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Día 123 de 365 · 3 de mayo

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1 Samuel 9

1Había un hombre de Benjamín que se llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, hijo de un benjamita, un hombre poderoso e influyente. 2Tenía un hijo que se llamaba Saúl, joven y bien parecido. No había nadie más bien parecido que él entre los israelitas; de los hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo. 3Las asnas de Cis, padre de Saúl, se habían perdido, por lo cual Cis dijo a su hijo Saúl: «Toma ahora contigo uno de los criados, levántate, y ve en busca de las asnas». 4Saúl pasó por la región montañosa de Efraín y recorrió la tierra de Salisa, pero no las hallaron. Luego pasaron por la tierra de Saalim, pero no estaban allí. Después atravesaron la tierra de los benjamitas, pero tampoco las encontraron.
5Cuando llegaron a la tierra de Zuf, Saúl dijo al criado que estaba con él: «Ven, regresemos, no sea que mi padre deje de preocuparse por las asnas y se angustie por nosotros». 6El criado le respondió: «Mira, en esta ciudad hay un hombre de Dios, el cual es tenido en alta estima; todo lo que él dice se cumple sin falta. Vayamos ahora, quizá pueda orientarnos acerca de la jornada que hemos emprendido». 7Entonces Saúl dijo a su criado: «Pero, si vamos, ¿qué le llevaremos al hombre? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado y no hay presente para llevar al hombre de Dios. ¿Qué tenemos?». 8Y el criado volvió a responder a Saúl: «Aquí tengo la cuarta parte de un siclo (unos 3 gramos) de plata; se lo daré al hombre de Dios, y él nos indicará nuestro camino». 9(Antiguamente en Israel, cuando uno iba a consultar a Dios, decía: «Vengan, vamos al vidente»; porque al que hoy se le llama profeta, antes se le llamaba vidente). 10Entonces Saúl dijo a su criado: «Bien dicho; anda, vamos». Y fueron a la ciudad donde estaba el hombre de Dios.
11Según subían por la cuesta de la ciudad, se encontraron con unas muchachas que salían a sacar agua y les preguntaron: «¿Está aquí el vidente?». 12Y ellas les respondieron: «Sí, él va delante de ustedes. Apresúrense ahora, pues ha venido a la ciudad porque el pueblo tiene hoy un sacrificio en el lugar alto. 13Cuando entren en la ciudad lo encontrarán antes que suba al lugar alto a comer, pues el pueblo no comerá hasta que él llegue, porque él tiene que bendecir el sacrificio; después comerán los convidados. Suban ahora, que lo encontrarán enseguida». 14Ellos, pues, subieron a la ciudad. Cuando entraban a la ciudad, Samuel salía hacia ellos para subir al lugar alto.
15Ahora bien, un día antes de la llegada de Saúl, el Señor había revelado esto a Samuel: 16«Mañana como a esta hora te enviaré un hombre de la tierra de Benjamín, lo ungirás para que sea príncipe sobre Mi pueblo Israel, y él librará a Mi pueblo del dominio de los filisteos. Porque Yo he visto la aflicción de Mi pueblo, pues su clamor ha llegado hasta Mí». 17Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo: «Este es el hombre de quien te hablé. Él gobernará a Mi pueblo».
18Entonces Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta y le dijo: «Le ruego que me enseñe dónde está la casa del vidente». 19Respondió Samuel a Saúl: «Yo soy el vidente. Sube delante de mí al lugar alto, pues hoy comerás conmigo, y por la mañana te dejaré ir y te declararé todo lo que está en tu corazón. 20En cuanto a tus asnas que se perdieron hace tres días, no te preocupes por ellas pues han sido halladas. Y ¿para quién es todo lo deseable en Israel? ¿No es para ti y para toda la casa de tu padre?». 21Saúl respondió: «¿No soy yo benjamita, de la más pequeña de las tribus de Israel, y no es mi familia la menos importante de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me habla de esta manera?».
22Entonces Samuel tomó a Saúl y a su criado, los llevó a la sala y les dio un lugar a la cabecera de los invitados, que eran unos treinta hombres. 23Y Samuel dijo al cocinero: «Trae la porción que te di, de la cual te dije: “Ponla aparte” ». 24Entonces el cocinero alzó el pernil con lo que estaba en él y lo colocó delante de Saúl. Y Samuel dijo: «Esto es lo que estaba reservado. Ponlo delante de ti y come, porque ha sido guardado para ti hasta el momento señalado, ya que dije: He invitado al pueblo». Y Saúl comió con Samuel aquel día.
25Cuando descendieron del lugar alto a la ciudad, Samuel habló con Saúl en el terrado. 26Se levantaron temprano, y al romper el alba Samuel llamó a Saúl en el terrado y le dijo: «Levántate, para que yo te despida». Saúl se levantó, y ambos, Saúl y Samuel, salieron a la calle. 27Mientras descendían a las afueras de la ciudad, Samuel dijo a Saúl: «Dile al criado que pase delante de nosotros y siga, pero tú quédate para que yo te declare la palabra de Dios».

1 Samuel 10

1Entonces Samuel tomó el frasco de aceite, lo derramó sobre la cabeza de Saúl, lo besó y le dijo: «¿No te ha ungido el Señor por príncipe sobre Su heredad? 2Cuando te apartes hoy de mí, hallarás a dos hombres cerca del sepulcro de Raquel, en el territorio de Benjamín, en Selsa, y te dirán: “Las asnas que fuiste a buscar han sido halladas. Ahora tu padre ha dejado de preocuparse por las asnas y está angustiado por ustedes y dice: ‘¿Qué haré en cuanto a mi hijo?’ ”. 3De allí seguirás más adelante, llegarás hasta la encina de Tabor, y allí te encontrarás con tres hombres que suben a Dios en Betel, uno llevando tres cabritos, otro llevando tres tortas de pan y otro llevando un odre de vino; 4ellos te saludarán y te darán dos tortas de pan, las cuales recibirás de sus manos.
5»Después llegarás a la colina de Dios donde está la guarnición de los filisteos; y sucederá que cuando llegues a la ciudad, allá encontrarás a un grupo de profetas que descienden del lugar alto con arpa, pandero, flauta y lira delante de ellos, y estarán profetizando. 6Entonces el Espíritu del Señor vendrá sobre ti con gran poder, profetizarás con ellos y serás cambiado en otro hombre. 7Cuando estas señales te hayan sucedido, haz lo que la situación requiera, porque Dios está contigo. 8Descenderás delante de mí a Gilgal, y también yo descenderé a donde estás para ofrecer holocaustos y sacrificar ofrendas de paz. Esperarás siete días hasta que venga a verte y te muestre lo que debes hacer».
9Cuando Saúl volvió la espalda para dejar a Samuel, Dios le cambió el corazón, y todas aquellas señales le acontecieron aquel mismo día. 10Cuando Saúl y su criado llegaron allá a la colina, un grupo de profetas salió a su encuentro; y el Espíritu de Dios vino sobre él con gran poder, y profetizó entre ellos. 11Cuando todos los que lo conocían de antes vieron que ahora profetizaba con los profetas, los del pueblo se decían unos a otros: «¿Qué le ha sucedido al hijo de Cis? ¿Está Saúl también entre los profetas?». 12Un hombre de allí respondió: «¿Y quién es el padre de ellos?». Por lo cual esto se hizo proverbio: «¿Está Saúl también entre los profetas?». 13Cuando acabó de profetizar vino al lugar alto.
14Y un tío de Saúl le preguntó a él y a su criado: «¿Adónde fueron?». Saúl respondió: «A buscar las asnas. Cuando vimos que no aparecían, fuimos a ver a Samuel». 15El tío le dijo: «Te ruego que me cuentes qué les dijo Samuel». 16Y Saúl respondió a su tío: «Nos hizo saber claramente que las asnas habían sido halladas». Pero Saúl no le contó acerca del asunto del reino que Samuel le había mencionado.
17Después Samuel convocó al pueblo delante del Señor en Mizpa; 18y dijo a los hijos de Israel: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo saqué a Israel de Egipto, y los libré del poder de los egipcios y del poder de todos los reinos que los oprimían”. 19Pero ustedes han rechazado hoy a su Dios, que los libra de todas sus calamidades y sus angustias, y han dicho: “No, sino pon un rey sobre nosotros”. Ahora pues, preséntense delante del Señor por sus tribus y por sus familias».
20Samuel hizo que se acercaran todas las tribus de Israel, y fue escogida por sorteo la tribu de Benjamín. 21Entonces hizo que se acercara la tribu de Benjamín por sus familias, y fue escogida la familia de Matri. Y Saúl, hijo de Cis, fue escogido; pero cuando lo buscaron no lo pudieron hallar.
22Volvieron, pues, a consultar al Señor: «¿Llegó ya el hombre aquí?». Y el Señor respondió: «Sí, está escondido junto al equipaje». 23Corrieron y lo trajeron de allí. Cuando estuvo en medio del pueblo, de los hombros arriba sobrepasaba a todos. 24Y Samuel dijo a todo el pueblo: «¿Ven al que el Señor ha escogido? En verdad que no hay otro como él entre todo el pueblo». Entonces todo el pueblo gritó, y dijo: «¡Viva el rey!». 25Entonces Samuel dio al pueblo las ordenanzas del reino, y las escribió en el libro, el cual puso delante del Señor. Y despidió Samuel a todo el pueblo, cada uno a su casa. 26Saúl también se fue a su casa en Guibeá, y con él fueron los valientes cuyos corazones Dios había tocado. 27Pero ciertos hombres indignosdijeron: «¿Cómo puede este salvarnos?». Y lo despreciaron y no le trajeron presente alguno. Pero él guardó silencio.

Romanos 6

1¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde? 2¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3¿O no saben ustedes que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte?
4Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. 5Porque si hemos sido unidos a Cristo en la semejanza de Su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de Su resurrección.
6Sabemos esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; 7porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado.
8Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él, 9sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir; la muerte ya no tiene dominio sobre Él. 10Porque en cuanto a que Él murió, murió al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto Él vive, vive para Dios. 11Así también ustedes, considérense muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.
12Por tanto, no reine el pecado en su cuerpo mortal para que ustedes no obedezcan a sus lujurias; 13ni presenten los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino preséntense ustedes mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y sus miembros a Dios como instrumentos de justicia. 14Porque el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, pues no están bajo la ley sino bajo la gracia.
15¿Entonces qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ¡De ningún modo! 16¿No saben ustedes que cuando se presentan como esclavos a alguien para obedecerle, son esclavos de aquel a quien obedecen, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia? 17Pero gracias a Dios, que aunque ustedes eran esclavos del pecado, se hicieron obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la que fueron entregados, 18y habiendo sido libertados del pecado, ustedes se han hecho siervos de la justicia.
19Hablo en términos humanos, por causa de la debilidad de su carne. Porque de la manera que ustedes presentaron sus miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad, para iniquidad, así ahora presenten sus miembros como esclavos a la justicia, para santificación. 20Porque cuando ustedes eran esclavos del pecado, eran libres en cuanto a la justicia.
21¿Qué fruto tenían entonces en aquellas cosas de las cuales ahora se avergüenzan? Porque el fin de esas cosas es muerte. 22Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tienen por su fruto la santificación, y como resultado la vida eterna. 23Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Salmo 123

Cántico de ascenso gradual.
1A Ti levanto mis ojos,
¡Oh Tú que reinas en los cielos!
2Como los ojos de los siervos miran a la mano de su señor,
Como los ojos de la sierva a la mano de su señora,
Así nuestros ojos miran al Señor nuestro Dios
Hasta que se apiade de nosotros.
3¶Ten piedad de nosotros, oh Señor, ten piedad de nosotros,
Porque ya no soportamos el desprecio.
4Nuestra alma está cansada
Del escarnio de los que están en holgura
Ydel desprecio de los soberbios.

Proverbios 30

1Palabras de Agur, hijo de Jaqué: el oráculo.
Declaración del hombre a Itiel, a Itiel y a Ucal.
2Ciertamente soy el más torpe de los hombres,
Y no tengo inteligencia humana.
3Y no he aprendido sabiduría,
Ni tengo conocimiento del Santo.
4¿Quién subió al cielo y descendió?
¿Quién recogió los vientos en Sus puños?
¿Quién envolvió las aguas en Su manto?
¿Quién estableció todos los confines de la tierra?
¿Cuál es Su nombre o el nombre de Su hijo?
Ciertamente tú lo sabes.
5¶Probada es toda palabra de Dios;
Él es escudo para los que en Él se refugian.
6No añadas a Sus palabras,
No sea que Él te reprenda y seas hallado mentiroso.
7¶Dos cosas te he pedido,
No me las niegues antes que muera:
8Aleja de mí la mentira y las palabras engañosas,
No me des pobreza ni riqueza;
Dame a comer mi porción de pan,
9No sea que me sacie y te niegue, y diga:
«¿Quién es el Señor?».
O que sea menesteroso y robe,
Y profane el nombre de mi Dios.
10¶No hables mal del esclavo ante su amo,
No sea que te acuse y seas hallado culpable.
11Hay gente que maldice a su padre,
Y no bendice a su madre.
12 Hay gente que se tiene por pura,
Pero no está limpia de su inmundicia.
13 Hay gente de ojos altivos,
Cuyos párpados se alzan en arrogancia.
14 Hay gente cuyos dientes son espadas,
Y sus muelas cuchillos,
Para devorar a los pobres de la tierra,
Y a los menesterosos de entre los hombres.
15¶La sanguijuela tiene dos hijas, que dicen: «¡Dame!», «¡Dame!».
Hay tres cosas que no se saciarán,
Y una cuarta que no dirá: «¡Basta!».
16El Seol, la matriz estéril,
La tierra que jamás se sacia de agua,
Y el fuego que nunca dice: «¡Basta!».
17Al ojo que se burla del padre
Y escarnece a la madre,
Lo sacarán los cuervos del valle,
Y lo comerán los aguiluchos.
18¶Hay tres cosas que son incomprensibles para mí,
Y una cuarta que no entiendo:
19El rastro del águila en el cielo,
El rastro de la serpiente sobre la roca,
El rastro del barco en medio del mar,
Y el rastro del hombre en la doncella.
20Así es el proceder de la mujer adúltera:
Come, se limpia la boca,
Y dice: «No he hecho nada malo».
21¶Por tres cosas tiembla la tierra,
Y por una cuarta no se puede sostener:
22Por el esclavo cuando llega a ser rey,
Por el necio cuando se sacia de pan,
23Por la mujer odiada cuando se casa,
Y por la sierva cuando suplanta a su señora.
24¶Cuatro cosas son pequeñas en la tierra,
Pero son sumamente sabias:
25Las hormigas, pueblo sin fuerza,
Que preparan su alimento en el verano;
26Los tejones, pueblo sin poder,
Que hacen su casa en la peña;
27Las langostas, que no tienen rey,
Pero todas salen en escuadrones,
28 Y el lagarto, que se puede agarrar con las manos,
Pero está en los palacios de los reyes.
29¶Hay tres cosas majestuosas en su marcha,
Y aun una cuarta de elegante caminar:
30El león, poderoso entre las fieras,
Que no retrocede ante ninguna,
31El gallo, que se pasea erguido, asimismo el macho cabrío,
Y el rey cuando tiene el ejército con él.
32¶Si has sido necio en ensalzarte,
O si has tramado el mal, pon la mano sobre tu boca;
33Porque batiendo la leche se saca mantequilla,
Y apretando la nariz sale sangre,
Y forzando la ira se producepleito.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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