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Día 139 de 365 · 19 de mayo

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2 Samuel 10

1Sucedió después de esto que murió el rey de los amonitas, y su hijo Hanún reinó en su lugar. 2Y David dijo: «Seré bondadoso con Hanún, hijo de Nahas, tal como su padre fue bondadoso conmigo». Entonces David envió algunos de sus siervos para consolarlo por la muerte de su padre. Pero cuando los siervos de David llegaron a la tierra de los amonitas, 3los príncipes de los amonitas dijeron a Hanún su señor: «¿Cree usted que David está honrando a su padre porque le ha enviado consoladores? ¿No le ha enviado David sus siervos para reconocer la ciudad, para espiarla y conquistarla?». 4Entonces Hanún tomó a los siervos de David, les rasuró la mitad de la barba, les cortó los vestidos por la mitad hasta las caderas, y los despidió. 5Cuando le avisaron a David, envió mensajeros a encontrarse con ellos, porque los hombres estaban sumamente avergonzados. Y el rey les dijo: «Quédense en Jericó hasta que les crezca la barba, y después vuelvan».
6Al ver los amonitas que se habían hecho odiosos a David, los amonitas mandaron a tomar a sueldo a los arameos de Bet Rehob y a los arameos de Soba, 20,000 soldados de a pie, y del rey de Maaca 1,000 hombres, y de Is Tob 12,000 hombres. 7Cuando David se enteró, envió a Joab y a todo el ejército de los valientes. 8Y los amonitas salieron y se pusieron en orden de batalla a la entrada de la ciudad, mientras que los arameos de Soba y de Rehob y los de Is Tob y de Maaca estaban aparte en el campo.
9Viendo Joab que se le presentaba batalla por el frente y por la retaguardia, escogió de entre todos los mejores hombres de Israel, y los puso en orden de batalla contra los arameos. 10Al resto del pueblo lo colocó al mando de su hermano Abisai y lo puso en orden de batalla contra los amonitas. 11Y dijo: «Si los arameos son demasiado fuertes para mí, entonces tú me ayudarás, y si los amonitas son demasiado fuertes para ti, entonces vendré en tu ayuda. 12Esfuérzate, y mostrémonos valientes por amor a nuestro pueblo y por amor a las ciudades de nuestro Dios; y que el Señor haga lo que le parezca bien».
13Entonces Joab se acercó con el pueblo que estaba con él para pelear contra los arameos, y estos huyeron delante de él. 14Cuando los amonitas vieron que los arameos huían, ellos también huyeron delante de Abisai y entraron en la ciudad. Entonces Joab se volvió de pelear contra los amonitas y vino a Jerusalén.
15Al ver los arameos que habían sido derrotados por Israel, volvieron a concentrarse. 16Hadad Ezer mandó sacar a los arameos que estaban al otro lado del Río y fueron a Helam; y Sobac, comandante del ejército de Hadad Ezer, iba al frente de ellos. 17Cuando se dio aviso a David, este reunió a todo Israel, cruzó el Jordán y llegó a Helam. Los arameos se pusieron en orden de batalla para enfrentarse a David, y pelearon contra él. 18Pero los arameos huyeron delante de Israel, y David mató a 700 hombres de los carros de los arameos, y a 40,000 hombres de a caballo, e hirió a Sobac, comandante de su ejército, el cual murió allí. 19Cuando todos los reyes, siervos de Hadad Ezer, vieron que habían sido derrotados por Israel, hicieron la paz con Israel y le sirvieron. Y los arameos tuvieron temor de ayudar más a los amonitas.

2 Samuel 11

1Aconteció que en la primavera, en el tiempo cuando los reyes salen a la batalla, David envió a Joab y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas y sitiaron a Rabá. Pero David permaneció en Jerusalén.
2Al atardecer David se levantó de su lecho y se paseaba por el terrado de la casa del rey, y desde el terrado vio a una mujer que se estaba bañando; y la mujer era de aspecto muy hermoso. 3David mandó a preguntar acerca de aquella mujer. Y alguien dijo: «¿No es esta Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías el hitita?». 4David envió mensajeros y la tomaron; y cuando ella vino a él, él durmió con ella. Después que ella se purificó de su inmundicia, regresó a su casa. 5Y Betsabé concibió; y envió aviso a David diciéndole: «Estoy encinta».
6Entonces David envió a decir a Joab: «Envíame a Urías el hitita». Y Joab envió a Urías a David. 7Cuando Urías vino a él, David le preguntó por Joab, por el pueblo y por el estado de la guerra. 8Después dijo David a Urías: «Desciende a tu casa, y lava tus pies». Salió Urías de la casa del rey, y tras él fue enviado un obsequio del rey. 9Pero Urías durmió a la entrada de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no bajó a su casa.
10Cuando se lo contaron a David, le dijeron: «Urías no bajó a su casa», David dijo a Urías: «¿No has venido de hacer un viaje? ¿Por qué no bajaste a tu casa?». 11Urías respondió a David: «El arca, Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab y los siervos de mi señor acampan a campo abierto. ¿He de ir yo a mi casa para comer, beber y acostarme con mi mujer? Por su vida y la vida de su alma, que no haré tal cosa». 12Entonces David dijo a Urías: «Quédate aquí hoy también, y mañana te dejaré ir». Y se quedó Urías en Jerusalén aquel día y el siguiente. 13Y David lo convidó a comer y a beber con él, y lo embriagó. Al anochecer Urías salió a acostarse en su cama con los siervos de su señor, pero no descendió a su casa.
14A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab, y la envió por mano de Urías. 15En la carta había escrito: «Pongan a Urías al frente de la batalla más reñida y retírense de él, para que sea herido y muera». 16Así que cuando Joab asediaba la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que había hombres valientes. 17Y los hombres de la ciudad salieron y pelearon contra Joab, y algunos de los siervos de David cayeron, y murió también Urías el hitita.
18Joab envió a informar a David de todos los sucesos de la guerra, 19y dio orden al mensajero: «Cuando hayas acabado de contar al rey todos los sucesos de la guerra, 20si sucede que el furor del rey se enciende y te dice: “¿Por qué se acercaron tanto a la ciudad para pelear? ¿No sabían que dispararían desde el muro? 21¿Quién mató a Abimelec, hijo de Jerobaal? ¿No arrojó una mujer sobre él una muela de molino desde lo alto del muro de manera que murió en Tebes? ¿Por qué se acercaron tanto al muro?”. Entonces le dirás: “También su siervo Urías el hitita ha muerto” ».
22Partió, pues, el mensajero, y llegó e informó a David todo lo que Joab le había enviado a decir. 23Y el mensajero dijo a David: «Los hombres prevalecieron contra nosotros y salieron al campo contra nosotros, pero los rechazamos hasta la entrada de la puerta. 24Pero los arqueros tiraron contra sus siervos desde la muralla; y algunos de los siervos del rey han muerto, y también su siervo Urías el hitita ha muerto». 25Entonces David dijo al mensajero: «Así dirás a Joab: “No tengas pesar por esto, porque la espada devora tanto a uno como al otro. Haz más fuerte tu combate contra la ciudad y destrúyela”; y tú aliéntalo».
26Al oír la mujer de Urías que su marido Urías había muerto, hizo duelo por su marido. 27Cuando pasó el luto, David mandó traerla a su casa, y ella fue su mujer; y dio a luz un hijo. Pero lo que David había hecho fue malo a los ojos del Señor.

1 Corintios 6

1¿Se atreve alguno de ustedes, cuando tiene algo contra su prójimo, a ir a juicio ante los incrédulos y no ante los santos? 2¿O no saben que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo es juzgado por ustedes, ¿no son competentes para juzgar los casos más sencillos? 3¿No saben que hemos de juzgar a los ángeles? ¡Cuánto más asuntos de esta vida! 4Entonces, si tienen tribunales que juzgan los casos de esta vida, ¿por qué ponen por jueces a los que nada son en la iglesia? 5Para vergüenza suya lo digo. ¿Acaso no hay entre ustedes algún hombre sabio que pueda juzgar entre sus hermanos, 6sino que hermano contra hermano litiga, y esto ante incrédulos?
7Así que, en efecto, es ya un fallo entre ustedes el hecho de que tengan litigios entre sí. ¿Por qué no sufren mejor la injusticia? ¿Por qué no ser mejor defraudados? 8Por el contrario, ustedes mismos cometen injusticias y defraudan, y esto aun a sus propios hermanos.
9¿O no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se dejen engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, 10ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. 11Y esto eran algunos de ustedes; pero fueron lavados, pero fueron santificados, pero fueron justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.
12Todas las cosas me son lícitas, pero no todas son de provecho. Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna. 13Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos, pero Dios destruirá a los dos. Sin embargo, el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. 14Y Dios, que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros mediante Su poder.
15¿No saben que sus cuerpos son miembros de Cristo? ¿Tomaré, acaso, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? ¡De ningún modo! 16¿O no saben que el que se une a una ramera es un cuerpo con ella? Porque Él dice: «Los dos vendrán a ser una sola carne». 17Pero el que se une al Señor, es un espíritu con Él.
18Huyan de la fornicación. Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo. 19¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos? 20Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios.

Salmo 139

Para el director del coro. Salmo de David.
1Oh Señor, Tú me has escudriñado y conocido.
2Tú conoces mi sentarme y mi levantarme;
Desde lejos comprendes mis pensamientos.
3Tú escudriñas mi senda y mi descanso,
Y conoces bien todos mis caminos.
4Aun antes de que haya palabra en mi boca,
Oh Señor, Tú ya la sabes toda.
5Por detrás y por delante me has cercado,
Y Tu mano pusiste sobre mí.
6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí;
Es muy elevado, no lo puedo alcanzar.
7¶¿Adónde me iré de Tu Espíritu,
O adónde huiré de Tu presencia?
8Si subo a los cielos, allí estás Tú;
Si en el Seol preparo mi lecho, allí Tú estás.
9 Si tomo las alas del alba,
Y si habito en lo más remoto del mar,
10Aun allí me guiará Tu mano,
Y me tomará Tu diestra.
11Si digo: «Ciertamente las tinieblas me envolverán,
Y la luz a mi alrededor será noche»;
12Ni aun las tinieblas son oscuras para Ti,
Y la noche brilla como el día.
Las tinieblas y la luz son iguales para Ti.
13¶Porque Tú formaste mis entrañas;
Me hiciste en el seno de mi madre.
14Te daré gracias, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho;
Maravillosas son Tus obras,
Y mi alma lo sabe muy bien.
15No estaba oculto de Ti mi cuerpo,
Cuando en secreto fui formado,
Y entretejido en las profundidades de la tierra.
16Tus ojos vieron mi embrión,
Y en Tu libro se escribieron todos
Los días que me fueron dados,
Cuando no existía ni uno solo de ellos.
17¶¡Cuán preciosos también son para mí, oh Dios, Tus pensamientos!
¡Cuán inmensa es la suma de ellos!
18Si los contara, serían más que la arena;
Al despertar aún estoy contigo.
19¡Oh Dios, si Tú hicieras morir al impío!
Por tanto, apártense de mí, hombres sanguinarios.
20Porque hablan contra Ti perversamente,
Y Tus enemigos toman Tu nombre en vano.
21¿No odio a los que te aborrecen, Señor?
¿Y no me repugnan los que se levantan contra Ti?
22Los aborrezco con el más profundo odio;
Se han convertido en mis enemigos.
23¶Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis inquietudes.
24Y ve si hay en mí camino malo,
Y guíame en el camino eterno.

Proverbios 15

1La suave respuesta aparta el furor,
Pero la palabra hiriente hace subir la ira.
2La lengua del sabio hace grato el conocimiento,
Pero la boca de los necios habla necedades.
3En todo lugar están los ojos del Señor,
Observando a los malos y a los buenos.
4La lengua apacible es árbol de vida,
Pero la perversidad en ella quebranta el espíritu.
5El necio rechaza la disciplina de su padre,
Pero es prudente el que acepta la reprensión.
6 En la casa del justo hay mucha riqueza,
Pero en las ganancias del impío hay turbación.
7Los labios de los sabios esparcen conocimiento,
Pero no así el corazón de los necios.
8El sacrificio de los impíos es abominación al Señor,
Pero la oración de los rectos es Su deleite.
9Abominación al Señor es el camino del impío,
Pero Él ama al que sigue la justicia.
10La disciplina severa es para el que abandona el camino;
El que aborrece la reprensión morirá.
11El Seol y el Abadón están delante del Señor,
¡Cuánto más los corazones de los hombres!
12El insolente no ama al que lo reprende,
Ni se allegará a los sabios.
13El corazón gozoso alegra el rostro,
Pero en la tristeza del corazón se quebranta el espíritu.
14El corazón inteligente busca conocimiento,
Pero la boca de los necios se alimenta de necedades.
15Todos los días del afligido son malos,
Pero el de corazón alegre tiene un banquete continuo.
16Mejor es poco con temor del Señor,
Que gran tesoro con turbación.
17Mejor es un plato de legumbres donde hay amor,
Que buey engordado con odio.
18El hombre irascible provoca riñas,
Pero el lento para la ira apacigua pleitos.
19El camino del perezoso es como un seto de espinos,
Pero la senda de los rectos es una calzada.
20El hijo sabio alegra al padre,
Pero el hombre necio desprecia a su madre.
21La necedad es alegría para el insensato,
Pero el hombre inteligente anda rectamente.
22Sin consulta, los planes se frustran,
Pero con muchos consejeros, triunfan.
23El hombre se alegra con la respuesta adecuada,
Y una palabra a tiempo, ¡cuán agradable es!
24La senda de la vida para el sabio es hacia arriba
Para que se aparte del Seol que está abajo.
25El Señor derribará la casa de los soberbios,
Pero afianzará los linderos de la viuda.
26Abominación al Señor son los planes perversos,
Pero son puras las palabras agradables.
27Perturba su casa el que tiene ganancias ilícitas,
Pero el que aborrece el soborno, vivirá.
28El corazón del justo medita cómo responder,
Pero la boca de los impíos habla lo malo.
29El Señor está lejos de los impíos,
Pero escucha la oración de los justos.
30La luz de los ojos alegra el corazón,
Y las buenas noticias fortalecen los huesos.
31Aquel cuyo oído escucha las reprensiones de la vida
Morará entre los sabios.
32El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo,
Pero el que escucha las reprensiones adquiere entendimiento.
33El temor del Señor es instrucción de sabiduría,
Y antes de la gloria está la humildad.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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