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Día 11 de 365 · 11 de enero

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Génesis 21

1Entonces el Señor prestó atención a Sara como había dicho, e hizo el Señor por Sara como había prometido. 2Sara concibió y dio a luz un hijo a Abraham en su vejez, en el tiempo señalado que Dios le había dicho. 3Abraham le puso el nombre de Isaac al hijo que le nació, que le dio Sara.
4A los ocho días Abraham circuncidó a su hijo Isaac, como Dios le había mandado. 5Abraham tenía 100 años cuando le nació su hijo Isaac.
6Sara dijo: «Dios me ha hecho reír; cualquiera que lo oiga se reirá conmigo». 7Y añadió: «¿Quién le hubiera dicho a Abraham que Sara amamantaría hijos? Pues bien, le he dado un hijo en su vejez».
8El niño creció y fue destetado, y Abraham hizo un gran banquete el día que Isaac fue destetado. 9Pero Sara vio al hijo que Agar la egipcia le había dado a Abraham burlándose de su hijo Isaac. 10Por eso le dijo a Abraham: «Echa fuera a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de ser heredero junto con mi hijo Isaac».
11El asunto angustió a Abraham en gran manera por tratarse de su hijo. 12Pero Dios dijo a Abraham: «No te angusties por el muchacho ni por tu sierva. Presta atención a todo lo que Sara te diga, porque por Isaac será llamada tu descendencia. 13También del hijo de la sierva haré una nación, por ser tu descendiente».
14Se levantó, pues, Abraham muy de mañana, tomó pan y un odre de agua y los dio a Agar poniéndoselos sobre el hombro, y le dio el muchacho y la despidió. Y ella se fue y anduvo errante por el desierto de Beerseba. 15Cuando el agua del odre se acabó, ella dejó al muchacho debajo de uno de los arbustos. 16Entonces ella fue y se sentó enfrente, como a un tiro de arco de distancia, porque dijo: «Que no vea yo morir al niño». Y se sentó enfrente y alzó su voz y lloró.
17Dios oyó la voz del muchacho que lloraba; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: «¿Qué tienes, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. 18Levántate, alza al muchacho y sostenlo con tu mano, porque Yo haré de él una gran nación».
19Entonces Dios abrió los ojos de ella, y vio un pozo de agua. Fue y llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho. 20Dios estaba con el muchacho, que creció y habitó en el desierto y se hizo arquero. 21Y habitó en el desierto de Parán, y su madre tomó para él una mujer de la tierra de Egipto.
22Aconteció por aquel tiempo que Abimelec, con Ficol, jefe de su ejército, habló a Abraham: «Dios está contigo en todo lo que haces. 23Ahora pues, júrame aquí por Dios que no obrarás falsamente conmigo, ni con mi descendencia, ni con mi posteridad, sino que conforme a la bondad que te he mostrado, así me mostrarás a mí y a la tierra en la cual has residido». 24«Yo lo juro», le dijo Abraham.
25Pero Abraham se quejó a Abimelec a causa de un pozo de agua del cual los siervos de Abimelec se habían apoderado. 26Y Abimelec dijo: «No sé quién haya hecho esto, ni tú me lo habías hecho saber, ni yo lo había oído hasta hoy». 27Abraham tomó ovejas y vacas y se los dio a Abimelec, y los dos hicieron un pacto.
28Entonces Abraham puso aparte siete corderas del rebaño. 29Abimelec dijo a Abraham: «¿Qué significan estas siete corderas que has puesto aparte?». 30Y Abraham respondió: «Tomarás estas siete corderas de mi mano para que esto me sirva de testimonio de que yo cavé este pozo». 31Por lo cual llamó aquel lugar Beerseba, porque allí juraron los dos.
32Hicieron, pues, un pacto en Beerseba. Se levantó Abimelec con Ficol, jefe de su ejército, y regresaron a la tierra de los filisteos. 33Abraham plantó un tamarisco en Beerseba, y allí invocó el nombre del Señor, el Dios eterno. 34Y peregrinó Abraham en la tierra de los filisteos por muchos días.

Génesis 22

1Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham, y le dijo: «¡Abraham!». Y él respondió: «Aquí estoy». 2Y Dios dijo: «Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que Yo te diré». 3Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su asno y tomó con él a dos de sus criados y a su hijo Isaac. También partió leña para el holocausto, y se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho.
4Al tercer día alzó Abraham los ojos y vio el lugar de lejos. 5Entonces Abraham dijo a sus criados: «Quédense aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a ustedes». 6Tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo, y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Y los dos iban juntos.
7Isaac habló a su padre Abraham: «Padre mío». Y él respondió: «Aquí estoy, hijo mío». «Aquí están el fuego y la leña», dijo Isaac, «pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?». 8Y Abraham respondió: «Dios proveerá para Sí el cordero para el holocausto, hijo mío». Y los dos iban juntos.
9Llegaron al lugar que Dios le había dicho y Abraham edificó allí el altar, arregló la leña, ató a su hijo Isaac y lo puso en el altar sobre la leña. 10Entonces Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo. 11Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y dijo: «¡Abraham, Abraham!». Y él respondió: «Aquí estoy». 12Y el ángel dijo: «No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada. Porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único».
13Entonces Abraham alzó los ojos y miró, y vio un carnero detrás de él trabado por los cuernos en un matorral. Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14Y Abraham llamó aquel lugar con el nombre de El Señor Proveerá, como se dice hasta hoy: «En el monte del Señor se proveerá».
15El ángel del Señor llamó a Abraham por segunda vez desde el cielo, 16y le dijo: «Por Mí mismo he jurado», declara el Señor, «que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único, 17de cierto te bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar, y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos. 18En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque tú has obedecido Mi voz».
19Entonces Abraham volvió a sus criados, y se levantaron y fueron juntos a Beerseba. Y habitó Abraham en Beerseba.
20Después de estas cosas, le dieron noticia a Abraham, diciendo: «Milca también le ha dado hijos a tu hermano Nacor: 21Uz su primogénito, Buz su hermano, y Kemuel, padre de Aram, 22Quesed, Hazo, Pildas, Jidlaf y Betuel». 23Y Betuel fue el padre de Rebeca. Estos ocho hijos dio a luz Milca a Nacor, hermano de Abraham. 24También su concubina, de nombre Reúma, dio a luz a Teba, a Gaham, a Tahas y a Maaca.

Mateo 11

1Y sucedió que cuando Jesús terminó de dar instrucciones a Sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y predicar en las ciudades de ellos.
2Al oír Juan en la cárcel de las obras de Cristo, mandó por medio de sus discípulos 3a decir a Jesús: «¿Eres Tú el que ha de venir, o esperaremos a otro?».
4Jesús les respondió: «Vayan y cuenten a Juan lo que oyen y ven: 5los ciegos reciben la vista y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres se les anuncia el evangelio. 6Y bienaventurado es el que no se escandaliza de Mí».
7Mientras ellos se iban, Jesús comenzó a hablar a las multitudes acerca de Juan: «¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 8Pero, ¿qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Miren, los que usan ropas finas están en los palacios de los reyes. 9Pero, ¿qué salieron a ver? ¿A un profeta? Sí, les digo, y uno que es más que un profeta. 10Este es de quien está escrito:
“Mira, Yo envío Mi mensajero delante de Ti,
Quien preparará Tu camino delante de Ti”.
11 En verdad les digo que entre los nacidos de mujer no se ha levantado nadie mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. 12Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo conquistan por la fuerza. 13Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. 14Y si quieren aceptarlo, él es Elías, el que había de venir. 15El que tiene oídos, que oiga.
16 »Pero, ¿con qué compararé a esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, que dan voces a los otros, 17y dicen: “Les tocamos la flauta, y no bailaron; entonamos endechas, y no se lamentaron”. 18Porque vino Juan que no comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio”. 19Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: “Miren, un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores”. Pero la sabiduría se justifica por sus hechos».
20Entonces Jesús comenzó a reprender a las ciudades en las que había hecho la mayoría de Sus milagros, porque no se habían arrepentido: 21«¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros que se hicieron en ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se hubieran arrepentido en cilicio y ceniza. 22Por eso les digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón que para ustedes.
23 »Y tú, Capernaúm, ¿acaso serás elevada hasta los cielos? ¡Hasta el Hades descenderás! Porque si los milagros que se hicieron en ti se hubieran hecho en Sodoma, esta hubiera permanecido hasta hoy. 24Sin embargo, les digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma que para ti».
25En aquel tiempo, Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños. 26Sí, Padre, porque así fue de Tu agrado.
27 »Todas las cosas me han sido entregadas por Mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
28 »Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. 29Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. 30Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera».

Salmo 11

Para el director del coro. Salmo de David.
1En el Señor me refugio;
¿Cómo es que ustedes le dicen a mi alma: «Huye como ave al monte?
2-»Porque los impíos tensan el arco,
Preparan su flecha sobre la cuerda
Para disparar en lo oscuro a los rectos de corazón.
3-»Si los fundamentos son destruidos;
¿Qué puede hacer el justo?».
4¶El Señor está en Su santo templo, el trono del Señor está en los cielos;
Sus ojos contemplan, Sus párpados examinan a los hijos de los hombres.
5El Señor prueba al justo y al impío,
Y Su alma aborrece al que ama la violencia.
6Sobre los impíos hará llover carbones encendidos;
Fuego, azufre y viento abrasador será la porción de su copa.
7Pues el Señor es justo; Él ama la justicia;
Los rectos contemplarán Su rostro.

Proverbios 11

1La balanza falsa es abominación al Señor,
Pero el peso cabal es Su deleite.
2Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra;
Pero la sabiduría está con los humildes.
3La integridad de los rectos los guiará,
Pero la perversidad de los traidores los destruirá.
4De nada sirven las riquezas el día de la ira,
Pero la justicia libra de la muerte.
5La justicia del íntegro enderezará su camino,
Pero el impío caerá por su propia impiedad.
6La justicia de los rectos los librará,
Pero los traidores en su codicia serán atrapados.
7Cuando muere el hombre impío, su esperanza se acaba,
Y la expectación de los poderosos perece.
8El justo es librado de tribulación,
Y el impío toma su lugar.
9Con la boca el impío destruye a su prójimo,
Pero por el conocimiento los justos serán librados.
10Con el bien de los justos, se regocija la ciudad,
Y cuando perecen los impíos, hay gritos de alegría.
11Por la bendición de los rectos, se enaltece la ciudad,
Pero por la boca de los impíos, es derribada.
12El que desprecia a su prójimo carece de entendimiento,
Pero el hombre prudente guarda silencio.
13El que anda en chismes revela secretos,
Pero el de espíritu leal oculta las cosas.
14Donde no hay buen consejo, el pueblo cae,
Pero en la abundancia de consejeros está la victoria.
15Ciertamente sufrirá el que sale fiador por un extraño,
Pero el que odia salir fiador está seguro.
16La mujer agraciada alcanza honra,
Y los poderosos alcanzan riquezas.
17El hombre misericordioso se hace bien a sí mismo,
Pero el cruel a sí mismo se hace daño.
18El impío gana salario engañoso,
Pero el que siembra justicia recibe verdadera recompensa.
19El que persiste en la justicia alcanzará la vida,
Y el que va en pos del mal, su propia muerte.
20Los de corazón perverso son abominación al Señor,
Pero los de camino intachable son Su deleite.
21Ciertamente el malvado no quedará sin castigo,
Pero la descendencia de los justos será librada.
22Como anillo de oro en el hocico de un cerdo
Es la mujer hermosa que carece de discreción.
23El deseo de los justos es solo el bien,
Pero la esperanza de los malvados es la ira.
24Hay quien reparte, y le es añadido más,
Y hay quien retiene lo que es justo, solo para venir a menos.
25El alma generosa será prosperada,
Y el que riega será también regado.
26Al que retiene el grano, el pueblo lo maldecirá,
Pero habrá bendición sobre la cabeza del que lo vende.
27El que con diligencia busca el bien, se procura favor,
Pero el que busca el mal, este le vendrá.
28El que confía en sus riquezas, caerá,
Pero los justos prosperarán como la hoja verde.
29El que turba su casa, heredará viento,
Y el necio será siervo del sabio de corazón.
30El fruto del justo es árbol de vida,
Y el que gana almas es sabio.
31Si el justo es recompensado en la tierra,
¡Cuánto más el impío y el pecador!

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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