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Día 143 de 365 · 23 de mayo

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2 Samuel 18

1Entonces David contó el pueblo que estaba con él, y puso sobre ellos capitanes de miles y capitanes de cientos. 2Y envió David al pueblo: una tercera parte bajo el mando de Joab, otra tercera parte bajo el mando de Abisai, hijo de Sarvia, hermano de Joab, y otra tercera parte bajo el mando de Itai el geteo. Y el rey dijo al pueblo: «Ciertamente yo también saldré con ustedes». 3Pero el pueblo dijo: «No debe salir; porque si tenemos que huir, no harán caso de nosotros. Aunque muera la mitad de nosotros, no harán caso de nosotros. Pero usted vale por 10,000 de nosotros; ahora pues, será mejor que usted esté listo para ayudarnos desde la ciudad». 4«Yo haré lo que les parezca mejor», les dijo el rey. Y el rey se puso junto a la puerta, y todo el pueblo salió por centenares y por millares. 5Y el rey David mandó a Joab, a Abisai y a Itai y dijo: «Por amor a mí traten bien al joven Absalón». Y todo el pueblo oyó cuando el rey dio orden a todos los capitanes acerca de Absalón.
6El pueblo salió al campo al encuentro de Israel, y se entabló la batalla en el bosque de Efraín. 7Allí fue derrotado el pueblo de Israel delante de los siervos de David, y la matanza aquel día allí fue grande: 20,000 hombres. 8La batalla se extendió por toda aquella región, y el bosque devoró más gente aquel día que la que devoró la espada.
9Absalón se encontró con los siervos de David. Absalón iba montado en su mulo, y pasó el mulo debajo del espeso ramaje de una gran encina, y se le trabó la cabeza a Absalón en la encina, y quedó colgado entre el cielo y la tierra, mientras que el mulo que estaba debajo de él siguió de largo. 10Cuando uno de los hombres vio esto, avisó a Joab: «Yo vi a Absalón colgado de una encina». 11Joab dijo al hombre que le había avisado: «Así que tú lo viste, ¿por qué no lo heriste allí derribándolo a tierra? Yo te hubiera dado diez monedas de plata y un cinturón». 12Respondió el hombre a Joab: «Aunque yo recibiera 1,000 monedas de plata en la mano, no extendería la mano contra el hijo del rey. Porque ante nuestros oídos el rey te ordenó a ti, a Abisai y a Itai: “Protéjanme al joven Absalón”. 13De otro modo, si yo hubiera hecho traición contra su vida (y no hay nada oculto al rey), tú mismo te hubieras mostrado indiferente». 14Respondió Joab: «No malgastaré mi tiempo aquí contigo». Y tomando tres dardos en la mano, los clavó en el corazón de Absalón mientras todavía estaba vivo en medio de la encina. 15Y diez jóvenes escuderos de Joab rodearon e hirieron a Absalón y lo remataron.
16Entonces Joab tocó la trompeta, y el pueblo regresó de perseguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo. 17Y tomaron a Absalón, lo echaron en una fosa profunda en el bosque y levantaron sobre él un gran montón de piedras. Y todo Israel huyó, cada uno a su tienda. 18En vida, Absalón había tomado y erigido para sí una columna que está en el valle del Rey, pues se había dicho: «No tengo hijo para perpetuar mi nombre». Y llamó la columna por su propio nombre, y hasta hoy día se llama Monumento de Absalón.
19Y Ahimaas, hijo de Sadoc, dijo: «Te ruego que me dejes correr y llevar las noticias al rey de que el Señor lo ha liberado de la mano de sus enemigos». 20Pero Joab le dijo: «Tú no eres el hombre para llevar hoy las noticias; las llevarás otro día. No llevarás noticias hoy, porque el hijo del rey ha muerto». 21Entonces Joab dijo al cusita: «Ve, anuncia al rey lo que has visto». Y el cusita se inclinó ante Joab, y corrió. 22Y Ahimaas, hijo de Sadoc, volvió a decir a Joab: «Pase lo que pase, te ruego que me dejes correr tras el cusita». «¿Por qué correrás, hijo mío, ya que no tendrás recompensa por ir?», le dijo Joab. 23Pero él dijo: «Pase lo que pase, correré». Entonces le dijo: «Corre». Y Ahimaas corrió por el camino de la llanura, y pasó al cusita.
24David estaba sentado entre las dos puertas; y el atalaya subió al terrado de la puerta en el muro, y alzando los ojos miró, y vio a un hombre que corría solo. 25Y el atalaya llamó y avisó al rey. Y el rey dijo: «Si viene solo hay buenas noticias en su boca». Mientras se acercaba más y más, 26el atalaya vio a otro hombre corriendo. Entonces el atalaya dio voces al portero, y dijo: «Veo a otro hombre corriendo solo». «Este también trae buenas noticias», dijo el rey. 27Y el atalaya dijo: «Creo que el correr del primero es como el correr de Ahimaas, hijo de Sadoc». Y el rey dijo: «Este es un buen hombre y viene con buenas noticias».
28Y Ahimaas dio voces, y dijo al rey: «Todo está bien». Se postró rostro en tierra delante del rey, y dijo: «Bendito es el Señor su Dios, que ha entregado a los hombres que levantaron sus manos contra mi señor el rey». 29«¿Le va bien al joven Absalón?», preguntó el rey. Y Ahimaas respondió: «Cuando Joab envió al siervo del rey y a su siervo, vi un gran tumulto, pero no supe qué era». 30«Ponte a un lado y quédate aquí», le dijo el rey. Y él se puso a un lado, y se quedó allí.
31Y cuando llegó el cusita, dijo: «Reciba mi señor el rey buenas noticias, porque el Señor lo ha librado hoy de la mano de todos aquellos que se levantaron contra usted». 32Dijo el rey al cusita: «¿Le va bien al joven Absalón?». Y el cusita respondió: «Sean como ese joven los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levantan contra usted para mal». 33El rey se conmovió profundamente, y subió al aposento que habíaencima de la puerta y lloró. Y decía así mientras caminaba: «¡Hijo mío Absalón; hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera haber muerto yo en tu lugar! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!».

2 Samuel 19

1Entonces dieron aviso a Joab: «El rey está llorando y se lamenta por Absalón». 2Y la victoria aquel día se convirtió en duelo para todo el pueblo, porque el pueblo oyó decir aquel día: «El rey está entristecido por su hijo». 3Aquel día el pueblo entró calladamente en la ciudad, como pueblo que humillado, entra a escondidas cuando huye de la batalla. 4Y el rey con su rostro cubierto, clamaba en alta voz: «¡Oh hijo mío Absalón, oh Absalón, hijo mío, hijo mío!».
5Entonces Joab entró en la casa del rey, y dijo: «Hoy usted ha cubierto de vergüenza el rostro de todos sus siervos que han salvado hoy su vida, la vida de sus hijos e hijas, la vida de sus mujeres y la vida de sus concubinas, 6al amar a aquellos que lo odian y al odiar a aquellos que lo aman. Pues hoy ha demostrado que príncipes y siervos no son nada para usted; porque ahora en este día sé que si Absalón estuviera vivo y todos nosotros hoy estuviéramos muertos, entonces usted estaría complacido. 7Ahora pues, levántese, salga y hable bondadosamente a sus siervos, porque juro por el Señor que si no sale, ciertamente ni un solo hombre pasará la noche con usted, y esto le será peor que todo el mal que ha venido sobre usted desde su juventud hasta ahora». 8Entonces el rey se levantó y se sentó a la puerta. Y cuando avisaron a todo el pueblo, diciendo: «Miren, el rey está sentado a la puerta», entonces todo el pueblo vino delante del rey.
Pero los de Israel habían huido, cada uno a su tienda. 9Y todo el pueblo reñía en todas las tribus de Israel, diciendo: «El rey nos ha librado de mano de nuestros enemigos y nos ha salvado de mano de los filisteos, pero ahora ha huido de la tierra por causa de Absalón. 10Sin embargo, Absalón, a quien ungimos sobre nosotros, ha muerto en combate. Ahora pues, ¿por qué guardan silencio respecto a restaurar al rey?».
11Entonces el rey David envió mensaje a los sacerdotes Sadoc y Abiatar y dijo: «Hablen a los ancianos de Judá, y díganles: “¿Por qué son los últimos en hacer volver al rey a su casa, ya que la palabra de todo Israel ha llegado al rey, a su casa? 12Ustedes son mis hermanos; mi hueso y mi carne son. ¿Por qué, pues, son los últimos en hacer volver al rey?”. 13Y díganle a Amasa: “¿No eres hueso mío y carne mía? Así haga Dios conmigo y aun más si no has de ser comandante del ejército delante de mí para siempre en lugar de Joab” ». 14Así inclinó el corazón de todos los hombres de Judá como el de un solo hombre, y enviaron palabra al rey, diciendo: «Regresa, tú y todos tus siervos». 15Volvió el rey y llegó hasta el Jordán. Y Judá vino a Gilgal para ir al encuentro del rey, para conducir al rey al otro lado del Jordán.
16Entonces Simei, hijo de Gera, el benjamita que era de Bahurim, se dio prisa y descendió con los hombres de Judá al encuentro del rey David. 17Con él había 1,000 hombres de Benjamín, y Siba, siervo de la casa de Saúl, y con él sus quince hijos y sus veinte siervos; y se apresuraron a pasar el Jordán delante del rey. 18Y seguían cruzando el vado para pasar a toda la casa del rey, y hacer lo que le pareciera bien. Y Simei, hijo de Gera, se postró ante el rey cuando este iba a pasar el Jordán. 19Y dijo al rey: «No me considere culpable mi señor, ni se acuerde del mal que su siervo hizo el día en que mi señor el rey salió de Jerusalén. Que el rey no lo guarde en su corazón. 20Pues yo su siervo reconozco que he pecado; por tanto, hoy he venido, el primero de toda la casa de José, para descender al encuentro de mi señor el rey». 21Pero Abisai, hijo de Sarvia, respondió: «¿No ha de morir Simei por esto, porque maldijo al ungido del Señor?». 22Entonces David dijo: «¿Qué tengo yo que ver con ustedes, hijos de Sarvia, para que en este día me sean adversarios? ¿Ha de morir hoy hombre alguno en Israel? ¿Acaso no sé que hoy soy rey sobre Israel?». 23Y el rey dijo a Simei: «No morirás». Así el rey se lo juró.
24También Mefiboset, nieto de Saúl, descendió al encuentro del rey; y no se había aseado los pies, ni recortado el bigote, ni lavado la ropa, desde el día en que el rey se marchó hasta el día en que volvió en paz. 25Y cuando vino de Jerusalén al encuentro del rey, este le dijo: «¿Por qué no fuiste conmigo, Mefiboset?». 26Y él respondió: «Oh rey, señor mío, mi siervo me engañó; pues su siervo se dijo: “Me aparejaré un asno para montar en él e ir con el rey”, porque su siervo es cojo. 27Además, ha calumniado a su siervo ante mi señor el rey; pero mi señor el rey es como el ángel de Dios; haga, pues, lo que le parezca bien. 28Porque toda la casa de mi padre no era más que hombres muertos ante mi señor el rey. Con todo, puso a su siervo entre los que comían a su propia mesa. ¿Qué derecho tengo todavía para quejarme más al rey?». 29Y el rey le dijo: «¿Por qué sigues hablando de tus asuntos? Yo he decidido: “Tú y Siba se repartirán las tierras” ». 30«Que él las tome todas, ya que mi señor el rey ha vuelto en paz a su propia casa», dijo Mefiboset al rey.
31Barzilai el galaadita también había descendido de Rogelim, y había cruzado el Jordán con el rey para despedirlo en el Jordán. 32Barzilai era muy anciano, de ochenta años, y había dado provisiones al rey mientras este permanecía en Mahanaim, porque era hombre muy poderoso. 33Y el rey dijo a Barzilai: «Pasa conmigo y yo te sustentaré junto a mí en Jerusalén». 34Pero Barzilai respondió al rey: «¿Cuánto tiempo me queda de vida para que yo suba con el rey a Jerusalén? 35Ahora tengo ochenta años. ¿Puedo distinguir entre lo bueno y lo malo? ¿Puede su siervo saborear lo que come o bebe? ¿Puede oír aún la voz de los cantores o de las cantoras? ¿Por qué, pues, ha de ser su siervo otra carga más para mi señor el rey? 36Su siervo no haría más que pasar el Jordán con el rey. ¿Por qué ha de concederme el rey esta recompensa? 37Permita que su siervo vuelva, para morir en mi ciudad junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. Sin embargo, aquí tiene a su siervo Quimam; que pase él con mi señor el rey, y haz por él lo que le parezca bien». 38Y el rey respondió: «Quimam pasará conmigo, y haré por él lo que te parezca bien; y todo lo que me pidas, lo haré por ti». 39Todo el pueblo pasó el Jordán y el rey también pasó. Entonces el rey besó a Barzilai y lo bendijo, y este regresó a su lugar.
40El rey siguió hasta Gilgal y Quimam fue con él; y todo el pueblo de Judá y también la mitad del pueblo de Israel acompañaban al rey. 41Y todos los hombres de Israel vinieron al rey y le dijeron: «¿Por qué te han secuestrado nuestros hermanos, los hombres de Judá, y han hecho pasar el Jordán al rey y a su casa, y a todos los hombres de David con él?». 42Entonces todos los hombres de Judá respondieron a los hombres de Israel: «Porque el rey es pariente cercano nuestro. ¿Por qué, pues, están enojados por esto? ¿Acaso hemos comido algo a costa del rey, o se nos ha dado algo?». 43Pero los hombres de Israel respondieron a los hombres de Judá: «Nosotros tenemos diez partes en el rey, y por eso también tenemos más derecho que ustedes sobre David. ¿Por qué, pues, nos han despreciado? ¿No fue nuestro consejoel primero que se dio para hacer volver a nuestro rey?». Pero las palabras de los hombres de Judá fueron más duras que las palabras de los hombres de Israel.

1 Corintios 10

1Porque no quiero que ignoren, hermanos, que todos nuestros padres estuvieron bajo la nube y todos pasaron por el mar. 2En Moisés todos fueron bautizados en la nube y en el mar. 3Todos comieron el mismo alimento espiritual, 4y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los seguía. La roca era Cristo. 5Sin embargo, Dios no se agradó de la mayor parte de ellos, y por eso quedaron tendidos en el desierto.
6Estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros, a fin de que no codiciemos lo malo, como ellos lo codiciaron. 7No sean, pues, idólatras, como fueron algunos de ellos, según está escrito: «El pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantó a jugar». 8Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y en un día cayeron veintitrés mil. 9Ni provoquemos al Señor, como algunos de ellos lo provocaron, y fueron destruidos por las serpientes. 10Ni murmuren, como algunos de ellos murmuraron, y fueron destruidos por el destructor.
11Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos. 12Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga. 13No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla.
14Por tanto, amados míos, huyan de la idolatría. 15Les hablo como a sabios; juzguen ustedes lo que digo. 16La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la participación en la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la participación en el cuerpo de Cristo? 17Puesto que el pan es uno, nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo; porque todos participamos de aquel mismo pan. 18Consideren al pueblo de Israel: los que comen los sacrificios, ¿no participan del altar?
19¿Qué quiero decir, entonces? ¿Que lo sacrificado a los ídolos es algo, o que un ídolo es algo? 20No, sino que digo que lo que los gentiles sacrifican, lo sacrifican a los demonios y no a Dios; no quiero que ustedes sean partícipes con los demonios. 21Ustedes no pueden beber la copa del Señor y la copa de los demonios; no pueden participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. 22¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos, acaso, más fuertes que Él?
23Todo es lícito, pero no todo es de provecho. Todo es lícito, pero no todo edifica. 24Nadie busque su propio bien, sino el de su prójimo. 25Coman de todo lo que se vende en la carnicería sin preguntar nada por motivos de conciencia, 26porque del Señor es la tierra y todo lo que en ella hay.
27Si algún incrédulo los invita y quieren ir, coman de todo lo que se les ponga delante sin preguntar nada por motivos de conciencia. 28Pero si alguien les dice: «Esto ha sido sacrificado a los ídolos», no lo coman, por causa del que se lo dijo, y por motivos de conciencia, porque del Señor es la tierra y todo lo que en ella hay. 29Quiero decir, no la conciencia de ustedes, sino la del otro. Pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por la conciencia ajena? 30Si participo con agradecimiento, ¿por qué he de ser censurado a causa de aquello por lo cual doy gracias?
31Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios. 32No sean motivo de tropiezo ni a judíos, ni a griegos, ni a la iglesia de Dios; 33así como también yo procuroagradar a todos en todo, no buscando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.

Salmo 143

Salmo de David.
1Oh Señor, escucha mi oración,
Presta oído a mis súplicas,
Respóndeme por Tu fidelidad, por Tu justicia;
2Y no entres en juicio con Tu siervo,
Porque no es justo delante de Ti ningún ser humano.
3Pues el enemigo ha perseguido mi alma,
Ha aplastado mi vida contra la tierra;
Me ha hecho morar en lugares tenebrosos, como los que hace tiempo están muertos.
4Por tanto, en mí está agobiado mi espíritu;
Mi corazón está turbado dentro de mí.
5¶Me acuerdo de los días antiguos;
En todas Tus obras medito,
Reflexiono en la obra de Tus manos.
6A Ti extiendo mis manos;
Mi alma te anhela como la tierra sedienta. (Selah)
7¶Respóndeme pronto, oh Señor, porque mi espíritu desfallece;
No escondas de mí Tu rostro,
Para que no llegue yo a ser como los que descienden a la sepultura.
8Por la mañana hazme oír Tu misericordia,
Porque en Ti confío;
Enséñame el camino por el que debo andar,
Pues a Ti elevo mi alma.
9Líbrame de mis enemigos, oh Señor;
En Ti me refugio.
10¶Enséñame a hacer Tu voluntad,
Porque Tú eres mi Dios;
Tu buen Espíritu me guíe a tierra firme.
11Por amor a Tu nombre, Señor, vivifícame;
Por Tu justicia, saca mi alma de la angustia.
12Y por Tu misericordia, acaba con mis enemigos,
Y destruye a todos los que afligen mi alma;
Pues yo soy Tu siervo.

Proverbios 19

1Mejor es el pobre que anda en su integridad
Que el de labios perversos y necio.
2Tampoco es bueno para una persona carecer de conocimiento,
Y el que se apresura con los pies peca.
3La insensatez del hombre pervierte su camino,
Y su corazón se irrita contra el Señor.
4La riqueza añade muchos amigos,
Pero el pobre es separado de su amigo.
5El testigo falso no quedará sin castigo,
Y el que cuenta mentiras no escapará.
6Muchos buscan el favor del generoso,
Y todo hombre es amigo del que da.
7Todos los hermanos del pobre lo aborrecen,
¡Cuánto más sus amigos se alejarán de él!
Los persigue con palabras, pero ellos se han ido.
8El que adquiere cordura ama su alma;
El que guarda la prudencia hallará el bien.
9El testigo falso no quedará sin castigo,
Y el que cuenta mentiras perecerá.
10Al necio no conviene la vida de lujo;
Mucho menos a un siervo gobernar a los príncipes.
11La discreción del hombre le hace lento para la ira,
Y su gloria es pasar por alto una ofensa.
12Como rugido de león es la ira del rey,
Y su favor como rocío sobre la hierba.
13El hijo necio es ruina de su padre,
Y gotera constante las contiendas de una esposa.
14Casa y riqueza son herencia de los padres,
Pero la mujer prudente viene del Señor.
15La pereza hace caer en profundo sueño,
Y el alma ociosa sufrirá hambre.
16El que guarda el mandamiento guarda su alma,
Pero el que desprecia sus caminos morirá.
17El que se apiada del pobre presta al Señor,
Y Él lo recompensará por su buena obra.
18Disciplina a tu hijo mientras hay esperanza,
Pero no desee tu alma causarle la muerte.
19El hombre de gran ira llevará el castigo,
Porque si tú lo rescatas, tendrás que hacerlo de nuevo.
20Escucha el consejo y acepta la corrección,
Para que seas sabio el resto de tus días.
21Muchos son los planes en el corazón del hombre,
Mas el consejo del Señor permanecerá.
22Lo que es deseable en un hombre es su bondad,
Y es mejor ser pobre que mentiroso.
23El temor del Señor conduce a la vida,
Para poder dormir satisfecho, sin ser tocado por el mal.
24El perezoso mete su mano en el plato,
Y ni aun a su boca la llevará.
25Golpea al insolente y el ingenuo se volverá astuto,
Pero reprende al que tiene inteligencia y ganará en conocimiento.
26El que asalta a su padre y echa fuera a su madre
Es un hijo que trae vergüenza y desgracia.
27Cesa, hijo mío, de escuchar la instrucción,
Y te desviarás de las palabras de sabiduría.
28El testigo perverso se burla de la justicia,
Y la boca de los impíos esparce iniquidad.
29Los juicios están preparados para los insolentes,
Y los azotes para la espalda de los necios.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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