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Día 13 de 365 · 13 de enero

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Génesis 25

1Abraham volvió a tomar mujer, y su nombre era Cetura. 2Ella le dio hijos: Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. 3Jocsán fue el padre de Seba y de Dedán. Los hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim. 4Los hijos de Madián fueron Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos estos fueron los hijos de Cetura. 5Abraham dio a Isaac todo lo que poseía. 6A los hijos de sus concubinas Abraham les dio regalos, viviendo aún él, y los envió lejos de su hijo Isaac hacia el este, a la tierra del oriente.
7Estos fueron los años de la vida de Abraham: 175 años. 8Abraham murió en buena vejez, anciano y lleno de días, y fue reunido a su pueblo. 9Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpela, en el campo de Efrón, hijo de Zohar, el hitita, que está frente a Mamre, 10el campo que Abraham compró a los hijos de Het. Allí fue sepultado Abraham con Sara su mujer. 11Después de la muerte de Abraham, Dios bendijo a su hijo Isaac. Y habitó Isaac junto a Beer Lajai Roi.
12Estas son las generaciones de Ismael, hijo de Abraham, el que Agar la egipcia, sierva de Sara, le dio a Abraham. 13Estos son los nombres de los hijos de Ismael, nombrados por el orden de su nacimiento: el primogénito de Ismael, Nebaiot, después, Cedar, Adbeel, Mibsam, 14Misma, Duma, Massa, 15Hadar, Tema, Jetur, Nafis y Cedema. 16Estos fueron los hijos de Ismael, y estos sus nombres, por sus aldeas y por sus campamentos: doce príncipes según sus tribus.
17Estos fueron los años de la vida de Ismael: 137 años. Murió, y fue reunido a su pueblo. 18Sus descendientes habitaron desde Havila hasta Shur, que está enfrente de Egipto, según se va hacia Asiria. Se establecieron allí frente a todos sus parientes.
19Estas son las generaciones de Isaac, hijo de Abraham: Abraham fue el padre de Isaac. 20Tenía Isaac 40 años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Padán Aram, hermana de Labán el arameo. 21Isaac oró al Señor en favor de su mujer, porque ella era estéril; y el Señor lo escuchó, y Rebeca su mujer concibió.
22Los hijos luchaban dentro de ella y ella dijo: «Si esto es así, ¿para qué vivo yo?». Y fue a consultar al Señor. 23Y el Señor le dijo:
«Dos naciones hay en tu seno,
Y dos pueblos se dividirán desde tus entrañas;
Un pueblo será más fuerte que el otro,
Y el mayor servirá al menor».
24Cuando se cumplieron los días de dar a luz, había mellizos en su seno. 25El primero salió rojizo, todo cubierto de vello, y lo llamaron Esaú. 26Y después salió su hermano, con su mano asida al talón de Esaú, y lo llamaron Jacob. Isaac tenía 60 años cuando Rebeca dio a luz a los mellizos.
27Los niños crecieron, y Esaú llegó a ser diestro cazador, hombre del campo. Pero Jacob era hombre pacífico, que habitaba en tiendas. 28Isaac amaba a Esaú porque le gustaba lo que cazaba, pero Rebeca amaba a Jacob.
29 Un día, cuando Jacob había preparado un potaje, Esaú vino agotado del campo. 30Entonces Esaú dijo a Jacob: «Te ruego que me des a comer un poco de ese guisado rojo, pues estoy agotado». Por eso lo llamaron Edom. 31«Véndeme primero tu primogenitura», le contestó Jacob. 32«Mira, yo estoy a punto de morir», le dijo Esaú; «¿de qué me sirve, pues, la primogenitura?». 33«Júramelo primero», replicó Jacob. Esaú se lo juró, y vendió su primogenitura a Jacob.
34Entonces Jacob dio a Esaú pan y guisado de lentejas. Él comió y bebió, se levantó y se fue. Así despreció Esaú la primogenitura.

Génesis 26

1Y hubo hambre en la tierra, además del hambre anterior que había ocurrido durante los días de Abraham. Entonces Isaac se fue a Gerar, donde vivía Abimelec, rey de los filisteos. 2El Señor se le apareció a Isaac y le dijo: «No desciendas a Egipto. Quédate en la tierra que Yo te diré. 3Reside en esta tierra y Yo estaré contigo y te bendeciré, porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré contigo el juramento que juré a tu padre Abraham. 4Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras. En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, 5porque Abraham me obedeció, y guardó Mi ordenanza, Mis mandamientos, Mis estatutos y Mis leyes».
6Habitó, pues, Isaac en Gerar. 7Cuando los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer, Isaac dijo: «Es mi hermana»; porque tenía temor de decir: «Es mi mujer». Porque pensaba: «no sea que los hombres del lugar me maten por causa de Rebeca, pues es de hermosa apariencia». 8Y sucedió que después de haber estado ellos allí largo tiempo, Abimelec, rey de los filisteos, miró por una ventana y vio a Isaac acariciando a Rebeca su mujer.
9Entonces Abimelec llamó a Isaac, y le dijo: «Ciertamente ella es tu mujer. ¿Por qué, pues, dijiste: “Es mi hermana”?». «Porque me dije: “No sea que yo muera por causa de ella” », respondió Isaac. 10Y Abimelec dijo: «¿Qué es esto que nos has hecho? Porque alguien del pueblo fácilmente pudiera haberse acostado con tu mujer, y hubieras traído culpa sobre nosotros». 11Abimelec ordenó a todo el pueblo: «El que toque a este hombre o a su mujer, de cierto morirá».
12Isaac sembró en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno. Y el Señor lo bendijo. 13Isaac se enriqueció, y siguió engrandeciéndose hasta que llegó a ser muy poderoso, 14porque tenía rebaños de ovejas, vacas y mucha servidumbre, y los filisteos le tenían envidia.
15Todos los pozos que los siervos de su padre habían cavado en los días de su padre Abraham, los filisteos los cegaron llenándolos de tierra. 16Entonces Abimelec dijo a Isaac: «Vete de aquí, porque tú eres mucho más poderoso que nosotros». 17Isaac se fue de allí, acampó en el valle de Gerar y se estableció allí.
18Isaac volvió a cavar los pozos de agua que habían sido cavados en los días de su padre Abraham, porque los filisteos los habían cegado después de la muerte de Abraham, y les puso los mismos nombres que su padre les había puesto. 19Cuando los siervos de Isaac cavaron en el valle encontraron allí un pozo de aguas vivas.
20Entonces riñeron los pastores de Gerar con los pastores de Isaac, diciendo: «El agua es nuestra». Por eso él llamó al pozo Esek, porque habían reñido con él. 21Cavaron otro pozo, y también riñeron por él; por eso lo llamó Sitna. 22Y se trasladó de allí y cavó otro pozo, y no riñeron por él; por eso lo llamó Rehobot, porque dijo: «Al fin el Señor ha hecho lugar para nosotros, y prosperaremos en la tierra».
23De allí Isaac subió a Beerseba. 24El Señor se le apareció aquella misma noche y le dijo:
«Yo soy el Dios de tu padre Abraham;
No temas, porque Yo estoy contigo.
Y te bendeciré y multiplicaré tu descendencia,
Por amor de Mi siervo Abraham».
25Y allí Isaac construyó un altar e invocó el nombre del Señor y plantó allí su tienda; y allí abrieron los siervos de Isaac un pozo.
26Entonces Abimelec vino a él desde Gerar, con su consejero Ahuzat y con Ficol, jefe de su ejército. 27Y les dijo Isaac: «¿Por qué han venido a mí, ustedes que me odian y me han echado de entre ustedes?». 28Y ellos respondieron: «Vemos claramente que el Señor ha estado contigo, así es que dijimos: “Haya ahora un juramento entre nosotros, entre tú y nosotros, y hagamos un pacto contigo, 29de que no nos harás ningún mal, así como nosotros no te hemos tocado y solo te hemos hecho bien, y te hemos despedido en paz. Tú eres ahora el bendito del Señor” ».
30Entonces él les preparó un banquete, y comieron y bebieron. 31Muy de mañana se levantaron y se hicieron mutuo juramento. Entonces Isaac los despidió y ellos se fueron de su lado en paz. 32Aquel mismo día los siervos de Isaac llegaron y le informaron acerca del pozo que habían cavado, y le dijeron: «Hemos hallado agua». 33Y lo llamó Seba. Por eso el nombre de la ciudad es Beerseba hasta hoy.
34Cuando Esaú tenía 40 años, se casó con Judit, hija de Beeri, el hitita, y con Basemat, hija de Elón, el hitita; 35y ellas hicieron la vida insoportablepara Isaac y Rebeca.

Mateo 13

1Ese mismo día salió Jesús de la casa y se sentó a la orilla del mar. 2Y se congregaron junto a Él grandes multitudes, por lo que subió a una barca y se sentó; y toda la multitud estaba de pie en la playa.
3Y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: «El sembrador salió a sembrar; 4y al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron. 5Otra parte cayó en pedregales donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó porque no tenía profundidad de tierra; 6pero cuando salió el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron. 8Y otra parte cayó en tierra buena y dio* fruto, algunas semillas a ciento por uno, otras a sesenta y otras a treinta. 9El que tiene oídos, que oiga».
10Y acercándose los discípulos, dijeron a Jesús: «¿Por qué les hablas en parábolas?». 11Jesús les respondió: «Porque a ustedes se les ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no se les ha concedido. 12Porque a cualquiera que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 13Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.
14 »Y en ellos se cumple la profecía de Isaías que dice:
“Al oír, ustedes oirán, pero no entenderán;
Y viendo verán, pero no percibirán;
15 Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible,
Y con dificultad oyen con sus oídos;
Y han cerrado sus ojos;
De otro modo, verían con los ojos,
Oirían con los oídos,
Y entenderían con el corazón,
Y se convertirían,
Y Yo los sanaría”.
16 »Pero dichosos los ojos de ustedes, porque ven, y sus oídos, porque oyen. 17Porque en verdad les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.
18 »Ustedes, pues, escuchen la parábola del sembrador. 19A todo el que oye la palabra del reino y no la entiende, el maligno viene y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es aquel en quien se sembró la semilla junto al camino. 20Y aquel en quien se sembró la semilla en pedregales, este es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo; 21pero no tiene raíz profunda en sí mismo, sino que solo es temporal, y cuando por causa de la palabra viene la aflicción o la persecución, enseguida se aparta de ella. 22Y aquel en quien se sembró la semilla entre espinos, este es el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se queda sin fruto. 23Pero aquel en quien se sembró la semilla en tierra buena, este es el que oye la palabra y la entiende; este sí da fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta y otro a treinta por uno».
24Jesús les contó otra parábola: «El reino de los cielos puede compararse a un hombre que sembró buena semilla en su campo. 25Pero mientras los hombres dormían, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. 26Cuando el trigo brotó y produjo grano, entonces apareció también la cizaña. 27Y los siervos del dueño fueron y le dijeron: “Señor, ¿no sembró usted buena semilla en su campo? ¿Cómo, pues, tiene cizaña?”. 28Él les dijo: “Un enemigo ha hecho esto”. Y los siervos le dijeron*: “¿Quiere, usted, que vayamos y la recojamos?”. 29Pero él dijo*: “No, no sea que al recoger la cizaña, arranquen el trigo junto con ella. 30Dejen que ambos crezcan juntos hasta la cosecha; y al tiempo de la cosecha diré a los segadores: ‘Recojan primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, pero el trigo recójanlo en mi granero’ ” ».
31Otra parábola les contó Jesús: «El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo, 32y que de todas las semillas es la más pequeña; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de modo que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas».
33Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas (39 litros) de harina hasta que todo quedó fermentado».
34Todo esto habló Jesús en parábolas a las multitudes, y nada les hablaba sin parábola, 35para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta, cuando dijo:
«Abriré Mi boca en parábolas;
Hablaré de cosas ocultas desde la fundación del mundo».
36Entonces Jesús dejó a la multitud y entró en la casa. Y se acercaron Sus discípulos, diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». 37Jesús les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre, 38y el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno; 39el enemigo que la sembró es el diablo, la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. 40Por tanto, así como la cizaña se recoge y se quema en el fuego, de la misma manera será en el fin del mundo.
41 »El Hijo del Hombre enviará a Sus ángeles, y recogerán de Su reino a todos los que son piedra de tropiezo y a los que hacen iniquidad; 42y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes. 43Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos, que oiga.
44 »El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.
45 »El reino de los cielos también es semejante a un mercader que busca perlas finas, 46y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.
47 »El reino de los cielos también es semejante a una red barredera que se echó en el mar, y recogió peces de toda clase. 48Cuando se llenó, la sacaron a la playa; y se sentaron y recogieron los peces buenos en canastas, pero echaron fuera los malos. 49Así será en el fin del mundo; los ángeles saldrán, y sacarán a los malos de entre los justos, 50y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes.
51 »¿Han entendido ustedes todas estas cosas?». «Sí», le dijeron* ellos. 52Entonces Jesús les dijo: «Por eso todo escriba que se ha convertido en un discípulo del reino de los cielos es semejante al dueño de casa que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas».
53Sucedió que cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allí. 54Y llegando a Su pueblo, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban y decían: «¿Dónde obtuvo Este tal sabiduría y estos poderes milagrosos? 55¿No es Este el Hijo del carpintero? ¿No se llama Su madre María, y Sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas? 56¿No están todas Sus hermanas con nosotros? ¿Dónde, pues, obtuvo Este todas estas cosas?».
57Y se escandalizaban a causa de Él. Pero Jesús les dijo: «No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa». 58Y no hizo muchos milagrosallí a causa de la incredulidad de ellos.

Salmo 13

Para el director del coro. Salmo de David.
1¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo esconderás de mí Tu rostro?
2¿Hasta cuándo he de tomar consejo en mi alma,
Teniendo pesar en mi corazón todo el día?
¿Hasta cuándo mi enemigo se enaltecerá sobre mí?
3¶Considera y respóndeme, oh Señor, Dios mío;
Ilumina mis ojos, no sea que duerma el sueño de la muerte;
4No sea que mi enemigo diga: «Lo he vencido»;
Y mis adversarios se regocijen cuando yo sea sacudido.
5¶Pero yo en Tu misericordia he confiado;
Mi corazón se regocijará en Tu salvación.
6Cantaré al Señor,
Porque me ha llenado de bienes.

Proverbios 13

1El hijo sabio acepta la disciplina de su padre,
Pero el insolente no escucha la reprensión.
2Del fruto de su boca el hombre comerá el bien,
Pero el deseo de los traidores es la violencia.
3El que guarda su boca, preserva su vida;
El que mucho abre sus labios, termina en ruina.
4El alma del perezoso desea mucho, pero nada consigue,
Sin embargo, el alma de los diligentes queda satisfecha.
5El justo aborrece la falsedad,
Pero el impío causa repugnancia y vergüenza.
6La justicia guarda al íntegro en su camino,
Pero la maldad destruye al pecador.
7Hay quien pretende ser rico, y nada tiene;
Hay quien pretende ser pobre, y tiene una gran fortuna.
8El rescate de la vida de un hombre está en sus riquezas,
Pero el pobre no oye amenazas.
9La luz de los justos brilla alegremente,
Pero la lámpara de los impíos se apaga.
10Por la soberbia solo viene la contienda,
Pero con los que reciben consejos está la sabiduría.
11La fortuna obtenida con fraude disminuye,
Pero el que la recoge con trabajo la aumenta.
12La esperanza que se demora enferma el corazón,
Pero el deseo cumplido es árbol de vida.
13El que desprecia la palabra pagará por ello,
Pero el que teme el mandamiento será recompensado.
14La enseñanza del sabio es fuente de vida,
Para apartarse de los lazos de la muerte.
15El buen entendimiento produce favor,
Pero el camino de los malvados es difícil.
16Todo hombre prudente obra con conocimiento,
Pero el necio ostenta necedad.
17El mensajero perverso cae en la adversidad,
Pero el enviado fiel trae sanidad.
18Pobreza y vergüenza vendrán al que desprecia la instrucción,
Pero el que acepta la reprensión será honrado.
19Deseo cumplido es dulzura para el alma,
Pero es abominación para los necios el apartarse del mal.
20El que anda con sabios será sabio,
Pero el compañero de los necios sufrirá daño.
21A los pecadores los persigue el mal,
Pero los justos serán recompensados con el bien.
22El hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos,
Pero la riqueza del pecador está reservada para el justo.
23El terreno de los pobres tiene mucho de comer,
Pero se pierde por la injusticia.
24El que evita la vara odia a su hijo,
Pero el que lo ama lo disciplina con diligencia.
25El justo come hasta saciar su alma,
Pero el vientre de los impíos sufre escasez.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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