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Día 122 de 365 · 2 de mayo

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1 Samuel 7

1Los hombres vinieron de Quiriat Jearim, tomaron el arca del Señor y la llevaron a la casa de Abinadab en la colina, y consagraron a Eleazar su hijo para que guardara el arca del Señor. 2Pero pasó mucho tiempo, veinte años, desde el día en que el arca quedó en Quiriat Jearim; y toda la casa de Israel añoraba al Señor.
3Entonces Samuel habló a toda la casa de Israel: «Si es que ustedes se vuelven al Señor con todo su corazón, entonces quiten de entre ustedes los dioses extranjeros y a Astarot, y dirijan su corazón al Señor, y sírvanle solo a Él; y Él los librará de la mano de los filisteos». 4Los israelitas quitaron a los Baales y a Astarot, y sirvieron solo al Señor.
5Y Samuel dijo: «Reúnan en Mizpa a todo Israel, y yo oraré al Señor por ustedes». 6Se reunieron los israelitas en Mizpa, y sacaron agua y la derramaron delante del Señor, ayunaron aquel día y dijeron allí: «Hemos pecado contra el Señor». Y Samuel juzgó a los israelitas en Mizpa. 7Cuando los filisteos oyeron que los israelitas se habían reunido en Mizpa, los príncipes de los filisteos subieron contra Israel. Cuando oyeron esto los israelitas, tuvieron temor de los filisteos.
8Entonces los israelitas dijeron a Samuel: «No dejes de clamar al Señor nuestro Dios por nosotros, para que Él nos libre de la mano de los filisteos». 9Tomó Samuel un cordero de leche y lo ofreció como completo holocausto al Señor; y clamó Samuel al Señor por Israel y el Señor le respondió. 10Mientras Samuel estaba ofreciendo el holocausto, los filisteos se acercaron para pelear con Israel. Pero el Señor tronó con gran estruendo aquel día contra los filisteos y los confundió, y fueron derrotados delante de Israel. 11Saliendo de Mizpa los hombres de Israel, persiguieron a los filisteos, hiriéndolos hasta más allá de Bet Car.
12Entonces Samuel tomó una piedra y la colocó entre Mizpa y Sen, y la llamó Ebenezer y dijo: «Hasta aquí nos ha ayudado el Señor». 13Los filisteos fueron sometidos y no volvieron más dentro de los límites de Israel. Y la mano del Señor estuvo contra los filisteos todos los días de Samuel. 14Las ciudades que los filisteos habían tomado de Israel fueron restituidas a Israel, desde Ecrón hasta Gat, e Israel libró su territorio de la mano de los filisteos. Y hubo paz entre Israel y los amorreos.
15Samuel juzgó a Israel todos los días de su vida. 16Cada año acostumbraba hacer un recorrido por Betel, Gilgal y Mizpa, y juzgaba a Israel en todos estos lugares. 17Después volvía a Ramá, pues allí estaba su casa, y allí juzgaba a Israel; y edificó allí un altar al Señor.

1 Samuel 8

1Cuando Samuel ya era viejo, puso a sus hijos como jueces sobre Israel. 2El nombre de su primogénito era Joel, y el nombre del segundo, Abías; estos juzgaban en Beerseba. 3Pero sus hijos no anduvieron en los caminos de su padre, sino que se desviaron tras ganancias deshonestas, aceptaron sobornos y pervirtieron el derecho.
4Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Samuel en Ramá, 5y le dijeron: «Mira, has envejecido y tus hijos no andan en tus caminos. Ahora pues, danos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones». 6Pero fue desagradable a los ojos de Samuel que dijeran: «Danos un rey que nos juzgue». Y Samuel oró al Señor.
7Y el Señor dijo a Samuel: «Escucha la voz del pueblo en cuanto a todo lo que te digan, pues no te han desechado a ti, sino que me han desechado a Mí para que Yo no sea rey sobre ellos. 8Así como todas las obras que han hecho desde el día en que los saqué de Egipto hasta hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, así lo están haciendo contigo también. 9Ahora pues, oye su voz. Sin embargo, les advertirás solemnemente y les harás saber el proceder del rey que reinará sobre ellos».
10Entonces Samuel habló todas las palabras del Señor al pueblo que le había pedido rey. 11Y dijo: «Así será el proceder del rey que reinará sobre ustedes: tomará a sus hijos, los pondrá a su servicio en sus carros y entre su gente de a caballo, y correrán delante de sus carros reales. 12El rey nombrará para su servicio jefes de mil y de cincuenta, y a otros para labrar sus campos y recoger sus cosechas, y hacer sus armas de guerra y pertrechos para sus carros. 13También tomará a sus hijas para perfumistas, cocineras y panaderas.
14»Les tomará lo mejor de sus campos, de sus viñedos y de sus olivares y se los dará a sus siervos. 15De su grano y de sus viñas tomará el diezmo, para darlo a sus oficiales y a sus siervos. 16Les tomará también sus siervos y sus siervas, sus mejores jóvenes y sus asnos, y los usará para su servicio. 17De sus rebaños tomará el diezmo, y ustedes mismos vendrán a ser sus siervos. 18Ese día clamarán por causa de su rey a quien escogieron para ustedes, pero el Señor no les responderá en ese día».
19No obstante, el pueblo rehusó oír la voz de Samuel, y dijeron: «No, sino que habrá rey sobre nosotros, 20a fin de que seamos como todas las naciones, para que nuestro rey nos juzgue, salga delante de nosotros y dirija nuestras batallas». 21Después que Samuel escuchó todas las palabras del pueblo, las repitió a oídos del Señor. 22Y el Señor dijo a Samuel: «Escúchalos y nómbrales un rey». Entonces Samuel dijo a los hombres de Israel: «Váyase cada uno a su ciudad».

Romanos 5

1Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, 2por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
3Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza. 5Y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.
6Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. 7Porque difícilmente habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno. 8Pero Dios demuestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
9Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por Su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Él. 10Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por Su vida. 11Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación.
12Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre, y por medio del pecado la muerte, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron. 13Pues antes de la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley. 14Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura de Aquel que había de venir.
15Pero no sucede con la dádiva como con la transgresión. Porque si por la transgresión de uno murieron los muchos, mucho más, la gracia de Dios y el don por la gracia de un Hombre, Jesucristo, abundaron para los muchos. 16Tampoco sucede con el don como con lo que vino por medio de aquel que pecó; porque ciertamente el juicio surgió a causa de una transgresión, resultando en condenación; pero la dádiva surgió a causa de muchas transgresiones resultando en justificación. 17Porque si por la transgresión de un hombre, por este reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por medio de un Hombre, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.
18Así pues, tal como por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres, así también por un acto de justicia resultó la justificación de vida para todos los hombres. 19Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de Uno los muchos serán constituidos justos.
20La ley se introdujo para que abundara la transgresión, pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia, 21para que así como el pecado reinó en la muerte, así también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor.

Salmo 122

Cántico de ascenso gradual; de David.
1Yo me alegré cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor».
2Plantados están nuestros pies
Dentro de tus puertas, oh Jerusalén.
3Jerusalén, que está edificada
Como ciudad compacta, bien unida,
4A la cual suben las tribus, las tribus del Señor,
(Lo cual es ordenanza para Israel)
Para alabar el nombre del Señor.
5Porque allí se establecieron tronos para juicio,
Los tronos de la casa de David.
6¶Oren ustedes por la paz de Jerusalén:
«Sean prosperados los que te aman.
7-»Haya paz dentro de tus muros,
Y prosperidad en tus palacios».
8Por amor de mis hermanos y de mis amigos,
Diré ahora: «Sea la paz en ti».
9Por amor de la casa del Señor nuestro Dios
Procuraré tu bien.

Proverbios 29

1El hombre que después de mucha reprensión se pone terco,
De repente será quebrantado sin remedio.
2Cuando los justos aumentan, el pueblo se alegra;
Pero cuando el impío gobierna, el pueblo gime.
3El que ama la sabiduría alegra a su padre,
Pero el que anda con rameras malgasta su fortuna.
4El rey con la justicia afianza la tierra,
Pero el hombre que acepta soborno la destruye.
5El hombre que adula a su prójimo
Tiende una red ante sus pasos.
6El hombre malo es atrapado en la transgresión,
Pero el justo canta y se regocija.
7El justo se preocupa por la causa de los pobres,
Pero el impío no entiende tal preocupación.
8Los provocadores agitan la ciudad,
Pero los sabios alejan la ira.
9Cuando un sabio tiene controversia con un necio,
Este se enoja o se ríe, y no hay descanso.
10Los hombres sanguinarios odian al intachable,
Pero los rectos se preocupan por su alma.
11El necio da rienda suelta a su ira,
Pero el sabio la reprime.
12Si un gobernante presta atención a palabras mentirosas,
Todos sus servidores se vuelven impíos.
13El pobre y el opresor tienen esto en común:
El Señor alumbra a los ojos de ambos.
14El rey que juzga con verdad a los pobres
Afianzará su trono para siempre.
15La vara y la reprensión dan sabiduría,
Pero el niño consentido avergüenza a su madre.
16Cuando aumentan los impíos, aumenta la transgresión,
Pero los justos verán su caída.
17Disciplina a tu hijo y te dará descanso,
Y dará alegría a tu alma.
18Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena,
Pero bienaventurado es el que guarda la ley.
19Un siervo no aprende solo con palabras;
Aunque entienda, no responderá.
20¿Ves a un hombre precipitado en sus palabras?
Más esperanza hay para el necio que para él.
21El que mima a su siervo desde la niñez,
Al final lo tendrá por hijo.
22El hombre lleno de ira provoca rencillas,
Y el hombre violento abunda en transgresiones.
23El orgullo del hombre lo humillará,
Pero el de espíritu humilde obtendrá honores.
24El que se asocia con un ladrón aborrece su propia vida;
Oye el juramento, pero no dice nada.
25El temor al hombre es un lazo,
Pero el que confía en el Señor estará seguro.
26Muchos buscan el favor del gobernante,
Pero del Señor viene la justicia para el hombre.
27Abominación para los justos es el malvado,
Y abominación para el impío es el recto en su camino.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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