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Día 12 de 365 · 12 de enero

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Génesis 23

1Sara vivió 127 años. Estos fueron los años de la vida de Sara. 2Sara murió en Quiriat Arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán. Abraham fue a hacer duelo por Sara y a llorar por ella.
3Después Abraham dejó a su difunta, y habló a los hijos de Het: 4«Yo soy extranjero y peregrino entre ustedes; denme en propiedad una sepultura entre ustedes, para que pueda sepultar a mi difunta y separarla de delante de mí». 5Los hijos de Het le respondieron a Abraham: 6«Escúchenos, señor nuestro: usted es un príncipe poderoso entre nosotros. Sepulte a su difunta en el mejor de nuestros sepulcros, pues ninguno de nosotros le negará su sepulcro para que sepulte a su difunta».
7Abraham se levantó e hizo una reverencia al pueblo de aquella tierra, los hijos de Het, 8y habló con ellos: «Si es su voluntad que yo sepulte aquí a mi difunta separándola de delante de mí, escúchenme e intercedan por mí con Efrón, hijo de Zohar, 9para que me dé la cueva de Macpela que le pertenece, que está al extremo de su campo. Que en presencia de ustedes me la dé por un precio justo en posesión para una sepultura».
10Efrón estaba sentado entre los hijos de Het. Y Efrón, el hitita, respondió a Abraham a oídos de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de su ciudad: 11«No, señor mío, escúcheme. Le doy el campo y le doy la cueva que está en él. A la vista de los hijos de mi pueblo se lo doy. Sepulte a su difunta».
12Entonces Abraham se inclinó delante del pueblo de aquella tierra, 13y a oídos del pueblo de aquella tierra le habló a Efrón: «Le ruego que me oiga. Le daré el precio del campo. Acéptelo de mí, para que pueda sepultar allí a mi difunta».
14Efrón respondió a Abraham: 15«Señor mío, escúcheme: una tierra que vale 400 siclos (4.56 kilos) de plata, ¿qué es eso entre usted y yo? Sepulte, pues, a su difunta». 16Abraham escuchó a Efrón. Y Abraham pesó la plata que este había mencionado a oídos de los hijos de Het: 400 siclos de plata, medida comercial.
17Así el campo de Efrón que está en Macpela, frente a Mamre, el campo y la cueva que hay en él, y todos los árboles en el campo dentro de sus confines, fueron cedidos 18a Abraham en propiedad a la vista de los hijos de Het, delante de todos los que entraban por la puerta de su ciudad. 19Después de esto, Abraham sepultó a Sara su mujer en la cueva del campo de Macpela frente a Mamre, es decir, Hebrón, en la tierra de Canaán. 20El campo y la cueva que hay en él fueron cedidos a Abraham en posesión para una sepultura por los hijos de Het.

Génesis 24

1Abraham era viejo, entrado en años; y el Señor había bendecido a Abraham en todo. 2Y Abraham dijo a su siervo, el más viejo de su casa, que era mayordomo de todo lo que poseía: «Te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo, 3y te haré jurar por el Señor, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito, 4sino que irás a mi tierra y a mis parientes, y tomarás mujer para mi hijo Isaac».
5Y el siervo le dijo: «Tal vez la mujer no quiera seguirme a esta tierra. ¿Debo volver y llevar a su hijo a la tierra de donde usted vino?». 6«De ningún modo debes llevar allá a mi hijo», le respondió Abraham. 7«El Señor, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra donde nací, y que me habló y me juró, diciendo: “A tu descendencia daré esta tierra”, Él mandará Su ángel delante de ti, y tomarás de allí mujer para mi hijo. 8Si la mujer no quiere seguirte, quedarás libre de este mi juramento. Solo que no lleves allá a mi hijo».
9El siervo puso la mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre este asunto.
10Entonces el siervo tomó diez camellos de entre los camellos de su señor, y partió con toda clase de bienes de su señor en su mano; se levantó y fue a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor. 11El siervo hizo que se arrodillaran los camellos fuera de la ciudad, junto al pozo de agua, al atardecer, a la hora en que las mujeres salen por agua, 12y dijo: «Oh Señor, Dios de mi señor Abraham, te ruego que me des éxito hoy, y que tengas misericordia de mi señor Abraham. 13Yo estoy de pie aquí junto a la fuente de agua, y las hijas de los hombres de la ciudad salen para sacar agua. 14Que sea la joven a quien yo diga: “Por favor, baje su cántaro para que yo beba”, y que responda: “Beba, y también daré de beber a sus camellos”, la que Tú has designado para Tu siervo Isaac. Por ello sabré que has mostrado misericordia a mi señor».
15Y sucedió que antes de haber terminado de hablar, Rebeca, hija de Betuel, hijo de Milca, mujer de Nacor, hermano de Abraham, salió con el cántaro sobre su hombro. 16La joven era muy hermosa, virgen, ningún hombre la había conocido. Bajó ella a la fuente, llenó su cántaro y subió.
17Entonces el siervo corrió a su encuentro, y le dijo: «Le ruego que me dé a beber un poco de agua de su cántaro». 18«Beba, señor mío», le dijo ella. Y enseguida bajó el cántaro a su mano, y le dio de beber. 19Cuando había terminado de darle de beber, dijo: «Sacaré también para sus camellos hasta que hayan terminado de beber».
20Rápidamente vació el cántaro en el abrevadero, y corrió otra vez a la fuente para sacar agua, y sacó para todos sus camellos. 21Entretanto el hombre la observaba en silencio, para saber si el Señor había dado éxito o no a su viaje.
22Cuando los camellos habían terminado de beber, el hombre tomó un anillo de oro que pesaba medio siclo (5.7 gramos), y dos brazaletes que pesaban diez siclos (114 gramos) de oro. 23Y le preguntó: «¿De quién es hija? Dígame, le ruego, ¿hay en la casa de su padre lugar para hospedarnos?». 24Ella le respondió: «Soy hija de Betuel, el hijo que Milca dio a Nacor». 25También le dijo: «Tenemos suficiente paja y forraje, y lugar para hospedarse».
26Entonces el hombre se postró y adoró al Señor, 27y dijo: «Bendito sea el Señor, Dios de mi señor Abraham, que no ha dejado de mostrar Su misericordia y Su fidelidad hacia mi señor. El Señor me ha guiado en el camino a la casa de los hermanos de mi señor».
28La joven corrió y contó estas cosas a los de la casa de su madre. 29Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, y Labán salió corriendo hacia el hombre a la fuente. 30Cuando Labán vio el anillo y los brazaletes en las manos de su hermana, y oyó las palabras de su hermana Rebeca, que le contó: «Esto es lo que el hombre me dijo», Labán fue al hombre, que estaba con los camellos junto a la fuente,
31y le dijo: «Entra, bendito del Señor. ¿Por qué estás afuera? Yo he preparado la casa y un lugar para los camellos». 32Entonces el hombre entró en la casa, y Labán descargó los camellos y les dio paja y forraje, y trajo agua para que se lavaran los pies, él y los hombres que estaban con él. 33Pero cuando la comida fue puesta delante de él para que comiera, dijo: «No comeré hasta que haya dicho el propósito de mi viaje». «Habla», le dijo Labán. 34«Soy siervo de Abraham», comenzó a decir. 35«Y el Señor ha bendecido en gran manera a mi señor, que se ha enriquecido. Le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos. 36Sara, la mujer de mi señor, le dio un hijo a mi señor en su vejez; y mi señor le ha dado a él todo lo que posee.
37»Mi señor me hizo jurar: “No tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito, 38sino que irás a la casa de mi padre y a mis parientes, y tomarás mujer para mi hijo”. 39Yo dije a mi señor: “Tal vez la mujer no quiera seguirme”. 40Y él me respondió: “El Señor, delante de quien he andado, enviará Su ángel contigo para dar éxito a tu viaje, y tomarás mujer para mi hijo de entre mis parientes y de la casa de mi padre. 41Entonces cuando llegues a mis parientes quedarás libre de mi juramento; y si ellos no te la dan, también quedarás libre de mi juramento”.
42»Hoy llegué a la fuente, y dije: “Oh Señor, Dios de mi señor Abraham, si ahora quieres, Tú puedes dar éxito a mi viaje en el cual ando. 43Yo estoy parado aquí junto a la fuente de agua. Que la doncella que salga a sacar agua, y a quien yo diga: ‘Le ruego que me dé a beber un poco de agua de su cántaro’, 44y ella me diga, ‘Beba, y también sacaré para sus camellos’, que sea ella la mujer que el Señor ha designado para el hijo de mi señor”.
45»Antes de que yo hubiera terminado de hablar en mi corazón, Rebeca salió con su cántaro al hombro, y bajó a la fuente y sacó agua, y yo le dije: “Le ruego que me dé de beber”. 46Y ella enseguida bajó el cántaro de su hombro, y dijo: “Beba, y daré de beber también a sus camellos”; de modo que bebí, y ella dio de beber también a los camellos.
47»Entonces le pregunté: “¿De quién es hija?”. Y ella contestó: “Soy hija de Betuel, hijo de Nacor, que le dio a luz Milca”; y puse el anillo en su nariz, y los brazaletes en sus manos. 48Y me postré y adoré al Señor, y bendije al Señor, Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino verdadero para tomar la hija del pariente de mi señor para su hijo. 49Ahora pues, si han de mostrar bondad y sinceridad con mi señor, díganmelo; y si no, díganmelo también, para que vaya yo a la mano derecha o a la izquierda».
50Labán y Betuel respondieron: «Del Señor ha salido esto. No podemos decir que está mal ni que está bien. 51Mira, Rebeca está delante de ti, tómala y vete, y que sea ella la mujer del hijo de tu señor, como el Señor ha dicho». 52Cuando el siervo de Abraham escuchó sus palabras, se postró en tierra delante del Señor. 53Entonces el siervo sacó objetos de plata, objetos de oro y vestidos, y se los dio a Rebeca. También dio cosas preciosas a su hermano y a su madre.
54Después él y los hombres que estaban con él comieron y bebieron y pasaron allí la noche. Cuando se levantaron por la mañana, el siervo dijo: «Envíenme a mi señor». 55Pero el hermano y la madre de Rebeca dijeron: «Permite que la joven se quede con nosotros unos días, quizá diez; después se irá». 56«No me detengan», les dijo el siervo, «puesto que el Señor ha dado éxito a mi viaje; envíenme para que vaya a mi señor». 57«Llamaremos a la joven», respondieron ellos, «y le preguntaremos cuáles son sus deseos».
58Entonces llamaron a Rebeca y le dijeron: «¿Te irás con este hombre?». «Iré», dijo ella. 59Enviaron, pues, a su hermana Rebeca y a su nodriza con el siervo de Abraham y sus hombres. 60Bendijeron a Rebeca y le dijeron:
«Que tú, hermana nuestra,
Te conviertas en millares de miríadas,
Y posean tus descendientes
La puerta de los que los aborrecen».
61Rebeca se levantó con sus doncellas y, montadas en los camellos, siguieron al hombre. El siervo, pues, tomó a Rebeca y se fue. 62Isaac había venido a Beer Lajai Roi, pues habitaba en la tierra del Neguev.
63Y por la tarde Isaac salió al campo a meditar. Alzó los ojos y vio que venían unos camellos. 64Rebeca alzó los ojos, y cuando vio a Isaac, bajó del camello, 65y dijo al siervo: «¿Quién es ese hombre que camina por el campo a nuestro encuentro?». «Es mi señor», le respondió el siervo. Y ella tomó el velo y se cubrió. 66El siervo contó a Isaac todo lo que había hecho. 67Entonces Isaac la trajo a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca y ella fue su mujer, y la amó. Así se consoló Isaac después de la muertede su madre.

Mateo 12

1Por aquel tiempo Jesús pasó por entre los sembrados en el día de reposo; Sus discípulos tuvieron hambre, y empezaron a arrancar espigas y a comer. 2Cuando los fariseos lo vieron, dijeron: «Mira, Tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo».
3Pero Él les contestó: «¿No han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, 4cómo entró en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, que no les era lícito comer, ni a él ni a los que estaban con él, sino solo a los sacerdotes? 5¿O no han leído en la ley, que en los días de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo y están sin culpa? 6Pues les digo que algo mayor que el templo está aquí. 7Pero si ustedes hubieran sabido lo que esto significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”, no hubieran condenado a los inocentes. 8Porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo».
9Pasando de allí, entró en la sinagoga de ellos. 10Y allí estaba un hombre que tenía una mano seca. Y para poder acusar a Jesús, le preguntaron: «¿Es lícito sanar en el día de reposo?».
11Y Él les respondió: «¿Qué hombre habrá de ustedes que tenga una sola oveja, si esta se le cae en un hoyo en el día de reposo, no le echa mano y la saca? 12Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer bien en el día de reposo».
13Entonces Jesús dijo* al hombre: «Extiende tu mano». Y él la extendió, y le fue restaurada, sana como la otra. 14Pero cuando los fariseos salieron, hicieron planes contra Él, para ver cómo lo podrían destruir.
15Pero Jesús, sabiéndolo, se retiró de allí. Y muchos lo siguieron, y los sanó a todos. 16Y les advirtió que no revelaran quién era Él; 17para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaías, cuando dijo:
18«Este es Mi Siervo, a quien he escogido;
Mi Amado en quien se agrada Mi Alma;
Sobre Él pondré Mi Espíritu,
Y a las naciones proclamará justicia.
19-»No contenderá, ni gritará,
Ni habrá quien en las calles oiga Su voz.
20-»No quebrará la caña cascada,
Ni apagará la mecha que humea,
Hasta que lleve a la victoria la justicia.
21-»Y en Su nombre las naciones pondrán su esperanza».
22Entonces trajeron a Jesús un endemoniado ciego y mudo, y lo sanó, de manera que el mudo hablaba y veía. 23Todas las multitudes estaban asombradas, y decían: «¿Acaso no es este el Hijo de David?». 24Pero cuando los fariseos lo oyeron, dijeron: «Este no expulsa los demonios sino por Beelzebú, el príncipe de los demonios».
25Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no se mantendrá en pie. 26Si Satanás expulsa a Satanás, está dividido contra sí mismo; ¿cómo puede entonces mantenerse en pie su reino? 27Y si Yo expulso los demonios por Beelzebú, ¿por quién los expulsan los hijos de ustedes? Por tanto, ellos serán sus jueces. 28Pero si Yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes. 29¿O cómo puede alguien entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata? Y entonces saqueará su casa. 30El que no está a favor Mío, está contra Mí; y el que no recoge a Mi lado, desparrama.
31 »Por eso les digo, que todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. 32Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero.
33 »O hagan ustedes bueno el árbol y bueno su fruto, o hagan malo el árbol y malo su fruto; porque por el fruto se conoce el árbol. 34¡Camada de víboras! ¿Cómo pueden hablar cosas buenas siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. 35El hombre bueno de su buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre malo de su mal tesoro saca cosas malas. 36Pero Yo les digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio. 37Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado».
38Entonces algunos de los escribas y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver una señal de parte Tuya».
39Pero Él respondió: «Una generación perversa y adúltera demanda señal, y ninguna señal se le dará, sino la señal de Jonás el profeta; 40porque como estuvo Jonás en el vientre del monstruo marino tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra. 41Los hombres de Nínive se levantarán con esta generación en el juicio y la condenarán, porque ellos se arrepintieron con la predicación de Jonás; y miren, algo más grande que Jonás está aquí. 42La Reina del Sur se levantará con esta generación en el juicio y la condenará, porque ella vino desde los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y miren, algo más grande que Salomón está aquí.
43 »Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares áridos buscando descanso y no lo halla. 44Entonces dice: “Volveré a mi casa de donde salí”; y cuando llega, la encuentra desocupada, barrida y arreglada. 45Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus más depravados que él, y entrando, moran allí; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero. Así será también con esta generación perversa».
46Mientras Jesús aún estaba hablando a la multitud, Su madre y Sus hermanos estaban afuera, deseando hablar con Él. 47Y alguien le dijo: «Tu madre y Tus hermanos están afuera y te quieren hablar». 48Pero Jesús respondió al que le informó: «¿Quién es Mi madre, y quiénes son Mis hermanos?».
49Y extendiendo la mano hacia Sus discípulos, dijo: «¡Miren, aquí están Mi madre y Mis hermanos! 50Porque cualquiera que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos, ese es Mi hermano y Mi hermana y Mi madre».

Salmo 12

Para el director del coro; sobre una lira de ocho cuerdas. Salmo de David.
1Salva, Señor, porque el piadoso deja de ser;
Porque los fieles desaparecen de entre los hijos de los hombres.
2Falsedad habla cada uno a su prójimo;
Hablan con labios lisonjeros y con doblez de corazón.
3Corte el Señor todo labio lisonjero,
La lengua que habla con exageración;
4 A los que han dicho: «Con nuestra lengua prevaleceremos,
Nuestros labios nos defienden; ¿quién es señor sobre nosotros?».
5«Por la desolación del afligido, por los gemidos del menesteroso,
Me levantaré ahora», dice el Señor; «lo pondré en la seguridad que anhela».
6¶Las palabras del Señor son palabras puras,
Plata probada en un crisol en la tierra, siete veces refinada.
7Tú, Señor, los guardarás;
De esta generación los preservarás para siempre.
8Por todas partes se pasean los impíos,
Cuando la maldad es exaltada entre los hijos de los hombres.

Proverbios 12

1El que ama la instrucción ama el conocimiento,
Pero el que odia la reprensión es torpe.
2El bueno alcanzará el favor del Señor,
Pero Él condenará al hombre de malos designios.
3El hombre no se afianzará por medio de la impiedad,
Y la raíz de los justos no será removida.
4La mujer virtuosa es corona de su marido,
Pero la que lo avergüenza es como podredumbre en sus huesos.
5Los pensamientos de los justos son rectos,
Los consejos de los impíos, engañosos.
6Las palabras de los impíos son asechanzas sangrientas,
Pero a los rectos su boca los librará.
7Los impíos son derribados y ya no existen,
Pero la casa de los justos permanecerá.
8El hombre será alabado conforme a su discernimiento,
Pero el perverso de corazón será despreciado.
9Más vale el poco estimado que tiene siervo,
Que el que se alaba y carece de pan.
10El justo se preocupa de la vida de su ganado,
Pero las entrañas de los impíos son crueles.
11El que labra su tierra se saciará de pan,
Pero el que persigue lo vano carece de entendimiento.
12El impío codicia el botín de los malos,
Pero la raíz de los justos da fruto.
13En la transgresión de sus labios se enreda el malvado,
Pero el justo escapará del apuro.
14Por el fruto de su boca cada uno se saciará de bien,
Y las obras de las manos del hombre volverán a él.
15El camino del necio es recto a sus propios ojos,
Pero el que escucha consejos es sabio.
16El enojo del necio se conoce al instante,
Pero el prudente oculta la deshonra.
17El que habla verdad declara lo que es justo,
Pero el testigo falso, falsedad.
18Hay quien habla sin tino como golpes de espada,
Pero la lengua de los sabios sana.
19Los labios veraces permanecerán para siempre,
Pero la lengua mentirosa, solo por un momento.
20Hay engaño en el corazón de los que traman el mal,
Pero gozo en los consejeros de paz.
21Ningún daño sobreviene al justo,
Pero los impíos están llenos de pesares.
22Los labios mentirosos son abominación al Señor,
Pero los que obran fielmente son Su deleite.
23El hombre prudente oculta su conocimiento,
Pero el corazón de los necios proclama su necedad.
24La mano de los diligentes gobernará,
Pero la indolencia será sujeta a trabajos forzados.
25La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime,
Pero la buena palabra lo alegra.
26El justo es guía para su prójimo,
Pero el camino de los impíos los extravía.
27El indolente no asa su presa,
Pero la posesión más preciosa del hombre es la diligencia.
28En la senda de la justicia está la vida,
Y en sucamino no hay muerte.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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