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Día 137 de 365 · 17 de mayo

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2 Samuel 6

1Volvió David a reunir a todos los hombres escogidos de Israel, 30,000. 2Y David se levantó y fue con todo el pueblo que estaba con él a Baala de Judá, para hacer subir desde allí el arca de Dios, la cual es llamada por el Nombre, el nombre del Señor de los ejércitos, que está sobre los querubines. 3Pusieron el arca de Dios sobre un carro nuevo, para que la pudieran llevar de la casa de Abinadab que estaba en la colina. Uza y Ahío, hijos de Abinadab, guiaban el carro nuevo. 4Y lo llevaron con el arca de Dios de la casa de Abinadab que estaba en la colina, y Ahío iba delante del arca. 5David y toda la casa de Israel se regocijaban delante del Señor con toda clase de instrumentos hechos de madera de abeto, y con liras, arpas, panderos, castañuelas y címbalos.
6Pero cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió la mano hacia el arca de Dios, y la sostuvo porque los bueyes casi la volcaron. 7Y se encendió la ira del Señor contra Uza, y Dios lo hirió allí por su irreverencia; y allí murió junto al arca de Dios. 8Entonces David se enojó porque el Señor había estallado en ira contra Uza, y llamó aquel lugar Pérez Uza hasta el día de hoy. 9David tuvo temor del Señor aquel día, y dijo: «¿Cómo podrá venir a mí el arca del Señor?». 10Y David no quiso trasladar el arca del Señor con él a la ciudad de David, sino que la hizo llevar a la casa de Obed Edom el geteo. 11Por tres meses permaneció el arca del Señor en la casa de Obed Edom el geteo; y bendijo el Señor a Obed Edom y a toda su casa.
12Y se dio aviso al rey David: «El Señor ha bendecido la casa de Obed Edom y todo lo que le pertenece a causa del arca de Dios». Entonces David fue, y con alegría hizo subir el arca de Dios de la casa de Obed Edom a la ciudad de David. 13Y cuando los portadores del arca del Señor habían andado seis pasos, David sacrificó un buey y un carnero cebado. 14David danzaba con toda su fuerza delante del Señor, y estaba vestido con un efod de lino. 15David y toda la casa de Israel hacían subir el arca del Señor con aclamación y sonido de trompeta.
16Sucedió que cuando el arca del Señor entraba a la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, miró desde la ventana y vio al rey David saltando y danzando delante del Señor, y lo despreció en su corazón. 17Metieron el arca del Señor y la colocaron en su lugar dentro de la tienda que David había levantado para ella, y David ofreció holocaustos y ofrendas de paz delante del Señor. 18Cuando David terminó de ofrecer el holocausto y las ofrendas de paz, bendijo al pueblo en el nombre del Señor de los ejércitos. 19Después repartió a todo el pueblo, a toda la multitud de Israel, tanto a hombres como a mujeres, una torta de pan, una de dátiles y una de pasas a cada uno. Entonces todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.
20Pero al regresar David para bendecir su casa, Mical, hija de Saúl, salió al encuentro de David, y le dijo: «¡Cómo se ha distinguido hoy el rey de Israel! Se descubrió hoy ante los ojos de las criadas de sus siervos, como se descubriría sin decoro un insensato». 21Y David dijo a Mical: «Eso fue delante del Señor que me escogió en preferencia a tu padre y a toda su casa para constituirme por príncipe sobre el pueblo del Señor, sobre Israel. Por tanto, lo celebraré delante del Señor. 22Y aún seré menos estimado que esto, y seré humillado ante mis propios ojos, pero con las criadas de quienes has hablado, ante ellas seré honrado». 23Y Mical, hija de Saúl, no tuvo hijos hasta el día de su muerte.

2 Samuel 7

1Sucedió que cuando el rey David ya moraba en su casa, y el Señor le había dado descanso de sus enemigos por todos lados, 2el rey dijo al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, pero el arca de Dios mora en medio de cortinas». 3Entonces Natán dijo al rey: «Vaya, haga todo lo que está en su corazón, porque el Señor está con usted». 4Y esa misma noche la palabra del Señor vino a Natán: 5«Ve y dile a Mi siervo David: “Así dice el Señor: ‘¿Eres tú el que me va a edificar una casa para morar en ella? 6Pues no he morado en una casa desde el día en que saqué de Egipto a los israelitas hasta hoy, sino que he andado errante en una tienda, en un tabernáculo. 7Dondequiera que he ido con todos los israelitas, ¿hablé palabra a alguna de las tribus de Israel, a la cual haya ordenado que pastoreara a Mi pueblo Israel, diciéndoles: “¿Por qué ustedes no me han edificado una casa de cedro?” ’ ”.
8»Ahora pues, así dirás a Mi siervo David: “Así dice el Señor de los ejércitos: ‘Yo te tomé del pastizal, de seguir las ovejas, para que fueras príncipe sobre Mi pueblo Israel. 9Y he estado contigo por dondequiera que has ido y he exterminado a todos tus enemigos de delante de ti, y haré de ti un gran nombre como el nombre de los grandes que hay en la tierra. 10Asignaré también un lugar para Mi pueblo Israel, y lo plantaré allí a fin de que habite en su propio lugar y no sea perturbado de nuevo, ni los malvados los aflijan más como antes, 11desde el día en que ordené que hubiera jueces sobre Mi pueblo Israel. A ti te daré reposo de todos tus enemigos. El Señor también te hace saber que el Señor te edificará una casa. 12Cuando tus días se cumplan y reposes con tus padres, levantaré a tu descendiente después de ti, el cual saldrá de tus entrañas, y estableceré su reino. 13Él edificará casa a Mi nombre, y Yo estableceré el trono de su reino para siempre. 14Yo seré padre para él y él será hijo para Mí. Cuando cometa iniquidad, lo castigaré con vara de hombres y con azotes de hijos de hombres, 15pero Mi misericordia no se apartará de él, como la aparté de Saúl a quien quité de delante de ti. 16Tu casa y tu reino permanecerán para siempre delante de Mí; tu trono será establecido para siempre’ ” ». 17Conforme a todas estas palabras y conforme a toda esta visión, así Natán habló a David.
18Entonces el rey David entró y se sentó delante del Señor y dijo: «¿Quién soy yo, oh Señor Dios, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí? 19Y aun esto fue insignificante ante Tus ojos, oh Señor Dios, pues también has hablado de la casa de Tu siervo concerniente a un futuro lejano. Y esta es la ley de los hombres, oh Señor Dios. 20¿Y qué más podría decirte David? Pues Tú conoces a Tu siervo, oh Señor Dios. 21A causa de Tu palabra, conforme a Tu propio corazón, Tú has hecho toda esta grandeza, para que lo sepa Tu siervo.
22»Oh Señor Dios, por eso Tú eres grande; pues no hay nadie como Tú, ni hay Dios fuera de Ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos. 23¿Y qué otra nación en la tierra es como Tu pueblo Israel, al cual viniste a redimir para Ti como pueblo, a fin de darte un nombre, y hacer grandes cosas a su favor y cosas portentosas para Tu tierra, ante Tu pueblo que rescataste para Ti de Egipto, de naciones y de sus dioses? 24Pues Tú has establecido para Ti a Tu pueblo Israel como pueblo Tuyo para siempre, y Tú, Señor, has venido a ser su Dios.
25»Y ahora, oh Señor Dios, confirma para siempre la palabra que has hablado acerca de Tu siervo y acerca de su casa, y haz según has hablado. 26Y sea engrandecido Tu nombre para siempre, al decirse: “El Señor de los ejércitos es Dios sobre Israel”; y que la casa de Tu siervo David sea establecida delante de Ti. 27Porque Tú, oh Señor de los ejércitos, Dios de Israel, has revelado a Tu siervo, diciendo: “Yo te edificaré casa”; por tanto, Tu siervo ha hallado ánimo para elevar esta oración a Ti.
28»Ahora pues, oh Señor Dios, Tú eres Dios, Tus palabras son verdad y Tú has prometido este bien a Tu siervo. 29Y ahora, ten a bien bendecir la casa de Tu siervo, a fin de que permanezca para siempre delante de ti. Porque Tú, oh Señor Dios, has hablado y con Tu bendición será bendita para siempre la casa de Tu siervo».

1 Corintios 4

1Que todo hombre nos considere de esta manera: como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. 2Ahora bien, lo que se requiere además de los administradores es que cada uno sea hallado fiel. 3En cuanto a mí, es de poca importancia que yo sea juzgado por ustedes o por cualquier tribunal humano. De hecho, ni aun yo me juzgo a mí mismo. 4Porque no estoy consciente de nada en contra mía. Pero no por eso estoy sin culpa, pues el que me juzga es el Señor. 5Por tanto, no juzguen antes de tiempo, sino esperen hasta que el Señor venga, el cual sacará a la luz las cosas ocultas en las tinieblas y también pondrá de manifiesto los designios de los corazones. Entonces cada uno recibirá de parte de Dios la alabanza que le corresponda.
6Esto, hermanos, lo he aplicado en sentido figurado a mí mismo y a Apolos por amor a ustedes, para que en nosotros aprendan a no sobrepasar lo que está escrito, para que ninguno de ustedes se vuelva arrogante a favor del uno contra el otro. 7Porque ¿quién te distingue? ¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido? 8Ya están saciados, ya se han hecho ricos, ya han llegado a reinar sin necesidad de nosotros. Ojalá hubieran llegado a reinar, para que nosotros reináramos también con ustedes. 9Porque pienso que Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles en último lugar, como a sentenciados a muerte. Porque hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, tanto para los ángeles como para los hombres.
10Nosotros somos necios por amor de Cristo, pero ustedes, prudentes en Cristo. Nosotros somos débiles, pero ustedes, fuertes. Ustedes son distinguidos, pero nosotros, sin honra. 11Hasta el momento presente pasamos hambre y sed, andamos mal vestidos, somos maltratados y no tenemos dónde vivir. 12Nos agotamos trabajando con nuestras propias manos. Cuando nos ultrajan, bendecimos. Cuando somos perseguidos, lo soportamos. 13Cuando hablan mal de nosotros, tratamos de reconciliar. Hemos llegado a ser, hasta ahora, la basura del mundo, el desecho de todo.
14No les escribo esto para avergonzarlos, sino para amonestarlos como a hijos míos amados. 15Porque aunque ustedes tengan innumerables maestros en Cristo, sin embargo no tienen muchos padres; pues en Cristo Jesús yo los engendré por medio del evangelio. 16Por tanto, los exhorto: sean imitadores míos.
17Por esta razón les he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor. Él les recordará mis caminos, los caminos en Cristo, tal como yo enseño en todas partes, en cada iglesia. 18Algunos de ustedes se han vuelto arrogantes, como si yo no hubiera de ir a verlos. 19Pero iré a verlos pronto, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras de los arrogantes sino el poder que tienen. 20Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. 21¿Qué quieren? ¿Iré a ustedes con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?

Salmo 137

1Junto a los ríos de Babilonia,
Nos sentábamos y llorábamos
Al acordarnos de Sión.
2Sobre los sauces en medio de ella
Colgamos nuestras arpas.
3Pues allí los que nos habían llevado cautivos nos pedían canciones,
Y los que nos atormentaban nos pedían alegría, diciendo:
«Cántennos alguno de los cánticos de Sión».
4¶¿Cómo cantaremos la canción del Señor
En tierra extraña?
5Si me olvido de ti, oh Jerusalén,
Pierda mi diestra su destreza.
6Péguese mi lengua al paladar
Si no me acuerdo de ti,
Si no enaltezco a Jerusalén
Sobre mi supremo gozo.
7¶Recuerda, oh Señor, contra los hijos de Edom
El día de Jerusalén,
Quienes dijeron: «Arrásenla, arrásenla
Hasta sus cimientos».
8Oh hija de Babilonia, la devastada,
Bienaventurado el que te devuelva
El pago con que nos pagaste.
9Bienaventurado será el que tome y estrelle tus pequeños
Contra la peña.

Proverbios 13

1El hijo sabio acepta la disciplina de su padre,
Pero el insolente no escucha la reprensión.
2Del fruto de su boca el hombre comerá el bien,
Pero el deseo de los traidores es la violencia.
3El que guarda su boca, preserva su vida;
El que mucho abre sus labios, termina en ruina.
4El alma del perezoso desea mucho, pero nada consigue,
Sin embargo, el alma de los diligentes queda satisfecha.
5El justo aborrece la falsedad,
Pero el impío causa repugnancia y vergüenza.
6La justicia guarda al íntegro en su camino,
Pero la maldad destruye al pecador.
7Hay quien pretende ser rico, y nada tiene;
Hay quien pretende ser pobre, y tiene una gran fortuna.
8El rescate de la vida de un hombre está en sus riquezas,
Pero el pobre no oye amenazas.
9La luz de los justos brilla alegremente,
Pero la lámpara de los impíos se apaga.
10Por la soberbia solo viene la contienda,
Pero con los que reciben consejos está la sabiduría.
11La fortuna obtenida con fraude disminuye,
Pero el que la recoge con trabajo la aumenta.
12La esperanza que se demora enferma el corazón,
Pero el deseo cumplido es árbol de vida.
13El que desprecia la palabra pagará por ello,
Pero el que teme el mandamiento será recompensado.
14La enseñanza del sabio es fuente de vida,
Para apartarse de los lazos de la muerte.
15El buen entendimiento produce favor,
Pero el camino de los malvados es difícil.
16Todo hombre prudente obra con conocimiento,
Pero el necio ostenta necedad.
17El mensajero perverso cae en la adversidad,
Pero el enviado fiel trae sanidad.
18Pobreza y vergüenza vendrán al que desprecia la instrucción,
Pero el que acepta la reprensión será honrado.
19Deseo cumplido es dulzura para el alma,
Pero es abominación para los necios el apartarse del mal.
20El que anda con sabios será sabio,
Pero el compañero de los necios sufrirá daño.
21A los pecadores los persigue el mal,
Pero los justos serán recompensados con el bien.
22El hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos,
Pero la riqueza del pecador está reservada para el justo.
23El terreno de los pobres tiene mucho de comer,
Pero se pierde por la injusticia.
24El que evita la vara odia a su hijo,
Pero el que lo ama lo disciplina con diligencia.
25El justo come hasta saciar su alma,
Pero el vientre de los impíos sufre escasez.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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