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Día 14 de 365 · 14 de enero

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Génesis 27

1Y aconteció que siendo ya viejo Isaac, y sus ojos demasiado débiles para ver, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: «Hijo mío». «Aquí estoy», le respondió Esaú. 2Y dijo Isaac: «Mira, yo soy viejo y no sé el día de mi muerte. 3Ahora pues, te ruego, toma tu equipo, tu aljaba y tu arco, sal al campo y tráeme caza. 4Prepárame un buen guisado como a mí me gusta, y tráemelo para que yo coma, y que mi alma te bendiga antes que yo muera».
5Rebeca estaba escuchando cuando Isaac hablaba a su hijo Esaú. Y cuando Esaú fue al campo a cazar una pieza para traer a casa, 6Rebeca dijo a su hijo Jacob: «Mira, oí a tu padre que hablaba con tu hermano Esaú, diciéndole: 7“Tráeme caza y prepárame un buen guisado para que coma y te bendiga en presencia del Señor antes de mi muerte”. 8Ahora pues, hijo mío, obedéceme en lo que te mando. 9Ve ahora al rebaño y tráeme de allí dos de los mejores cabritos de las cabras, y yo prepararé con ellos un buen guisado para tu padre como a él le gusta.
10»Entonces se lo llevarás a tu padre, que comerá, para que te bendiga antes de su muerte». 11Pero Jacob dijo a su madre Rebeca: «Esaú mi hermano es hombre velludo y yo soy lampiño. 12Quizá mi padre me toque, y entonces seré para él un engañador y traeré sobre mí una maldición y no una bendición». 13Pero su madre le respondió: «Caiga sobre mí tu maldición, hijo mío. Solamente obedéceme. Ve y tráemelos». 14Jacob fue, tomó los cabritos y los trajo a su madre, y su madre hizo un buen guisado, como a su padre le gustaba.
15Entonces Rebeca tomó las mejores vestiduras de Esaú, su hijo mayor, que ella tenía en la casa, y vistió a Jacob, su hijo menor. 16Le puso las pieles de los cabritos sobre las manos y sobre la parte lampiña del cuello, 17y puso el guisado que había hecho y el pan en manos de su hijo Jacob.
18Entonces Jacob fue a su padre, y le dijo: «Padre mío». «Aquí estoy. ¿Quién eres, hijo mío?», preguntó Isaac. 19Jacob contestó a su padre: «Soy Esaú tu primogénito. He hecho lo que me dijiste. Levántate, te ruego. Siéntate y come de mi caza para que me bendigas». 20Pero Isaac dijo a su hijo: «¿Cómo es que la has encontrado tan pronto, hijo mío?». «Porque el Señor tu Dios hizo que así me sucediera», respondió Jacob.
21Isaac entonces dijo a Jacob: «Te ruego que te acerques para tocarte, hijo mío, a ver si en verdad eres o no mi hijo Esaú». 22Jacob se acercó a Isaac su padre, y él lo tocó y dijo: «La voz es la voz de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú». 23No lo reconoció porque sus manos eran velludas como las de su hermano Esaú, y lo bendijo.
24Y le preguntó: «¿Eres en verdad mi hijo Esaú?». «Yo soy», respondió Jacob. 25Entonces dijo: «Sírveme, y comeré de la caza de mi hijo para que yo te bendiga». Y le sirvió, y comió; le trajo también vino, y bebió.
26Y su padre Isaac le dijo: «Te ruego que te acerques y me beses, hijo mío». 27Jacob se acercó y lo besó; y al notar el olor de sus vestidos, Isaac lo bendijo, diciendo:
«Ciertamente el olor de mi hijo
Es como el aroma de un campo que el Señor ha bendecido.
28-»Dios te dé, pues, del rocío del cielo,
Y de la riqueza de la tierra,
Y abundancia de grano y de vino nuevo.
29-»Sírvante pueblos,
Y póstrense ante ti naciones;
Sé señor de tus hermanos,
E inclínense ante ti los hijos de tu madre.
Malditos los que te maldigan,
Y benditos los que te bendigan».
30Pero tan pronto como Isaac había terminado de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de la presencia de su padre Isaac, su hermano Esaú llegó de su cacería. 31También él hizo un buen guisado y lo trajo a su padre, y dijo a su padre: «Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que tú me bendigas».
32Y su padre Isaac le dijo: «¿Quién eres?». «Soy tu hijo, tu primogénito, Esaú», le respondió. 33Isaac tembló con un estremecimiento muy grande, y dijo: «¿Quién fue entonces el que trajo caza, antes de que tú vinieras, y me la trajo y yo comí de todo, y lo bendije? Sí, y bendito será».
34Al oír Esaú las palabras de su padre, clamó con un grande y amargo clamor, y dijo a su padre: «¡Bendíceme, bendíceme también a mí, padre mío!». 35Pero Isaac respondió: «Tu hermano vino con engaño y se ha llevado tu bendición».
36Y Esaú dijo: «Con razón se llama Jacob, pues me ha suplantado estas dos veces. Primero me quitó mi primogenitura y ahora me ha quitado mi bendición». Y añadió: «¿No has reservado una bendición para mí?». 37«Mira», le respondió Isaac, «yo lo he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus parientes; y con grano y vino nuevo lo he sustentado. En cuanto a ti ¿qué haré, pues, hijo mío?».
38Y Esaú dijo a su padre: «¿No tienes más que una bendición, padre mío? Bendíceme, bendíceme también a mí, padre mío». Y Esaú alzó su voz y lloró. 39Entonces su padre Isaac le dijo:
«Lejos de la fertilidad de la tierra será tu morada,
Y lejos del rocío que baja del cielo.
40-»Por tu espada vivirás,
Y a tu hermano servirás;
Mas acontecerá que cuando te impacientes,
Arrancarás su yugo de tu cuello».
41Esaú, pues, guardó rencor a Jacob a causa de la bendición con que su padre lo había bendecido; y Esaú se dijo: «Los días de luto por mi padre están cerca; entonces mataré a mi hermano Jacob». 42Cuando las palabras de Esaú, su hijo mayor, le fueron comunicadas a Rebeca, envió a llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: «Mira, en cuanto a ti, tu hermano Esaú se consuela con la idea de matarte. 43Ahora pues, hijo mío, obedece mi voz: levántate y huye a Harán, a casa de mi hermano Labán. 44Quédate con él algunos días hasta que se calme el furor de tu hermano; 45hasta que la ira de tu hermano contra ti se calme, y olvide lo que le hiciste. Entonces enviaré y te traeré de allá. ¿Por qué he de sufrir la pérdida de ustedes dos en un mismo día?».
46Entonces Rebeca dijo a Isaac: «Estoy cansada de vivir a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como estas, de las hijas de estatierra, ¿para qué me servirá la vida?».

Génesis 28

1Isaac llamó a Jacob, lo bendijo y le ordenó: «No tomarás mujer de entre las hijas de Canaán. 2Levántate, ve a Padán Aram, a casa de Betuel, padre de tu madre; y toma de allí mujer de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre. 3El Dios Todopoderoso te bendiga, te haga fecundo y te multiplique, para que llegues a ser multitud de pueblos. 4Que también te dé la bendición de Abraham, a ti y a tu descendencia contigo, para que tomes posesión de la tierra de tus peregrinaciones, la que Dios dio a Abraham».
5Entonces Isaac despidió a Jacob, y este fue a Padán Aram, a casa de Labán, hijo de Betuel el arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y Esaú. 6Esaú vio que Isaac había bendecido a Jacob y lo había enviado a Padán Aram para tomar allí mujer para sí, y que cuando lo bendijo, le dio órdenes, diciendo: «No tomarás para ti mujer de entre las hijas de Canaán». 7También supo que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padán Aram. 8Vio, pues, Esaú que las hijas de Canaán no eran del agrado de su padre Isaac; 9y Esaú fue a Ismael, y tomó por mujer, además de las mujeres que ya tenía, a Mahalat, hija de Ismael, hijo de Abraham, hermana de Nebaiot.
10Jacob salió de Beerseba, y fue para Harán. 11Llegó a cierto lugar y pasó la noche allí, porque el sol se había puesto; tomó una de las piedras del lugar, la puso de cabecera y se acostó en aquel lugar. 12Tuvo un sueño, y vio que había una escalera apoyada en la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo. Por ella los ángeles de Dios subían y bajaban.
13El Señor estaba de pie junto a él, y dijo: «Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. 14También tu descendencia será como el polvo de la tierra. Te extenderás hacia el occidente y hacia el oriente, hacia el norte y hacia el sur; y en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra. 15Ahora bien, Yo estoy contigo. Te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra. No te dejaré hasta que haya hecho lo que te he prometido».
16Despertó Jacob de su sueño y dijo: «Ciertamente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía». 17Y tuvo miedo y añadió: «¡Cuán imponente es este lugar! Esto no es más que la casa de Dios, y esta es la puerta del cielo».
18Jacob se levantó muy de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, la erigió por señal y derramó aceite por encima. 19A aquel lugar le puso el nombre de Betel, aunque anteriormente el nombre de la ciudad había sido Luz.
20Entonces Jacob hizo un voto, diciendo: «Si Dios está conmigo y me guarda en este camino en que voy, y me da alimento para comer y ropa para vestir, 21y vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios. 22Y esta piedra que he puesto por señalserá casa de Dios; y de todo lo que me des, te daré el diezmo».

Mateo 14

1Por aquel tiempo, Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús, 2y dijo a sus sirvientes: «Este es Juan el Bautista. Él ha resucitado de entre los muertos, y por eso es que poderes milagrosos actúan en él».
3Porque antes Herodes había prendido a Juan, y lo había atado y puesto en la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano Felipe; 4porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla». 5Y aunque Herodes quería matarlo, tenía miedo al pueblo, porque consideraban a Juan como un profeta.
6Pero cuando llegó el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó ante ellos y agradó a Herodes. 7Por lo cual le prometió con juramento darle lo que ella pidiera. 8Ella, instigada por su madre, dijo*: «Dame aquí, en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
9Y aunque el rey se entristeció, a causa de sus juramentos y de sus invitados, ordenó que se la dieran; 10y mandó decapitar a Juan en la cárcel. 11Trajeron su cabeza en una bandeja y se la dieron a la muchacha, y ella se la llevó a su madre. 12Los discípulos de Juan llegaron y recogieron el cuerpo y lo sepultaron; y fueron y se lo comunicaron a Jesús.
13Al oír esto, Jesús se fue de allí en una barca, solo, a un lugar desierto; y cuando las multitudes lo supieron, lo siguieron a pie desde las ciudades. 14Cuando Jesús desembarcó, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos y sanó a sus enfermos. 15Al atardecer se acercaron los discípulos, diciendo: «El lugar está desierto y la hora ya es avanzada; despide, pues, a las multitudes para que vayan a las aldeas y se compren alimentos».
16Pero Jesús les dijo: «No hay necesidad de que se vayan; denles ustedes de comer». 17Entonces ellos dijeron*: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces». 18«Traigan acá los panes y los peces», les dijo.
19Y ordenando a la muchedumbre que se sentara sobre la hierba, Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo los alimentos. Después partió los panes y se los dio a los discípulos y los discípulos a la multitud. 20Todos comieron y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos: doce cestas llenas. 21Y los que comieron fueron unos 5,000 hombres, sin contar las mujeres y los niños.
22Enseguida Jesús hizo que los discípulos subieran a la barca y fueran delante de Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la multitud. 23Después de despedir a la multitud, subió al monte a solas para orar; y al anochecer, estaba allí solo. 24Pero la barca ya estaba muy lejos de tierra, y era azotada por las olas, porque el viento era contrario. 25A la cuarta vigilia de la noche (3 a 6 a.m.), Jesús vino a ellos andando sobre el mar.
26Y los discípulos, al ver a Jesús andar sobre el mar, se turbaron, y decían: «¡Es un fantasma!». Y de miedo, se pusieron a gritar. 27Pero enseguida Jesús les dijo: «Tengan ánimo, soy Yo; no teman».
28Y Pedro le respondió: «Señor, si eres Tú, mándame que vaya a Ti sobre las aguas». 29«Ven», le dijo Jesús. Y descendiendo Pedro de la barca, caminó sobre las aguas, y fue hacia Jesús. 30Pero viendo la fuerza del viento tuvo miedo, y empezando a hundirse gritó: «¡Señor, sálvame!». 31Al instante Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo y le dijo*: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».
32Cuando ellos subieron a la barca, el viento se calmó. 33Entonces los que estaban en la barca lo adoraron, diciendo: «En verdad eres Hijo de Dios».
34Terminada la travesía, bajaron a tierra en Genesaret. 35Y cuando los hombres de aquel lugar reconocieron a Jesús, enviaron a decirlo por toda aquella región de alrededor y le trajeron todos los que tenían algún mal. 36Y le rogaban que les dejara tocar siquiera el borde de Su manto; y todos los que lotocaban quedaban curados.

Salmo 14

Para el director del coro. Salmo de David.
1El necio ha dicho en su corazón: «No hay Dios».
Todos se han corrompido, han cometido hechos abominables;
No hay quien haga el bien.
2El Señor ha mirado desde los cielos sobre los hijos de los hombres
Para ver si hay alguien que entienda,
Alguien que busque a Dios.
3Pero todos se han desviado, a una se han corrompido;
No hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno.
4¶¿No tienen conocimiento todos los que hacen iniquidad,
Que devoran a mi pueblo como si comieran pan,
Y no invocan al Señor?
5Allí están temblando de miedo,
Pues Dios está con la generación justa.
6Del consejo del afligido ustedes se burlarían,
Pero el Señor es su refugio.
7¶¡Oh, si de Sión saliera la salvación de Israel!
Cuando el Señor restaure a Su pueblo cautivo,
Se regocijará Jacob yse alegrará Israel.

Proverbios 14

1La mujer sabia edifica su casa,
Pero la necia la derriba con sus manos.
2El que anda en rectitud teme al Señor,
Pero el de perversos caminos lo desprecia.
3En la boca del necio hay una vara para su espalda,
Pero los labios de los sabios los protegerán.
4Donde no hay bueyes, el pesebre está limpio,
Pero mucho rendimiento se obtiene por la fuerza del buey.
5El testigo veraz no mentirá,
Pero el testigo falso habla mentiras.
6El insolente busca sabiduría y no la halla,
Pero para el hombre entendido el conocimiento es fácil.
7Apártate de la presencia del necio,
Porque en él no discernirás palabras de conocimiento.
8La sabiduría del prudente está en entender su camino,
Pero la necedad de los necios es engaño.
9Los necios se ríen del pecado,
Pero entre los rectos hay buena voluntad.
10El corazón conoce su propia amargura,
Y un extraño no comparte su alegría.
11La casa de los impíos será destruida,
Pero la tienda de los rectos florecerá.
12Hay camino que al hombre le parece derecho,
Pero al final, es camino de muerte.
13Aun en la risa, el corazón puede tener dolor,
Y el final de la alegría puede ser tristeza.
14El de corazón descarriado se saciará de sus caminos,
Pero el hombre bueno estará satisfecho con el suyo.
15El simple todo lo cree,
Pero el prudente mira bien sus pasos.
16El sabio teme y se aparta del mal,
Pero el necio es arrogante y descuidado.
17El hombre pronto a la ira obra neciamente,
Y el hombre de malos designios es aborrecido.
18Los simples heredan necedad,
Pero los prudentes son coronados de conocimiento.
19Los malos se inclinarán ante los buenos,
Y los impíos, a las puertas del justo.
20Aun por su vecino es odiado el pobre,
Pero muchos son los que aman al rico.
21El que desprecia a su prójimo peca,
Pero es feliz el que se apiada de los pobres.
22¿No se perderán los que traman el mal?
Pero misericordia y verdad recibirán los que planean el bien.
23En todo trabajo hay ganancia,
Pero el vano hablar conduce solo a la pobreza.
24La corona de los sabios es su riqueza,
Pero la necedad de los necios es insensatez.
25El testigo veraz salva vidas,
Pero el que habla mentiras es traidor.
26En el temor del Señor hay confianza segura,
Y a los hijos dará refugio.
27El temor del Señor es fuente de vida,
Para evadir los lazos de la muerte.
28En la multitud del pueblo está la gloria del rey,
Pero en la falta de pueblo está la ruina del príncipe.
29El lento para la ira tiene gran prudencia,
Pero el que es irascible ensalza la necedad.
30Un corazón apacible es vida para el cuerpo,
Pero las pasiones son podredumbre de los huesos.
31El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor,
Pero el que se apiada del necesitado lo honra.
32El impío es derribado por su maldad,
Pero el justo tiene un refugio cuando muere.
33En el corazón del prudente reposa la sabiduría,
Pero en medio de los necios no se da a conocer.
34La justicia engrandece a la nación,
Pero el pecado es afrenta para los pueblos.
35El favor del rey es para el siervo que obra sabiamente,
Pero su enojo es contra el que obra vergonzosamente.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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