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Día 113 de 365 · 23 de abril

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Jueces 14

1Sansón descendió a Timnat y vio allí a una mujer de las hijas de los filisteos. 2Cuando regresó, se lo contó a su padre y a su madre: «Vi en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos. Ahora pues, tómenmela por mujer». 3Le respondieron su padre y su madre: «¿No hay mujer entre las hijas de tus parientes o entre todo nuestro pueblo, para que vayas a tomar mujer de los filisteos incircuncisos?». Pero Sansón dijo a su padre: «Tómala para mí, porque ella me agrada». 4Su padre y su madre no sabían que esto era del Señor, porque Él buscaba ocasión contra los filisteos, pues en aquel tiempo los filisteos dominaban a Israel.
5Entonces Sansón descendió a Timnat con su padre y con su madre, y llegó hasta los viñedos de Timnat. Y allí un león joven venía rugiendo hacia él. 6Pero el Espíritu del Señor vino sobre él con gran poder, y lo despedazó como se despedaza un cabrito, aunque no tenía nada en su mano. Pero no contó a su padre ni a su madre lo que había hecho. 7Descendió y habló con la mujer; y ella le agradó a Sansón.
8Cuando regresó más tarde para tomarla, se apartó del camino para ver el cadáver del león. Y había un enjambre de abejas y miel en el cuerpo del león. 9Recogió la miel en sus manos y siguió adelante, comiéndola mientras caminaba. Cuando llegó adonde estaban su padre y su madre, les dio miel y ellos comieron. Pero no les contó que había recogido la miel del cuerpo del león.
10Después el padre descendió adonde estaba la mujer. Y Sansón hizo allí un banquete, porque así acostumbraban hacer los jóvenes. 11Y cuando lo vieron, trajeron a treinta compañeros para que estuvieran con él.
12Entonces Sansón les dijo: «Permítanme proponerles ahora una adivinanza. Y si en verdad me la declaran dentro de los siete días del banquete, y la descifran, entonces les daré treinta vestidos de lino y treinta mudas de ropa. 13Pero si no pueden declarármela, entonces ustedes me darán treinta vestidos de lino y treinta mudas de ropa». «Dinos tu adivinanza, para que la escuchemos», le dijeron ellos. 14Entonces les dijo:
«Del que come salió comida,
Y del fuerte salió dulzura».
Y no pudieron declararle la adivinanza en tres días.
15Al cuarto día dijeron a la mujer de Sansón: «Persuade a tu marido a que nos declare la adivinanza, o te quemaremos a fuego a ti y a la casa de tu padre. Nos han invitado para empobrecernos. ¿No es así?». 16La mujer de Sansón lloró delante de él, y dijo: «Solo me aborreces y no me quieres. Has propuesto una adivinanza a los hijos de mi pueblo, y no me la has declarado». Y él le dijo: «No se la he declarado ni a mi padre ni a mi madre. ¿Y te la he de declarar a ti?». 17Pero ella lloró delante de él los siete días que duró su banquete. Y sucedió el séptimo día que él se la declaró porque ella le presionaba mucho. Entonces ella declaró la adivinanza a los hijos de su pueblo.
18Y al séptimo día, antes de ponerse el sol, los hombres de la ciudad le dijeron:
«¿Qué es más dulce que la miel?
¿Y qué es más fuerte que un león?».
Y Sansón les contestó:
«Si no hubieran arado con mi novilla,
No habrían descubierto mi adivinanza».
19Entonces el Espíritu del Señor vino sobre él con gran poder, y descendió a Ascalón y mató a treinta de ellos y tomando sus despojos, dio las mudas de ropa a los que habían declarado la adivinanza. Y ardiendo en ira, subió a la casa de su padre. 20Pero la mujer de Sansón fue dadaal compañero que había sido su amigo íntimo.

Jueces 15

1Después de algún tiempo, en los días de la siega del trigo, sucedió que Sansón fue a visitar a su mujer con un cabrito, y dijo: «Llegaré a mi mujer en su recámara». Pero el padre de ella no lo dejó entrar. 2Y el padre dijo: «Realmente pensé que la odiabas intensamente y se la di a tu compañero. ¿No es su hermana menor más hermosa que ella? Te ruego que la tomes en su lugar».
3Entonces Sansón le respondió: «Esta vez no tendré culpa en cuanto a los filisteos cuando les haga daño». 4Y Sansón fue y capturó 300 zorras, tomó antorchas, juntó las zorras cola con cola y puso una antorcha en medio de cada dos colas. 5Después de prender fuego a las antorchas, soltó las zorras en los sembrados de los filisteos, quemando la cosecha recogida, la cosecha en pie, y además las viñas y los olivares.
6Entonces los filisteos dijeron: «¿Quién hizo esto?». Y les respondieron: «Sansón, el yerno del Timnateo, porque este tomó a su mujer y se la dio a su compañero». Y los filisteos vinieron y la quemaron a ella y a su padre. 7Y Sansón les dijo: «Ya que actúan así, ciertamente me vengaré de ustedes, y después de eso, cesaré». 8Sin piedad los hirió con gran mortandad. Y descendió y habitó en la hendidura de la peña de Etam.
9Entonces los filisteos subieron y acamparon en Judá, y se esparcieron por Lehi. 10Y los hombres de Judá dijeron: «¿Por qué han subido contra nosotros?». Y ellos dijeron: «Hemos subido para prender a Sansón a fin de hacerle como él nos ha hecho». 11De Judá descendieron 3,000 hombres a la hendidura de la peña de Etam, y dijeron a Sansón: «¿No sabes que los filisteos reinan sobre nosotros? ¿Qué, pues, es esto que nos has hecho?». «Como ellos me hicieron, así les he hecho», contestó él.
12Y ellos le dijeron: «Hemos descendido para prenderte y entregarte en manos de los filisteos». «Júrenme que no me matarán», les dijo Sansón. 13Ellos le respondieron: «No, sino que te ataremos bien y te entregaremos en sus manos. Ciertamente no te mataremos». Entonces lo ataron con dos sogas nuevas y lo sacaron de la peña.
14Al llegar él a Lehi, los filisteos salieron a su encuentro gritando. Y el Espíritu del Señor vino sobre él con poder, y las sogas que estaban en sus brazos fueron como lino quemado con fuego y las ataduras cayeron de sus manos. 15Y halló una quijada de asno fresca aún, y extendiendo su mano, la tomó y mató a 1,000 hombres con ella.
16Entonces Sansón dijo:
«Con la quijada de un asno,
Montones sobre montones,
Con la quijada de un asno
He matado a 1,000 hombres».
17Al terminar de hablar, arrojó la quijada de su mano, y llamó a aquel lugar Ramat Lehi.
18Después sintió una gran sed, y clamando al Señor, dijo: «Tú has dado esta gran liberación por mano de Tu siervo, y ahora, ¿moriré yo de sed y caeré en manos de los incircuncisos?». 19Y abrió Dios la cuenca que está en Lehi y salió agua de ella. Cuando bebió, recobró sus fuerzas y se reanimó. Por eso llamó a aquel lugar En Hacore, el cual está en Lehi hasta el día de hoy.
20 Sansónjuzgó a Israel veinte años en los días de los filisteos.

Hechos 24

1Cinco días más tarde el sumo sacerdote Ananías descendió a Cesarea con algunos ancianos y con un abogado llamado Tértulo; y presentaron al gobernador sus cargos contra Pablo. 2Después que llamaron a Pablo, Tértulo comenzó a acusarlo, diciendo al gobernador:
«Ya que por usted hemos obtenido mucha paz, y que por providencia suya se están llevando a cabo reformas en favor de esta nación, 3nosotros, por todos los medios y en todas partes, reconocemos esto con profunda gratitud, oh excelentísimo Félix.
4»Pero para no molestarle más, le suplico que, con su habitual bondad, nos conceda una breve audiencia. 5Pues hemos descubierto que este hombre es verdaderamente una plaga, y que provoca disensiones entre todos los judíos por el mundo entero, y es líder de la secta de los nazarenos. 6Hasta trató de profanar el templo. Entonces lo arrestamos y quisimos juzgarlo conforme a nuestra ley.
7»Pero interviniendo el comandante Lisias, con gran violencia lo quitó de nuestras manos, 8mandando a sus acusadores que vinieran a usted. Si usted mismo lo interroga sobre todo lo que he dicho, podrá confirmar las cosas de que lo acusamos». 9Los judíos se unieron también a la acusación, asegurando que, efectivamente, así era todo.
10Después que el gobernador le hizo una señal para que hablara, Pablo respondió: «Sabiendo que por muchos años usted ha sido juez de esta nación, con gusto presento mi defensa, 11puesto que usted puede comprobar el hecho de que no hace más de doce días que subí a Jerusalén a adorar. 12Y ni en el templo, ni en las sinagogas, ni en la ciudad misma me encontraron discutiendo con nadie o provocando un tumulto. 13Ni tampoco pueden probar de lo que ahora me acusan.
14»Pero esto admito ante usted, que según el Camino que ellos llaman secta, yo sirvo al Dios de nuestros padres, creyendo todo lo que es conforme a la ley y lo que está escrito en los profetas; 15teniendo la misma esperanza en Dios que estos también abrigan, de que ciertamente habrá una resurrección tanto de los justos como de los impíos. 16Por esto, yo también me esfuerzo por conservar siempre una conciencia irreprensible delante de Dios y delante de los hombres.
17»Después de varios años, he venido para traer limosnas a mi nación y a presentar ofrendas. 18En esto estaba cuando me encontraron en el templo, después de haberme purificado, no con multitud ni con alboroto. Pero estaban allí ciertos judíos de Asia, 19y que deberían haberse presentado aquí ante usted y acusarme si tuvieran algo contra mí.
20»O si no, que estos mismos digan qué delito encontraron cuando comparecí ante el Concilio, 21a no ser por esta sola declaración que hice en voz alta mientras estaba entre ellos: “Por la resurrección de los muertos soy juzgado hoy ante ustedes” ».
22Entonces Félix, que conocía con bastante exactitud acerca del Camino, dejó el fallo para después, diciendo: «Cuando venga el comandante Lisias decidiré el caso de ustedes». 23Y dio órdenes al centurión de que tuviera a Pablo bajo custodia, pero con alguna medida de libertad, y que no impidiera a ninguno de sus amigos que lo sirvieran.
24Pero pocos días más tarde, llegó Félix con Drusila su mujer, que era judía, y mandó traer a Pablo y lo oyó hablar acerca de la fe en Cristo Jesús. 25Al disertar Pablo sobre la justicia, el dominio propio y el juicio venidero, Félix, atemorizado dijo: «Vete por ahora, pero cuando tenga tiempo te mandaré llamar».
26Al mismo tiempo, tenía esperanza de que Pablo le diera dinero. Por eso acostumbraba llamarlo con frecuencia y conversar con él. 27Pero transcurridos dos años, Porcio Festo llegó como sucesor de Félix, y deseando hacer un favor a los judíos, Félix dejó preso a Pablo.

Salmo 113

1¡Aleluya!
Alaben, siervos del Señor,
Alaben el nombre del Señor.
2Bendito sea el nombre del Señor
Desde ahora y para siempre.
3Desde el nacimiento del sol hasta su ocaso,
Alabado sea el nombre del Señor.
4Excelso sobre todas las naciones es el Señor;
Su gloria está sobre los cielos.
5¶¿Quién es como el Señor nuestro Dios,
Que está sentado en las alturas,
6Que se humilla para mirar
Lo que hay en el cielo y en la tierra?
7Él levanta al pobre del polvo,
Y al necesitado saca del muladar,
8Para sentarlos con príncipes,
Con los príncipes de Su pueblo.
9Hace habitar en casa a la mujer estéril,
Gozosa de ser madre de hijos.
¡Aleluya!

Proverbios 20

1El vino es provocador, la bebida fuerte alborotadora,
Y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio.
2Como rugido de león es el furor del rey,
El que lo provoca a ira pone en peligro su propia vida.
3Es honra para el hombre evitar las discusiones,
Pero cualquier necio se enredará en ellas.
4Desde el otoño, el perezoso no ara,
Así que pide durante la cosecha, pero no hay nada.
5 Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre,
Y el hombre de entendimiento lo sacará.
6Muchos hombres proclaman su propia lealtad,
Pero un hombre digno de confianza, ¿quién lo hallará?
7El justo anda en su integridad;
¡Cuán dichosos son sus hijos después de él!
8El rey que se sienta sobre el trono del juicio,
Disipa con sus ojos todo mal.
9¿Quién puede decir: «Yo he limpiado mi corazón,
Limpio estoy de mi pecado»?
10Pesas desiguales y medidas desiguales,
Ambas cosas son abominables al Señor.
11Aun por sus hechos un muchacho se da a conocer
Si su conducta es pura y recta.
12El oído que oye y el ojo que ve,
Ambos los ha hecho el Señor.
13No ames el sueño, no sea que te empobrezcas;
Abre tus ojos y te saciarás de pan.
14«Malo, malo», dice el comprador,
Pero cuando se marcha, entonces se jacta.
15Hay oro y abundancia de joyas,
Pero cosa más preciosa son los labios con conocimiento.
16Tómale la ropa al que sale fiador del extraño;
Y tómale prenda por los extranjeros.
17El pan obtenido con falsedad es dulce al hombre,
Pero después su boca se llenará de grava.
18Los proyectos con consejo se preparan,
Y con dirección sabia se hace la guerra.
19El que anda murmurando revela secretos,
Por tanto, no te asocies con el chismoso.
20Al que maldice a su padre o a su madre,
Se le apagará su lámpara en medio de las tinieblas.
21La herencia adquirida de prisa al principio,
No será bendecida al final.
22No digas: «Yo pagaré mal por mal»;
Espera en el Señor, y Él te salvará.
23Pesas desiguales son abominación al Señor,
Y no está bien usar una balanza falsa.
24Por el Señor son ordenados los pasos del hombre,
¿Cómo puede, pues, el hombre entender su camino?
25Lazo es para el hombre decir a la ligera: «Es santo»,
Y después de los votos investigar.
26El rey sabio avienta a los impíos,
Y hace pasar la rueda de trillar sobre ellos.
27Lámpara del Señor es el espíritu del hombre
Que escudriña lo más profundo de su ser.
28Lealtad y verdad guardan al rey,
Y por la justicia sostiene su trono.
29La gloria de los jóvenes es su fuerza,
Y la honra de los ancianos, sus canas.
30Los azotes que hieren limpian del mal,
Y los golpes llegan a lo más profundodel cuerpo.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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