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Día 126 de 365 · 6 de mayo

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1 Samuel 15

1Entonces Samuel dijo a Saúl: «El Señor me envió a que te ungiera por rey sobre Su pueblo, sobre Israel; ahora pues, está atento a las palabras del Señor. 2Así dice el Señor de los ejércitos: “Yo castigaré a Amalec por lo que hizo a Israel, cuando se puso contra él en el camino mientras subía de Egipto. 3Ve ahora, y ataca a Amalec, y destruye por completo todo lo que tiene, y no te apiades de él; antes bien, da muerte tanto a hombres como a mujeres, a niños como a niños de pecho, a bueyes como a ovejas, a camellos como a asnos” ».
4Entonces Saúl convocó al pueblo, y los contó en Telaim: 200,000 soldados de a pie, y 10,000 hombres de Judá. 5Saúl fue a la ciudad de Amalec y se emboscó en el valle. 6Y dijo Saúl a los quenitas: «Váyanse, apártense, desciendan de entre los amalecitas, para que yo no los destruya junto con ellos; porque ustedes mostraron misericordia a todos los israelitas cuando subían de Egipto». Entonces los quenitas se apartaron de entre los amalecitas.
7Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila en dirección a Shur, que está al oriente de Egipto. 8Capturó vivo a Agag, rey de los amalecitas, y destruyó por completo a todo el pueblo a filo de espada. 9Pero Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y lo mejor de las ovejas, de los bueyes, de los animales engordados, de los corderos y de todo lo bueno. No lo quisieron destruir por completo; pero todo lo despreciable y sin valor lo destruyeron totalmente.
10Entonces vino la palabra del Señor a Samuel: 11«Me pesa haber hecho rey a Saúl, porque ha dejado de seguirme y no ha cumplido Mis mandamientos». Y Samuel se conmovió, y clamó al Señor toda la noche. 12Y se levantó Samuel muy de mañana para ir al encuentro de Saúl; y se le dio aviso a Samuel: Saúl se ha ido a Carmel, donde se ha levantado un monumento para sí, y dando la vuelta, ha seguido adelante bajando a Gilgal.
13Entonces Samuel vino a Saúl, y Saúl le dijo: «¡Bendito seas del Señor! He cumplido el mandamiento del Señor». 14Pero Samuel dijo: «¿Qué es este balido de ovejas en mis oídos y el mugido de bueyes que oigo?». 15Y Saúl respondió: «Los han traído de los amalecitas, porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de los bueyes, para sacrificar al Señor tu Dios; pero lo demás lo destruimos por completo». 16Dijo entonces Samuel a Saúl: «Espera, déjame declararte lo que el Señor me dijo anoche». Y él le dijo: «Habla».
17Y Samuel dijo: «¿No es verdad que aunque eras pequeño a tus propios ojos, fuiste nombrado jefe de las tribus de Israel y el Señor te ungió rey sobre Israel, 18y que el Señor te envió en una misión, y te dijo: “Ve, y destruye por completo a los pecadores, los amalecitas, y lucha contra ellos hasta que sean exterminados?”. 19¿Por qué, pues, no obedeciste la voz del Señor, sino que te lanzaste sobre el botín e hiciste lo malo ante los ojos del Señor?».
20Entonces Saúl dijo a Samuel: «Yo obedecí la voz del Señor, y fui en la misión a la cual el Señor me envió, y he traído a Agag, rey de Amalec, y he destruido por completo a los amalecitas. 21Pero el pueblo tomó del botín ovejas y bueyes, lo mejor de las cosas dedicadas al anatema, para ofrecer sacrificio al Señor tu Dios en Gilgal». 22Y Samuel dijo:
«¿Se complace el Señor tanto
En holocaustos y sacrificios
Como en la obediencia a la voz del Señor?
Entiende, el obedecer es mejor que un sacrificio,
Y el prestar atención, que la grasa de los carneros.
23-»Porque la rebelión es como el pecado de adivinación,
Y la desobediencia, como la iniquidad e idolatría.
Por cuanto tú has desechado la palabra del Señor,
Él también te ha desechado para que no seas rey».
24Entonces Saúl dijo a Samuel: «He pecado. En verdad he quebrantado el mandamiento del Señor y tus palabras, porque temí al pueblo y escuché su voz. 25Ahora pues, te ruego que perdones mi pecado y vuelvas conmigo para que adore al Señor». 26Pero Samuel respondió a Saúl: «No volveré contigo; porque has desechado la palabra del Señor, y el Señor te ha desechado para que no seas rey sobre Israel».
27Cuando Samuel se volvía para irse, Saúl asió el borde de su manto, y este se rasgó. 28Entonces Samuel le dijo: «Hoy el Señor ha arrancado de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo que es mejor que tú. 29También la Gloria de Israel no mentirá ni cambiará Su propósito, porque Él no es hombre para que cambie de propósito». 30Saúl respondió: «He pecado, pero te ruego que me honres ahora delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel y que regreses conmigo para que yo adore al Señor tu Dios». 31Volvió Samuel tras Saúl, y Saúl adoró al Señor.
32Entonces Samuel dijo: «Tráiganme a Agag, rey de los amalecitas». Y Agag vino a él alegremente. Y Agag dijo: «Ciertamente, la amargura de la muerte ha pasado ya». 33Pero Samuel dijo: «Como tu espada ha dejado a las mujeres sin hijos, así también tu madre será sin hijo entre las mujeres». Y Samuel despedazó a Agag delante del Señor en Gilgal.
34Luego Samuel se fue a Ramá, pero Saúl subió a su casa en Guibeá de Saúl. 35Samuel no vio más a Saúl mientras vivió. Y Samuel lloraba por Saúl, pues el Señorse había arrepentido de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.

1 Samuel 16

1Y el Señor dijo a Samuel: «¿Hasta cuándo te lamentarás por Saúl, después que Yo lo he desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y ve; te enviaré a Isaí, el de Belén, porque de entre sus hijos he escogido un rey para Mí». 2Samuel respondió: «¿Cómo puedo ir? Cuando Saúl lo sepa, me matará». Y el Señor dijo: «Toma contigo una novilla y di: “He venido a ofrecer sacrificio al Señor”. 3Invitarás a Isaí al sacrificio y Yo te mostraré lo que habrás de hacer; entonces me ungirás a aquel que Yo te indique».
4Samuel hizo lo que el Señor dijo, y fue a Belén. Y los ancianos de la ciudad vinieron a su encuentro temblando y dijeron: «¿Vienes en paz?». 5Y él respondió: «En paz. He venido a ofrecer sacrificio al Señor. Conságrense y vengan conmigo al sacrificio». Samuel consagró también a Isaí y a sus hijos y los invitó al sacrificio.
6Cuando ellos entraron, Samuel vio a Eliab, y se dijo: «Ciertamente el ungido del Señor está delante de Él». 7Pero el Señor dijo a Samuel: «No mires a su apariencia, ni a lo alto de su estatura, porque lo he desechado; porque Dios no ve como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón».
8Entonces Isaí llamó a Abinadab y lo hizo pasar delante de Samuel, y dijo: «Tampoco a este ha escogido el Señor». 9Después Isaí hizo pasar a Sama. Y Samuel dijo: «Tampoco a este ha escogido el Señor». 10Así Isaí hizo pasar a siete de sus hijos delante de Samuel. Pero Samuel dijo a Isaí: «El Señor no ha escogido a estos». 11Samuel preguntó: «¿Son estos todos tus hijos?». Isaí respondió: «Aún queda el menor, es el que está apacentando las ovejas». Samuel insistió: «Manda a buscarlo, pues no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga acá». 12Y envió a buscarlo y lo hizo entrar. Era rubio, de ojos hermosos y bien parecido. Y el Señor dijo: «Levántate, úngelo; porque este es». 13Entonces Samuel tomó el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el Espíritu del Señor vino poderosamente sobre David desde aquel día en adelante. Luego Samuel se levantó y se fue a Ramá.
14El Espíritu del Señor se apartó de Saúl, y un espíritu malo de parte del Señor lo atormentaba. 15Entonces los siervos de Saúl le dijeron: «Puesto que un espíritu malo de parte de Dios lo está atormentando, 16ordene ahora nuestro señor a sus siervos que están delante de usted, que busquen un hombre que sepa tocar el arpa, y cuando el espíritu malo de parte de Dios esté sobre usted, él tocará con su mano y le pondrá bien».
17Entonces Saúl dijo a sus siervos: «Búsquenme ahora un hombre que toque bien y tráiganmelo». 18Y respondió uno de los mancebos: «Yo he visto a un hijo de Isaí, el de Belén, que sabe tocar, es poderoso y valiente, un hombre de guerra, prudente en su hablar, hombre bien parecido y el Señor está con él». 19Entonces Saúl envió mensajeros a Isaí y dijo: «Envíame a tu hijo David, el que está con el rebaño». 20Isaí tomó un asno cargado de pan, un odre de vino y un cabrito, y los envió a Saúl con su hijo David.
21David fue a Saúl y le servía; y Saúl lo amó grandemente y lo hizo su escudero. 22Y Saúl envió a decir a Isaí: «Te ruego que David se quede delante de mí, pues ha hallado gracia ante mis ojos». 23Sucedía que cuando el espíritu malo de parte de Dios venía a Saúl, David tomaba el arpa, la tocaba hábilmentecon su mano, y Saúl se calmaba y se ponía bien, y el espíritu malo se apartaba de él.

Romanos 9

1Digo la verdad en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo, 2de que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. 3Porque desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo por amor a mis hermanos, mis parientes según la carne. 4Porque son israelitas, a quienes pertenece la adopción como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgación de la ley, el culto y las promesas, 5de quienes son los patriarcas, y de quienes, según la carne, procede el Cristo, el cual está sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.
6Pero no es que la palabra de Dios haya fallado. Porque no todos los descendientes de Israel son Israel; 7ni son todos hijos por ser descendientes de Abraham, sino que «por Isaac será llamada tu descendencia». 8Esto es, no son los hijos de la carne los que son hijos de Dios, sino que los hijos de la promesa son considerados como descendientes.
9Porque la palabra de promesa es esta: «Por este tiempo volveré, y Sara tendrá un hijo». 10Y no solo esto, sino que también Rebeca concibió mellizos de uno, nuestro padre Isaac. 11Porque cuando aún los mellizos no habían nacido, y no habían hecho nada, ni bueno ni malo, para que el propósito de Dios conforme a Su elección permaneciera, no por las obras, sino por Aquel que llama, 12se le dijo a Rebeca: «El mayor servirá al menor». 13Tal como está escrito: «A Jacob amé, pero a Esaú aborrecí».
14¿Qué diremos entonces? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo! 15Porque Él dice a Moisés: «Tendré misericordia del que Yo tenga misericordia, y tendré compasión del que Yo tenga compasión». 16Así que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. 17Porque la Escritura dice a Faraón: «Para esto mismo te he levantado, para demostrar Mi poder en ti, y para que Mi nombre sea proclamado por toda la tierra». 18Así que Dios tiene misericordia, del que quiere y al que quiere endurece.
19Me dirás entonces: «¿Por qué, pues, todavía reprocha Dios? Porque ¿quién resiste a Su voluntad?». 20Al contrario, ¿quién eres tú, oh hombre, que le contestas a Dios? ¿Dirá acaso el objeto modelado al que lo modela: «Por qué me hiciste así?». 21¿O no tiene el alfarero derecho sobre el barro de hacer de la misma masa un vaso para uso honorable y otro para uso ordinario? 22¿Y qué, si Dios, aunque dispuesto a demostrar Su ira y hacer notorio Su poder, soportó con mucha paciencia a los vasos de ira preparados para destrucción?
23 Lo hizo para dar a conocer las riquezas de Su gloria sobre los vasos de misericordia, que de antemano Él preparó para gloria, 24es decir, nosotros, a quienes también llamó, no solo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles. 25Como también dice en Oseas:
«A los que no eran Mi pueblo, llamaré: “pueblo Mío”,
Y a la que no era amada: “amada mía”.
26-»Y sucederá que en el lugar donde se les dijo: “Ustedes no son Mi pueblo”,
Allí serán llamados hijos del Dios viviente».
27Isaías también exclama en cuanto a Israel: «Aunque el número de los hijos de Israel sea como la arena del mar, solo el remanente será salvo; 28porque el Señor ejecutará Su palabra sobre la tierra cabalmente y con brevedad». 29Y como Isaías predijo:
«Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia,
Hubiéramos llegado a ser como Sodoma, y hechos semejantes a Gomorra».
30¿Qué diremos entonces? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, alcanzaron justicia, es decir, la justicia que es por fe; 31pero Israel, que iba tras una ley de justicia, no alcanzó esa ley. 32¿Por qué? Porque no iban tras ella por fe, sino como por obras. Tropezaron en la piedra de tropiezo, 33tal como está escrito:
«Miren, pongo en Sión una piedra de tropiezo y roca de escándalo;
Y el que crea en Él no será avergonzado».

Salmo 126

Cántico de ascenso gradual.
1Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión,
Éramos como los que sueñan.
2Entonces nuestra boca se llenó de risa,
Y nuestra lengua de gritos de alegría;
Entonces dijeron entre las naciones:
«Grandes cosas ha hecho el Señor con ellos».
3Grandes cosas ha hecho el Señor con nosotros;
Estamos alegres.
4¶Haz volver, Señor, a nuestros cautivos,
Como las corrientes en el sur.
5Los que siembran con lágrimas, segarán con gritos de júbilo.
6El que con lágrimas anda, llevando la semilla de la siembra,
En verdad volverá con gritos de alegría, trayendo sus gavillas.

Proverbios 2

1Hijo mío, si recibes mis palabras
Y atesoras mis mandamientos dentro de ti,
2Da oído a la sabiduría,
Inclina tu corazón al entendimiento.
3Porque si clamas a la inteligencia,
Alza tu voz por entendimiento;
4Si la buscas como a la plata,
Y la procuras como a tesoros escondidos,
5Entonces entenderás el temor del Señor
Y descubrirás el conocimiento de Dios.
6Porque el Señor da sabiduría,
De Su boca vienen el conocimiento y la inteligencia.
7Él reserva la prosperidad para los rectos
Y es escudo para los que andan en integridad,
8Guarda las sendas del juicio,
Y preserva el camino de Sus santos.
9Entonces discernirás justicia y juicio,
Equidad y todo buen sendero.
10Porque la sabiduría entrará en tu corazón,
Y el conocimiento será grato a tu alma;
11 La discreción velará sobre ti,
El entendimiento te protegerá,
12Para librarte de la senda del mal,
Del hombre que habla cosas perversas;
13De los que dejan las sendas de rectitud,
Para andar por los caminos tenebrosos;
14De los que se deleitan en hacer el mal
Y se regocijan en las perversidades del mal;
15Cuyas sendas son torcidas,
Y se extravían en sus senderos.
16 La discreción te librará de la mujer extraña,
De la desconocida que lisonjea con sus palabras,
17La cual deja al compañero de su juventud,
Y olvida el pacto de su Dios;
18Porque su casa se inclina hacia la muerte,
Y sus senderos hacia los muertos.
19Todos los que van a ella, no vuelven,
Ni alcanzan las sendas de la vida.
20Por tanto, andarás en el camino de los buenos
Y guardarás las sendas de los justos.
21Porque los rectos morarán en la tierra,
Y los íntegros permanecerán en ella;
22Pero los impíos serán cortados de la tierra,
Y los malvados serán desarraigados de ella.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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