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Día 128 de 365 · 8 de mayo

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1 Samuel 19

1Saúl les dijo a su hijo Jonatán y a todos sus siervos que dieran muerte a David; pero Jonatán, hijo de Saúl, apreciaba grandemente a David. 2Así que Jonatán le avisó a David: «Saúl mi padre procura matarte. Ahora pues, te ruego que estés alerta por la mañana, y permanezcas en un lugar secreto y te escondas. 3Yo saldré y me pondré al lado de mi padre en el campo donde tú te encuentres, y hablaré con mi padre de ti. Si descubro algo, te avisaré».
4Entonces Jonatán habló bien de David a Saúl su padre, y le dijo: «No peque el rey contra David su siervo, puesto que él no ha pecado contra usted, y puesto que sus hechos han sido de mucho beneficio para usted. 5Porque puso su vida en peligro e hirió al filisteo, y el Señor trajo una gran liberación a todo Israel; usted lo vio y se regocijó. ¿Por qué, pues, pecará contra sangre inocente, dando muerte a David sin causa?». 6Y escuchó Saúl la voz de Jonatán, y juró: «Vive el Señor que no morirá». 7Entonces Jonatán llamó a David y le comunicó todas estas palabras. Y Jonatán llevó a David ante Saúl, y estuvo en su presencia como antes.
8Cuando hubo guerra de nuevo, David salió y peleó contra los filisteos, y los derrotó con gran matanza, y huyeron delante de él. 9Y vino un espíritu malo de parte del Señor sobre Saúl; y estaba él sentado en su casa con su lanza en la mano mientras David tocaba el arpa. 10Y Saúl trató de clavar a David en la pared con la lanza, pero este se echó de la presencia de Saúl, y la lanza se clavó en la pared. David huyó y escapó aquella noche.
11Saúl envió mensajeros a la casa de David para vigilarlo a fin de matarlo por la mañana; pero Mical, mujer de David, le avisó: «Si no pones a salvo tu vida esta noche, mañana te darán muerte». 12Mical descolgó a David por una ventana, y él salió, huyó y escapó. 13Entonces Mical tomó el ídolo doméstico y lo puso en la cama, después puso a su cabecera una almohada de pelo de cabra y lo cubrió con ropa.
14Cuando Saúl envió mensajeros para llevarse a David, ella dijo: «Está enfermo». 15Pero Saúl envió a los mensajeros a ver a David, diciéndoles: «Tráiganmelo en la cama, para que yo lo mate». 16Cuando los mensajeros entraron, vieron que el ídolo doméstico era lo que estaba sobre la cama con la almohada de pelo de cabra en su cabecera. 17Entonces Saúl dijo a Mical: «¿Por qué me has engañado de esta manera y has dejado ir a mi enemigo, de modo que ha escapado?». Y Mical dijo a Saúl: «Él me dijo: “Déjame ir, porque si no te mato” ».
18Huyó, pues, David y escapó, y fue a donde estaba Samuel en Ramá, y le contó todo lo que Saúl le había hecho. Y David y Samuel fueron y se quedaron en Naiot. 19Y se le informó a Saúl: «David está en Naiot, en Ramá». 20Así que Saúl envió mensajeros para llevarse a David, pero cuando vieron al grupo de los profetas profetizando, y a Samuel de pie presidiéndolos, el Espíritu de Dios vino sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también profetizaron. 21Cuando se lo dijeron a Saúl, envió otros mensajeros, y también ellos profetizaron. Y por tercera vez Saúl envió mensajeros, y ellos también profetizaron. 22Entonces él mismo fue a Ramá, y llegó hasta el pozo grande que está en Secú; y preguntó: «¿Dónde están Samuel y David?». Y alguien dijo: «Están en Naiot en Ramá». 23Y él prosiguió hasta Naiot en Ramá; y el Espíritu de Dios también vino sobre él, e iba profetizando continuamente hasta llegar a Naiot en Ramá. 24Se quitó además la ropa, también profetizó delante de Samuel, y estuvo echado desnudotodo aquel día y toda la noche. Por lo que suele decirse: «¿También está Saúl entre los profetas?».

1 Samuel 20

1Entonces David huyó de Naiot en Ramá, vino ante Jonatán, y le dijo: «¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi maldad y cuál es mi pecado contra tu padre para que busque mi vida?». 2Y él le respondió: «De ninguna manera; no morirás. Mi padre no hace ninguna cosa, grande o pequeña, sin revelármela. ¿Por qué, pues, me ha de ocultar esto mi padre? No será así». 3Pero David volvió a jurar y dijo: «Tu padre sabe bien que he hallado gracia ante tus ojos, y ha dicho: “Que no lo sepa Jonatán para que no se entristezca”. Pero ciertamente, vive el Señor y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la muerte». 4«Lo que tú digas, haré por ti», dijo Jonatán a David. 5Y David respondió a Jonatán: «Mira, mañana es luna nueva y debo sentarme a comer con el rey, pero déjame irme, para que me esconda en el campo hasta el atardecer del tercer día. 6Si tu padre me echa de menos, entonces dile: “David me rogó mucho que le dejara ir a toda prisa a Belén su ciudad, porque allá se celebra el sacrificio anual por toda la familia”. 7Si él dice: “Está bien”, tu siervo estará seguro; pero si se enoja, sabrás que ha decidido hacer el mal. 8Trata entonces con misericordia a tu siervo, ya que has hecho entrar a tu siervo en un pacto del Señor contigo. Pero si hay maldad en mí, mátame tú; pues, ¿por qué llevarme a tu padre?». 9Respondió Jonatán: «¡Nunca te suceda tal cosa! Porque si yo me entero que mi padre ha decidido que el mal caiga sobre ti, ¿no te lo avisaría yo?». 10David respondió a Jonatán: «¿Quién me avisará si tu padre te responde ásperamente?». 11«Ven, salgamos al campo», dijo Jonatán a David. Y ambos salieron al campo.
12Entonces Jonatán dijo a David: «El Señor, Dios de Israel, sea testigo. Cuando yo haya hablado con mi padre como a esta hora mañana, o al tercer día, si hay buen ánimo para con David, ¿no habré de enviar a ti para hacértelo saber? 13Si mi padre quiere hacerte mal, que así haga el Señor a Jonatán y aun le añada si no te lo hago saber y te envío para que vayas en paz. Y que el Señor sea contigo, como ha sido con mi padre. 14Y si todavía vivo, ¿no me mostrarás la misericordia del Señor, para que no me maten, 15ni quitarás tu misericordia de mi casa para siempre, ni aun cuando el Señor haya quitado de la superficie de la tierra a cada uno de los enemigos de David?». 16Jonatán, pues, hizo un pacto con la casa de David, diciendo: «El Señor lo demande de la mano de los enemigos de David». 17Y Jonatán hizo jurar a David otra vez a causa de su amor por él, pues lo amaba como a sí mismo.
18Entonces Jonatán le dijo: «Mañana es luna nueva y serás echado de menos, porque tu asiento estará vacío. 19Cuando hayas estado ausente tres días, descenderás aprisa y vendrás al lugar donde te escondiste el día de aquel suceso, y permanecerás junto a la piedra de Ezel. 20Yo tiraré tres flechas hacia un lado, como tirando al blanco. 21Entonces enviaré al muchacho, diciendo: “Ve, busca las flechas”. Si digo claramente al muchacho: “Mira, las flechas están más acá de ti, tómalas”, entonces ven porque hay seguridad para ti y no habrá mal, vive el Señor. 22Pero si digo al joven: “Mira, las flechas están más allá de ti”, vete, porque el Señor quiere que te vayas. 23En cuanto al acuerdo del cual tú y yo hemos hablado, que el Señor esté entre nosotros dos para siempre».
24Se escondió, pues, David en el campo. Cuando llegó la luna nueva, el rey se sentó a comer. 25El rey se sentó en su asiento como de costumbre, en el asiento junto a la pared. Jonatán se levantó, y Abner se sentó al lado de Saúl, pero el lugar de David estaba vacío. 26Sin embargo, Saúl no dijo nada aquel día, porque se dijo: «Es una casualidad, no estará limpio; de seguro que no se ha purificado». 27Pero al día siguiente, el segundo día de la luna nueva, el lugar de David estaba aún vacío. Entonces Saúl dijo a su hijo Jonatán: «¿Por qué no ha venido el hijo de Isaí a la comida ni ayer ni hoy?». 28Y Jonatán respondió a Saúl: «David me rogó encarecidamente que le dejara ir a Belén. 29Me dijo: “Te ruego que me dejes ir, pues nuestra familia tiene sacrificio en la ciudad y mi hermano me ha mandado que asista. Ahora pues, si he hallado gracia ante tus ojos, te ruego me dejes ir para ver a mis hermanos”. Por este motivo no ha venido a la mesa del rey».
30Se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y le dijo: «¡Hijo de perversa y rebelde! ¿Acaso no sé yo que prefieres al hijo de Isaí, para tu propia vergüenza y para vergüenza de la desnudez de tu madre? 31Pues mientras viva sobre la tierra el hijo de Isaí, ni tú ni tu reino serán establecidos. Ahora pues, manda a traérmelo, porque ciertamente ha de morir». 32Pero Jonatán respondió a su padre Saúl, y le dijo: «¿Por qué ha de morir? ¿Qué ha hecho?». 33Entonces Saúl le arrojó la lanza para matarlo; así Jonatán supo que su padre había decidido matar a David. 34Jonatán se levantó de la mesa ardiendo en ira y no comió pan el segundo día de la luna nueva, pues estaba entristecido por David, porque su padre le había afrentado.
35A la mañana siguiente Jonatán salió al campo para reunirse con David, y un muchacho pequeño iba con él. 36Y dijo al muchacho: «Corre, busca ahora las flechas que voy a tirar». Y mientras el muchacho corría, tiró una flecha más allá de él. 37Cuando el muchacho llegó a la flecha que Jonatán había tirado, Jonatán le gritó al muchacho: «¿No está la flecha más allá de ti?». 38Y Jonatán llamó al muchacho: «Corre, date prisa, no te detengas». Y el muchacho de Jonatán recogió la flecha y volvió a su señor. 39Pero el muchacho no sospechaba nada; solo Jonatán y David sabían del asunto. 40Entonces Jonatán dio sus armas al muchacho y le dijo: «Vete, llévalas a la ciudad».
41Cuando el muchacho se fue, David se levantó del lado del sur, y cayendo rostro en tierra, se postró tres veces. Y se besaron el uno al otro y lloraron juntos, pero David lloró más. 42Y Jonatán dijo a David: «Vete en paz, ya que nos hemos jurado el uno al otro en el nombre del Señor, diciendo: “El Señor esté entre tú y yo, y entre mi descendencia y tu descendencia para siempre” ». Davidse levantó y se fue, y Jonatán entró en la ciudad.

Romanos 11

1Digo entonces: ¿Acaso ha desechado Dios a Su pueblo? ¡De ningún modo! Porque yo también soy israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín. 2Dios no ha desechado a Su pueblo, al cual conoció con anterioridad. ¿O no saben lo que dice la Escritura en el pasaje sobre Elías, cómo suplica a Dios contra Israel: 3«Señor, han dado muerte a Tus profetas, han derribado Tus altares; y solo yo he quedado y atentan contra mi vida?». 4Pero, ¿qué le dice la respuesta divina?: «Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla a Baal».
5Y de la misma manera, también ha quedado en el tiempo presente un remanente conforme a la elección de la gracia de Dios. 6Pero si es por gracia, ya no es a base de obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.
7Entonces ¿qué? Aquello que Israel busca no lo ha alcanzado, pero los que fueron escogidos lo alcanzaron y los demás fueron endurecidos; 8tal como está escrito:
«Dios les dio un espíritu embotado,
Ojos con que no ven y oídos con que no oyen,
Hasta el día de hoy».
9Y David dice:
«Su banquete se convierta en lazo y en trampa,
Y en piedra de tropiezo y en retribución para ellos.
10-»Oscurézcanse sus ojos para que no puedan ver,
Y dobla sus espaldas para siempre».
11Digo entonces: ¿Acaso tropezaron para caer? ¡De ningún modo! Pero por su transgresión ha venido la salvación a los gentiles, para causarles celos. 12Y si su transgresión es riqueza para el mundo, y su fracaso es riqueza para los gentiles, ¡cuánto más será su plenitud!
13Pero a ustedes hablo, gentiles. Entonces, puesto que yo soy apóstol de los gentiles, honro mi ministerio, 14si en alguna manera puedo causar celos a mis compatriotas y salvar a algunos de ellos.
15Porque si el excluirlos a ellos es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos? 16Y si el primer pedazo de masa es santo, también lo es toda la masa; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.
17Pero si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo un olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas y fuiste hecho participante con ellas de la rica savia de la raíz del olivo, 18no seas arrogante para con las ramas. Pero si eres arrogante, recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti. 19Dirás entonces: «Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado». 20Muy cierto. Fueron desgajadas por su incredulidad, pero tú por la fe te mantienes firme. No seas altanero, sino teme; 21porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará.
22Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en Su bondad. De lo contrario también tú serás cortado. 23Y también ellos, si no permanecen en su incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para injertarlos de nuevo. 24Porque si tú fuiste cortado de lo que por naturaleza es un olivo silvestre, y contra lo que es natural fuiste injertado en un olivo cultivado, ¿cuánto más estos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?
25Porque no quiero, hermanos, que ignoren este misterio, para que no sean sabios en su propia opinión: que a Israel le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. 26Así, todo Israel será salvo, tal como está escrito:
«El Libertador vendrá de Sión;
Apartará la impiedad de Jacob.
27-»Y este es Mi pacto con ellos,
Cuando Yo quite sus pecados».
28En cuanto al evangelio, son enemigos por causa de ustedes, pero en cuanto a la elección de Dios, son amados por causa de los padres. 29Porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.
30Pues así como ustedes en otro tiempo fueron desobedientes a Dios, pero ahora se les ha mostrado misericordia por razón de la desobediencia de ellos, 31así también ahora estos han sido desobedientes, para que por la misericordia mostrada a ustedes, también a ellos ahora les sea mostrada misericordia. 32Porque Dios ha encerrado a todos en desobediencia para mostrar misericordia a todos.
33¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son Sus juicios e inescrutables Sus caminos! 34Pues, ¿quién ha conocido la mente del Señor? ¿O quién llegó a ser Su consejero? 35¿O quién le ha dado a Él primero para que se le tenga que recompensar? 36Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él seala gloria para siempre. Amén.

Salmo 128

Cántico de ascenso gradual.
1Bienaventurado todo aquel que teme al Señor,
Que anda en Sus caminos.
2Cuando comas del trabajo de tus manos,
Dichoso serás y te irá bien.
3Tu mujer será como fecunda vid
En el interior de tu casa;
Tus hijos como plantas de olivo
Alrededor de tu mesa.
4Así será bendecido el hombre
Que teme al Señor.
5¶El Señor te bendiga desde Sión,
Veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida,
6Y veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz sea sobre Israel!

Proverbios 4

1Oigan, hijos, la instrucción de un padre,
Y presten atención para que ganen entendimiento,
2Porque les doy buena enseñanza;
No abandonen mi instrucción.
3Cuando yo fui hijo para mi padre,
Tierno y único a los ojos de mi madre,
4Entonces él me enseñaba y me decía:
«Retenga tu corazón mis palabras,
Guarda mis mandamientos y vivirás.
5-»Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia;
No te olvides ni te apartes de las palabras de mi boca.
6-»No la abandones y ella velará sobre ti;
Ámala y ella te protegerá.
7-»Lo principal es la sabiduría; adquiere sabiduría,
Y con todo lo que obtengas adquiere inteligencia.
8-»Estímala, y ella te ensalzará;
Ella te honrará si tú la abrazas;
9Guirnalda de gracia pondrá en tu cabeza,
Corona de hermosura te entregará».
10¶Oye, hijo mío, recibe mis palabras,
Y muchos serán los años de tu vida.
11Por el camino de la sabiduría te he conducido,
Por sendas de rectitud te he guiado.
12Cuando andes, tus pasos no serán obstruidos,
Y si corres, no tropezarás.
13Aférrate a la instrucción, no la sueltes;
Guárdala, porque ella es tu vida.
14No entres en la senda de los impíos,
Ni vayas por el camino de los malvados.
15Evítalo, no pases por él;
Apártate de él y sigue adelante.
16Porque ellos no duermen a menos que hagan lo malo,
Y pierden el sueño si no han hecho caer a alguien.
17Porque comen pan de maldad,
Y beben vino de violencia.
18Pero la senda de los justos es como la luz de la aurora,
Que va aumentando en resplandor hasta que es pleno día.
19El camino de los impíos es como las tinieblas,
No saben en qué tropiezan.
20¶Hijo mío, presta atención a mis palabras;
Inclina tu oído a mis razones.
21Que no se aparten de tus ojos;
Guárdalas en medio de tu corazón.
22Porque son vida para los que las hallan,
Y salud para todo su cuerpo.
23Con toda diligencia guarda tu corazón,
Porque de él brotan los manantiales de la vida.
24Aparta de ti la boca perversa
Y aleja de ti los labios falsos.
25Miren tus ojos hacia adelante,
Y que tu mirada se fije en lo que está frente a ti.
26Fíjate en el sendero de tus pies,
Y todos tus caminos serán establecidos.
27No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;
Aparta tu pie del mal.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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