DEVOCIONAL

Lee la Biblia en un año.

Día 119 de 365 · 29 de abril

Inicia sesión para registrar tu lectura y llevar tu racha.Ingresar →
TAMAÑO

1 Samuel 1

1Había un hombre de Ramataim de Zofim, de la región montañosa de Efraín, que se llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, el efrateo. 2Elcana tenía dos mujeres: el nombre de una era Ana y el de la otra Penina. Penina tenía hijos, pero Ana no los tenía. 3Todos los años aquel hombre subía de su ciudad para adorar y ofrecer sacrificio al Señor de los ejércitos en Silo. Allí los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, eran sacerdotes del Señor.
4Cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba porciones a Penina su mujer y a todos sus hijos e hijas; 5pero a Ana le daba una doble porción, pues él amaba a Ana, aunque el Señor no le había dado hijos. 6Su rival, Penina, la provocaba amargamente para irritarla, porque el Señor no le había dado hijos. 7Esto sucedía año tras año; siempre que ella subía a la casa del Señor, Penina la provocaba, por lo que Ana lloraba y no comía. 8Entonces Elcana su marido le dijo: «Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?».
9Pero Ana se levantó después de haber comido y bebido estando en Silo, y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en la silla junto al poste de la puerta del templo del Señor, 10ella, muy angustiada, oraba al Señor y lloraba amargamente. 11Entonces hizo voto y dijo: «Oh Señor de los ejércitos, si te dignas mirar la aflicción de Tu sierva, te acuerdas de mí y no te olvidas de Tu sierva, sino que das un hijo a Tu sierva, yo lo dedicaré al Señor por todos los días de su vida y nunca pasará navaja sobre su cabeza».
12Mientras ella continuaba en oración delante del Señor, Elí le estaba observando la boca. 13Pero Ana hablaba en su corazón, solo sus labios se movían y su voz no se oía. Elí, pues, pensó que estaba ebria. 14Entonces Elí le dijo: «¿Hasta cuándo estarás embriagada? Echa de ti tu vino». 15Pero Ana respondió: «No, señor mío, soy una mujer angustiada en espíritu. No he bebido vino ni licor, sino que he derramado mi alma delante del Señor. 16No tenga a su sierva por mujer indigna. Hasta ahora he estado orando a causa de mi gran congoja y aflicción». 17«Ve en paz», le respondió Elí, «y que el Dios de Israel te conceda la petición que le has hecho». 18«Halle su sierva gracia ante sus ojos», le dijo ella. Entonces la mujer se puso en camino, comió y ya no estaba triste su semblante.
19A la mañana siguiente se levantaron bien temprano, adoraron delante del Señor y regresaron de nuevo a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y el Señor se acordó de ella. 20Y a su debido tiempo, después de haber concebido, Ana dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: «Porque se lo he pedido al Señor».
21Subió el varón Elcana con toda su casa a ofrecer al Señor el sacrificio anual y a pagar su voto. 22Pero Ana no subió, pues dijo a su marido: «No subiré hasta que el niño sea destetado. Entonces lo llevaré para que se presente delante del Señor y se quede allí para siempre». 23Elcana su marido le dijo: «Haz lo que mejor te parezca. Quédate hasta que lo hayas destetado; solamente confirme el Señor Su palabra». Ana se quedó y crió a su hijo hasta que lo destetó. 24Después de haberlo destetado, llevó consigo al niño, y lo trajo a la casa del Señor en Silo, aunque el niño era pequeño. También llevó un novillo de tres años, un efa (22 litros) de harina y un odre de vino.
25Entonces sacrificaron el novillo, y trajeron el niño a Elí. 26«¡Oh señor mío!», dijo Ana. «Vive su alma, señor mío. Yo soy la mujer que estuvo aquí junto a usted orando al Señor. 27Por este niño oraba, y el Señor me ha concedido la petición que le hice. 28Por lo cual yo también lo he dedicado al Señor. Todos los días de su vida estará dedicado al Señor». Y adoró allí al Señor.

1 Samuel 2

1Entonces Ana oró y dijo:
«Mi corazón se regocija en el Señor,
Mi fortaleza en el Señor se exalta;
Mi boca habla sin temor contra mis enemigos,
Por cuanto me regocijo en Tu salvación.
2-»No hay santo como el Señor;
En verdad, no hay otro fuera de Ti,
Ni hay roca como nuestro Dios.
3-»No se jacten más ustedes con tanto orgullo,
No salga la arrogancia de su boca.
Porque el Señor es Dios de sabiduría,
Y por Él son pesadas las acciones.
4-»Quebrados son los arcos de los fuertes,
Pero los débiles se ciñen de poder.
5-»Los que estaban saciados se alquilan por pan,
Y dejan de tener hambre los que estaban hambrientos.
Aun la estéril da a luz a siete,
Pero la que tiene muchos hijos desfallece.
6-»El Señor da muerte y da vida;
Hace bajar al Seol y hace subir.
7-»El Señor empobrece y enriquece;
Humilla y también exalta.
8-»Levanta del polvo al pobre,
Del muladar levanta al necesitado
Para hacerlos sentar con los príncipes,
Y heredar un sitio de honor;
Pues las columnas de la tierra son del Señor,
Y sobre ellas ha colocado el mundo.
9-ȃl guarda los pies de Sus santos,
Pero los malvados son acallados en tinieblas,
Pues no por la fuerza ha de prevalecer el hombre.
10-»Los que se oponen al Señor serán quebrantados,
Él tronará desde los cielos contra ellos.
El Señor juzgará los confines de la tierra,
Dará fortaleza a Su rey,
Y ensalzará el poder de Su ungido».
11Entonces Elcana regresó a Ramá, a su casa. Y el niño Samuel se quedó sirviendo al Señor delante del sacerdote Elí.
12Pero los hijos de Elí eran hombres indignos; no conocían al Señor 13ni la costumbre de los sacerdotes con el pueblo: cuando alguien ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote con un tenedor de tres dientes en su mano mientras se cocía la carne, 14lo introducía en la cazuela, la olla, la caldera o el caldero, y todo lo que el tenedor sacaba, lo tomaba el sacerdote para sí. Así hacían ellos en Silo con todos los israelitas que iban allí. 15Además, antes de quemar la grasa, el criado del sacerdote venía y decía al hombre que ofrecía el sacrificio: «Da al sacerdote carne para asar, pues no aceptará de ti carne cocida, sino solamente cruda». 16Y si el hombre le decía: «Ciertamente deben quemar primero la grasa y después toma todo lo que quieras»; él respondía: «No, sino que me la darás ahora, y si no la tomaré por la fuerza». 17El pecado de los jóvenes era muy grande delante del Señor, porque despreciaban la ofrenda del Señor.
18Samuel, siendo niño, ministraba delante del Señor usando un efod de lino. 19Su madre le hacía una túnica pequeña cada año, y se la traía cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio anual. 20Entonces Elí bendecía a Elcana y a su mujer, y decía: «Que el Señor te dé hijos de esta mujer en lugar del que ella dedicó al Señor». Y regresaban a su casa. 21El Señor visitó a Ana, y ella concibió y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el niño Samuel crecía delante del Señor.
22Elí era ya muy anciano; y oyó todo lo que sus hijos estaban haciendo a todo Israel, y cómo se acostaban con las mujeres que servían a la entrada de la tienda de reunión, 23y les preguntó: «¿Por qué hacen estas cosas, las cosas malas de que oigo hablar a todo este pueblo? 24No, hijos míos; porque no es bueno el informe que oigo circular por el pueblo del Señor. 25Si un hombre peca contra otro, Dios mediará por él; pero si un hombre peca contra el Señor, ¿quién intercederá por él?». Pero ellos no escucharon la voz de su padre, porque el Señor quería que murieran. 26Y el niño Samuel crecía en estatura y en gracia para con el Señor y para con los hombres.
27Entonces un hombre de Dios vino a Elí y le dijo: «Así dice el Señor: “¿No me revelé ciertamente a la casa de tu padre cuando ellos estaban en Egipto como esclavos de la casa de Faraón? 28¿No los escogí de entre todas las tribus de Israel para ser Mis sacerdotes, para subir a Mi altar, para quemar incienso, para llevar un efod delante de Mí? ¿No le di a la casa de tu padre todas las ofrendas encendidas de los israelitas? 29¿Por qué pisotean Mi sacrificio y Mi ofrenda que he ordenado en Mi morada, y honras a tus hijos más que a Mí, engordándose ustedes con lo mejor de cada ofrenda de Mi pueblo Israel?”. 30Por tanto, el Señor, Dios de Israel, declara: “Ciertamente Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de Mí para siempre”; pero ahora el Señor declara: “Lejos esté esto de Mí, porque Yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco. 31Por tanto, vienen días cuando cortaré tu fuerza, y la fuerza de la casa de tu padre, y no habrá anciano en tu casa. 32Y verás la angustia de Mi morada, a pesar de todo el bien que hago a Israel; y nunca habrá anciano en tu casa.
33”Sin embargo, a algunos de los tuyos no cortaré de Mi altar para que tus ojos se consuman llorando y tu alma sufra; pero todos los nacidos en tu casa morirán en la flor de la juventud. 34Y para ti, esta será la señal que vendrá en cuanto a tus dos hijos, Ofni y Finees: en el mismo día morirán los dos. 35Pero levantaré para Mí un sacerdote fiel que hará conforme a los deseos de Mi corazón y de Mi alma; y le edificaré una casa duradera, y él andará siempre delante de Mi ungido. 36Y todo aquel que haya quedado de tu casa vendrá y se postrará ante él por una moneda de plata o una torta de pan, y le dirá: ‘Asígname a uno de los oficios sacerdotales para que puedacomer un bocado de pan’ ” ».

Romanos 2

1Por lo cual no tienes excusa, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas, pues al juzgar a otro, a ti mismo te condenas, porque tú que juzgas practicas las mismas cosas. 2Sabemos que el juicio de Dios justamente cae sobre los que practican tales cosas. 3¿Y piensas esto, oh hombre, tú que condenas a los que practican tales cosas y haces lo mismo, que escaparás del juicio de Dios? 4¿O tienes en poco las riquezas de Su bondad y tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?
5Pero por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios. 6Él pagará a cada uno conforme a sus obras: 7a los que por la perseverancia en hacer el bien buscan gloria, honor e inmortalidad: vida eterna; 8pero a los que son ambiciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia: ira e indignación. 9Habrá tribulación y angustia para toda alma humana que hace lo malo, del judío primeramente y también del griego; 10pero gloria y honor y paz para todo el que hace lo bueno, al judío primeramente, y también al griego.
11Porque en Dios no hay acepción de personas. 12Pues todos los que han pecado sin la ley, sin la ley también perecerán; y todos los que han pecado bajo la ley, por la ley serán juzgados. 13Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los que cumplen la ley; esos serán justificados.
14Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los dictados de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para sí mismos. 15Porque muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos, 16el día en que, según mi evangelio, Dios juzgará los secretos de los hombres mediante Cristo Jesús.
17Pero si tú, que llevas el nombre de judío y te apoyas en la ley; que te glorías en Dios 18y conoces Su voluntad; que apruebas las cosas que son esenciales, siendo instruido por la ley, 19y te confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, 20instructor de los necios, maestro de los faltos de madurez; que tienes en la ley la expresión misma del conocimiento y de la verdad, 21tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se debe robar, ¿robas? 22Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras? Tú que abominas a los ídolos, ¿saqueas templos? 23Tú que te jactas de la ley, ¿violando la ley deshonras a Dios? 24Porque tal como está escrito: «El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de ustedes».
25Pues ciertamente la circuncisión es de valor si tú practicas la ley, pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión se ha vuelto incircuncisión. 26Por tanto, si el incircunciso cumple los requisitos de la ley, ¿no se considerará su incircuncisión como circuncisión? 27Y si el que es físicamente incircunciso guarda la ley, ¿no te juzgará a ti, que aunque tienes la letra de la ley y eres circuncidado, eres transgresor de la ley?
28Porque no es judío el que lo es exteriormente, ni la circuncisión es la externa, en la carne. 29Pues es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra; la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios.

Salmo 119

1¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto,
Los que andan en la ley del Señor!
2¡Cuán bienaventurados son los que guardan Sus testimonios,
Y con todo el corazón lo buscan!
3No cometen iniquidad,
Sino que andan en Sus caminos.
4Tú has ordenado Tus preceptos,
Para que los guardemos con diligencia.
5¡Ojalá mis caminos sean afirmados
Para guardar Tus estatutos!
6Entonces no seré avergonzado,
Al considerar todos Tus mandamientos.
7Con rectitud de corazón te daré gracias,
Al aprender Tus justos juicios.
8Tus estatutos guardaré;
No me dejes en completo desamparo.
9¶¿Cómo puede el joven guardar puro su camino?
Guardando Tu palabra.
10Con todo mi corazón te he buscado;
No dejes que me desvíe de Tus mandamientos.
11En mi corazón he atesorado Tu palabra,
Para no pecar contra Ti.
12Bendito Tú, oh Señor;
Enséñame Tus estatutos.
13He contado con mis labios
De todas las ordenanzas de Tu boca.
14Me he gozado en el camino de Tus testimonios,
Más que en todas las riquezas.
15Meditaré en Tus preceptos,
Y consideraré Tus caminos.
16Me deleitaré en Tus estatutos,
Y no olvidaré Tu palabra.
17¶Favorece a Tu siervo,
Para que viva y guarde Tu palabra.
18Abre mis ojos, para que vea
Las maravillas de Tu ley.
19Peregrino soy en la tierra,
No escondas de mí Tus mandamientos.
20Quebrantada está mi alma anhelando
Tus ordenanzas en todo tiempo.
21Tú reprendes a los soberbios, los malditos,
Que se desvían de Tus mandamientos.
22Quita de mí el oprobio y el desprecio,
Porque yo guardo Tus testimonios.
23Aunque los príncipes se sienten y hablen contra mí,
Tu siervo medita en Tus estatutos.
24También Tus testimonios son mi deleite;
Ellos son mis consejeros.
25¶Postrada está mi alma en el polvo;
Vivifícame conforme a Tu palabra.
26De mis caminos te conté, y Tú me has respondido;
Enséñame Tus estatutos.
27Hazme entender el camino de Tus preceptos,
Y meditaré en Tus maravillas.
28De tristeza llora mi alma;
Fortaléceme conforme a Tu palabra.
29Quita de mí el camino de la mentira,
Y en Tu bondad concédeme Tu ley.
30He escogido el camino de la verdad;
He puesto Tus ordenanzas delante de mí.
31Me apego a Tus testimonios;
Señor, no me avergüences.
32Por el camino de Tus mandamientos correré,
Porque Tú ensancharás mi corazón.
33¶Enséñame, oh Señor, el camino de Tus estatutos,
Y lo guardaré hasta el fin.
34Dame entendimiento para que guarde Tu ley
Y la cumpla de todo corazón.
35Hazme andar por la senda de Tus mandamientos,
Porque en ella me deleito.
36Inclina mi corazón a Tus testimonios
Y no a la ganancia deshonesta.
37Aparta mis ojos de mirar la vanidad,
Y vivifícame en Tus caminos.
38Confirma a Tu siervo Tu palabra,
Que inspira reverencia por Ti.
39Quita de mí el oprobio que me causa temor,
Porque Tus juicios son buenos.
40Yo anhelo Tus preceptos;
Vivifícame por Tu justicia.
41¶Venga también a mí Tu misericordia, oh Señor,
Tu salvación, conforme a Tu palabra.
42Así tendré respuesta para el que me afrenta,
Pues confío en Tu palabra.
43No quites jamás de mi boca la palabra de verdad,
Porque yo espero en Tus ordenanzas.
44Así que guardaré continuamente Tu ley,
Para siempre y eternamente.
45Y andaré en libertad,
Porque busco Tus preceptos.
46Hablaré también de Tus testimonios delante de reyes,
Y no me avergonzaré.
47Me deleitaré en Tus mandamientos,
Los cuales amo.
48Levantaré mis manos a Tus mandamientos,
Los cuales amo,
Y meditaré en Tus estatutos.
49¶Acuérdate de la palabra dada a Tu siervo,
En la cual me has hecho esperar.
50Este es mi consuelo en la aflicción:
Que Tu palabra me ha vivificado.
51Los soberbios me insultaron en gran manera,
Sin embargo, no me he apartado de Tu ley.
52Me acuerdo de Tus ordenanzas antiguas, oh Señor,
Y me consuelo.
53Profunda indignación se ha apoderado de mí por causa de los impíos
Que abandonan Tu ley.
54Cánticos para mí son Tus estatutos
En la casa de mi peregrinación.
55Por la noche me acuerdo de Tu nombre, oh Señor,
Y guardo Tu ley.
56Esto se ha hecho parte de mí:
Guardar Tus preceptos.
57¶El Señor es mi porción;
He prometido guardar Tus palabras.
58Supliqué Tu favor con todo mi corazón;
Ten piedad de mí conforme a Tu promesa.
59Consideré mis caminos,
Y volví mis pasos a Tus testimonios.
60Me apresuré y no me tardé
En guardar Tus mandamientos.
61Los lazos de los impíos me han rodeado,
Pero no me he olvidado de Tu ley.
62A medianoche me levantaré para dar gracias a Ti
Por Tus justas ordenanzas.
63Compañero soy de todos los que te temen,
Y de los que guardan Tus preceptos.
64La tierra, oh Señor, está llena de Tu misericordia;
Enséñame Tus estatutos.
65¶Bien has obrado con Tu siervo,
Oh Señor, conforme a Tu palabra.
66Enséñame buen juicio y conocimiento,
Pues creo en Tus mandamientos.
67Antes que fuera afligido, yo me descarrié,
Pero ahora guardo Tu palabra.
68Bueno eres Tú, y bienhechor;
Enséñame Tus estatutos.
69Los soberbios han forjado mentira contra mí,
Pero de todo corazón guardaré Tus preceptos.
70Su corazón está cubierto de grasa,
Pero yo me deleito en Tu ley.
71Bueno es para mí ser afligido,
Para que aprenda Tus estatutos.
72Mejor es para mí la ley de Tu boca
Que millares de monedas de oro y de plata.
73¶Tus manos me hicieron y me formaron;
Dame entendimiento para que aprenda Tus mandamientos.
74Que los que te temen, me vean y se alegren,
Porque espero en Tu palabra.
75Yo sé, Señor, que Tus juicios son justos,
Y que en Tu fidelidad me has afligido.
76Sea ahora Tu misericordia para consuelo mío,
Conforme a Tu promesa dada a Tu siervo.
77Venga a mí Tu compasión, para que viva,
Porque Tu ley es mi deleite.
78Sean avergonzados los soberbios, porque me agravian con mentira;
Pero yo en Tus preceptos meditaré.
79Vuélvanse a mí los que te temen
Y conocen Tus testimonios.
80Sea íntegro mi corazón en Tus estatutos,
Para que yo no sea avergonzado.
81¶Mi alma desfallece por Tu salvación;
En Tu palabra espero.
82Mis ojos desfallecen esperando Tu palabra,
Mientras digo: «¿Cuándo me consolarás?».
83Aunque he llegado a ser como odre al humo,
No me olvido de Tus estatutos.
84¿Cuántos son los días de Tu siervo?
¿Cuándo harás juicio contra mis perseguidores?
85Fosas me han cavado los soberbios,
Los que no están de acuerdo con Tu ley.
86Todos Tus mandamientos son fieles;
Con mentira me han perseguido; ¡ayúdame!
87Casi me destruyen en la tierra,
Pero yo no abandoné Tus preceptos.
88Vivifícame conforme a Tu misericordia,
Para que guarde el testimonio de Tu boca.
89¶Para siempre, oh Señor,
Tu palabra está firme en los cielos.
90Tu fidelidad permanece por todas las generaciones;
Tú estableciste la tierra, y ella permanece.
91Por Tus ordenanzas permanecen hasta hoy,
Pues todas las cosas te sirven.
92Si Tu ley no hubiera sido mi deleite,
Entonces habría perecido en mi aflicción.
93Jamás me olvidaré de Tus preceptos,
Porque por ellos me has vivificado.
94Tuyo soy, Señor, sálvame,
Pues Tus preceptos he buscado.
95Los impíos me esperan para destruirme;
Tus testimonios consideraré.
96He visto un límite a toda perfección;
Tu mandamiento es sumamente amplio.
97¶¡Cuánto amo Tu ley!
Todo el día es ella mi meditación.
98Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos,
Porque son míos para siempre.
99Tengo más discernimiento que todos mis maestros,
Porque Tus testimonios son mi meditación.
100Entiendo más que los ancianos,
Porque Tus preceptos he guardado.
101De todo mal camino he refrenado mis pies,
Para guardar Tu palabra.
102No me he desviado de Tus ordenanzas,
Porque Tú me has enseñado.
103¡Cuán dulces son a mi paladar Tus palabras!,
Sí, más que la miel a mi boca.
104De Tus preceptos recibo entendimiento,
Por tanto aborrezco todo camino de mentira.
105¶Lámpara es a mis pies Tu palabra,
Y luz para mi camino.
106He jurado, y lo confirmaré,
Que guardaré Tus justas ordenanzas.
107Estoy profundamente afligido;
Señor, vivifícame conforme a Tu palabra.
108Te ruego aceptes las ofrendas voluntarias de mi boca, oh Señor,
Y enséñame Tus ordenanzas.
109En peligro continuo está mi vida,
Con todo, no me olvido de Tu ley.
110Los impíos me han tendido lazo,
Pero no me he desviado de Tus preceptos.
111Tus testimonios he tomado como herencia para siempre,
Porque son el gozo de mi corazón.
112He inclinado mi corazón para cumplir Tus estatutos
Por siempre, y hasta el fin.
113¶Aborrezco a los hipócritas,
Pero amo Tu ley.
114Tú eres mi escondedero y mi escudo;
En Tu palabra espero.
115Apártense de mí, malhechores,
Para que guarde yo los mandamientos de mi Dios.
116Sostenme conforme a Tu promesa, para que viva,
Y no dejes que me avergüence de mi esperanza.
117Sostenme, para estar seguro,
Y que continuamente preste atención a Tus estatutos.
118Has rechazado a todos los que se desvían de Tus estatutos,
Porque su engaño es en vano.
119 Como basura has quitado de la tierra a todos los impíos,
Por tanto amo Tus testimonios.
120Mi carne se estremece por temor a Ti,
Y de Tus juicios tengo miedo.
121¶He practicado el juicio y la justicia;
No me abandones a mis opresores.
122Sé fiador de Tu siervo para bien;
Que no me opriman los soberbios.
123Desfallecen mis ojos por Tu salvación
Y por la promesa de Tu justicia.
124Haz con Tu siervo según Tu misericordia
Y enséñame Tus estatutos.
125Yo soy Tu siervo, dame entendimiento
Para que conozca Tus testimonios.
126Es tiempo de que actúe el Señor,
Porque han quebrantado Tu ley.
127Por tanto, amo Tus mandamientos
Más que el oro, sí, más que el oro fino.
128Por tanto, estimo rectos todos Tus preceptos acerca de todas las cosas,
Y aborrezco todo camino de mentira.
129¶Maravillosos son Tus testimonios,
Por lo que los guarda mi alma.
130La exposición de Tus palabras imparte luz;
Da entendimiento a los sencillos.
131Abrí mi boca y suspiré,
Porque anhelaba Tus mandamientos.
132Vuélvete a mí y tenme piedad,
Como acostumbras con los que aman Tu nombre.
133Afirma mis pasos en Tu palabra,
Y que ninguna iniquidad me domine.
134Rescátame de la opresión del hombre,
Para que yo guarde Tus preceptos.
135Haz resplandecer Tu rostro sobre Tu siervo,
Y enséñame Tus estatutos.
136Ríos de lágrimas vierten mis ojos,
Porque ellos no guardan Tu ley.
137¶Justo eres Tú, Señor,
Y rectos Tus juicios.
138Has ordenado Tus testimonios con justicia,
Y con suma fidelidad.
139Mi celo me ha consumido,
Porque mis adversarios han olvidado Tus palabras.
140Es muy pura Tu palabra,
Y Tu siervo la ama.
141Pequeño soy, y despreciado,
Pero no me olvido de Tus preceptos.
142Tu justicia es justicia eterna,
Y Tu ley verdad.
143Angustia y aflicción han venido sobre mí,
Pero Tus mandamientos son mi deleite.
144Tus testimonios son justos para siempre;
Dame entendimiento para que yo viva.
145¶He clamado con todo mi corazón; ¡respóndeme, Señor!
Guardaré Tus estatutos.
146A Ti clamé; sálvame,
Y guardaré Tus testimonios.
147Me anticipo al alba y clamo;
En Tus palabras espero.
148Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche,
Para meditar en Tu palabra.
149Oye mi voz conforme a Tu misericordia;
Vivifícame, oh Señor, conforme a Tus ordenanzas.
150Se me acercan los que siguen la maldad;
Lejos están de Tu ley.
151Tú estás cerca, Señor,
Y todos Tus mandamientos son verdad.
152Desde hace tiempo he sabido de Tus testimonios,
Que para siempre los has fundado.
153¶Mira mi aflicción y líbrame,
Porque no me olvido de Tu ley.
154Defiende mi causa y redímeme;
Vivifícame conforme a Tu palabra.
155Lejos está de los impíos la salvación,
Porque no buscan Tus estatutos.
156Muchas son, oh Señor, Tus misericordias;
Vivifícame conforme a Tus ordenanzas.
157Muchos son mis perseguidores y mis adversarios,
Pero yo no me aparto de Tus testimonios.
158Veo a los malvados y me repugnan,
Porque no guardan Tu palabra.
159Mira cuánto amo Tus preceptos;
Vivifícame, Señor, conforme a Tu misericordia.
160La suma de Tu palabra es verdad,
Y eterna cada una de Tus justas ordenanzas.
161¶Príncipes me persiguen sin causa,
Pero mi corazón teme Tus palabras.
162Me regocijo en Tu palabra,
Como quien halla un gran botín.
163Aborrezco y desprecio la mentira,
Pero amo Tu ley.
164Siete veces al día te alabo,
A causa de Tus justas ordenanzas.
165Mucha paz tienen los que aman Tu ley,
Y nada los hace tropezar.
166Espero Tu salvación, Señor,
Y cumplo Tus mandamientos.
167Mi alma guarda Tus testimonios,
Y en gran manera los amo.
168Guardo Tus preceptos y Tus testimonios,
Porque todos mis caminos están delante de Ti.
169¶Que llegue mi clamor ante Ti, Señor;
Conforme a Tu palabra dame entendimiento.
170Llegue mi súplica delante de Ti;
Líbrame conforme a Tu palabra.
171Que profieran mis labios alabanzas,
Pues Tú me enseñas Tus estatutos.
172Que cante mi lengua de Tu palabra,
Porque todos Tus mandamientos son justicia.
173Que esté pronta Tu mano a socorrerme,
Porque Tus preceptos he escogido.
174Anhelo Tu salvación, Señor,
Y Tu ley es mi deleite.
175Que viva mi alma para alabarte,
Y que Tus ordenanzas me ayuden.
176Me he descarriado como oveja perdida; busca a Tu siervo,
Porque no me olvido de Tus mandamientos.

Proverbios 26

1Como nieve en el verano y como lluvia en la siega,
Así la honra no es apropiada para el necio.
2Como el gorrión en su vagar y la golondrina en su vuelo,
Así la maldición no viene sin causa.
3El látigo es para el caballo, la brida para el asno,
Y la vara para la espalda de los necios.
4No respondas al necio de acuerdo con su necedad,
Para que no seas tú también como él.
5Responde al necio según su necedad se merece,
Para que no sea sabio ante sus propios ojos.
6Se corta los pies y bebe violencia
El que envía recado por mano de un necio.
7 Como las piernas que penden del lisiado,
Así es el proverbio en boca de los necios.
8Como el que ata la piedra a la honda,
Así es el que da honor al necio.
9 Como espina que se clava en la mano de un borracho,
Así es el proverbio en boca de los necios.
10 Como arquero que a todos hiere,
Así es el que toma a sueldo al necio o a los que pasan.
11Como perro que vuelve a su vómito
Es el necio que repite su necedad.
12¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio?
Más esperanza hay para el necio que para él.
13El perezoso dice: «Hay un león en el camino;
Hay un león en medio de la plaza».
14 Como la puerta gira sobre sus goznes,
Así da vueltas el perezoso en su cama.
15El perezoso mete la mano en el plato,
Pero se fatiga de llevársela a la boca.
16El perezoso es más sabio ante sus propios ojos
Que siete que den una respuesta discreta.
17 Como el que toma un perro por las orejas,
Así es el que pasa y se entremete en pleito que no es suyo.
18Como el enloquecido que lanza
Teas encendidas, flechas y muerte,
19Así es el hombre que engaña a su prójimo,
Y dice: «¿Acaso no estaba yo bromeando?».
20Por falta de leña se apaga el fuego,
Y donde no hay chismoso, se calma la discusión.
21 Como carbón para las brasas y leña para el fuego,
Así es el hombre rencilloso para encender pleitos.
22Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
23 Como vasija de barro revestida de escoria de plata,
Así son los labios ardientes y el corazón perverso.
24El que odia, disimula con sus labios,
Pero en su corazón acumula engaño.
25Cuando su voz sea agradable, no lo creas,
Pues hay siete abominaciones en su corazón.
26 Aunque su odio se cubra con engaño,
Su perversidad será descubierta en la asamblea.
27El que cava un hoyo caerá en él,
Y el que hace rodar una piedra, sobre él volverá.
28La lengua mentirosa odia a los que oprime,
Y la boca lisonjera causa ruina.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

EN PAUSAEl Admirable