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Día 134 de 365 · 14 de mayo

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1 Samuel 31

1Los filisteos pelearon contra Israel y los hombres de Israel huyeron delante de los filisteos y cayeron muertos en el monte Gilboa. 2Los filisteos persiguieron muy de cerca a Saúl y a sus hijos, y mataron a Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl. 3La batalla se intensificó contra Saúl, y los arqueros lo alcanzaron y fue gravemente herido por ellos. 4Entonces Saúl dijo a su escudero: «Saca tu espada y traspásame con ella, no sea que vengan estos incircuncisos y me traspasen y hagan burla de mí». Pero su escudero no quiso, porque tenía mucho miedo. Así que Saúl tomó su espada y se echó sobre ella. 5Al ver su escudero que Saúl había muerto, él también se echó sobre su espada y murió con él. 6Así murió Saúl aquel día, junto con sus tres hijos, su escudero y todos sus hombres.
7Cuando los hombres de Israel que estaban al otro lado del valle, con los que estaban más allá del Jordán, vieron que los hombres de Israel habían huido y que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron las ciudades y huyeron. Entonces vinieron los filisteos y habitaron en ellas. 8Al día siguiente, cuando vinieron los filisteos a despojar a los muertos, hallaron a Saúl y a sus tres hijos caídos en el monte Gilboa. 9Le cortaron la cabeza y lo despojaron de sus armas, y enviaron mensajeros por toda la tierra de los filisteos, para que llevaran las buenas nuevas a la casa de sus ídolos y al pueblo. 10Pusieron sus armas en el templo de Astarot, y ataron su cuerpo al muro de Bet Sán.
11Cuando oyeron los habitantes de Jabes de Galaad lo que los filisteos habían hecho a Saúl, 12se levantaron todos los hombres valientes, y caminando toda la noche, tomaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Bet Sán, y volviendo a Jabes, los quemaron allí. 13Y tomando sus huesos, los enterraron debajo del tamarisco en Jabes, y ayunaron siete días.

2 Samuel 1

1Después de la muerte de Saúl, habiendo regresado David de derrotar a los amalecitas, David permaneció dos días en Siclag. 2Al tercer día, un hombre llegó del campamento de Saúl con sus ropas rasgadas y polvo sobre su cabeza. Al llegar ante David, se inclinó a tierra y se postró. 3David le preguntó: «¿De dónde vienes?». «Me he escapado del campamento de Israel», le respondió. 4David le preguntó: «¿Qué aconteció? Te ruego que me lo digas». Y él respondió: «El pueblo ha huido de la batalla, y también muchos del pueblo han caído y han muerto; también Saúl y su hijo Jonatán han muerto». 5Así que David le preguntó al joven que se lo había contado: «¿Cómo sabes que Saúl y su hijo Jonatán han muerto?».
6El joven que se lo había contado, dijo: «Yo estaba por casualidad en el monte Gilboa, y vi que Saúl estaba apoyado sobre su lanza. Y que los carros y los jinetes lo perseguían de cerca. 7Al mirar él hacia atrás, me vio y me llamó. Y dije: “Aquí estoy”. 8Y él me dijo: “¿Quién eres?”. Y le respondí: “Soy un amalecita”. 9Entonces él me dijo: “Te ruego que te pongas junto a mí y me mates, pues la agonía se ha apoderado de mí, porque todavía estoy con vida”. 10Me puse, pues, junto a él y lo maté, porque yo sabía que él no podía vivir después de haber caído. Tomé la corona que estaba en su cabeza y la pulsera que estaba en su brazo, y los he traído aquí a mi señor».
11Entonces David agarró sus ropas y las rasgó, y así hicieron también todos los hombres que estaban con él. 12Se lamentaron y lloraron y ayunaron hasta el atardecer por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, porque habían caído a espada. 13David le preguntó al joven que se lo había contado: «¿De dónde eres?». «Soy hijo de un extranjero, un amalecita», le respondió. 14Y David le dijo: «¿Cómo es que no tuviste temor de extender tu mano para destruir al ungido del Señor?». 15Llamando David a uno de los jóvenes, le dijo: «Ve, mátalo». Y él lo hirió, y murió. 16Y David le dijo: «Tu sangre sea sobre tu cabeza, porque tu boca ha testificado contra ti, al decir: “Yo he matado al ungido del Señor” ».
17Entonces David entonó esta elegía por Saúl y por su hijo Jonatán, 18y ordenó que enseñaran a los hijos de Judá el cántico del arco; el cual está escrito en el libro de Jaser:
19«Tu hermosura, oh Israel, ha perecido sobre tus montes.
¡Cómo han caído los valientes!
20-»No lo anuncien en Gat,
No lo proclamen en las calles de Ascalón;
Para que no se regocijen las hijas de los filisteos,
Para que no se alegren las hijas de los incircuncisos.
21-»Oh montes de Gilboa,
No haya sobre ustedes rocío ni lluvia, ni campos de ofrendas;
Porque allí fue deshonrado el escudo de los valientes,
El escudo de Saúl, no ungido con aceite.
22-»De la sangre de los muertos, de la grasa de los poderosos,
El arco de Jonatán no volvía atrás,
Y la espada de Saúl no volvía vacía.
23-»Saúl y Jonatán, amados y amables en su vida,
Y en su muerte no fueron separados;
Más ligeros eran que águilas,
Más fuertes que leones.
24-»Hijas de Israel, lloren por Saúl,
Que las vestía lujosamente de escarlata,
Que ponía adornos de oro en sus vestidos.
25-»¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla!
Jonatán, muerto en tus alturas.
26-»Estoy afligido por ti, Jonatán, hermano mío;
Tú me has sido muy estimado.
Tu amor fue para mí más maravilloso
Que el amor de las mujeres.
27-»¡Cómo han caído los valientes,
Y perecido las armas de guerra!».

1 Corintios 1

1Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, 2a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con todos los que en cualquier parte invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: 3Gracia y paz a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
4Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes, por la gracia de Dios que les fue dada en Cristo Jesús. 5Porque en todo ustedes fueron enriquecidos en Él, en toda palabra y en todo conocimiento, 6así como el testimonio acerca de Cristo fue confirmado en ustedes; 7de manera que nada les falta en ningún don, esperando ansiosamente la revelación de nuestro Señor Jesucristo. 8Él también los confirmará hasta el fin, para que sean irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. 9Fiel es Dios, por medio de quien fueron llamados a la comunión con Su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
10Les ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos se pongan de acuerdo, y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer. 11Porque he sido informado acerca de ustedes, hermanos míos, por los de Cloé, que hay discusiones entre ustedes. 12Me refiero a que cada uno de ustedes dice: «Yo soy de Pablo», otro: «yo de Apolos», otro: «yo de Cefas», y otro: «yo de Cristo». 13¿Está dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por ustedes? ¿O fueron bautizados en el nombre de Pablo?
14Doy gracias a Dios que no bauticé a ninguno de ustedes, excepto a Crispo y a Gayo, 15para que nadie diga que fueron bautizados en mi nombre. 16También bauticé a los de la casa de Estéfanas; por lo demás, no sé si bauticé a algún otro. 17Pues Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el evangelio, no con palabras elocuentes, para que no se haga vana la cruz de Cristo.
18Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos es poder de Dios. 19Porque está escrito:
«Destruiré la sabiduría de los sabios,
Y el entendimiento de los inteligentes desecharé».
20¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el que sabe discutir en este siglo? ¿No ha hecho Dios que la sabiduría de este mundo sea necedad? 21Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios mediante la necedad de la predicación salvar a los que creen. 22Porque en verdad los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría; 23pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles. 24Sin embargo, para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios. 25Porque la necedad de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres.
26Pues consideren, hermanos, su llamamiento. No hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. 27Sino que Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte. 28También Dios ha escogido lo vil y despreciado del mundo: lo que no es, para anular lo que es, 29para que nadie se jacte delante de Dios.
30Pero por obra Suya están ustedes en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, santificación y redención, 31para que, tal como está escrito: «El que se gloría, que se gloríe en el Señor».

Salmo 134

Cántico de ascenso gradual.
1Bendigan al Señor todos los siervos del Señor,
Los que sirven por la noche en la casa del Señor.
2Alcen sus manos al santuario
Y bendigan al Señor.
3Desde Sión te bendiga el Señor,
Que hizo los cielos y la tierra.

Proverbios 10

1Los proverbios de Salomón.
El hijo sabio alegra al padre,
Pero el hijo necio es tristeza para su madre.
2Tesoros mal adquiridos no aprovechan,
Pero la justicia libra de la muerte.
3El Señor no permitirá que el justo padezca hambre,
Pero rechazará la avidez de los impíos.
4Pobre es el que trabaja con mano negligente,
Pero la mano de los diligentes enriquece.
5El que recoge en el verano es hijo sabio,
El que se duerme durante la siega es hijo que avergüenza.
6Hay bendiciones sobre la cabeza del justo,
Pero la boca de los impíos oculta violencia.
7La memoria del justo es bendita,
Pero el nombre del impío se pudrirá.
8El sabio de corazón aceptará mandatos,
Pero el necio charlatán será derribado.
9El que anda en integridad anda seguro,
Pero el que pervierte sus caminos será descubierto.
10El que guiña el ojo causa disgustos,
Y el necio charlatán será derribado.
11Fuente de vida es la boca del justo,
Pero la boca de los impíos encubre violencia.
12El odio crea rencillas,
Pero el amor cubre todas las transgresiones.
13En los labios del entendido se halla sabiduría,
Pero la vara es para las espaldas del falto de entendimiento.
14Los sabios atesoran conocimiento,
Pero la boca del necio es ruina cercana.
15La fortuna del rico es su fortaleza,
La ruina de los pobres es su pobreza.
16El salario del justo es vida,
La ganancia del impío, castigo.
17 Por senda de vida va el que guarda la instrucción,
Pero el que abandona la reprensión se extravía.
18El que oculta el odio tiene labios mentirosos,
Y el que esparce calumnia es un necio.
19En las muchas palabras, la transgresión es inevitable,
Pero el que refrena sus labios es prudente.
20La lengua del justo es plata escogida,
Pero el corazón de los impíos es poca cosa.
21Los labios del justo apacientan a muchos,
Pero los necios mueren por falta de entendimiento.
22La bendición del Señor es la que enriquece,
Y Él no añade tristeza con ella.
23Como diversión es para el necio el hacer maldad,
Y la sabiduría lo es para el hombre de entendimiento.
24Lo que el impío teme vendrá sobre él,
Y el deseo de los justos será concedido.
25Cuando pasa el torbellino, ya no existe el impío,
Pero el justo tiene cimiento eterno.
26Como el vinagre a los dientes y el humo a los ojos,
Así es el perezoso para quienes lo envían.
27El temor del Señor multiplica los días,
Pero los años de los impíos serán acortados.
28La esperanza de los justos es alegría,
Pero la expectación de los impíos perecerá.
29Fortaleza para el íntegro es el camino del Señor,
Pero ruina para los que obran iniquidad.
30El justo nunca será conmovido,
Pero los impíos no habitarán en la tierra.
31De la boca del justo brota sabiduría,
Pero la lengua perversa será cortada.
32Los labios del justo dan a conocer lo agradable,
Pero la boca de los impíos, lo perverso.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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