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Día 109 de 365 · 19 de abril

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Jueces 6

1Entonces los israelitas hicieron lo malo ante los ojos del Señor, y el Señor los entregó en manos de Madián por siete años. 2Y el poder de Madián prevaleció sobre Israel. Por causa de los madianitas, los israelitas se hicieron escondites en las montañas y en las cavernas y en los lugares fortificados.
3Porque sucedía que cuando los hijos de Israel sembraban, los madianitas venían con los amalecitas y los hijos del oriente y subían contra ellos. 4Acampaban frente a ellos y destruían el producto de la tierra hasta Gaza, y no dejaban sustento alguno en Israel, ni oveja, ni buey, ni asno. 5Porque subían con su ganado y sus tiendas, y entraban como langostas en multitud. Tanto ellos como sus camellos eran innumerables, y entraban en la tierra para devastarla. 6Así fue empobrecido Israel en gran manera por causa de Madián, y los israelitas clamaron al Señor.
7Cuando los israelitas clamaron al Señor a causa de Madián, 8el Señor envió un profeta a los israelitas que les dijo: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Fui Yo el que los hice subir a ustedes de Egipto, y los saqué de la casa de servidumbre. 9Los libré de la mano de los egipcios y de la mano de todos sus opresores. Los desalojé delante de ustedes, les di su tierra, 10y les dije: ‘Yo soy el Señor su Dios. No temerán a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitan. Pero ustedes no me han obedecido’ ” ».
11Entonces vino el ángel del Señor y se sentó debajo de la encina que estaba en Ofra, la cual pertenecía a Joás de Abiezer. Y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. 12Y el ángel del Señor se le apareció, y le dijo: «El Señor está contigo, valiente guerrero».
13Entonces Gedeón le respondió: «Ah, señor mío, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha ocurrido todo esto? ¿Y dónde están todas Sus maravillas que nuestros padres nos han contado, diciendo: “¿No nos hizo el Señor subir de Egipto?”. Pero ahora el Señor nos ha abandonado, y nos ha entregado en mano de los madianitas». 14Y el Señor lo miró, y le dijo: «Ve con esta tu fuerza, y libra a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te he enviado Yo?».
15«Ah Señor», le respondió Gedeón, «¿cómo libraré a Israel? Mi familia es la más pobre en Manasés, y yo el menor de la casa de mi padre». 16Pero el Señor le dijo: «Ciertamente Yo estaré contigo, y derrotarás a Madián como a un solo hombre».
17Y Gedeón le dijo: «Si he hallado gracia ante Tus ojos, muéstrame una señal de que eres Tú el que hablas conmigo. 18Te ruego que no te vayas de aquí hasta que yo vuelva a Ti, y traiga mi ofrenda y la ponga delante de Ti». «Me quedaré hasta que vuelvas», le respondió el Señor.
19Y Gedeón entró y preparó un cabrito y pan sin levadura con un efa de harina (22 litros). Puso la carne en una cesta y el caldo en un caldero, y los llevó y se los presentó al ángel debajo de la encina. 20Y el ángel de Dios le dijo: «Toma la carne y el pan sin levadura, ponlos sobre esta peña y derrama el caldo». Y así lo hizo Gedeón. 21Entonces el ángel del Señor extendió la punta de la vara que estaba en su mano y tocó la carne y el pan sin levadura. Y subió fuego de la roca que consumió la carne y el pan sin levadura. Y el ángel del Señor desapareció de su vista.
22Al ver Gedeón que era el ángel del Señor, dijo: «¡Ay de mí, Señor Dios! Porque ahora he visto al ángel del Señor cara a cara». 23Y el Señor le dijo: «La paz sea contigo. No temas; no morirás». 24Y Gedeón edificó allí un altar al Señor y lo llamó El Señor es Paz, el cual permanece en Ofra de Abiezer hasta hoy.
25Aquella misma noche el Señor le dijo: «Toma el novillo de tu padre y otro novillo de siete años. Derriba el altar de Baal que pertenece a tu padre y corta la Asera que está junto a él. 26Edifica después, en debida forma, un altar al Señor tu Dios sobre la cumbre de este peñasco. Toma el segundo novillo y ofrece holocausto con la leña de la Asera que has cortado». 27Gedeón tomó diez hombres de sus siervos e hizo como el Señor le había dicho. Pero como temía mucho a la casa de su padre y a los hombres de la ciudad para hacer esto de día, lo hizo de noche.
28Cuando los hombres de la ciudad se levantaron temprano en la mañana, vieron que el altar de Baal había sido derribado y cortada la Asera que estaba junto a él, y que el segundo novillo había sido ofrecido en el altar que se había edificado. 29Y se dijeron unos a otros: «¿Quién ha hecho esto?». Y cuando buscaron e investigaron, dijeron: «Gedeón, hijo de Joás, ha hecho esto». 30Entonces los hombres de la ciudad dijeron a Joás: «Saca a tu hijo para que muera, porque ha derribado el altar de Baal, y también ha cortado la Asera que estaba a su lado».
31Pero Joás dijo a todos los que estaban contra él: «¿Lucharán ustedes por Baal, o lo librarán? A cualquiera que luche por él, se le dará muerte antes de llegar la mañana. Si es un dios, que luche por sí mismo, porque alguien ha derribado su altar». 32Por tanto, aquel día Gedeón fue llamado Jerobaal, es decir, que Baal luche contra él, porque había derribado su altar.
33Todos los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente se reunieron, y cruzaron y acamparon en el valle de Jezreel. 34Y el Espíritu del Señor vino sobre Gedeón, y este tocó la trompeta y los de Abiezer se juntaron para seguirlo. 35Envió mensajeros por todo Manasés, que también se juntó para seguirlo. Y envió mensajeros a Aser, a Zabulón y a Neftalí, que subieron a su encuentro.
36Entonces Gedeón dijo a Dios: «Si has de librar a Israel por mi mano, como has dicho, 37voy a poner un vellón de lana en la era. Si hay rocío solamente en el vellón y toda la tierra queda seca, entonces sabré que librarás a Israel por mi mano, como has dicho». 38Y así sucedió. Cuando se levantó temprano en la mañana, exprimió el vellón y escurrió el rocío del vellón, un tazón lleno de agua. 39Y Gedeón dijo a Dios: «No se encienda Tu ira contra mí si hablo otra vez. Te ruego que me permitas hacer otra vez una prueba con el vellón. Que ahora quede seco el vellón y haya rocío en toda la tierra». 40Así lo hizo Dios aquella noche, porque solamente quedó seco el vellón y había rocío en toda la tierra.

Jueces 7

1Jerobaal, es decir, Gedeón, se levantó temprano y todo el pueblo que estaba con él, y acamparon junto a la fuente de Harod. El campamento de Madián estaba al norte de ellos, cerca de la colina de More, en el valle.
2Y el Señor dijo a Gedeón: «El pueblo que está contigo es demasiado numeroso para que Yo entregue a Madián en sus manos; no sea que Israel se vuelva orgulloso, y diga: “Mi propia fortaleza me ha librado”. 3Ahora pues, proclama a oídos del pueblo: “Cualquiera que tenga miedo y tiemble, que regrese y se vaya del monte Galaad” ». Y 22,000 personas regresaron, pero quedaron 10,000.
4Entonces el Señor dijo a Gedeón: «Todavía el pueblo es demasiado numeroso. Hazlos bajar al agua y allí te los probaré. Y será que de quien Yo te diga: “Este irá contigo”, ese irá contigo. Pero todo aquel de quien Yo te diga: “Este no irá contigo”, ese no irá». 5E hizo bajar el pueblo al agua. Y el Señor dijo a Gedeón: «Pondrás a un lado a todo aquel que lame el agua con su lengua, como lame el perro, y a todo el que se arrodilla para beber». 6Y fue el número de los que lamieron, poniendo la mano a su boca, 300 hombres. Pero todo el resto del pueblo se arrodilló para beber.
7El Señor dijo entonces a Gedeón: «Los salvaré con los 300 hombres que lamieron el agua y entregaré a los madianitas en tus manos. Que todos los demás del pueblo se vayan, cada uno a su casa». 8Y los 300 hombres tomaron en sus manos las provisiones del pueblo y sus trompetas. Y Gedeón envió a todos los demás hombres de Israel, cada uno a su tienda, pero retuvo a los 300 hombres. El campamento de Madián le quedaba abajo en el valle.
9Aquella misma noche, el Señor le dijo a Gedeón: «Levántate, desciende contra el campamento porque lo he entregado en tus manos. 10Pero si tienes temor de descender, baja al campamento con tu criado Fura, 11y oirás lo que dicen. Entonces tus manos serán fortalecidas para descender contra el campamento». Y descendió con su criado Fura hasta los puestos avanzados del ejército que estaban en el campamento. 12Los madianitas, los amalecitas y todos los hijos del oriente estaban recostados en el valle, numerosos como langostas; y sus camellos eran innumerables, tan numerosos como la arena a la orilla del mar.
13Cuando Gedeón llegó allí, un hombre estaba contando un sueño a su amigo: «Escuchen, tuve un sueño. Un pan de cebada iba rodando hasta el campamento de Madián, y llegó hasta la tienda y la golpeó de manera que cayó, y la volcó de arriba abajo y la tienda quedó extendida». 14Su amigo le respondió: «Esto no es otra cosa que la espada de Gedeón, hijo de Joás, varón de Israel. Dios ha entregado en su mano a Madián y a todo el campamento».
15Cuando Gedeón oyó el relato del sueño y su interpretación, se inclinó y adoró. Volvió al campamento de Israel, y dijo: «Levántense, porque el Señor ha entregado en manos de ustedes el campamento de Madián». 16Y dividió los 300 hombres en tres compañías, y puso trompetas y cántaros vacíos en las manos de todos ellos, con antorchas dentro de los cántaros. 17«Mírenme», les dijo, «y hagan lo mismo que yo. Y cuando yo llegue a las afueras del campamento, como yo haga, así harán ustedes. 18Cuando yo y todos los que estén conmigo toquemos la trompeta, entonces también ustedes tocarán las trompetas alrededor de todo el campamento, y digan: “Por el Señor y por Gedeón” ».
19Gedeón llegó con los 100 hombres que estaban con él a las afueras del campamento, al principio de la guardia de medianoche, cuando apenas habían apostado la guardia. Entonces tocaron las trompetas y rompieron los cántaros que tenían en las manos. 20Cuando las tres compañías tocaron las trompetas, rompieron los cántaros, y sosteniendo las antorchas en la mano izquierda y las trompetas en la mano derecha para tocarlas, gritaron: «¡La espada del Señor y de Gedeón!». 21Cada uno se mantuvo en su lugar alrededor del campamento; y todo el ejército de los madianitas echó a correr gritando mientras huían.
22Cuando tocaron las 300 trompetas, el Señor puso la espada del uno contra el otro por todo el campamento; y el ejército huyó hasta Bet Sita, en dirección de Zerera, hasta la orilla de Abel Mehola, junto a Tabat. 23Y los hombres de Israel se reunieron, de Neftalí, de Aser y de todo Manasés, y persiguieron a los madianitas.
24Gedeón envió mensajeros por toda la región montañosa de Efraín y dijo: «Desciendan contra Madián y tomen los vados antes que ellos, hasta Bet Bara y el Jordán». Y todos los hombres de Efraín se reunieron y tomaron los vados hasta Bet Bara y el Jordán. 25Y capturaron a los dos jefes de Madián, Oreb y Zeeb. Mataron a Oreb en la peña de Oreb y mataron a Zeeb en el lagar de Zeeb, cuando perseguían a Madián, y le llevaron a Gedeón las cabezas de Oreb y Zeeb, del otro lado del Jordán.

Hechos 20

1Después que cesó el alboroto, Pablo mandó llamar a los discípulos, y habiéndolos exhortado, despidiéndose, partió para ir a Macedonia. 2Y después de recorrer aquellas regiones y de haberlos exhortado mucho, llegó a Grecia. 3Pasó allí tres meses, y habiéndose tramado un plan en su contra de parte de los judíos cuando estaba por embarcarse para Siria, tomó la decisión de regresar por Macedonia.
4Lo acompañaban Sópater de Berea, hijo de Pirro; Aristarco y Segundo de los tesalonicenses; Gayo de Derbe, y Timoteo; Tíquico y Trófimo de Asia. 5Pero estos se habían adelantado y nos esperaban en Troas. 6Nos embarcamos en Filipos después de los días de la Fiesta de los Panes sin Levadura, y en cinco días llegamos adonde ellos estaban en Troas; y allí nos quedamos siete días.
7El primer día de la semana, cuando estábamos reunidos para partir el pan, Pablo les hablaba, pensando salir al día siguiente, y prolongó su discurso hasta la medianoche. 8Había muchas lámparas en el aposento alto donde estábamos reunidos. 9Y estaba sentado en la ventana un joven llamado Eutico. Como Pablo continuaba hablando, Eutico fue cayendo en un profundo sueño hasta que, vencido por el sueño, se cayó desde el tercer piso y lo levantaron muerto. 10Pero Pablo bajó y se tendió sobre él, y después de abrazarlo, dijo: «No se alarmen, porque está vivo».
11Volviendo arriba, después de partir el pan y de comer, conversó largamente con ellos hasta el amanecer, y entonces se marchó. 12Al muchacho se lo llevaron vivo, y quedaron grandemente consolados.
13Entonces nosotros, adelantándonos a tomar la nave, salimos para Asón, con el propósito de recoger allí a Pablo, pues así lo había decidido, deseando él ir por tierra hasta Asón. 14Cuando nos encontró en Asón, lo recibimos a bordo y nos dirigimos a Mitilene. 15Saliendo de allí, al día siguiente llegamos frente a Quío; y al otro día atracamos en Samos. Habiendo hecho escala en Trogilio, al día siguiente llegamos a Mileto. 16Porque Pablo había decidido dejar a un lado a Éfeso para no detenerse en Asia, pues se apresuraba para estar, en Jerusalén el día de Pentecostés si le era posible.
17Desde Mileto mandó mensaje a Éfeso y llamó a los ancianos de la iglesia.
18Cuando vinieron a él, les dijo:
«Ustedes bien saben cómo he sido con ustedes todo el tiempo, desde el primer día que estuve en Asia. 19He servido al Señor con toda humildad, con lágrimas y con pruebas que vinieron sobre mí por causa de las intrigas de los judíos. 20Bien saben cómo no rehuí declararles a ustedes nada que fuera útil, y de enseñarles públicamente y de casa en casa, 21testificando solemnemente, tanto a judíos como a griegos, del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.
22»Ahora yo, atado en espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que allá me sucederá, 23salvo que el Espíritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones. 24Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios.
25»Y ahora, yo sé que ninguno de ustedes, entre quienes anduve predicando el reino, volverá a ver mi rostro. 26Por tanto, les doy testimonio en este día de que soy inocente de la sangre de todos, 27pues no rehuí declararles todo el propósito de Dios.
28»Tengan cuidado de sí mismos y de toda la congregación, en medio de la cual el Espíritu Santo les ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con Su propia sangre. 29Sé que después de mi partida, vendrán lobos feroces entre ustedes que no perdonarán el rebaño. 30También de entre ustedes mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos. 31Por tanto, estén alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas.
32»Ahora los encomiendo a Dios y a la palabra de Su gracia, que es poderosa para edificarlos y darles la herencia entre todos los santificados. 33Ni la plata, ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciado. 34Ustedes saben que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y las de los que estaban conmigo. 35En todo les mostré que así, trabajando, deben ayudar a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir” ».
36Cuando Pablo terminó de hablar, se arrodilló y oró con todos ellos. 37Comenzaron todos a llorar desconsoladamente, y abrazando a Pablo, lo besaban. 38Estaban afligidosespecialmente por la palabra que había dicho de que ya no volverían a ver su rostro. Y lo acompañaron hasta el barco.

Salmo 109

Para el director del coro. Salmo de David.
1Oh Dios de mi alabanza,
No calles.
2Porque contra mí han abierto su boca impía y engañosa;
Con lengua mentirosa han hablado contra mí.
3Me han rodeado también con palabras de odio,
Y sin causa han luchado contra mí.
4En pago de mi amor, obran como mis acusadores,
Pero yo oro.
5Así me han pagado mal por bien,
Y odio por mi amor.
6¶Pon a un impío sobre él,
Y que un acusador esté a su diestra.
7Cuando sea juzgado, salga culpable,
Y su oración se convierta en pecado.
8Sean pocos sus días,
Y que otro tome su cargo.
9Sean huérfanos sus hijos,
Y viuda su mujer.
10Vaguen errantes sus hijos, y mendiguen,
Y busquen el sustento lejos de sus hogares en ruinas.
11Que el acreedor se apodere de todo lo que tiene,
Y extraños saqueen el fruto de su trabajo.
12Que no haya quien le extienda misericordia,
Ni haya quien se apiade de sus huérfanos.
13Sea exterminada su posteridad,
Su nombre sea borrado en la siguiente generación.
14¶Sea recordada ante el Señor la iniquidad de sus padres,
Y no sea borrado el pecado de su madre.
15Estén continuamente delante del Señor,
Para que Él corte de la tierra su memoria;
16Porque él no se acordó de mostrar misericordia,
Sino que persiguió al afligido, al necesitado
Y al de corazón decaído para matarlos.
17También amaba la maldición, y esta vino sobre él;
No se deleitó en la bendición, y ella se alejó de él.
18Se vistió de maldición como si fuera su manto,
Y entró como agua en su cuerpo
Y como aceite en sus huesos.
19Séale como vestidura con que se cubra,
Y por cinto con que se ciña siempre.
20Sea esta la paga del Señor para mis acusadores,
Y para los que hablan mal contra mi alma.
21¶Pero Tú, oh Dios, Señor, por amor de Tu nombre hazme bien;
Líbrame, pues es buena Tu misericordia;
22Porque afligido y necesitado estoy,
Y mi corazón está herido dentro de mí.
23Voy pasando como sombra que se alarga;
Soy sacudido como la langosta.
24Mis rodillas están débiles por el ayuno,
Y mi carne sin gordura ha enflaquecido.
25Me he convertido también en objeto de oprobio para ellos;
Cuando me ven, menean la cabeza.
26¶Ayúdame, Señor, Dios mío,
Sálvame conforme a Tu misericordia;
27Y que sepan que esta es Tu mano,
Que Tú, Señor, lo has hecho.
28Maldigan ellos, pero Tú bendice;
Cuando se levanten, serán avergonzados,
Pero Tu siervo se alegrará.
29Sean vestidos de oprobio mis acusadores,
Y cúbranse con su propia vergüenza como con un manto.
30¶Con mi boca daré abundantes gracias al Señor,
Y en medio de la multitud lo alabaré.
31Porque Él está a la diestra del pobre,
Para salvarlo de los que juzgan su alma.

Proverbios 16

1Los propósitos del corazón son del hombre,
Pero la respuesta de la lengua es del Señor.
2Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos,
Pero el Señor sondea los espíritus.
3Encomienda tus obras al Señor,
Y tus propósitos se afianzarán.
4Todas las cosas hechas por el Señor tienen su propio fin,
Hasta el impío, para el día del mal.
5Abominación al Señor es todo el que es altivo de corazón;
Ciertamente no quedará sin castigo.
6Con misericordia y verdad se expía la culpa,
Y con el temor del Señor el hombre se aparta del mal.
7Cuando los caminos del hombre son agradables al Señor,
Aun a sus enemigos hace que estén en paz con él.
8Mejor es poco con justicia,
Que gran ganancia con injusticia.
9La mente del hombre planea su camino,
Pero el Señor dirige sus pasos.
10Decisión divina hay en los labios del rey;
En el juicio no debe errar su boca.
11El peso y las balanzas justas son del Señor;
Todas las pesas de la bolsa son obra Suya.
12Es abominación para los reyes cometer iniquidad,
Porque el trono se afianza en la justicia.
13El agrado de los reyes son los labios justos,
Y amado será el que hable lo recto.
14El furor del rey es como mensajero de muerte,
Pero el hombre sabio lo aplacará.
15En el resplandor del rostro del rey hay vida,
Y su favor es como nube de lluvia tardía.
16Adquirir sabiduría, cuánto mejor que el oro,
Y adquirir inteligencia es preferible a la plata.
17La senda de los rectos es apartarse del mal;
El que guarda su camino preserva su alma.
18Delante de la destrucción va el orgullo,
Y delante de la caída, la arrogancia de espíritu.
19Mejor es ser de espíritu humilde con los pobres
Que dividir el botín con los soberbios.
20El que pone atención a la palabra hallará el bien,
Y el que confía en el Señor es bienaventurado.
21El sabio de corazón será llamado prudente,
Y la dulzura de palabras aumenta la persuasión.
22El entendimiento es fuente de vida para el que lo posee,
Pero la instrucción de los necios es necedad.
23El corazón del sabio enseña a su boca
Y añade persuasión a sus labios.
24Panal de miel son las palabras agradables,
Dulces al alma y salud para los huesos.
25Hay camino que al hombre le parece derecho,
Pero al final es camino de muerte.
26El apetito del trabajador para él trabaja,
Porque su boca lo impulsa.
27El hombre indigno planea el mal,
Y sus palabras son como fuego abrasador.
28El hombre perverso provoca pleitos,
Y el chismoso separa a los mejores amigos.
29El hombre violento provoca a su prójimo
Y lo guía por camino que no es bueno.
30El que guiña los ojos lo hace para tramar perversidades;
El que aprieta los labios ya hizo el mal.
31La cabeza canosa es corona de gloria,
Y se encuentra en el camino de la justicia.
32Mejor es el lento para la ira que el poderoso,
Y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad.
33La suerte se echa en el regazo,
Pero del Señor viene todadecisión.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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