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Día 117 de 365 · 27 de abril

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Rut 1

1Aconteció que en los días en que gobernaban los jueces, en Israel hubo hambre en el país. Y un hombre de Belén de Judá fue a residir en los campos de Moab con su mujer y sus dos hijos. 2Aquel hombre se llamaba Elimelec, y su mujer se llamaba Noemí. Los nombres de sus dos hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá. Y llegaron a los campos de Moab y allí se quedaron. 3Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos. 4Ellos se casaron con mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa y el nombre de la otra Rut. Y vivieron allí unos diez años. 5Murieron también los dos, Mahlón y Quelión, y la mujer quedó privada de sus dos hijos y de su marido.
6Entonces se levantó con sus nueras para regresar de la tierra de Moab, porque ella había oído en la tierra de Moab que el Señor había visitado a Su pueblo dándole alimento. 7Salió, pues, del lugar donde estaba, y sus dos nueras con ella, y se pusieron en camino para volver a la tierra de Judá. 8Y Noemí dijo a sus dos nueras: «Vayan, regrese cada una a la casa de su madre. Que el Señor tenga misericordia de ustedes como ustedes la han tenido con los que murieron y conmigo. 9Que el Señor les conceda que hallen descanso, cada una en la casa de su marido». Entonces las besó, y ellas alzaron sus voces y lloraron, 10y le dijeron: «No, sino que ciertamente volveremos contigo a tu pueblo». 11Pero Noemí dijo: «Vuélvanse, hijas mías. ¿Por qué quieren ir conmigo? ¿Acaso tengo aún hijos en mis entrañas para que sean sus maridos? 12Vuélvanse, hijas mías. Váyanse, porque soy demasiado vieja para tener marido. Si dijera que tengo esperanza, y si aun tuviera un marido esta noche y también diera a luz hijos, 13¿esperarían por eso hasta que fueran mayores? ¿Dejarían ustedes de casarse por eso? No, hijas mías, porque eso es más difícil para mí que para ustedes, pues la mano del Señor se ha levantado contra mí». 14Y ellas alzaron sus voces y lloraron otra vez; y Orfa besó a su suegra, pero Rut se quedó con ella.
15Entonces Noemí dijo: «Mira, tu cuñada ha regresado a su pueblo y a sus dioses; vuelve tras tu cuñada». 16Pero Rut le respondió: «No insistas en que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, yo iré, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. 17Donde tú mueras, allí moriré, y allí seré sepultada. Así haga el Señor conmigo, y aún peor, si algo, excepto la muerte, nos separa». 18Al ver Noemí que Rut estaba decidida a ir con ella, no le insistió más.
19Caminaron, pues, las dos hasta que llegaron a Belén. Cuando llegaron a Belén, toda la ciudad se conmovió a causa de ellas, y las mujeres decían: «¿No es esta Noemí?». 20Ella les dijo: «No me llamen Noemí, llámenme Mara, porque el trato del Todopoderoso me ha llenado de amargura. 21Llena me fui, pero vacía me ha hecho volver el Señor. ¿Por qué me llaman Noemí, ya que el Señor ha dado testimonio contra mí y el Todopoderoso me ha afligido?».
22Y volvió Noemí, y con ella su nuera Rut la moabita, regresando así de los campos de Moab. Llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.

Rut 2

1Noemí tenía un pariente de su marido, un hombre de mucha riqueza, de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz. 2Y Rut la moabita dijo a Noemí: «Te ruego que me dejes ir al campo a recoger espigas en pos de aquel a cuyos ojos halle gracia». Ella le respondió: «Ve, hija mía». 3Partió, pues, y espigó en el campo en pos de los segadores; y fue a la parte del campo que pertenecía a Booz, que era de la familia de Elimelec. 4En ese momento vino Booz de Belén, y dijo a los segadores: «El Señor sea con ustedes». «Que el Señor te bendiga», le respondieron ellos. 5Entonces Booz dijo a su siervo que estaba a cargo de los segadores: «¿De quién es esta joven?». 6Y el siervo a cargo de los segadores respondió: «Es la joven moabita que volvió con Noemí de la tierra de Moab. 7Y ella me dijo: “Te ruego que me dejes espigar y recoger tras los segadores entre las gavillas”. Y vino y ha permanecido desde la mañana hasta ahora; solo se ha sentado en la casa por un momento».
8Entonces Booz dijo a Rut: «Oye, hija mía. No vayas a espigar a otro campo; tampoco pases de aquí, sino quédate con mis criadas. 9Fíjate en el campo donde ellas siegan y síguelas, pues he ordenado a los siervos que no te molesten. Cuando tengas sed, ve a las vasijas y bebe del agua que sacan los siervos». 10Ella bajó su rostro, se postró en tierra y le dijo: «¿Por qué he hallado gracia ante sus ojos para que se fije en mí, siendo yo extranjera?». 11Booz le respondió: «Todo lo que has hecho por tu suegra después de la muerte de tu esposo me ha sido informado en detalle, y cómo dejaste a tu padre, a tu madre y tu tierra natal, y viniste a un pueblo que antes no conocías. 12Que el Señor recompense tu obra y que tu pago sea completo de parte del Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte». 13Entonces ella dijo: «Señor mío, he hallado gracia ante sus ojos, porque me ha consolado y en verdad ha hablado con bondad a su sierva, aunque yo no soy ni como una de sus criadas».
14A la hora de comer, Booz le dijo a Rut: «Ven acá para que comas del pan y mojes tu pedazo de pan en el vinagre». Así pues ella se sentó junto a los segadores. Booz le sirvió grano tostado, y ella comió hasta saciarse y aún le sobró. 15Cuando ella se levantó para espigar, Booz ordenó a sus siervos y les dijo: «Déjenla espigar aun entre las gavillas y no la avergüencen. 16También sacarán a propósito para ella un poco de grano de los manojos y lo dejarán para que ella lo recoja. No la reprendan».
17Rut espigó en el campo hasta el anochecer, y desgranó lo que había espigado, y fue como 22 litros de cebada. 18Ella lo tomó y fue a la ciudad, y su suegra vio lo que había recogido. Rut sacó también lo que le había sobrado después de haberse saciado y se lo dio a Noemí. 19Entonces su suegra le dijo: «¿Dónde espigaste y dónde trabajaste hoy? Bendito sea aquel que se fijó en ti». Y ella informó a su suegra con quién había trabajado, y dijo: «El hombre con quien trabajé hoy se llama Booz». 20Noemí dijo a su nuera: «Sea él bendito del Señor, porque no ha rehusado Su bondad ni a los vivos ni a los muertos». Le dijo también Noemí: «El hombre es nuestro pariente; es uno de nuestros parientes más cercanos». 21Entonces Rut la moabita dijo: «Además, él me dijo: “Debes estar cerca de mis siervos hasta que hayan terminado toda mi cosecha” ». 22Noemí dijo a Rut su nuera: «Es bueno, hija mía, que salgas con sus criadas, no sea que en otro campo te maltraten». 23Y Rut se quedó cerca de las criadas de Booz espigando hasta que se acabó la cosecha de cebada y de trigo. Y ella vivía con su suegra.

Hechos 28

1Una vez que ellos estaban a salvo, nos enteramos de que la isla se llamaba Malta. 2Los habitantes de la isla nos mostraron toda clase de atenciones, porque a causa de la lluvia que caía y del frío, encendieron una hoguera y nos acogieron a todos.
3Pero cuando Pablo recogió una brazada de leña y la echó al fuego, una víbora salió huyendo del calor y se le prendió en la mano. 4Cuando los habitantes, vieron el animal colgando de su mano, decían entre sí: «Sin duda que este hombre es un asesino, pues aunque fue salvado del mar, la diosa Justicia no le ha concedido vivir». 5Pablo, sin embargo, sacudiendo la mano, arrojó el animal al fuego y no sufrió ningún daño. 6Ellos esperaban que comenzara a hincharse, o que súbitamente cayera muerto. Pero después de esperar por largo rato, y de no observar nada anormal en él, cambiaron de parecer y decían que Pablo era un dios.
7Cerca de allí había unas tierras que pertenecían al hombre principal de la isla, que se llamaba Publio, el cual nos recibió y nos hospedó con toda amabilidad por tres días. 8Como el padre de Publio estaba en cama, enfermo con fiebre y disentería, Pablo entró a verlo, y después de orar puso las manos sobre él, y lo sanó.
9Cuando esto sucedió, los demás habitantes de la isla que tenían enfermedades venían a él y eran curados. 10También nos honraron con muchas demostraciones de respeto, y cuando estábamos para salir, nos suplieron con todo lo necesario.
11Después de tres meses, nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que había invernado en la isla, y que tenía por insignia a los Hermanos Gemelos. 12Al llegar a Siracusa, nos quedamos allí por tres días. 13Saliendo de allí, seguimos la costa hasta llegar a Regio. Al día siguiente se levantó un viento del sur y en dos días llegamos a Puteoli. 14Allí encontramos algunos hermanos, que nos invitaron a permanecer con ellos por siete días. Y así llegamos a Roma.
15Al tener noticia de nuestra llegada, los hermanos vinieron desde allá a recibirnos hasta el Foro de Apio y Las Tres Tabernas; y cuando Pablo los vio, dio gracias a Dios y cobró ánimo.
16Cuando entramos en Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con el soldado que lo custodiaba.
17Tres días después Pablo convocó a los principales de los judíos, y cuando se reunieron, les dijo: «Hermanos, sin haber hecho yo nada contra nuestro pueblo ni contra las tradiciones de nuestros padres, desde Jerusalén fui entregado preso en manos de los romanos, 18los cuales, cuando me interrogaron, quisieron ponerme en libertad, pues no encontraron causa para condenarme a muerte.
19»Pero cuando los judíos se opusieron, me vi obligado a apelar a César, pero no porque tuviera acusación alguna contra mi pueblo. 20Por tanto, por esta razón he pedido verlos y hablar con ustedes, porque por causa de la esperanza de Israel llevo esta cadena».
21Y ellos le dijeron: «Nosotros no hemos recibido cartas de Judea sobre ti, ni ha venido aquí ninguno de los hermanos que haya informado o hablado algo malo acerca de ti. 22Pero deseamos oír por ti mismo lo que enseñas, porque lo que sabemos de esta secta es que en todas partes se habla contra ella».
23Y habiéndole fijado un día, vinieron en gran número adonde él se alojaba. Desde la mañana hasta la tarde les explicaba testificando fielmente sobre el reino de Dios, procurando persuadirlos acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. 24Algunos eran persuadidos con lo que se decía, pero otros no creían. 25Al no estar de acuerdo entre sí, comenzaron a marcharse después de que Pablo dijo una última palabra: «Bien habló el Espíritu Santo a sus padres por medio de Isaías el profeta, 26diciendo:
“Ve a este pueblo y di:
‘Al oír oirán, y no entenderán;
Y viendo verán, y no percibirán;
27Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible,
Y con dificultad oyen con sus oídos;
Y sus ojos han cerrado;
De otro modo verían con los ojos,
Y oirían con los oídos,
Y entenderían con el corazón,
Y se convertirían,
Y Yo los sanaría’ ”.
28»Sepan, por tanto, que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles. Ellos sí oirán». 29Cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí.
30 Pablo se quedó por dos años enteros en la habitación que alquilaba, y recibía a todos los que iban a verlo, 31predicando el reino de Dios y enseñando todo lo concerniente al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbo.

Salmo 117

1Alaben al Señor, naciones todas;
Alábenle, pueblos todos.
2Porque grande es Su misericordia para con nosotros,
Y la fidelidad del Señor es eterna.
¡Aleluya!

Proverbios 24

1No tengas envidia de los malvados,
Ni desees estar con ellos;
2Porque su corazón trama violencia,
Y sus labios hablan de hacer mal.
3¶Con sabiduría se edifica una casa,
Y con prudencia se afianza;
4Con conocimiento se llenan las cámaras
De todo bien preciado y deseable.
5¶El hombre sabio es fuerte,
Y el hombre de conocimiento aumenta su poder.
6Porque con dirección sabia harás la guerra,
Y en la abundancia de consejeros está la victoria.
7¶Muy alta está la sabiduría para el necio,
En la puerta de la ciudad no abre su boca.
8¶Al que planea hacer el mal,
Lo llamarán intrigante.
9El tramar necedad es pecado,
Y el insolente es abominación a los hombres.
10¶Si eres débil en día de angustia,
Tu fuerza es limitada.
11¶Libra a los que son llevados a la muerte,
Y retén a los que van con pasos vacilantes a la matanza.
12Si dices: «Mira, no sabíamos esto».
¿No lo tiene en cuenta el que sondea los corazones?
¿No lo sabe el que guarda tu alma?
¿No dará a cada hombre según su obra?
13¶Come miel, hijo mío, porque es buena;
Sí, la miel del panal es dulce a tu paladar.
14Debes saber que así es la sabiduría para tu alma;
Si la hallas, entonces habrá un futuro,
Y tu esperanza no será cortada.
15¶No aceches, oh impío, la morada del justo;
No destruyas su lugar de descanso;
16Porque el justo cae siete veces, y vuelve a levantarse,
Pero los impíos caerán en la desgracia.
17¶No te regocijes cuando caiga tu enemigo,
Y no se alegre tu corazón cuando tropiece;
18No sea que el Señor lo vea y le desagrade,
Y aparte de él Su ira.
19¶No te impacientes a causa de los malhechores
Ni tengas envidia de los impíos;
20Porque no habrá futuro para el malo.
La lámpara de los impíos será apagada.
21¶Hijo mío, teme al Señor y al rey;
No te asocies con los que son inestables;
22Porque de repente se levantará su desgracia,
Y la destrucción que vendrá de ambos, ¿quién la sabe?
23¶También estos son dichos de los sabios:
«Hacer acepción de personas en el juicio no es bueno».
24Al que dice al impío: «Eres justo»,
Lo maldecirán los pueblos, lo aborrecerán las naciones;
25Pero los que lo reprenden tendrán felicidad,
Y sobre ellos vendrá abundante bendición.
26Besa los labios
El que da una respuesta correcta.
27¶Ordena tus labores de fuera
Y tenlas listas para ti en el campo,
Y después edifica tu casa.
28¶No seas, sin causa, testigo contra tu prójimo,
Y no engañes con tus labios.
29No digas: «Como él me ha hecho, así le haré;
Pagaré al hombre según su obra».
30¶He pasado junto al campo del perezoso
Y junto a la viña del hombre falto de entendimiento,
31Y vi que todo estaba lleno de cardos,
Su superficie cubierta de ortigas,
Y su cerca de piedras, derribada.
32Cuando lo vi, reflexioné sobre ello;
Miré, y recibí instrucción.
33«Un poco de dormir, otro poco de dormitar,
Otro poco de cruzar las manos para descansar»,
34Y llegará tu pobreza como ladrón,
Y tu necesidad como hombre armado.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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