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Día 144 de 365 · 24 de mayo

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2 Samuel 20

1Y se encontraba allí un hombre indigno que se llamaba Seba, hijo de Bicri, el benjamita; y este tocó la trompeta y dijo:
«No tenemos parte con David,
Ni tenemos heredad con el hijo de Isaí;
¡Israel, cada uno a sus tiendas!».
2Y todos los hombres de Israel dejaron de seguir a David, y siguieron a Seba, hijo de Bicri; pero los hombres de Judá permanecieron fieles a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalén.
3Cuando David llegó a su casa en Jerusalén, el rey tomó las diez mujeres, las concubinas que había dejado para guardar la casa, las puso bajo custodia y les dio alimento, pero no se llegó a ellas. Ellas estuvieron encerradas hasta el día de su muerte, viviendo como viudas.
4Entonces el rey dijo a Amasa: «Convócame a los hombres de Judá dentro de tres días, y tú también preséntate aquí». 5Amasa fue para convocar a los hombres de Judá, pero tardó más que el tiempo que él le había señalado. 6Y David dijo a Abisai: «Ahora Seba, hijo de Bicri, nos hará más daño que Absalón. Toma a los siervos de tu señor y persíguelo, no sea que halle para sí ciudades fortificadas y se nos escape».
7Entonces los hombres de Joab salieron tras él, junto con los cereteos, los peleteos y todos los hombres valientes; salieron de Jerusalén para perseguir a Seba, hijo de Bicri. 8Estaban junto a la piedra grande que está en Gabaón, cuando Amasa vino a su encuentro. Joab estaba vestido con su ropa militar, y sobre ella llevaba un cinturón atado a la cintura con espada en la vaina y mientras avanzaba, se le cayó la espada. 9Y Joab dijo a Amasa: «¿Te va bien, hermano mío?». Y Joab tomó a Amasa por la barba con su mano derecha para besarlo.
10Pero Amasa no se protegió de la espada que estaba en la mano de Joab y este lo hirió en el vientre con ella y derramó sus entrañas por tierra, sin herirlo de nuevo, y murió. Entonces Joab y Abisai su hermano siguieron tras Seba, hijo de Bicri. 11Y junto a Amasa estaba uno de los jóvenes de Joab, y dijo: «Quien esté por Joab y quien esté por David, que siga a Joab». 12Y Amasa estaba revolcándose en su sangre en medio del camino. Al ver el hombre que todo el pueblo se detenía, trasladó a Amasa del camino al campo, y echó sobre él una vestidura porque vio que todo el que pasaba junto a él se detenía. 13Cuando Amasa fue apartado del camino, todos los hombres pasaron tras Joab para perseguir a Seba, hijo de Bicri.
14Y pasó Seba por todas las tribus de Israel hasta Abel Bet Maaca y todo Barim, quienes se reunieron y fueron también tras él. 15Llegaron los de Joab y lo sitiaron en Abel Bet Maaca, y levantaron un terraplén contra la ciudad, y este estaba junto al baluarte. Todo el pueblo que iba con Joab se puso a socavar el muro para derribarlo.
16Entonces una mujer sabia gritó desde la ciudad: «Oigan, oigan; ruego que digan a Joab: “Venga acá para que hable con usted” ». 17Y él se acercó a ella, y la mujer dijo: «¿Es usted Joab?». «Yo soy», respondió él. Entonces ella le dijo: «Escuche las palabras de su sierva». «Escucho», respondió Joab. 18Ella dijo: «Antes acostumbraban decir: “Ellos ciertamente pedirán consejo en Abel”, y así terminaban la querella. 19Yo soy de las pacíficas y fieles en Israel. Usted procura destruir una ciudad madre en Israel. ¿Por qué ha de destruir la heredad del Señor?». 20Y Joab respondió: «Lejos, lejos esté de mí que yo destruya o extermine. 21Este no es el caso, sino que un hombre de la región montañosa de Efraín, llamado Seba, hijo de Bicri, ha levantado su mano contra el rey David. Solamente entréguenlo, y yo me iré de la ciudad». Y la mujer dijo a Joab: «Enseguida su cabeza le será arrojada por encima del muro».
22Entonces la mujer, con su sabiduría, fue a hablar a todo el pueblo; y ellos le cortaron la cabeza a Seba, hijo de Bicri, y se la arrojaron a Joab. Él, pues, tocó la trompeta y se retiraron de la ciudad, cada uno a su tienda. Joab también regresó al rey en Jerusalén.
23Joab era jefe sobre todo el ejército de Israel, y Benaía, hijo de Joiada, era jefe sobre los cereteos y los peleteos. 24Adoram estaba a cargo de los trabajos forzados, y Josafat, hijo de Ahilud, era cronista; 25Seva era escriba, y Sadoc y Abiatar eran sacerdotes; 26también Ira el jaireo era sacerdote de David.

2 Samuel 21

1En los días de David hubo hambre por tres años consecutivos, y David buscó la presencia del Señor. Y el Señor dijo: «Es por causa de Saúl y de su casa sangrienta, porque él dio muerte a los gabaonitas». 2Y llamó el rey a los gabaonitas y les habló. (Los gabaonitas no eran de los israelitas, sino del remanente de los amorreos, y los israelitas habían hecho un pacto con ellos, pero Saúl había procurado matarlos en su celo por los israelitas y los de Judá). 3Dijo, pues, David a los gabaonitas: «¿Qué debo hacer por ustedes? ¿Y cómo haré restitución para que bendigan la heredad del Señor?». 4Entonces los gabaonitas le respondieron: «No nos importa la plata ni el oro de Saúl o de su casa, ni nos corresponde dar muerte a ningún hombre en Israel». «Haré por ustedes lo que digan», les dijo el rey. 5Y ellos dijeron al rey: «Del hombre que nos consumió y que trató de exterminarnos para que no quedáramos dentro del territorio de Israel, 6que nos entreguen siete hombres de entre sus hijos, y los ahorcaremos delante del Señor en Guibeá de Saúl, el elegido del Señor». «Los entregaré», dijo el rey.
7Pero el rey perdonó a Mefiboset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, a causa del pacto del Señor que había entre ellos, entre David y Jonatán, hijo de Saúl. 8El rey tomó a los dos hijos de Rizpa, hija de Aja, Armoni y Mefiboset, que ella había dado a Saúl, y a los cinco hijos de Merab, hija de Saúl, que ella había dado a Adriel, hijo de Barzilai el meholatita. 9Entonces los entregó en manos de los gabaonitas, que los ahorcaron en el monte delante del Señor, de modo que los siete cayeron a la vez. Les dieron muerte en los primeros días de la cosecha, al comienzo de la cosecha de la cebada.
10Y Rizpa, hija de Aja, tomó tela de cilicio y lo tendió para sí sobre la roca, desde el comienzo de la cosecha hasta que llovió del cielo sobre ellos; y no permitió que las aves del cielo se posaran sobre ellos de día ni las fieras del campo de noche. 11Cuando le contaron a David lo que había hecho Rizpa, hija de Aja, concubina de Saúl, 12David fue y recogió los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo, que estaban en posesión de los hombres de Jabes de Galaad, quienes los habían robado de la plaza de Bet Sán, donde los filisteos los habían colgado el día que los filisteos mataron a Saúl en Gilboa. 13David trajo de allí los huesos de Saúl y los huesos de su hijo Jonatán, y recogieron también los huesos de los ahorcados. 14Entonces sepultaron los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán en tierra de Benjamín, en Zela, en el sepulcro de su padre Cis, e hicieron todo lo que el rey había ordenado. Después de esto Dios fue movido a misericordia para con la tierra.
15De nuevo hubo guerra entre los filisteos e Israel. Descendió David con sus siervos, y mientras peleaban contra los filisteos, David se cansó. 16Entonces Isbi Benob, que era de los descendientes del gigante, y cuya lanza pesaba 300 siclos (3.4 kilos) de bronce, y que estaba ceñido con una espada nueva, trató de matar a David; 17pero Abisai, hijo de Sarvia, vino en su ayuda, e hirió al filisteo y lo mató. Entonces los hombres de David le juraron: «Nunca más saldrá a la batalla con nosotros, para que no apague la lámpara de Israel».
18Después de esto otra vez hubo guerra en Gob contra los filisteos. Entonces Sibecai el husatita mató a Saf, que era de los descendientes del gigante. 19De nuevo hubo guerra contra los filisteos en Gob, y Elhanán, hijo de Jaare Oregim, de Belén, mató a Goliat el geteo. El asta de su lanza era como un rodillo de tejedor. 20Hubo guerra otra vez en Gat, donde había un hombre de gran estatura que tenía seis dedos en cada mano y seis dedos en cada pie, veinticuatro en total. Él también descendía del gigante. 21Cuando desafió a Israel, lo mató Jonatán, hijo de Simea, hermano de David. 22Estos cuatro descendían del gigante en Gat y cayeron por mano de David y por mano de sus siervos.

1 Corintios 11

1Sean imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo.
2Los alabo porque en todo se acuerdan de mí y guardan las tradiciones con firmeza, tal como yo se las entregué. 3Pero quiero que sepan que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios. 4Todo hombre que cubre su cabeza mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza. 5Pero toda mujer que tiene la cabeza descubierta mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza, porque se hace una con la que está rapada.
6Porque si la mujer no se cubre la cabeza, que también se corte el cabello; pero si es deshonroso para la mujer cortarse el cabello, o raparse, que se cubra. 7Pues el hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que él es la imagen y gloria de Dios, pero la mujer es la gloria del hombre. 8Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre. 9En verdad el hombre no fue creado a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre. 10Por tanto, la mujer debe tener un símbolo de autoridad sobre la cabeza, por causa de los ángeles.
11Sin embargo, en el Señor, ni la mujer es independiente del hombre, ni el hombre independiente de la mujer. 12Porque así como la mujer procede del hombre, también el hombre nace de la mujer; y todas las cosas proceden de Dios. 13Juzguen ustedes mismos: ¿es propio que la mujer ore a Dios con la cabeza descubierta? 14¿No les enseña la misma naturaleza que si el hombre tiene el cabello largo le es deshonra, 15pero que si la mujer tiene el cabello largo le es una gloria? Pues a ella el cabello le es dado por velo. 16Pero si alguien parece ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni la tienen las iglesias de Dios.
17Pero al darles estas instrucciones, no los alabo, porque no se congregan para lo bueno, sino para lo malo. 18Pues, en primer lugar, oigo que cuando se reúnen como iglesia hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo. 19Porque es necesario que entre ustedes haya bandos, a fin de que se manifiesten entre ustedes los que son aprobados.
20Por tanto, cuando se reúnen, esto ya no es comer la Cena del Señor. 21Porque al comer, cada uno toma primero su propia cena, y uno pasa hambre y otro se embriaga. 22¿Qué? ¿No tienen casas para comer y beber? ¿O desprecian la iglesia de Dios y avergüenzan a los que nada tienen? ¿Qué les diré? ¿Los alabaré? En esto no los alabaré.
23Porque yo recibí del Señor lo mismo que les he enseñado: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, 24y después de dar gracias, lo partió y dijo: «Esto es Mi cuerpo que es para ustedes; hagan esto en memoria de Mí».
25De la misma manera tomó también la copa después de haber cenado, diciendo: «Esta copa es el nuevo pacto en Mi sangre; hagan esto cuantas veces la beban en memoria de Mí». 26Porque todas las veces que coman este pan y beban esta copa, proclaman la muerte del Señor hasta que Él venga.
27De manera que el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor. 28Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba de la copa. 29Porque el que come y bebe sin discernir correctamente el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí. 30Por esta razón hay muchos débiles y enfermos entre ustedes, y muchos duermen. 31Pero si nos juzgáramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados. 32Pero cuando somos juzgados, el Señor nos disciplina para que no seamos condenados con el mundo.
33Así que, hermanos míos, cuando se reúnan para comer, espérense unos a otros. 34Si alguien tiene hambre, coma en su casa, para que no se reúnan para juicio. Los demás asuntos los arreglaré cuando vaya.

Salmo 144

Salmo de David.
1Bendito sea el Señor, mi Roca,
Que adiestra mis manos para la guerra,
Y mis dedos para la batalla.
2Misericordia mía y fortaleza mía,
Mi baluarte y mi libertador,
Escudo mío en quien me he refugiado,
El que sujeta a mi pueblo debajo de mí.
3Oh Señor, ¿qué es el hombre para que Tú lo tengas en cuenta,
O el hijo del hombre para que pienses en él?
4El hombre es semejante a un soplo;
Sus días son como una sombra que pasa.
5¶Oh Señor, inclina Tus cielos y desciende;
Toca los montes para que humeen.
6Despide relámpagos y dispérsalos;
Lanza Tus flechas y confúndelos.
7Extiende Tu mano desde lo alto;
Rescátame y líbrame de las muchas aguas;
De la mano de extranjeros,
8Cuya boca habla falsedad
Y cuya diestra es diestra de mentira.
9¶Oh Dios, un cántico nuevo te cantaré;
Con arpa de diez cuerdas cantaré alabanzas a Ti,
10El que da la victoria a los reyes,
El que rescata a David Su siervo de la espada maligna.
11Rescátame y líbrame de la mano de extranjeros,
Cuya boca habla falsedad
Y cuya diestra es diestra de mentira.
12¶Sean nuestros hijos en su juventud como plantíos florecientes,
Y nuestras hijas como columnas de esquinas labradas como las de un palacio.
13Estén llenos nuestros graneros, suministrando toda clase de sustento,
Y nuestros rebaños produzcan miles y diez miles en nuestros campos.
14Esté cargado nuestro ganado,
Sin fracasos y sin pérdida,
Y no haya gritos de alarma en nuestras calles.
15Bienaventurado el pueblo a quien así le sucede;
Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Proverbios 20

1El vino es provocador, la bebida fuerte alborotadora,
Y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio.
2Como rugido de león es el furor del rey,
El que lo provoca a ira pone en peligro su propia vida.
3Es honra para el hombre evitar las discusiones,
Pero cualquier necio se enredará en ellas.
4Desde el otoño, el perezoso no ara,
Así que pide durante la cosecha, pero no hay nada.
5 Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre,
Y el hombre de entendimiento lo sacará.
6Muchos hombres proclaman su propia lealtad,
Pero un hombre digno de confianza, ¿quién lo hallará?
7El justo anda en su integridad;
¡Cuán dichosos son sus hijos después de él!
8El rey que se sienta sobre el trono del juicio,
Disipa con sus ojos todo mal.
9¿Quién puede decir: «Yo he limpiado mi corazón,
Limpio estoy de mi pecado»?
10Pesas desiguales y medidas desiguales,
Ambas cosas son abominables al Señor.
11Aun por sus hechos un muchacho se da a conocer
Si su conducta es pura y recta.
12El oído que oye y el ojo que ve,
Ambos los ha hecho el Señor.
13No ames el sueño, no sea que te empobrezcas;
Abre tus ojos y te saciarás de pan.
14«Malo, malo», dice el comprador,
Pero cuando se marcha, entonces se jacta.
15Hay oro y abundancia de joyas,
Pero cosa más preciosa son los labios con conocimiento.
16Tómale la ropa al que sale fiador del extraño;
Y tómale prenda por los extranjeros.
17El pan obtenido con falsedad es dulce al hombre,
Pero después su boca se llenará de grava.
18Los proyectos con consejo se preparan,
Y con dirección sabia se hace la guerra.
19El que anda murmurando revela secretos,
Por tanto, no te asocies con el chismoso.
20Al que maldice a su padre o a su madre,
Se le apagará su lámpara en medio de las tinieblas.
21La herencia adquirida de prisa al principio,
No será bendecida al final.
22No digas: «Yo pagaré mal por mal»;
Espera en el Señor, y Él te salvará.
23Pesas desiguales son abominación al Señor,
Y no está bien usar una balanza falsa.
24Por el Señor son ordenados los pasos del hombre,
¿Cómo puede, pues, el hombre entender su camino?
25Lazo es para el hombre decir a la ligera: «Es santo»,
Y después de los votos investigar.
26El rey sabio avienta a los impíos,
Y hace pasar la rueda de trillar sobre ellos.
27Lámpara del Señor es el espíritu del hombre
Que escudriña lo más profundo de su ser.
28Lealtad y verdad guardan al rey,
Y por la justicia sostiene su trono.
29La gloria de los jóvenes es su fuerza,
Y la honra de los ancianos, sus canas.
30Los azotes que hieren limpian del mal,
Y los golpes llegan a lo más profundodel cuerpo.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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