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Día 136 de 365 · 16 de mayo

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2 Samuel 4

1Cuando oyó Isboset, hijo de Saúl, que Abner había sido muerto en Hebrón, se llenó de miedo, y todo Israel se turbó. 2El hijo de Saúl tenía dos hombres que eran jefes de bandas: el nombre de uno era Baana, y el del otro Recab, hijos de Rimón el beerotita, de la tribu de Benjamín (porque Beerot es también considerado parte de Benjamín, 3pues los beerotitas habían huido a Gitaim y han sido extranjeros allí hasta el día de hoy).
4Jonatán, hijo de Saúl, tenía un hijo lisiado de los pies. Este tenía cinco años cuando de Jezreel llegaron las noticias de la muerte de Saúl y Jonatán, y su nodriza lo tomó y huyó, pero sucedió que en su prisa por huir, él se cayó y quedó cojo. Su nombre era Mefiboset.
5Y los hijos de Rimón el beerotita, Recab y Baana, fueron y entraron en la casa de Isboset en el calor del día, mientras él dormía la siesta. 6Llegaron hasta la mitad de la casa como si fueran a buscar trigo, y lo hirieron en el vientre. Después Recab y su hermano Baana escaparon. 7Habían entrado en la casa mientras Isboset estaba acostado en su lecho, en su alcoba; lo hirieron y lo mataron, y le cortaron la cabeza. Y tomando su cabeza, anduvieron toda la noche camino del Arabá, 8y trajeron la cabeza de Isboset a David en Hebrón, y dijeron al rey: «Esta es la cabeza de Isboset, hijo de su enemigo Saúl, el que buscaba su vida; de esta manera el Señor hoy ha concedido venganza a mi señor el rey sobre Saúl y sus descendientes».
9Respondiendo David a Recab y a su hermano Baana, hijos de Rimón el beerotita, les dijo: «Vive el Señor que ha redimido mi vida de toda angustia, 10porque cuando uno me avisó: “Saúl ha muerto”, pensando que me traía buenas noticias, yo lo prendí y lo maté en Siclag, lo cual fue el pago que le di por sus noticias. 11¿Cuánto más, cuando hombres malvados han matado a un hombre justo en su propia casa y sobre su cama, no demandaré ahora su sangre de las manos de ustedes, borrándolos de la tierra?». 12Y David dio una orden a los jóvenes, y ellos los mataron y les cortaron las manos y los pies y los colgaron junto al estanque en Hebrón. Pero tomaron la cabeza de Isboset y lasepultaron en el sepulcro de Abner, en Hebrón.

2 Samuel 5

1Entonces todas las tribus de Israel fueron a David, en Hebrón, y le dijeron: «Aquí estamos, hueso suyo y carne suya somos. 2Ya desde antes, cuando Saúl aún era rey sobre nosotros, usted era el que guiaba a Israel en sus salidas y entradas. Y el Señor le dijo: “Tú pastorearás a Mi pueblo Israel, y serás príncipe sobre Israel” ». 3Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo un pacto con ellos en Hebrón delante del Señor; luego ungieron a David como rey sobre Israel. 4David tenía treinta años cuando llegó a ser rey, y reinó cuarenta años. 5En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses, y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre todo Israel y Judá.
6Y el rey y sus hombres fueron a Jerusalén para atacar a los jebuseos, los habitantes de la tierra. Los jebuseos le dijeron a David: «Usted no entrará aquí; aun los ciegos y los cojos lo rechazarán»; pues pensaban: «David no puede entrar aquí». 7No obstante, David conquistó la fortaleza de Sión, es decir, la ciudad de David. 8Y dijo David aquel día: «Todo el que quiera herir a los jebuseos, que suba por el túnel del agua y llegue adonde están los cojos y los ciegos, a los cuales el alma de David aborrece». Por eso se dice: «Ni los ciegos ni los cojos entrarán en la casa». 9David habitó en la fortaleza, y la llamó la ciudad de David. Y edificó David la muralla en derredor desde el Milo hacia adentro. 10David se engrandecía cada vez más, porque el Señor, Dios de los ejércitos, estaba con él.
11Entonces Hiram, rey de Tiro, envió mensajeros a David con madera de cedros, carpinteros y canteros, y construyeron una casa para David. 12Y comprendió David que el Señor lo había confirmado por rey sobre Israel, y que había exaltado Su reino por amor a Su pueblo Israel.
13Después que vino de Hebrón, David tomó más concubinas y mujeres de Jerusalén; y le nacieron a David más hijos e hijas. 14Estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán, Salomón, 15Ibhar, Elisúa, Nefeg, Jafía, 16Elisama, Eliada y Elifelet.
17Al oír los filisteos que David había sido ungido rey sobre Israel, todos los filisteos subieron a buscar a David; y cuando David se enteró, bajó a la fortaleza. 18Los filisteos llegaron y se esparcieron por el valle de Refaim. 19Entonces David consultó al Señor: «¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano?». Y el Señor dijo a David: «Sube, porque ciertamente entregaré a los filisteos en tu mano». 20Así que David fue a Baal Perazim, y allí los derrotó; y dijo: «El Señor ha abierto brecha entre mis enemigos delante de mí, como brecha de aguas». Por eso llamó a aquel lugar Baal Perazim. 21Los filisteos abandonaron allí sus ídolos, y David y sus hombres se los llevaron.
22Después los filisteos subieron de nuevo, y se esparcieron por el valle de Refaim. 23Cuando David consultó al Señor, Él le dijo: «No subas directamente; da un rodeo por detrás de ellos y sal a ellos frente a las balsameras. 24Y cuando oigas el sonido de marcha en las copas de las balsameras, entonces actuarás rápidamente, ya que el Señor habrá salido delante de ti para herir al ejército de los filisteos». 25Entonces David lo hizo así, tal como el Señor le había ordenado, e hirió a los filisteos desde Geba hastaGezer.

1 Corintios 3

1Así que yo, hermanos, no pude hablarles como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. 2Les di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podían recibirlo. En verdad, ni aun ahora pueden, 3porque todavía son carnales. Pues habiendo celos y discusiones entre ustedes, ¿no son carnales y andan como hombres del mundo? 4Porque cuando uno dice: «Yo soy de Pablo», y otro: «Yo soy de Apolos», ¿no son como hombres del mundo? 5¿Qué es, pues, Apolos? ¿Y qué es Pablo? Servidores mediante los cuales ustedes han creído, según el Señor dio oportunidad a cada uno. 6Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. 7Así que ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios, que da el crecimiento. 8Ahora bien, el que planta y el que riega son una misma cosa, pero cada uno recibirá su propia recompensa conforme a su propio trabajo. 9Porque nosotros somos colaboradores en la labor de Dios, y ustedes son el campo de cultivo de Dios, el edificio de Dios.
10Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como sabio arquitecto, puse el fundamento, y otro edifica sobre él. Pero cada uno tenga cuidado cómo edifica encima. 11Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo. 12Ahora bien, si sobre este fundamento alguien edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, 13la obra de cada uno se hará evidente; porque el día la dará a conocer, pues con fuego será revelada. El fuego mismo probará la calidad de la obra de cada uno. 14Si permanece la obra de alguien que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa. 15Si la obra de alguien es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; sin embargo, él será salvo, aunque así como a través del fuego.
16¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? 17Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que ustedes son.
18Nadie se engañe a sí mismo. Si alguien de ustedes se cree sabio según este mundo, hágase necio a fin de llegar a ser sabio. 19Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios. Pues escrito está: «Él es el que prende a los sabios en su propia astucia». 20Y también: «El Señor conoce los razonamientos de los sabios, los cuales son inútiles». 21Así que nadie se jacte en los hombres, porque todo es de ustedes: 22ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o la vida, o la muerte, o lo presente, o lo por venir, todo es suyo, 23y ustedes de Cristo, y Cristo de Dios.

Salmo 136

1Den gracias al Señor porque Él es bueno,
Porque para siempre es Su misericordia.
2Den gracias al Dios de dioses,
Porque para siempre es Su misericordia.
3Den gracias al Señor de señores,
Porque para siempre es Su misericordia.
4Al único que hace grandes maravillas,
Porque para siempre es Su misericordia.
5Al que con sabiduría hizo los cielos,
Porque para siempre es Su misericordia.
6Al que extendió la tierra sobre las aguas,
Porque para siempre es Su misericordia.
7Al que hizo las grandes lumbreras,
Porque para siempre es Su misericordia;
8El sol para que reine de día,
Porque para siempre es Su misericordia;
9La luna y las estrellas para que reinen de noche,
Porque para siempre es Su misericordia.
10¶Al que hirió a Egipto en sus primogénitos,
Porque para siempre es Su misericordia;
11Y sacó a Israel de en medio de ellos,
Porque para siempre es Su misericordia,
12Con mano fuerte y brazo extendido,
Porque para siempre es Su misericordia.
13Al que dividió en dos el mar Rojo,
Porque para siempre es Su misericordia,
14E hizo pasar a Israel por en medio de él,
Porque para siempre es Su misericordia;
15Pero a Faraón y a su ejército destruyó en el mar Rojo,
Porque para siempre es Su misericordia.
16Al que condujo a Su pueblo por el desierto,
Porque para siempre es Su misericordia;
17Al que hirió a grandes reyes,
Porque para siempre es Su misericordia;
18Y mató a reyes poderosos,
Porque para siempre es Su misericordia;
19A Sehón, rey de los amorreos,
Porque para siempre es Su misericordia,
20Y a Og, rey de Basán,
Porque para siempre es Su misericordia;
21Y dio la tierra de ellos en heredad,
Porque para siempre es Su misericordia,
22En heredad a Israel Su siervo,
Porque para siempre es Su misericordia.
23¶El que se acordó de nosotros en nuestra humillación,
Porque para siempre es Su misericordia,
24Y nos rescató de nuestros adversarios,
Porque para siempre es Su misericordia.
25El que da sustento a toda carne,
Porque para siempre es Su misericordia.
26Den gracias al Dios del cielo,
Porque para siempre es Su misericordia.

Proverbios 12

1El que ama la instrucción ama el conocimiento,
Pero el que odia la reprensión es torpe.
2El bueno alcanzará el favor del Señor,
Pero Él condenará al hombre de malos designios.
3El hombre no se afianzará por medio de la impiedad,
Y la raíz de los justos no será removida.
4La mujer virtuosa es corona de su marido,
Pero la que lo avergüenza es como podredumbre en sus huesos.
5Los pensamientos de los justos son rectos,
Los consejos de los impíos, engañosos.
6Las palabras de los impíos son asechanzas sangrientas,
Pero a los rectos su boca los librará.
7Los impíos son derribados y ya no existen,
Pero la casa de los justos permanecerá.
8El hombre será alabado conforme a su discernimiento,
Pero el perverso de corazón será despreciado.
9Más vale el poco estimado que tiene siervo,
Que el que se alaba y carece de pan.
10El justo se preocupa de la vida de su ganado,
Pero las entrañas de los impíos son crueles.
11El que labra su tierra se saciará de pan,
Pero el que persigue lo vano carece de entendimiento.
12El impío codicia el botín de los malos,
Pero la raíz de los justos da fruto.
13En la transgresión de sus labios se enreda el malvado,
Pero el justo escapará del apuro.
14Por el fruto de su boca cada uno se saciará de bien,
Y las obras de las manos del hombre volverán a él.
15El camino del necio es recto a sus propios ojos,
Pero el que escucha consejos es sabio.
16El enojo del necio se conoce al instante,
Pero el prudente oculta la deshonra.
17El que habla verdad declara lo que es justo,
Pero el testigo falso, falsedad.
18Hay quien habla sin tino como golpes de espada,
Pero la lengua de los sabios sana.
19Los labios veraces permanecerán para siempre,
Pero la lengua mentirosa, solo por un momento.
20Hay engaño en el corazón de los que traman el mal,
Pero gozo en los consejeros de paz.
21Ningún daño sobreviene al justo,
Pero los impíos están llenos de pesares.
22Los labios mentirosos son abominación al Señor,
Pero los que obran fielmente son Su deleite.
23El hombre prudente oculta su conocimiento,
Pero el corazón de los necios proclama su necedad.
24La mano de los diligentes gobernará,
Pero la indolencia será sujeta a trabajos forzados.
25La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime,
Pero la buena palabra lo alegra.
26El justo es guía para su prójimo,
Pero el camino de los impíos los extravía.
27El indolente no asa su presa,
Pero la posesión más preciosa del hombre es la diligencia.
28En la senda de la justicia está la vida,
Y en sucamino no hay muerte.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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