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Día 111 de 365 · 21 de abril

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Jueces 10

1Después de la muerte de Abimelec para salvar a Israel se levantó Tola, hijo de Puá, hijo de Dodo, varón de Isacar. Y habitó en Samir, en la región montañosa de Efraín. 2Tola juzgó a Israel veintitrés años. Y murió y fue sepultado en Samir. 3Y tras él se levantó Jair el galaadita, y juzgó a Israel veintidós años. 4Este tuvo treinta hijos que cabalgaban en treinta asnos, y tenían treinta ciudades en la tierra de Galaad que se llaman Havot Jair hasta hoy. 5Y murió Jair, y fue sepultado en Camón.
6Pero los israelitas volvieron a hacer lo malo ante los ojos del Señor. Sirvieron a los Baales, a Astarot, a los dioses de Aram, a los dioses de Sidón, a los dioses de Moab, a los dioses de los amonitas y a los dioses de los filisteos. Abandonaron, pues, al Señor y no le sirvieron. 7Entonces se encendió la ira del Señor contra Israel, y los entregó en manos de los filisteos y en manos de los amonitas. 8Y ellos afligieron y quebrantaron a los israelitas ese año. Y por dieciocho años oprimieron a todos los israelitas que estaban al otro lado del Jordán, en Galaad, en la tierra de los amorreos. 9Los amonitas cruzaron el Jordán para pelear también contra Judá, contra Benjamín y contra la casa de Efraín, y se angustió Israel en gran manera.
10Entonces los israelitas clamaron al Señor: «Hemos pecado contra Ti, porque ciertamente hemos abandonado a nuestro Dios y hemos servido a los Baales». 11Y el Señor respondió a los israelitas: «¿No los libré Yo de los egipcios, de los amorreos, de los amonitas y de los filisteos? 12Cuando los sidonios, los amalecitas y los maonitas los oprimían, clamaron a Mí, y Yo los libré de sus manos. 13Pero ustedes me han dejado y han servido a otros dioses. Por tanto, no los libraré más. 14Vayan y clamen a los dioses que han escogido; que ellos los libren en el tiempo de su aflicción».
15Los israelitas respondieron al Señor: «Hemos pecado, haz con nosotros como bien te parezca. Solo te rogamos que nos libres en este día». 16Y quitaron los dioses extranjeros de en medio de ellos y sirvieron al Señor. Y Él no pudo soportar más la angustia de Israel.
17Entonces los amonitas se reunieron y acamparon en Galaad, y los israelitas se juntaron y acamparon en Mizpa. 18Y el pueblo, los jefes de Galaad, se dijeron unos a otros: «¿Quién es el hombre que comenzará la batalla contra los amonitas? Él será caudillo de todos los habitantes de Galaad».

Jueces 11

1Jefté el galaadita era un guerrero valiente, hijo de una ramera. Galaad era el padre de Jefté. 2Y la mujer de Galaad le dio hijos. Y cuando los hijos de su mujer crecieron, echaron fuera a Jefté, y le dijeron: «No tendrás heredad en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer». 3Jefté huyó de sus hermanos y habitó en la tierra de Tob. Y hombres indignos se juntaron con Jefté y salían con él.
4Después de cierto tiempo sucedió que los amonitas pelearon contra Israel. 5Y cuando los amonitas pelearon contra Israel, los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de Tob. 6Y dijeron a Jefté: «Ven y sé nuestro jefe para que peleemos contra los amonitas». 7Entonces Jefté contestó a los ancianos de Galaad: «¿No me odiaron y me echaron de la casa de mi padre? ¿Por qué, pues, han venido a mí ahora cuando están en apuros?».
8Y los ancianos de Galaad dijeron a Jefté: «Por esta causa hemos vuelto a ti: para que vengas con nosotros y pelees contra los amonitas y seas jefe sobre todos los habitantes de Galaad». 9Jefté respondió a los ancianos de Galaad: «Si me hacen volver para pelear contra los amonitas y el Señor me los entrega, ¿seré yo el jefe de ustedes?». 10Y los ancianos de Galaad dijeron a Jefté: «El Señor es testigo entre nosotros. Ciertamente haremos como has dicho». 11Entonces Jefté fue con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo hizo cabeza y jefe sobre ellos. Y Jefté habló todas sus palabras delante del Señor en Mizpa.
12Y envió Jefté mensajeros al rey de los amonitas para que le dijeran: «¿Qué hay entre usted y yo, que ha venido a mí para pelear contra mi tierra?». 13El rey de los amonitas dijo a los mensajeros de Jefté: «Porque Israel tomó mi tierra, cuando subieron de Egipto, desde el Arnón hasta el Jaboc y el Jordán; por tanto devuélvela ahora en paz».
14Pero Jefté volvió a enviar mensajeros al rey de los amonitas, 15que le dijeron: «Así dice Jefté: “Israel no tomó la tierra de Moab, ni la tierra de los amonitas.
16”Porque cuando subieron de Egipto, e Israel pasó por el desierto hasta el mar Rojo y llegó a Cades, 17entonces Israel envió mensajeros al rey de Edom diciéndole: ‘Permítanos, le rogamos, pasar por su tierra’, pero el rey de Edom no los escuchó. También enviaron mensajeros al rey de Moab pero él no consintió, así que Israel permaneció en Cades. 18Luego atravesaron el desierto y rodearon la tierra de Edom y de Moab, llegaron al lado oriental de la tierra de Moab y acamparon al otro lado del Arnón; pero no entraron en el territorio de Moab, porque el Arnón era la frontera de Moab.
19”Entonces Israel envió mensajeros a Sehón, rey de los amorreos, rey de Hesbón, y le dijo Israel: ‘Permítanos, le rogamos, pasar por su tierra a nuestro lugar’. 20Pero Sehón no confió en Israel para darle paso por su territorio. Reunió, pues, Sehón a todo su pueblo y acampó en Jahaza, y peleó contra Israel. 21El Señor, Dios de Israel, entregó a Sehón y a todo su pueblo en manos de Israel, y los derrotaron, e Israel tomó posesión de toda la tierra de los amorreos, los habitantes de esa región.
22”Y poseyeron todo el territorio de los amorreos desde el Arnón hasta el Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán. 23Puesto que el Señor, Dios de Israel, expulsó a los amorreos de delante de su pueblo Israel, ¿va usted a poseerla?
24”¿No posee usted lo que Quemos, su dios, le ha dado para poseer? De modo que todo el territorio que el Señor nuestro Dios ha desposeído delante de nosotros, lo poseeremos. 25Ahora pues, ¿es usted mejor que Balac, hijo de Zipor, rey de Moab? ¿Acaso luchó él con Israel, o acaso peleó contra ellos?
26”Mientras Israel habitaba en Hesbón y sus pueblos, y en Aroer y sus aldeas, y en todas las ciudades que están a orillas del Arnón por 300 años, ¿por qué no las recuperó durante ese tiempo? 27Por tanto, yo no he pecado contra usted, pero usted me está haciendo mal al hacer guerra contra mí. Que el Señor, el Juez, juzgue hoy entre los israelitas y los amonitas” ». 28Pero el rey de los amonitas no hizo caso al mensaje que Jefté le envió.
29El Espíritu del Señor vino sobre Jefté. Entonces Jefté pasó por Galaad y Manasés. Luego pasó por Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad fue adonde estaban los amonitas. 30Y Jefté hizo un voto al Señor, y dijo: «Si en verdad entregas en mis manos a los amonitas, 31sucederá que cualquiera que salga de las puertas de mi casa a recibirme cuando yo vuelva en paz de los amonitas, será del Señor, o lo ofreceré como holocausto».
32Jefté cruzó adonde estaban los amonitas para pelear contra ellos, y el Señor los entregó en su mano. 33Y los hirió con una gran matanza desde Aroer hasta la entrada de Minit, veinte ciudades, hasta Abel Keramim. Y los amonitas fueron sometidos delante de los israelitas.
34Cuando Jefté llegó a su casa en Mizpa, su hija salió a recibirlo con panderos y con danzas. Ella era su única hija. Fuera de ella no tenía hijo ni hija.
35Al verla, él rasgó sus ropas y dijo: «¡Ay, hija mía! Me has abatido y estás entre los que me afligen. Porque he dado mi palabra al Señor, y no me puedo retractar». 36Entonces ella le dijo: «Padre mío, has dado tu palabra al Señor. Haz conmigo conforme a lo que has dicho, ya que el Señor te ha vengado de tus enemigos, los amonitas».
37Y ella dijo a su padre: «Que se haga esto por mí; déjame sola por dos meses, para que vaya yo a los montes y llore por mi virginidad, yo y mis compañeras». 38Y él dijo: «Ve», y la dejó ir por dos meses; y ella se fue con sus compañeras, y lloró su virginidad por los montes.
39Al cabo de los dos meses ella regresó a su padre, que cumplió con ella conforme al voto que había hecho; y ella no tuvo relaciones con ningún hombre. Y se hizo costumbre en Israel, 40que de año en año las hijas de Israel fueran cuatro días en el año a conmemorara la hija de Jefté el galaadita.

Hechos 22

1«Hermanos y padres, escuchen mi defensa que ahora presento ante ustedes», decía Pablo.
2Cuando oyeron que se dirigía a ellos en el idioma hebreo, observaron aún más silencio. El continuó*:
3«Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, educado bajo Gamaliel en estricta conformidad a la ley de nuestros padres, siendo tan celoso de Dios como todos ustedes lo son hoy. 4Perseguí este Camino hasta la muerte, encadenando y echando en cárceles tanto a hombres como a mujeres, 5de lo cual pueden testificar el sumo sacerdote y todo el Concilio de los ancianos. De ellos recibí cartas para los hermanos, y me puse en marcha para Damasco con el fin de traer presos a Jerusalén también a los que estaban allá, para que fueran castigados.
6»Y aconteció que cuando iba de camino, estando ya cerca de Damasco, como al mediodía, de repente una luz muy brillante fulguró desde el cielo a mi alrededor. 7Caí al suelo y oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. 8Y respondí: “¿Quién eres, Señor?”. Y Él me dijo: “Yo soy Jesús el Nazareno, a quien tú persigues”.
9»Los que estaban conmigo vieron la luz, ciertamente, pero no comprendieron la voz de Aquel que me hablaba. 10Y yo dije: “¿Qué debo hacer, Señor?”. Y el Señor me dijo: “Levántate y entra a Damasco; y allí se te dirá todo lo que se ha ordenado que hagas”.
11»Pero como yo no veía por causa del resplandor de aquella luz, los que estaban conmigo me llevaron de la mano y entré a Damasco. 12Y uno llamado Ananías, hombre piadoso según las normas de la ley, y de quien daban buen testimonio todos los judíos que vivían allí, 13vino a mí, y poniéndose a mi lado, me dijo: “Hermano Saulo, recibe la vista”. En ese mismo instante alcé los ojos y lo miré.
14»Y él dijo: “El Dios de nuestros padres te ha designado para que conozcas Su voluntad, y para que veas al Justo y oigas palabra de Su boca. 15Porque tú serás testigo Suyo a todos los hombres de lo que has visto y oído. 16Y ahora, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados invocando Su nombre”.
17»Cuando regresé a Jerusalén y me hallaba orando en el templo, caí en un éxtasis, 18y vi al Señor que me decía: “Apresúrate y sal pronto de Jerusalén porque no aceptarán tu testimonio acerca de Mí”.
19»Entonces yo dije: “Señor, ellos saben bien que en las sinagogas, una tras otra, yo encarcelaba y azotaba a los que creían en Ti. 20Cuando se derramaba la sangre de Tu testigo Esteban, allí estaba también yo dando mi aprobación, y cuidando los mantos de los que lo estaban matando”. 21Pero Él me dijo: “Ve, porque te voy a enviar lejos, a los gentiles” ».
22 La multitud lo oyó hasta que dijo esto, entonces alzaron sus voces y dijeron: «¡Quita de la tierra a ese hombre! No se le debe permitir que viva».
23Como ellos vociferaban, y arrojaban sus mantos, y echaban polvo al aire, 24el comandante ordenó que llevaran a Pablo al cuartel, diciendo que debía ser sometido a azotes para saber la razón por qué la gente gritaban contra él de aquella manera. 25Cuando lo estiraron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba allí: «¿Les es lícito azotar a un ciudadano romano sin haberle hecho juicio?».
26Al oír esto el centurión, fue al comandante y le avisó: «¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es ciudadano romano». 27Vino el comandante a Pablo y le dijo: «Dime, ¿eres ciudadano romano?». «Sí», contestó él. 28Y el comandante respondió: «Yo adquirí esta ciudadanía por una gran cantidad de dinero». «Pero yo soy ciudadano romano de nacimiento», le dijo Pablo.
29Entonces los que iban a someterlo a azotes, al instante lo soltaron. También el comandante tuvo temor cuando supo que Pablo era ciudadano romano, y porque lo había atado con cadenas.
30Al día siguiente, queriendo el comandante saber con certeza la causa por la cual los judíos lo acusaban a Pablo, lo soltó, y ordenó a los principales sacerdotes y a todo el Concilio que se reunieran. Después llevóa Pablo y lo puso ante ellos.

Salmo 111

1¡Aleluya!
Daré gracias al Señor con todo mi corazón,
En la compañía de los rectos y en la congregación.
2Grandes son las obras del Señor,
Buscadas por todos los que se deleitan en ellas.
3Esplendor y majestad es Su obra,
Y Su justicia permanece para siempre.
4Ha hecho Sus maravillas para ser recordadas;
Clemente y compasivo es el Señor.
5Ha dado alimento a los que le temen;
Recordará Su pacto para siempre.
6Ha hecho conocer a Su pueblo el poder de Sus obras,
Al darle la heredad de las naciones.
7¶Las obras de Sus manos son verdad y justicia,
Fieles todos Sus preceptos.
8Son afirmados para siempre,
Ejecutados en verdad y rectitud.
9Él ha enviado redención a Su pueblo,
Ha ordenado Su pacto para siempre;
Santo y temible es Su nombre.
10El principio de la sabiduría es el temor del Señor;
Buen entendimiento tienen todos los que practican Sus mandamientos;
Su alabanza permanece para siempre.

Proverbios 18

1El que vive aislado busca su propio deseo,
Contra todo consejo se encoleriza.
2El necio no se deleita en la prudencia,
Sino solo en revelar su corazón.
3Cuando llega el impío, llega también el desprecio,
Y con la deshonra viene la afrenta.
4Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre;
Arroyo que fluye, la fuente de la sabiduría.
5No es bueno mostrar preferencia por el impío,
Para ignorar al justo en el juicio.
6Los labios del necio provocan riña,
Y su boca llama a los golpes.
7La boca del necio es su ruina,
Y sus labios una trampa para su alma.
8Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
9También el que es negligente en su trabajo
Es hermano del que destruye.
10El nombre del Señor es torre fuerte,
A ella corre el justo y está a salvo.
11La fortuna del rico es su ciudad fortificada,
Y como muralla alta en su imaginación.
12Antes de la destrucción el corazón del hombre es altivo,
Pero a la gloria precede la humildad.
13El que responde antes de escuchar,
Cosecha necedad y vergüenza.
14El espíritu del hombre puede soportar su enfermedad,
Pero el espíritu quebrantado, ¿quién lo puede sobrellevar?
15El corazón del prudente adquiere conocimiento,
Y el oído del sabio busca el conocimiento.
16La dádiva del hombre le abre camino
Y lo lleva ante la presencia de los grandes.
17Justo parece el primero que defiende su causa
Hasta que otro viene y lo examina.
18La suerte pone fin a los pleitos
Y decide entre los poderosos.
19El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada,
Y los pleitos son como cerrojos de fortaleza.
20Con el fruto de su boca el hombre sacia su vientre,
Con el producto de sus labios se saciará.
21Muerte y vida están en poder de la lengua,
Y los que la aman comerán su fruto.
22El que halla esposa halla algo bueno
Y alcanza el favor del Señor.
23El pobre habla suplicando,
Pero el rico responde con dureza.
24El hombre de muchos amigos se arruina,
Pero hay amigomás unido que un hermano.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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