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Día 142 de 365 · 22 de mayo

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2 Samuel 16

1Cuando David pasó un poco más allá de la cumbre, vio que Siba, el criado de Mefiboset, salía a su encuentro con un par de asnos aparejados, y sobre ellos había 200 panes, 100 racimos de uvas pasas, 100 frutas de verano y un odre de vino. 2Y el rey dijo a Siba: «¿Para qué tienes esto?». Y Siba respondió: «Los asnos son para que monte la familia del rey, y el pan y la fruta de verano para que los jóvenes coman, y el vino para que beba cualquiera que se fatigue en el desierto». 3Entonces el rey dijo: «¿Y dónde está el hijo de tu señor?». Y Siba respondió al rey: «Está en Jerusalén, pues ha dicho: “Hoy la casa de Israel me devolverá el reino de mi padre” ». 4Y el rey dijo a Siba: «Mira, todo lo que pertenece a Mefiboset es tuyo». Y Siba dijo: «Me inclino ante usted; que halle yo gracia ante sus ojos, oh rey, mi señor».
5Al llegar el rey David a Bahurim, entonces, salió de allí un hombre de la familia de la casa de Saúl que se llamaba Simei, hijo de Gera. Cuando salió, iba maldiciendo, 6y tiraba piedras a David y a todos los siervos del rey David, aunque todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su derecha y a su izquierda. 7Así decía Simei mientras maldecía: «¡Fuera, fuera, hombre sanguinario e indigno! 8El Señor ha hecho volver sobre ti toda la sangre derramada de la casa de Saúl, en cuyo lugar has reinado; el Señor ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón. Aquí estás prendido en tu propia maldad, porque eres hombre sanguinario».
9Entonces Abisai, hijo de Sarvia, dijo al rey: «¿Por qué ha de maldecir este perro muerto a mi señor el rey? Déjeme que vaya ahora y le corte la cabeza». 10Pero el rey dijo: «¿Qué tengo yo que ver con ustedes, hijos de Sarvia? Si él maldice, y si el Señor le ha dicho: “Maldice a David”, ¿quién, pues, le dirá: “¿Por qué has hecho esto?” ». 11Entonces David dijo a Abisai y a todos sus siervos: «Mi hijo que salió de mis entrañas busca mi vida; ¿cuánto más entonces este benjamita? Déjenlo, que siga maldiciendo, porque el Señor se lo ha dicho. 12Quizá el Señor mire mi aflicción y me devuelva bien por su maldición de hoy». 13Así pues, David y sus hombres siguieron su camino; y Simei iba por el lado del monte paralelo a él, y mientras iba lo maldecía, le tiraba piedras y le arrojaba polvo. 14Y el rey y todo el pueblo que iba con él llegaron al Jordán fatigados, y allí descansaron.
15Entonces Absalón y todo el pueblo, los hombres de Israel, entraron en Jerusalén, y Ahitofel con él. 16Sucedió que cuando Husai el arquita, amigo de David, vino a Absalón, Husai dijo a Absalón: «¡Viva el rey! ¡Viva el rey!». 17Y Absalón dijo a Husai: «¿Es esta tu lealtad para con tu amigo? ¿Por qué no fuiste con tu amigo?». 18Respondió Husai a Absalón: «No, pues a quien el Señor, este pueblo y todos los hombres de Israel han escogido, de él seré, y con él me quedaré. 19Además, ¿a quién debería yo servir? ¿No habría de ser en la presencia de su hijo? Tal como he servido delante de tu padre, así seré delante de ti».
20Entonces Absalón dijo a Ahitofel: «Den ustedes su consejo. ¿Qué debemos hacer?». 21Y Ahitofel respondió a Absalón: «Lléguese a las concubinas de su padre, a quienes él ha dejado para guardar la casa. Entonces todo Israel sabrá que usted ha hecho odioso a su padre, y las manos de todos los que están con usted se fortalecerán». 22Levantaron, pues, una tienda en el terrado para Absalón, y él se llegó a las concubinas de su padre a la vista de todo Israel. 23El consejo que Ahitofel daba en aquellos días era como si uno consultara la palabra de Dios. Así era consideradotodo consejo de Ahitofel tanto por David como por Absalón.

2 Samuel 17

1Ahitofel dijo también a Absalón: «Le ruego que me deje escoger 12,000 hombres, y esta noche me levantaré y perseguiré a David. 2Caeré sobre él cuando esté cansado y fatigado, le infundiré terror y huirá todo el pueblo que está con él. Entonces heriré al rey solamente, 3y haré volver a usted a todo el pueblo. El regreso de todos depende del hombre a quien busca; después todo el pueblo estará en paz». 4Y el plan agradó a Absalón y a todos los ancianos de Israel.
5Entonces Absalón dijo: «Llame también ahora a Husai el arquita y escuchemos lo que él tiene que decir». 6Cuando Husai vino a Absalón, este le dijo: «Ahitofel ha hablado de esta manera. ¿Llevaremos a cabo su plan? Si no, habla». 7Y Husai dijo a Absalón: «Esta vez el consejo que Ahitofel ha dado no es bueno». 8Dijo además Husai: «Usted conoce a su padre y a sus hombres, que son hombres valientes y que están enfurecidos como una osa en el campo privada de sus cachorros. Su padre es un experto en la guerra, y no pasará la noche con el pueblo. 9Ciertamente, él ahora se habrá escondido en una de las cuevas o en algún otro lugar. Y sucederá que si en el primer asalto caen algunos de los suyos, cualquiera que se entere, dirá: “Ha habido una matanza entre el pueblo que sigue a Absalón”.
10»Y aun el valiente, cuyo corazón es como el corazón de un león, se desanimará completamente, pues todo Israel sabe que su padre es un hombre poderoso y que todos los que están con él son valientes. 11Pero yo aconsejo que todo Israel se reúna con usted, desde Dan hasta Beerseba, abundantes como la arena que está a la orilla del mar, y que usted personalmente vaya al combate. 12Así que iremos a él en cualquiera de los lugares donde se encuentre, y descenderemos sobre él como cae el rocío sobre la tierra. De él y de todos los hombres que están con él no quedará ni uno. 13Si se refugia en una ciudad, todo Israel traerá sogas a aquella ciudad y la arrastraremos al valle hasta que no se encuentre en ella ni una piedra pequeña». 14Absalón y todos los hombres de Israel dijeron: «El consejo de Husai el arquita es mejor que el consejo de Ahitofel». Pues el Señor había ordenado que se frustrara el buen consejo de Ahitofel para que el Señor trajera calamidad sobre Absalón.
15Después Husai dijo a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: «Esto es lo que Ahitofel aconsejó a Absalón y a los ancianos de Israel, y esto es lo que yo he aconsejado. 16Ahora pues, envíen inmediatamente y avisen a David: “No pase la noche en los vados del desierto sino pase al otro lado sin falta, no sea que el rey y el pueblo que está con él sean destruidos” ». 17Y Jonatán y Ahimaas aguardaban en En Rogel. Una criada iría a avisarles y ellos irían a avisar al rey David, porque no debían verse entrando a la ciudad. 18Pero un muchacho los vio y avisó a Absalón; así que los dos salieron rápidamente y fueron a la casa de un hombre en Bahurim que tenía un pozo en su patio, al cual descendieron. 19Y tomando la mujer una manta, la extendió sobre la boca del pozo y esparció grano sobre ella, de modo que nada se notaba. 20Entonces los siervos de Absalón fueron a la casa de la mujer y dijeron: «¿Dónde están Ahimaas y Jonatán?». Y la mujer les dijo: «Ellos han pasado el arroyo». Buscaron, y al no encontrarlos, regresaron a Jerusalén.
21Después que los siervos se fueron, salieron del pozo, y fueron y dieron aviso al rey David, diciéndole: «Levántense y pasen aprisa las aguas, porque Ahitofel ha aconsejado así contra ustedes». 22Entonces David y todo el pueblo que estaba con él se levantaron y pasaron el Jordán. Ya al amanecer no quedaba ninguno que no hubiera pasado el Jordán. 23Viendo Ahitofel que no habían seguido su consejo, aparejó su asno, se levantó y fue a su casa, a su ciudad, puso en orden su casa y se ahorcó. Así murió, y fue sepultado en la tumba de su padre.
24Al llegar David a Mahanaim, Absalón pasó el Jordán y con él todos los hombres de Israel. 25Absalón nombró a Amasa jefe del ejército en lugar de Joab. Amasa era hijo de un hombre que se llamaba Itra, el israelita, el cual se había llegado a Abigail, hija de Nahas, hermana de Sarvia, madre de Joab. 26Y acampó Israel con Absalón en la tierra de Galaad.
27Cuando David llegó a Mahanaim, entonces Sobi, hijo de Nahas de Rabá, de los hijos de Amnón, Maquir, hijo de Amiel de Lodebar, y Barzilai el galaadita de Rogelim, 28trajeron camas, copas, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, semillas tostadas, 29miel, cuajada, ovejas, y queso de vaca, para que comieran David y el pueblo que estabacon él, pues decían: «El pueblo está hambriento, cansado y sediento en el desierto».

1 Corintios 9

1¿No soy libre? ¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús nuestro Señor? ¿No son ustedes mi obra en el Señor? 2Si para otros no soy apóstol, por lo menos para ustedes sí lo soy; pues ustedes son el sello de mi apostolado en el Señor.
3Mi defensa contra los que me examinan es esta: 4¿Acaso no tenemos derecho a comer y beber? 5¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una esposa creyente, así como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas? 6¿O acaso solo Bernabé y yo no tenemos el derecho a no trabajar? 7¿Quién ha servido alguna vez como soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta una viña y no come de su fruto? ¿O quién cuida un rebaño y no bebe de la leche del rebaño?
8¿Acaso digo esto según el juicio humano? ¿No dice también la ley esto mismo? 9Pues en la ley de Moisés está escrito: «No pondrás bozal al buey cuando trilla». ¿Acaso le preocupan a Dios los bueyes? 10¿O lo dice especialmente por nosotros? Sí, se escribió por nosotros, porque el que ara debe arar con esperanza, y el que trilla debe trillar con la esperanza de recibir de la cosecha.
11Si en ustedes sembramos lo espiritual, ¿será demasiado que de ustedes cosechemos lo material? 12Si otros tienen este derecho sobre ustedes, ¿no lo tenemos aún más nosotros? Sin embargo, no hemos usado este derecho, sino que sufrimos todo para no causar estorbo al evangelio de Cristo.
13¿No saben que los que desempeñan los servicios sagrados comen la comida del templo, y los que regularmente sirven al altar, del altar reciben su parte? 14Así también ordenó el Señor que los que proclaman el evangelio, vivan del evangelio. 15Pero yo de nada de esto me he aprovechado. Y no escribo esto para que así se haga conmigo. Porque mejor me fuera morir, que permitir que alguien me prive de esta gloria.
16Porque si predico el evangelio, no tengo nada de qué gloriarme, pues estoy bajo el deber de hacerlo. Pues ¡ay de mí si no predico el evangelio! 17Porque si hago esto voluntariamente, tengo recompensa; pero si lo hago en contra de mi voluntad, un encargo se me ha confiado. 18¿Cuál es, entonces, mi recompensa? Que al predicar el evangelio, pueda ofrecerlo gratuitamente sin hacer pleno uso de mi derecho como predicador del evangelio.
19Porque aunque soy libre de todos, de todos me he hecho esclavo para ganar al mayor número posible. 20A los judíos me hice como judío, para poder ganar a los judíos. A los que están bajo la ley, como bajo la ley, aunque yo no estoy bajo la ley, para poder ganar a los que están bajo la ley. 21A los que están sin ley, como sin ley, aunque no estoy sin la ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo, para poder ganar a los que están sin ley. 22A los débiles me hice débil, para ganar a los débiles. A todos me he hecho todo, para que por todos los medios salve a algunos. 23Y todo lo hago por amor del evangelio, para ser partícipe de él.
24¿No saben que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero solo uno obtiene el premio? Corran de tal modo que ganen. 25Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, 27sino que golpeomi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado.

Salmo 142

Masquil de David, cuando estaba en la cueva. Plegaria.
1Clamo al Señor con mi voz;
Con mi voz suplico al Señor.
2Delante de Él expongo mi queja;
En Su presencia manifiesto mi angustia.
3Cuando mi espíritu desmayaba dentro de mí,
Tú conociste mi senda.
En la senda en que camino
Me han tendido una trampa.
4Mira a la derecha, y ve,
Porque no hay quien me tome en cuenta;
No hay refugio para mí;
No hay quien cuide de mi alma.
5¶A Ti he clamado, Señor;
Dije: «Tú eres mi refugio,
Mi porción en la tierra de los vivientes.
6-»Atiende a mi clamor,
Porque estoy muy abatido;
Líbrame de los que me persiguen,
Porque son más fuertes que yo.
7-»Saca mi alma de la prisión,
Para que yo dé gracias a Tu nombre;
Los justos me rodearán,
Porque Tú me colmarás de bendiciones».

Proverbios 18

1El que vive aislado busca su propio deseo,
Contra todo consejo se encoleriza.
2El necio no se deleita en la prudencia,
Sino solo en revelar su corazón.
3Cuando llega el impío, llega también el desprecio,
Y con la deshonra viene la afrenta.
4Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre;
Arroyo que fluye, la fuente de la sabiduría.
5No es bueno mostrar preferencia por el impío,
Para ignorar al justo en el juicio.
6Los labios del necio provocan riña,
Y su boca llama a los golpes.
7La boca del necio es su ruina,
Y sus labios una trampa para su alma.
8Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
9También el que es negligente en su trabajo
Es hermano del que destruye.
10El nombre del Señor es torre fuerte,
A ella corre el justo y está a salvo.
11La fortuna del rico es su ciudad fortificada,
Y como muralla alta en su imaginación.
12Antes de la destrucción el corazón del hombre es altivo,
Pero a la gloria precede la humildad.
13El que responde antes de escuchar,
Cosecha necedad y vergüenza.
14El espíritu del hombre puede soportar su enfermedad,
Pero el espíritu quebrantado, ¿quién lo puede sobrellevar?
15El corazón del prudente adquiere conocimiento,
Y el oído del sabio busca el conocimiento.
16La dádiva del hombre le abre camino
Y lo lleva ante la presencia de los grandes.
17Justo parece el primero que defiende su causa
Hasta que otro viene y lo examina.
18La suerte pone fin a los pleitos
Y decide entre los poderosos.
19El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada,
Y los pleitos son como cerrojos de fortaleza.
20Con el fruto de su boca el hombre sacia su vientre,
Con el producto de sus labios se saciará.
21Muerte y vida están en poder de la lengua,
Y los que la aman comerán su fruto.
22El que halla esposa halla algo bueno
Y alcanza el favor del Señor.
23El pobre habla suplicando,
Pero el rico responde con dureza.
24El hombre de muchos amigos se arruina,
Pero hay amigomás unido que un hermano.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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