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Día 118 de 365 · 28 de abril

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Rut 3

1Después su suegra Noemí le dijo: «Hija mía, ¿no he de buscar seguridad para ti, para que te vaya bien? 2Ahora pues, ¿no es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas estabas? Mira, él va a aventar cebada en la era esta noche. 3Lávate, pues, perfúmate y ponte tu mejor vestido y baja a la era; pero no te des a conocer al hombre hasta que haya acabado de comer y beber. 4Y sucederá que cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta; irás, descubrirás sus pies y te acostarás; entonces él te dirá lo que debes hacer». 5Ella respondió: «Todo lo que me dices, haré».
6Descendió, pues, Rut a la era e hizo todo lo que su suegra le había mandado. 7Cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estaba contento, fue a acostarse al pie del montón de grano; y ella vino calladamente, le destapó los pies y se acostó. 8A medianoche Booz se sorprendió, y al voltearse notó que una mujer estaba acostada a sus pies. 9Booz le preguntó: «¿Quién eres?». Y ella respondió: «Soy Rut, su sierva. Extienda, pues, su manto sobre su sierva, por cuanto es pariente cercano». 10Entonces él dijo: «Bendita seas del Señor, hija mía. Has hecho tu última bondad mejor que la primera, al no ir en pos de los jóvenes, ya sean pobres o ricos. 11Ahora, hija mía, no temas. Haré por ti todo lo que me pidas, pues todo mi pueblo en la ciudad sabe que eres una mujer virtuosa. 12Ahora bien, es verdad que soy pariente cercano, pero hay un pariente más cercano que yo. 13Quédate esta noche, y cuando venga la mañana, si él quiere redimirte, bien, que te redima. Pero si no quiere redimirte, entonces, como que el Señor vive, yo te redimiré. Acuéstate hasta la mañana».
14Ella se acostó a sus pies hasta la mañana, y se levantó antes que una persona pudiera reconocer a otra; y él dijo: «Que no se sepa que ha venido mujer a la era». 15Luego Booz le dijo: «Dame el manto que tienes puesto y sujétalo». Y ella lo sujetó, y él midió seis porciones de cebada y se las puso encima. Entonces ella entró en la ciudad. 16Cuando llegó a donde estaba su suegra, esta le preguntó: «¿Cómo te fue, hija mía?». Y Rut le contó todo lo que Booz había hecho por ella. 17Y añadió: «Me dio estas seis porciones de cebada, pues dijo: “No vayas a tu suegra con las manos vacías” ». 18Entonces Noemí dijo: «Espera, hija mía, hasta que sepas cómo se resolverá el asunto; porque este hombre no descansará hasta que lo haya arreglado hoy mismo».

Rut 4

1Booz subió a la puerta y allí se sentó, y cuando el pariente más cercano de quien Booz había hablado iba pasando, le dijo: «Oye, amigo, ven acá y siéntate». Y él vino y se sentó. 2Y Booz tomó diez hombres de los ancianos de la ciudad, y les dijo: «Siéntense aquí». Y ellos se sentaron. 3Entonces dijo al pariente más cercano: «Noemí, que volvió de la tierra de Moab, tiene que vender la parte de la tierra que pertenecía a nuestro hermano Elimelec. 4Y pensé informarte, diciéndote: “Cómprala en presencia de los que están aquí sentados, y en presencia de los ancianos de mi pueblo. Si la vas a redimir, redímela; y si no, dímelo para que yo lo sepa; porque no hay otro aparte de ti que la redima, y yo después de ti” ». Él dijo: «La redimiré». 5Entonces Booz dijo: «El día que compres el campo de manos de Noemí, también debes adquirir a Rut la moabita, viuda del difunto, a fin de conservar el nombre del difunto en su heredad». 6Y el pariente más cercano respondió: «No puedo redimirla para mí mismo, no sea que perjudique mi heredad. Redímela para ti; usa tú mi derecho de redención, pues yo no puedo redimirla».
7Y la costumbre en tiempos pasados en Israel tocante a la redención y el intercambio de tierras para confirmar cualquier asunto era esta: uno se quitaba la sandalia y se la daba al otro; y esta era la manera de confirmar tratos en Israel. 8El pariente más cercano dijo a Booz: «Cómprala para ti». Y se quitó la sandalia. 9Entonces Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo: «Ustedes son testigos hoy que he comprado de la mano de Noemí todo lo que pertenecía a Elimelec y todo lo que pertenecía a Quelión y a Mahlón. 10Además, he adquirido a Rut la moabita, la viuda de Mahlón, para que sea mi mujer a fin de preservar el nombre del difunto en su heredad, para que el nombre del difunto no sea cortado de entre sus hermanos, ni del atrio de su lugar de nacimiento; ustedes son testigos hoy». 11Y todo el pueblo que estaba en el atrio, y los ancianos, dijeron: «Somos testigos. Haga el Señor a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y que tú adquieras riquezas en Efrata y seas célebre en Belén. 12Además, sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por medio de la descendencia que el Señor te dará de esta joven».
13Booz tomó a Rut y ella fue su mujer, y se llegó a ella. Y el Señor hizo que concibiera, y ella dio a luz un hijo. 14Entonces las mujeres dijeron a Noemí: «Bendito sea el Señor que no te ha dejado hoy sin redentor; que su nombre sea célebre en Israel. 15Que el niño también sea para ti restaurador de tu vida y sustentador de tu vejez; porque tu nuera, que te ama y que es de más valor para ti que siete hijos, lo ha dado a luz». 16Entonces Noemí tomó al niño, lo puso en su regazo y se encargó de criarlo. 17Las mujeres vecinas le dieron un nombre y dijeron: «Le ha nacido un hijo a Noemí». Y lo llamaron Obed. Él es el padre de Isaí, padre de David.
18Estas son las generaciones de Fares: Fares fue el padre de Hezrón, 19Hezrón el padre de Ram, Ram el padre de Aminadab, 20Aminadab el padre de Naasón, Naasón el padre de Salmón, 21Salmón el padre de Booz, Booz el padre de Obed, 22Obed el padre de Isaí e Isaí fue el padre de David.

Romanos 1

1Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, 2que Él ya había prometido por medio de Sus profetas en las Sagradas Escrituras. 3Es el mensaje acerca de Su Hijo, que nació de la descendencia de David según la carne, 4y que fue declarado Hijo de Dios con un acto de poder, conforme al Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos: nuestro Señor Jesucristo.
5Es por medio de Él que hemos recibido la gracia y el apostolado para promover la obediencia a la fe entre todos los gentiles, por amor a Su nombre; 6entre los cuales están también ustedes, llamados de Jesucristo. 7A todos los amados de Dios que están en Roma, llamados a ser santos: Gracia y paz a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
8En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo por todos ustedes, porque por todo el mundo se habla de su fe. 9Pues Dios, a quien sirvo en mi espíritu en la predicación del evangelio de Su Hijo, me es testigo de cómo sin cesar hago mención de ustedes 10siempre en mis oraciones, implorando que ahora, al fin, por la voluntad de Dios, logre ir a ustedes.
11Porque anhelo verlos para impartirles algún don espiritual, a fin de que sean confirmados; 12es decir, para que cuando esté entre ustedes nos confortemos mutuamente, cada uno por la fe del otro, tanto la de ustedes como la mía. 13Y no quiero que ignoren, hermanos, que con frecuencia he hecho planes para ir a visitarlos, pero hasta ahora me he visto impedido, a fin de obtener algún fruto también entre ustedes, así como entre los demás gentiles.
14Tengo obligación tanto para con los griegos como para con los bárbaros, para con los sabios como para con los ignorantes. 15Así que, por mi parte, ansioso estoy de anunciar el evangelio también a ustedes que están en Roma.
16Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego. 17Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
18Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad. 19Pero lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. 20Porque desde la creación del mundo, Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que ellos no tienen excusa.
21Pues aunque conocían a Dios, no lo honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. 22Profesando ser sabios, se volvieron necios, 23y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.
24Por lo cual Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos. 25Porque ellos cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos. Amén.
26Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza. 27De la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío.
28Y así como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen. 29Están llenos de toda injusticia, maldad, avaricia y malicia, llenos de envidia, homicidios, pleitos, engaños, y malignidad. Son chismosos, 30detractores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de lo malo, desobedientes a los padres, 31sin entendimiento, indignos de confianza, sin amor, despiadados. 32Ellos, aunque conocen el decreto de Dios que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también dan su aprobación a los que las practican.

Salmo 118

1Den gracias al Señor, porque Él es bueno;
Porque para siempre es Su misericordia.
2Diga ahora Israel:
«Para siempre es Su misericordia».
3Diga ahora la casa de Aarón:
«Para siempre es Su misericordia».
4Digan ahora los que temen al Señor:
«Para siempre es Su misericordia».
5¶En medio de mi angustia invoqué al Señor;
El Señor me respondió y me puso en un lugar espacioso.
6El Señor está a mi favor; no temeré.
¿Qué puede hacerme el hombre?
7El Señor está por mí entre los que me ayudan;
Por tanto, miraré triunfante sobre los que me aborrecen.
8Es mejor refugiarse en el Señor
Que confiar en el hombre.
9Es mejor refugiarse en el Señor
Que confiar en príncipes.
10¶Todas las naciones me rodearon;
En el nombre del Señor ciertamente las destruí.
11Me rodearon, sí, me rodearon;
En el nombre del Señor ciertamente las destruí.
12Me rodearon como abejas;
Fueron extinguidas como fuego de espinos;
En el nombre del Señor ciertamente las destruí.
13Me empujaste con violencia para que cayera,
Pero el Señor me ayudó.
14El Señor es mi fortaleza y mi canción,
Y ha sido salvación para mí.
15¶Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos;
La diestra del Señor hace proezas.
16La diestra del Señor es exaltada;
La diestra del Señor hace proezas.
17No moriré, sino que viviré,
Y contaré las obras del Señor.
18El Señor me ha reprendido severamente,
Pero no me ha entregado a la muerte.
19¶Ábranme las puertas de la justicia;
Entraré por ellas y daré gracias al Señor.
20Esta es la puerta del Señor;
Los justos entrarán por ella.
21Te daré gracias porque me has respondido,
Y has sido mi salvación.
22¶La piedra que desecharon los edificadores
Ha venido a ser la piedra principal del ángulo.
23Obra del Señor es esto;
Admirable a nuestros ojos.
24Este es el día que el Señor ha hecho;
Regocijémonos y alegrémonos en él.
25Te rogamos, oh Señor, sálvanos ahora;
Te rogamos, oh Señor, prospéranos ahora.
26Bendito el que viene en el nombre del Señor;
Desde la casa del Señor los bendecimos.
27El Señor es Dios y nos ilumina;
Aten el sacrificio de la fiesta con cuerdas a los cuernos del altar.
28Tú eres mi Dios, y te doy gracias;
Tú eres mi Dios, y yo te exalto.
29Den gracias al Señor, porque Él es bueno;
Porque para siempre es Su misericordia.

Proverbios 25

1También estos son proverbios de Salomón, que transcribieron los hombres de Ezequías, rey de Judá:
2¶Es gloria de Dios encubrir una cosa,
Pero la gloria de los reyes es investigar un asunto.
3 Como la altura de los cielos y la profundidad de la tierra,
Así es el corazón de los reyes, inescrutable.
4Quita la escoria de la plata,
Y saldrá un vaso para el orfebre;
5Quita al malo de delante del rey,
Y su trono se afianzará en la justicia.
6No hagas ostentación ante el rey,
Y no te pongas en el lugar de los grandes;
7Porque es mejor que te digan: «Sube acá»,
A que te humillen delante del príncipe
A quien tus ojos han visto.
8¶No te apresures a presentar pleito;
Pues ¿qué harás al final,
Cuando tu prójimo te avergüence?
9Discute tu caso con tu prójimo
Y no descubras el secreto de otro,
10No sea que te reproche el que lo oiga
Y tu mala fama no se acabe.
11Como manzanas de oro en engastes de plata
Es la palabra dicha a su tiempo.
12 Como pendiente de oro y adorno de oro fino
Es el sabio que reprende al oído atento.
13Como frescura de nieve en tiempo de la siega
Es el mensajero fiel para los que lo envían,
Porque refresca el alma de sus señores.
14 Como las nubes y el viento sin lluvia
Es el hombre que se jacta falsamente de sus dones.
15Con la mucha paciencia se persuade al príncipe,
Y la lengua suave quebranta los huesos.
16¿Has hallado miel? Come solo lo que necesites,
No sea que te hartes y la vomites.
17No frecuente tu pie la casa de tu vecino,
No sea que él se hastíe de ti y te aborrezca.
18 Como mazo y espada y flecha aguda
Es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo.
19 Como diente malo y pie que resbala
Es la confianza en el hombre engañador en tiempo de angustia.
20 Como el que se quita la ropa en día de frío, o como el vinagre sobre la lejía,
Es el que canta canciones a un corazón afligido.
21Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan,
Y si tiene sed, dale a beber agua;
22Porque así amontonarás brasas sobre su cabeza,
Y el Señor te recompensará.
23El viento del norte trae la lluvia,
Y la lengua murmuradora, el semblante lleno de ira.
24Mejor es vivir en un rincón del terrado
Que en una casa con mujer rencillosa.
25 Como agua fría para el alma sedienta,
Así son las buenas nuevas de una tierra lejana.
26 Como manantial turbio y pozo contaminado
Es el justo que cede ante el impío.
27No es bueno comer mucha miel,
Ni el buscar la propia gloria es gloria.
28 Como ciudad invadida y sin murallas
Es el hombre que no domina su espíritu.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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