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Día 120 de 365 · 30 de abril

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1 Samuel 3

1El joven Samuel servía al Señor en presencia de Elí. La palabra del Señor escaseaba en aquellos días, y las visiones no eran frecuentes. 2Y aconteció un día, estando Elí acostado en su aposento (sus ojos habían comenzado a oscurecerse y no podía ver bien), 3cuando la lámpara de Dios aún no se había apagado y Samuel estaba acostado en el templo del Señor donde estaba el arca de Dios, 4que el Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy». 5Entonces corrió a Elí y le dijo: «Aquí estoy, pues me llamaste». Pero Elí le respondió: «Yo no he llamado, vuelve a acostarte». Y él fue y se acostó. 6El Señor lo volvió a llamar: «¡Samuel!». Y Samuel se levantó, fue a Elí y le dijo: «Aquí estoy, pues me llamaste». Elí respondió: «Yo no te he llamado, hijo mío, vuelve a acostarte».
7Y Samuel no conocía aún al Señor, ni se le había revelado aún la palabra del Señor. 8El Señor volvió a llamar a Samuel por tercera vez. Y él se levantó, fue a Elí y le dijo: «Aquí estoy, pues me llamaste». Entonces Elí comprendió que el Señor estaba llamando al muchacho. 9Y Elí dijo a Samuel: «Ve y acuéstate, y si Él te llama, dirás: “Habla, Señor, que Tu siervo escucha” ». Y Samuel fue y se acostó en su aposento.
10Entonces vino el Señor y se detuvo, y llamó como en las otras ocasiones: «¡Samuel, Samuel!». Y Samuel respondió: «Habla, que Tu siervo escucha». 11Y el Señor dijo a Samuel: «Estoy a punto de hacer una cosa en Israel la cual hará retumbar ambos oídos a todo aquel que la oiga. 12Ese día cumpliré contra Elí todo lo que he hablado sobre su casa, desde el principio hasta el fin. 13Porque le he hecho saber que estoy a punto de juzgar su casa para siempre a causa de la iniquidad de la cual él sabía, pues sus hijos trajeron sobre sí una maldición, y él no los reprendió. 14Por tanto he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de su casa no será expiada jamás, ni con sacrificio ni con ofrenda».
15Samuel se acostó hasta la mañana. Entonces abrió las puertas de la casa del Señor; pero Samuel temía contar la visión a Elí. 16Así que Elí llamó a Samuel, y le dijo: «Samuel, hijo mío». «Aquí estoy», respondió Samuel. 17Y Elí dijo: «¿Cuál es la palabra que el Señor te habló? Te ruego que no me la ocultes. Así te haga Dios, y aún más, si me ocultas algo de todas las palabras que Él te habló». 18Entonces Samuel se lo contó todo, sin ocultarle nada. Y Elí dijo: «Él es el Señor; que haga lo que bien le parezca».
19Samuel creció, y el Señor estaba con él. No dejó sin cumplimiento ninguna de sus palabras. 20Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, supo que Samuel había sido confirmado como profeta del Señor. 21Y el Señor se volvió a aparecer en Silo. Porque el Señor se revelaba a Samuel en Silo por la palabra del Señor.

1 Samuel 4

1La palabra de Samuel llegaba a todo Israel. Cuando Israel salió para enfrentarse en batalla con los filisteos, acampó junto a Ebenezer, mientras que los filisteos habían acampado en Afec. 2Los filisteos se pusieron en orden de batalla para enfrentarse a Israel. Entablado el combate, Israel fue derrotado delante de los filisteos, quienes mataron como a 4,000 hombres en el campo de batalla. 3Cuando el pueblo volvió al campamento, los ancianos de Israel dijeron: «¿Por qué nos ha derrotado hoy el Señor delante de los filisteos? Tomemos con nosotros, de Silo, el arca del pacto del Señor, para que vaya en medio de nosotros y nos libre del poder de nuestros enemigos». 4El pueblo envió gente a Silo, y trajeron de allí el arca del pacto del Señor de los ejércitos que está sobre los querubines. Los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el arca del pacto de Dios.
5Y aconteció que cuando el arca del pacto del Señor entró al campamento, todo Israel gritó con voz tan fuerte que la tierra tembló. 6Al oír los filisteos el ruido del clamor, dijeron: «¿Qué significa el ruido de este gran clamor en el campamento de los hebreos?». Entonces comprendieron que el arca del Señor había llegado al campamento. 7Y los filisteos tuvieron temor, pues dijeron: «Dios ha venido al campamento». Y añadieron: «¡Ay de nosotros! Porque nada como esto ha sucedido antes. 8¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a los egipcios en el desierto con toda clase de plagas. 9Cobren ánimo y sean hombres, oh filisteos, para que no lleguen a ser esclavos de los hebreos como ellos han sido esclavos de ustedes. Sean hombres, pues, y peleen».
10Los filisteos pelearon, Israel fue derrotado y cada cual huyó a su tienda; la mortandad fue muy grande, pues de Israel cayeron 30,000 soldados de a pie. 11El arca de Dios fue capturada, y murieron Ofni y Finees, los dos hijos de Elí.
12Y un hombre de Benjamín corrió del campo de batalla, y llegó aquel mismo día a Silo, con sus vestidos rotos y polvo sobre su cabeza. 13Cuando llegó, Elí estaba sentado en su asiento junto al camino esperando ansiosamente, porque su corazón temblaba por causa del arca de Dios. Así pues, el hombre fue a anunciarlo en la ciudad, y toda la ciudad prorrumpió en gritos. 14Al oír Elí el ruido de los gritos, dijo: «¿Qué significa el ruido de este tumulto?». Entonces el hombre se acercó apresuradamente y dio la noticia a Elí. 15Elí tenía 98 años, sus ojos se habían cegado y no podía ver. 16El hombre le dijo a Elí: «Yo soy el que vine del campo de batalla. Hoy escapé del campo de batalla». «¿Cómo fueron las cosas, hijo mío?», preguntó Elí. 17El que trajo la noticia respondió: «Israel ha huido delante de los filisteos, además ha habido gran matanza entre el pueblo, también han muerto tus dos hijos, Ofni y Finees, y el arca de Dios ha sido tomada». 18Cuando mencionó el arca de Dios, Elí cayó de su asiento hacia atrás, junto a la puerta, se rompió la nuca y murió, pues era entrado en años y pesaba mucho. Elí había juzgado a Israel durante cuarenta años.
19Su nuera, la mujer de Finees, estaba encinta y a punto de dar a luz, y al oír la noticia que el arca de Dios había sido tomada y que su suegro y su marido habían muerto, se arrodilló y dio a luz, porque le sobrevinieron los dolores de parto. 20Al tiempo que moría, las mujeres que estaban junto a ella le dijeron: «No temas, porque has dado a luz un hijo». Ella no respondió ni prestó atención. 21Pero llamó al niño Icabod y dijo: «¡Se ha ido la gloria de Israel!», por haber sido tomada el arca de Dios, y por la muerte de su suegro y de su marido. 22Ella dijo: «Se ha ido la gloria de Israel, porque el arca de Dios ha sido tomada».

Romanos 3

1¿Cuál es, entonces, la ventaja del judío? ¿O cuál el beneficio de la circuncisión? 2Grande, en todo sentido. En primer lugar, porque a ellos les han sido confiados los oráculos de Dios. 3Entonces ¿qué? Si algunos fueron infieles, ¿acaso su infidelidad anulará la fidelidad de Dios? 4¡De ningún modo! Antes bien, sea hallado Dios veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso; como está escrito:
«Para que seas justificado en Tus palabras,
Y venzas cuando seas juzgado».
5Pero si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Acaso es injusto el Dios que expresa Su ira? Hablo en términos humanos. 6¡De ningún modo! Pues de otra manera, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?
7Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para Su gloria, ¿por qué también soy yo aún juzgado como pecador? 8¿Y por qué no decir, como se nos calumnia, y como algunos afirman que nosotros decimos: Hagamos el mal para que venga el bien? La condenación de los tales es justa.
9¿Entonces qué? ¿Somos nosotros mejores que ellos? ¡De ninguna manera! Porque ya hemos denunciado que tanto judíos como griegos están todos bajo pecado. 10Como está escrito:
«No hay justo, ni aun uno;
11No hay quien entienda,
No hay quien busque a Dios.
12-»Todos se han desviado, a una se hicieron inútiles;
No hay quien haga lo bueno,
No hay ni siquiera uno.
13-»Sepulcro abierto es su garganta,
Engañan de continuo con su lengua.
Veneno de serpientes hay bajo sus labios;
14Llena está su boca de maldición y amargura.
15-»Sus pies son veloces para derramar sangre.
16-»Destrucción y miseria hay en sus caminos,
17Y la senda de paz no han conocido.
18-»No hay temor de Dios delante de sus ojos».
19Ahora bien, sabemos que cuanto dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se calle y todo el mundo sea hecho responsable ante Dios. 20Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él; pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado.
21Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, confirmada por la ley y los profetas. 22Esta justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo es para todos los que creen. Porque no hay distinción, 23por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.
24 Todos son justificados gratuitamente por Su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por Su sangre a través de la fe, como demostración de Su justicia, porque en Su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, 26para demostrar en este tiempo Su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.
27¿Dónde está, pues, la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿La de las obras? No, sino por la ley de la fe. 28Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley.
29¿O es Dios el Dios de los judíos solamente? ¿No es también el Dios de los gentiles? Sí, también de los gentiles, 30porque en verdad Dios es uno, el cual justificará en virtud de la fe a los circuncisos y por medio de la fe a los incircuncisos.
31¿Anulamos entonces la ley por medio de la fe? ¡De ningún modo! Al contrario, confirmamos la ley.

Salmo 120

Cántico de ascenso gradual.
1En mi angustia clamé al Señor,
Y Él me respondió.
2Libra mi alma, Señor, de labios mentirosos,
Y de lengua engañosa.
3¿Qué te dará, y qué te añadirá,
Oh lengua engañosa?
4Agudas flechas de guerrero,
Con brasas de enebro.
5¶¡Ay de mí, porque soy peregrino en Mesec,
Y habito entre las tiendas de Cedar!
6Demasiado tiempo ha morado mi alma
Con los que odian la paz.
7Yo amo la paz, pero cuando hablo,
Ellos están por la guerra.

Proverbios 27

1No te gloríes del día de mañana,
Porque no sabes qué traerá el día.
2Que te alabe el extraño, y no tu boca;
El extranjero, y no tus labios.
3Pesada es la piedra y pesada la arena,
Pero la provocación del necio es más pesada que ambas.
4Cruel es el furor e inundación la ira;
Pero ¿quién se mantendrá ante los celos?
5Mejor es la reprensión franca
Que el amor encubierto.
6Fieles son las heridas del amigo,
Pero engañosos los besos del enemigo.
7El hombre saciado aborrece la miel,
Pero para el hombre hambriento todo lo amargo le es dulce.
8Como pájaro que vaga lejos de su nido,
Así es el hombre que vaga lejos de su hogar.
9El ungüento y el perfume alegran el corazón,
Y dulce para su amigo es el consejo del hombre.
10No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre,
Ni vayas a la casa de tu hermano el día de tu infortunio.
Mejor es un vecino cerca que un hermano lejos.
11Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón,
Para que yo responda al que me afrenta.
12El hombre prudente ve el mal y se esconde,
Los simples siguen adelante y pagan las consecuencias.
13Tómale la ropa al que sale fiador del extraño;
Y tómale prenda por la mujer desconocida.
14Al que muy de mañana bendice a su amigo en alta voz,
Le será contado como una maldición.
15Gotera constante en día de lluvia
Y mujer rencillosa, son semejantes;
16El que trata de contenerla, es como refrenar al viento
Y recoger aceite con su mano derecha.
17El hierro con hierro se afila,
Y un hombre aguza a otro.
18El que cuida la higuera comerá su fruto,
Y el que atiende a su señor será honrado.
19Como el agua refleja el rostro,
Así el corazón del hombre refleja al hombre.
20El Seol y el Abadón nunca se sacian;
Tampoco se sacian los ojos del hombre.
21El crisol es para la plata y el horno para el oro,
Y al hombre se le prueba por la alabanza que recibe.
22Aunque machaques con el mazo al necio en un mortero entre el grano molido,
No se apartará de él su necedad.
23¶Conoce bien la condición de tus rebaños,
Y presta atención a tu ganado;
24Porque las riquezas no son eternas,
Ni perdurará la corona por todas las generaciones.
25 Cuando la hierba desaparece se ve el retoño,
Y se recogen las hierbas de los montes;
26Los corderos darán para tu vestido,
Y las cabras para el precio de un campo,
27Y habrá suficiente leche de cabra para tu alimento,
Para el alimento de tu casa,
Y sustento para tus doncellas.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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