ramá y Betel, en la región montañosa de Efraín; y los israelitas subían a ella a pedir juicio. 6Ella mandó llamar a Barac, hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y le dijo: «Esto ha ordenado el Señor, Dios de Israel: “Ve, marcha al monte Tabor y lleva contigo a 10,000 hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón. 7Y yo atraeré hacia ti a Sísara, comandante del ejército de Jabín, con sus carros y sus muchas tropas hacia el torrente Cisón, y lo entregaré en tus manos” ».
8Barac le respondió: «Si tú vas conmigo, yo iré; pero si no vas conmigo, no iré». 9«Ciertamente iré contigo», le dijo Débora. «Sin embargo, el honor no será tuyo en la jornada que vas a emprender, porque el Señor venderá a Sísara en manos de una mujer». Entonces Débora se levantó y fue con Barac a Cedes. 10Barac convocó a Zabulón y a Neftalí en Cedes, y subieron con él 10,000 hombres. Débora también subió con él.
11Heber el quenita se había separado de los quenitas, de los hijos de Hobab, suegro de Moisés, y había plantado su tienda cerca de la encina en Zaanaim, que está junto a Cedes.
12Avisaron a Sísara que Barac, hijo de Abinoam, había subido al monte Tabor. 13Y juntó Sísara todos sus carros, 900 carros de hierro, y a toda la gente que estaba con él, desde Haroset Goyim hasta el torrente Cisón. 14Entonces Débora dijo a Barac: «¡Levántate! Porque este es el día en que el Señor ha entregado a Sísara en tus manos. Ya que el Señor ha salido delante de ti». Bajó, pues, Barac del monte Tabor seguido de 10,000 hombres.
15El Señor derrotó a Sísara, con todos sus carros y todo su ejército, a filo de espada delante de Barac. Y Sísara bajó de su carro, y huyó a pie. 16Barac persiguió los carros y el ejército hasta Haroset Goyim, y todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada. No quedó ni uno.
17Pero Sísara huyó a pie a la tienda de Jael, mujer de Heber el quenita. Porque había paz entre Jabín, rey de Hazor, y la casa de Heber el quenita. 18Jael salió al encuentro de Sísara, y le dijo: «Venga, señor mío, venga a mí; no tema». Y él fue hacia ella a la tienda, y ella lo cubrió con una manta. 19Y él le dijo: «Te ruego que me des a beber un poco de agua, porque tengo sed». Y ella abrió un odre de leche y le dio de beber; entonces lo cubrió. 20Y él le dijo: «Ponte a la entrada de la tienda, y si alguien viene y te pregunta: “¿Hay alguien aquí?”, tú responderás: “No” ».
21Pero Jael, mujer de Heber, tomó una estaca de la tienda y tomando en la mano un martillo, se le acercó silenciosamente y le clavó la estaca en las sienes, la cual penetró en la tierra, pues él estaba profundamente dormido y agotado, y murió. 22Y cuando Barac venía persiguiendo a Sísara, Jael salió a su encuentro, y le dijo: «Ven, y te mostraré al hombre que buscas». Y él entró con ella, y vio que Sísara estaba tendido, muerto con la estaca en la sien.
23Así sometió Dios en aquel día a Jabín, rey de Canaán, delante de los israelitas. 24Y la mano de los israelitas se hizo más y más dura sobre Jabín, rey de Canaán, hasta que lo destruyeron.

Jueces 5

1Entonces Débora y Barac, hijo de Abinoam, cantaron en aquel día y dijeron:
2«¡Por haberse puesto al frente los jefes en Israel,
Por haberse ofrecido el pueblo voluntariamente,
Bendigan al Señor!
3-»¡Oigan, reyes; presten oído, príncipes!
Yo al Señor, yo cantaré,
Cantaré alabanzas al Señor, Dios de Israel.
4-»Señor, cuando saliste de Seir,
Cuando marchaste del campo de Edom,
La tierra tembló, también cayeron gotas del cielo,
Y las nubes destilaron agua.
5-»Los montes se estremecieron ante la presencia del Señor,
Aquel Sinaí, ante la presencia del Señor, Dios de Israel.
6¶»En los días de Samgar, hijo de Anat,
En los días de Jael, quedaron desiertos los caminos,
Y los viajeros andaban por sendas tortuosas.
7-»Se habían terminado los campesinos, se habían terminado en Israel,
Hasta que yo, Débora, me levanté,
Hasta que me levanté, como madre en Israel.
8-»Habían escogido nuevos dioses;
Entonces la guerra estaba a las puertas.
No se veía escudo ni lanza
Entre 40,000 en Israel.
9-»Mi corazón está con los jefes de Israel,
Los voluntarios entre el pueblo.
¡Bendigan al Señor!
10-»Ustedes que cabalgan en asnas blancas,
Que se sientan en ricos tapices,
Que viajan por el camino, canten.
11-»Al sonido de los que dividen las manadas entre los abrevaderos,
Allí repetirán los actos de justicia del Señor,
Los actos de justicia para con Sus campesinos en Israel.
Entonces el pueblo del Señor descendió a las puertas.
12¶»Despierta, despierta, Débora.
Despierta, despierta, entona un cántico.
Levántate, Barac, y lleva a tus cautivos, hijo de Abinoam.
13-»Entonces los sobrevivientes descendieron sobre los nobles.
El pueblo del Señor vino a mí como guerreros.
14-»De Efraín descendieron los arraigados en Amalec,
En pos de ti, Benjamín, con tus pueblos.
De Maquir descendieron jefes,
Y de Zabulón los que manejan vara de mando.
15-»Los príncipes de Isacar estaban con Débora;
Como estaba Isacar, así estaba Barac.
Al valle se apresuraron pisándole los talones.
Entre las divisiones de Rubén
Había grandes resoluciones de corazón.
16-»¿Por qué te sentaste entre los rediles,
Escuchando los toques de flauta para los rebaños?
Entre las divisiones de Rubén
Había grandes indecisiones de corazón.
17-»Galaad se quedó al otro lado del Jordán.
¿Y por qué se quedó Dan en las naves?
Aser se sentó a la orilla del mar,
Y se quedó junto a sus puertos.
18-»Zabulón era pueblo que despreció su vida hasta la muerte.
Y también Neftalí, en las alturas del campo.
19¶»Vinieron los reyes y pelearon;
Pelearon entonces los reyes de Canaán
En Taanac, cerca de las aguas de Meguido.
No tomaron despojos de plata.
20-»Desde los cielos las estrellas pelearon,
Desde sus órbitas pelearon contra Sísara.
21-»El torrente Cisón los barrió,
El antiguo torrente, el torrente Cisón.
Marcha, alma mía con poder.
22-»Entonces resonaron los cascos de los caballos
Por el galopar, el galopar de sus valientes corceles.
23“Maldigan a Meroz”, dijo el ángel del Señor,
“Maldigan, maldigan a sus moradores;
Porque no vinieron en ayuda del Señor,
En ayuda del Señor contra los guerreros”.
24¶»Bendita entre las mujeres es Jael,
Mujer de Heber el quenita;
Bendita sea entre las mujeres de la tienda.
25-»Él pidió agua, y ella le dio leche.
En taza de nobles le trajo cuajada.
26-»Extendió ella la mano hacia la estaca de la tienda,
Y su diestra hacia el martillo de trabajadores.
Entonces golpeó a Sísara, desbarató su cabeza.
Destruyó y perforó sus sienes.
27-»A sus pies él se encorvó, cayó, quedó tendido;
A sus pies se encorvó y cayó.
Donde se encorvó, allí quedó muerto.
28¶»Miraba por la ventana y se lamentaba
La madre de Sísara, por entre la celosía:
“¿Por qué se tarda en venir su carro?
¿Por qué se retrasa el trotar de sus carros?”.
29-»Sus sabias princesas le respondían,
Aun a sí misma ella repite sus palabras:
30“¿Acaso no han hallado el botín y se lo están repartiendo?
¿Una doncella, dos doncellas para cada guerrero.
Para Sísara un botín de tela de colores,
Un botín de tela de colores bordada,
Tela de colores de doble bordadura en el cuello del victorioso?”.
31-»Así perezcan todos Tus enemigos, oh Señor.
Pero sean los que te aman como la salida del sol en toda su fuerza».
Y el país tuvo descanso por cuarenta años.

Hechos 19

1Mientras Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de haber recorrido las regiones superiores, llegó a Éfeso y encontró a algunos discípulos, 2y les preguntó: «¿Recibieron el Espíritu Santo cuando creyeron?». Ellos le respondieron: «No, ni siquiera hemos oído si hay un Espíritu Santo».
3Entonces Pablo les preguntó: «¿En qué bautismo, pues, fueron bautizados?». «En el bautismo de Juan», contestaron ellos. 4Y Pablo les dijo: «Juan bautizó con el bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en Aquel que vendría después de él, es decir, en Jesús».
5Al oír esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. 6Cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en lenguas y profetizaban. 7Eran en total unos doce hombres.
8Pablo entró en la sinagoga, y por tres meses continuó hablando abiertamente, discutiendo y persuadiéndoles acerca del reino de Dios. 9Pero cuando algunos se endurecieron y se volvieron desobedientes, hablando mal del Camino ante la multitud, Pablo se apartó de ellos llevándose a los discípulos, y discutía diariamente en la escuela de Tirano. 10Esto continuó por dos años, de manera que todos los que vivían en Asia oyeron la palabra del Señor, tanto judíos como griegos.
11Dios hacía milagros extraordinarios por mano de Pablo, 12de tal manera que incluso llevaban pañuelos o delantales de su cuerpo a los enfermos, y las enfermedades los dejaban y los malos espíritus se iban de ellos. 13Pero también algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, trataron de invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: «Les ordeno que salgan, en el Nombre de Jesús a quien Pablo predica». 14Siete hijos de un tal Esceva, uno de los principales sacerdotes judíos, eran los que hacían esto. 15Pero el espíritu malo les respondió: «A Jesús conozco, y sé quién es Pablo, pero ustedes, ¿quiénes son?».
16Y el hombre en quien estaba el espíritu malo se lanzó sobre ellos, y los dominó y pudo más que ellos, de manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos. 17Supieron esto todos los habitantes de Éfeso, tanto judíos como griegos. El temor se apoderó de todos ellos, y el nombre del Señor Jesús era exaltado.
18También muchos de los que habían creído continuaban viniendo, confesando y declarando las cosas que practicaban. 19Muchos de los que practicaban la magia, juntando sus libros, los quemaban a la vista de todos. Calcularon su precio y hallaron que llegaba a 50,000 monedas de plata (180 kilogramos). 20Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor.
21Pasadas estas cosas, Pablo decidió en el espíritu ir a Jerusalén después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: «Después que haya estado allí, debo visitar también Roma». 22Y habiendo enviado a Macedonia a dos de sus ayudantes, Timoteo y Erasto, él se quedó en Asia por algún tiempo.
23Por aquel tiempo se produjo un alboroto no pequeño por motivo del Camino. 24Porque cierto platero que se llamaba Demetrio, que labraba templecillos de plata de Diana y producía no pocas ganancias a los artífices, 25reunió a estos junto con los obreros de oficios semejantes, y dijo: «Compañeros, ustedes saben que nuestra prosperidad depende de este comercio. 26Pueden ver y oír que no solo en Éfeso, sino en casi toda Asia, este Pablo ha persuadido a una gran cantidad de gente, y la ha apartado, diciendo que los dioses hechos con las manos no son dioses verdaderos. 27Y no solo corremos el peligro de que nuestro oficio caiga en descrédito, sino también de que el templo de la gran diosa Diana se considere sin valor, y que ella, a quien adora toda Asia y el mundo entero, sea despojada de su grandeza».
28Cuando oyeron esto, se llenaron de ira, y comenzaron a gritar: «¡Grande es Diana de los efesios!». 29La ciudad se llenó de confusión y a una se precipitaron en el teatro, arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, los compañeros de viaje de Pablo, que eran de Macedonia. 30Cuando Pablo quiso ir a la multitud, los discípulos no se lo permitieron. 31También algunas de las autoridades de la provincia de Asia, que eran amigos de Pablo, le enviaron mensaje y repetidamente le rogaron que no se aventurara a presentarse en el teatro.
32Así que unos gritaban una cosa y otros otra, porque había confusión en la asamblea, y la mayoría no sabía por qué razón se habían reunido. 33Algunos de la multitud pensaron que se trataba de Alejandro, puesto que los judíos lo habían empujado hacia adelante. Entonces Alejandro, haciendo señal de silencio con la mano, quería hacer su defensa ante la asamblea. 34Pero cuando se dieron cuenta de que era judío, un clamor se levantó de todos ellos, gritando como por dos horas: «¡Grande es Diana de los efesios!».
35Entonces el secretario, después de calmar a la multitud, dijo*: «Ciudadanos de Éfeso, ¿hay acaso algún hombre que no sepa que la ciudad de los efesios es guardiana del templo de la gran Diana y de la imagen que descendió del cielo? 36Puesto que estos hechos son innegables, deben guardar calma y no hacer nada precipitadamente. 37Porque han traído a estos hombres que ni roban templos, ni blasfeman a nuestra diosa.
38»Así pues, si Demetrio y los artífices que están con él tienen queja contra alguien, los tribunales están abiertos y los procónsules dispuestos; presenten sus acusaciones unos contra otros. 39Pero si demandan algo más que esto, se decidirá en asamblea legítima. 40Porque ciertamente corremos peligro de ser acusados de crear problemas en relación con lo acontecido hoy, ya que no existe causa justificada para esto, y por ello no podremos explicar este alboroto». 41Y habiendo dicho esto, despidió la asamblea.

Salmo 108

Cántico. Salmo de David.
1Mi corazón está firme, oh Dios;
Cantaré, cantaré alabanzas, aun con mi alma.
2¡Despierten, arpa y lira!
¡A la aurora despertaré!
3Te daré gracias entre los pueblos, Señor;
Te cantaré alabanzas entre las naciones.
4Porque grande, por encima de los cielos, es Tu misericordia,
Y hasta el firmamento Tu verdad.
5Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios,
Sobre toda la tierra sea Tu gloria.
6Para que sean librados Tus amados,
Salva con Tu diestra, y respóndeme.
7¶Dios ha hablado en Su santuario:
«Me alegraré, repartiré a Siquem
Y mediré el valle de Sucot.
8-»Mío es Galaad, Mío es Manasés,
Efraín es el casco de Mi cabeza,
Judá es Mi cetro.
9-»Moab es la vasija en que me lavo;
Sobre Edom arrojaré Mi calzado;
Sobre Filistea lanzaré gritos».
10¶¿Quién me conducirá a la ciudad fortificada?
¿Quién me guiará hasta Edom?
11¿No eres Tú, oh Dios, el que nos ha rechazado?
¿No saldrás, oh Dios, con nuestros ejércitos?
12Danos ayuda contra el adversario,
Pues vano es el auxilio del hombre.
13En Dios haremos proezas,
Y Él pisoteará a nuestros adversarios.

Proverbios 15

1La suave respuesta aparta el furor,
Pero la palabra hiriente hace subir la ira.
2La lengua del sabio hace grato el conocimiento,
Pero la boca de los necios habla necedades.
3En todo lugar están los ojos del Señor,
Observando a los malos y a los buenos.
4La lengua apacible es árbol de vida,
Pero la perversidad en ella quebranta el espíritu.
5El necio rechaza la disciplina de su padre,
Pero es prudente el que acepta la reprensión.
6 En la casa del justo hay mucha riqueza,
Pero en las ganancias del impío hay turbación.
7Los labios de los sabios esparcen conocimiento,
Pero no así el corazón de los necios.
8El sacrificio de los impíos es abominación al Señor,
Pero la oración de los rectos es Su deleite.
9Abominación al Señor es el camino del impío,
Pero Él ama al que sigue la justicia.
10La disciplina severa es para el que abandona el camino;
El que aborrece la reprensión morirá.
11El Seol y el Abadón están delante del Señor,
¡Cuánto más los corazones de los hombres!
12El insolente no ama al que lo reprende,
Ni se allegará a los sabios.
13El corazón gozoso alegra el rostro,
Pero en la tristeza del corazón se quebranta el espíritu.
14El corazón inteligente busca conocimiento,
Pero la boca de los necios se alimenta de necedades.
15Todos los días del afligido son malos,
Pero el de corazón alegre tiene un banquete continuo.
16Mejor es poco con temor del Señor,
Que gran tesoro con turbación.
17Mejor es un plato de legumbres donde hay amor,
Que buey engordado con odio.
18El hombre irascible provoca riñas,
Pero el lento para la ira apacigua pleitos.
19El camino del perezoso es como un seto de espinos,
Pero la senda de los rectos es una calzada.
20El hijo sabio alegra al padre,
Pero el hombre necio desprecia a su madre.
21La necedad es alegría para el insensato,
Pero el hombre inteligente anda rectamente.
22Sin consulta, los planes se frustran,
Pero con muchos consejeros, triunfan.
23El hombre se alegra con la respuesta adecuada,
Y una palabra a tiempo, ¡cuán agradable es!
24La senda de la vida para el sabio es hacia arriba
Para que se aparte del Seol que está abajo.
25El Señor derribará la casa de los soberbios,
Pero afianzará los linderos de la viuda.
26Abominación al Señor son los planes perversos,
Pero son puras las palabras agradables.
27Perturba su casa el que tiene ganancias ilícitas,
Pero el que aborrece el soborno, vivirá.
28El corazón del justo medita cómo responder,
Pero la boca de los impíos habla lo malo.
29El Señor está lejos de los impíos,
Pero escucha la oración de los justos.
30La luz de los ojos alegra el corazón,
Y las buenas noticias fortalecen los huesos.
31Aquel cuyo oído escucha las reprensiones de la vida
Morará entre los sabios.
32El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo,
Pero el que escucha las reprensiones adquiere entendimiento.
33El temor del Señor es instrucción de sabiduría,
Y antes de la gloria está la humildad.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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