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Día 15 de 365 · 15 de enero

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Génesis 29

1Entonces Jacob siguió su camino, y fue a la tierra de los hijos del oriente. 2Y miró, y vio un pozo en el campo donde tres rebaños de ovejas estaban echados allí junto a él, porque de aquel pozo daban de beber a los rebaños, y la piedra sobre la boca del pozo era grande. 3Cuando todos los rebaños se juntaban allí, entonces rodaban la piedra de la boca del pozo y daban de beber a las ovejas, y volvían a poner la piedra en su lugar sobre la boca del pozo.
4Y Jacob dijo a los pastores: «Hermanos míos, ¿de dónde son?». «Somos de Harán», le contestaron. 5Entonces les dijo: «¿Conocen a Labán, hijo de Nacor?». «Lo conocemos», le respondieron. 6«¿Se encuentra bien?», les preguntó Jacob. «Está bien. Mira, su hija Raquel viene con las ovejas», le contestaron. 7Entonces Jacob dijo: «Aún es pleno día, no es tiempo de recoger el ganado. Den de beber a las ovejas, y vayan a apacentarlas».
8Pero ellos dijeron: «No podemos, hasta que se junten todos los rebaños y quiten la piedra de la boca del pozo. Entonces daremos de beber a las ovejas». 9Todavía estaba él hablando con ellos, cuando llegó Raquel con las ovejas de su padre, pues ella era pastora. 10Cuando Jacob vio a Raquel, hija de Labán, hermano de su madre, y las ovejas de Labán, hermano de su madre, Jacob subió y quitó la piedra de la boca del pozo, y dio de beber al rebaño de Labán, hermano de su madre.
11Entonces Jacob besó a Raquel, y alzó su voz y lloró. 12Jacob hizo saber a Raquel que él era pariente de su padre, y que era hijo de Rebeca. Y ella corrió y se lo hizo saber a su padre.
13Cuando Labán oyó las noticias de Jacob, hijo de su hermana, corrió a su encuentro, lo abrazó, lo besó y lo trajo a su casa. Entonces él contó a Labán todas estas cosas. 14Y Labán le dijo: «Ciertamente tú eres hueso mío y carne mía». Y Jacob se quedó con él todo un mes. 15Y Labán dijo a Jacob: «¿Acaso porque eres mi pariente has de servirme de balde? Hazme saber cuál será tu salario».
16Labán tenía dos hijas. El nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Raquel. 17Los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de bella figura y de hermoso parecer.
18Jacob se había enamorado de Raquel, y dijo: «Te serviré siete años por Raquel, tu hija menor». 19Labán le respondió: «Mejor es dártela a ti que dársela a otro hombre. Quédate conmigo». 20Jacob, pues, sirvió siete años por Raquel, y le parecieron unos pocos días, por el amor que le tenía.
21Entonces Jacob dijo a Labán: «Dame mi mujer, porque mi tiempo se ha cumplido para unirme a ella». 22Labán reunió a todos los hombres del lugar, e hizo un banquete. 23Y al anochecer tomó a su hija Lea y se la trajo, y Jacob se llegó a ella. 24Y Labán dio su sierva Zilpa a su hija Lea como sierva.
25Cuando fue de mañana, sucedió que era Lea. Y Jacob dijo a Labán: «¿Qué es esto que me has hecho? ¿No fue por Raquel que te serví? ¿Por qué, pues, me has engañado?». 26Y Labán respondió: «No se acostumbra en nuestro lugar dar a la menor antes que a la mayor.
27»Cumple la semana nupcial de esta, y te daremos también la otra por el servicio que habrás de rendirme aún otros siete años». 28Así lo hizo Jacob, y cumplió la semana de ella. Y él le dio a su hija Raquel por mujer. 29Y Labán dio su sierva Bilha a su hija Raquel como sierva. 30Jacob se llegó también a Raquel, y amó más a Raquel que a Lea; y sirvió a Labán durante otros siete años.
31Vio el Señor que Lea era aborrecida, y le concedió hijos. Pero Raquel era estéril. 32Y concibió Lea y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Rubén, pues dijo: «Por cuanto el Señor ha visto mi aflicción, sin duda ahora mi marido me amará».
33Concibió de nuevo y dio a luz un hijo, y dijo: «Por cuanto el Señor ha oído que soy aborrecida, me ha dado también este hijo». Así que le puso por nombre Simeón. 34Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: «Ahora esta vez mi marido se apegará a mí, porque le he dado tres hijos». Así que le puso por nombre Leví. 35Concibió una vez más y dio a luz un hijo, y dijo: «Esta vez alabaré al Señor». Así que le puso por nombre Judá. Y dejó de dar a luz.

Génesis 30

1Pero viendo Raquel que ella no daba hijos a Jacob, tuvo celos de su hermana, y dijo a Jacob: «Dame hijos, o si no, me muero». 2Entonces se encendió la ira de Jacob contra Raquel, y dijo: «¿Estoy yo en lugar de Dios, que te ha negado el fruto de tu vientre?».
3Y ella dijo: «Aquí está mi sierva Bilha. Llégate a ella para que dé a luz sobre mis rodillas, para que por medio de ella yo también tenga hijos». 4Raquel le dio a su sierva Bilha por mujer, y Jacob se llegó a ella. 5Bilha concibió y dio a luz un hijo a Jacob. 6Entonces Raquel dijo: «Dios me ha vindicado. Ciertamente ha oído mi voz y me ha dado un hijo». Por tanto le puso por nombre Dan.
7Concibió otra vez Bilha, sierva de Raquel, y dio a luz un segundo hijo a Jacob. 8Y Raquel dijo: «Con grandes luchas he luchado con mi hermana, y ciertamente he prevalecido». Y le puso por nombre Neftalí.
9Viendo Lea que había dejado de dar a luz, tomó a su sierva Zilpa y la dio por mujer a Jacob. 10Y Zilpa, sierva de Lea, dio a luz un hijo a Jacob. 11Entonces Lea dijo: «¡Cuán afortunada!». Y le puso por nombre Gad. 12Después Zilpa, sierva de Lea, dio a luz un segundo hijo a Jacob. 13Y Lea dijo: «Dichosa de mí, porque las mujeres me llamarán bienaventurada». Y le puso por nombre Aser.
14En los días de la cosecha de trigo, Rubén fue y halló mandrágoras en el campo, y las trajo a su madre Lea. Entonces Raquel dijo a Lea: «Dame, te ruego, de las mandrágoras de tu hijo». 15Pero ella le respondió: «¿Te parece poco haberme quitado el marido? ¿Me quitarás también las mandrágoras de mi hijo?». «Que él duerma, pues, contigo esta noche a cambio de las mandrágoras de tu hijo», le dijo Raquel.
16Cuando Jacob vino del campo por la tarde, Lea salió a su encuentro y le dijo: «Debes llegarte a mí, porque ciertamente te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo». Y él durmió con ella aquella noche. 17Escuchó Dios a Lea, y ella concibió y dio a luz el quinto hijo a Jacob. 18Entonces Lea dijo: «Dios me ha dado mi recompensa porque di mi sierva a mi marido». Y le puso por nombre Isacar.
19Concibió Lea otra vez y dio a luz el sexto hijo a Jacob. 20Y Lea dijo: «Dios me ha favorecido con una buena dote. Ahora mi marido vivirá conmigo, porque le he dado seis hijos». Y le puso por nombre Zabulón. 21Después dio a luz una hija, y le puso por nombre Dina. 22Entonces Dios se acordó de Raquel. Y Dios la escuchó y le concedió hijos. 23Ella concibió y dio a luz un hijo, y dijo: «Dios ha quitado mi afrenta». 24Y le puso por nombre José, diciendo: «Que el Señor me añada otro hijo».
25Cuando Raquel hubo dado a luz a José, Jacob dijo a Labán: «Despídeme para que me vaya a mi lugar y a mi tierra. 26Dame mis mujeres y mis hijos por los cuales te he servido, y déjame ir. Porque tú bien sabes el servicio que te he prestado». 27Pero Labán le respondió: «Si ahora he hallado gracia ante tus ojos, quédate conmigo. Me he dado cuenta de que el Señor me ha bendecido por causa tuya». 28Y añadió: «Fíjame tu salario, y te lo daré».
29Pero Jacob le respondió: «Tú sabes cómo te he servido, y cómo le ha ido a tu ganado conmigo. 30Porque tenías poco antes de que yo viniera, y ha aumentado hasta ser multitud. El Señor te ha bendecido en todo lo que he hecho. Y ahora, ¿cuándo proveeré yo también para mi propia casa?». 31«¿Qué te daré?», preguntó Labán. «No me des nada», respondió Jacob. «Volveré a pastorear y a cuidar tu rebaño si tan solo haces esto por mí: 32déjame pasar por entre todo tu rebaño hoy, apartando de él toda oveja moteada o manchada y todos los corderos negros, y las manchadas o moteadas de entre las cabras, y ese será mi salario. 33Mi honradez responderá por mí el día de mañana, cuando vengas a ver acerca de mi salario. Todo lo que no sea moteado y manchado entre las cabras, y negro entre los corderos, si es hallado conmigo, se considerará robado».
34Y Labán dijo: «Muy bien, sea conforme a tu palabra».
35Aquel mismo día apartó Labán los machos cabríos rayados o manchados y todas las cabras moteadas o manchadas, y todo lo que tenía algo de blanco, y de entre los corderos todos los negros, y lo puso todo al cuidado de sus hijos. 36Y puso una distancia de tres días de camino entre sí y Jacob; y Jacob apacentaba el resto de los rebaños de Labán.
37Entonces Jacob tomó varas verdes de álamo, de almendro y de plátano, y les sacó tiras blancas de la corteza, descubriendo así lo blanco de las varas. 38Y colocó las varas que había descortezado delante de los rebaños, en los canales, en los abrevaderos, donde los rebaños venían a beber; y se apareaban cuando venían a beber. 39Así se apareaban los rebaños junto a las varas, y los rebaños tenían crías rayadas, moteadas y manchadas. 40Jacob apartó los corderos, y puso los rebaños en dirección a lo rayado y a todo lo negro en el rebaño de Labán, y puso su propio rebaño aparte. No lo puso con el rebaño de Labán.
41Además, cada vez que los más robustos del rebaño se apareaban, Jacob ponía las varas a la vista del rebaño en los canales, para que se aparearan frente a las varas. 42Pero cuando el rebaño era débil, no las ponía, de manera que las crías débiles vinieron a ser de Labán y las robustas de Jacob. 43Así prosperóel hombre en gran manera, y tuvo grandes rebaños, y siervas y siervos, y camellos y asnos.

Mateo 15

1Entonces se acercaron* a Jesús algunos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: 2«¿Por qué Tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pan».
3Jesús les preguntó: «¿Por qué también quebrantan ustedes el mandamiento de Dios a causa de su tradición? 4Porque Dios dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”, y: “Quien hable mal de su padre o de su madre, que muera”. 5Pero ustedes dicen: “Cualquiera que diga a su padre o a su madre: ‘Es ofrenda a Dios todo lo mío con que pudieras ser ayudado’, 6no necesitará más honrar a su padre o a su madre”. Y así ustedes invalidaron la palabra de Dios por causa de su tradición. 7¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de ustedes cuando dijo:
8 “Este pueblo con los labios me honra,
Pero su corazón está muy lejos de Mí.
9 -”Pues en vano me rinden culto,
Enseñando como doctrinas preceptos de hombres” ».
10Llamando junto a Él a la multitud, Jesús les dijo: «Oigan y entiendan: 11no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre». 12Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron*: «¿Sabes que los fariseos se escandalizaron cuando oyeron Tus palabras?». 13Pero Él contestó: «Toda planta que Mi Padre celestial no haya plantado, será desarraigada. 14Déjenlos; son ciegos guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo».
15Entonces Pedro dijo a Jesús: «Explícanos la parábola». 16Jesús les dijo: «¿También están ustedes aún faltos de entendimiento? 17¿No entienden que todo lo que entra en la boca va al estómago y luego se elimina? 18Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. 19Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias. 20Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero comer sin lavarse las manos no contamina al hombre».
21Saliendo Jesús de allí, se retiró a la región de Tiro y de Sidón. 22Entonces una mujer cananea que había salido de aquella región, comenzó a gritar: «Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija está terriblemente endemoniada». 23Pero Él no le contestó nada. Y acercándose Sus discípulos, le rogaban: «Atiéndela, pues viene gritando tras nosotros». 24Y Jesús respondió: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel». 25Pero acercándose ella, se postró ante Él, diciendo: «¡Señor, ayúdame!». 26Y Él le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, y echárselo a los perrillos». 27Ella respondió: «Sí, Señor; pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». 28Entonces Jesús le dijo: «Oh mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas». Y su hija quedó sana desde aquel momento.
29Pasando Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea, y subiendo al monte, se sentó allí. 30Y vinieron a Él grandes multitudes trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos y los pusieron a Sus pies y Él los sanó; 31de modo que la muchedumbre se maravilló al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban restaurados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel.
32Entonces Jesús, llamando junto a Él a Sus discípulos, les dijo: «Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están aquí y no tienen qué comer; y no quiero despedirlos sin comer, no sea que desfallezcan en el camino». 33Y los discípulos le dijeron*: «¿Dónde podríamos conseguir en el desierto tantos panes para saciar a una multitud tan grande?». 34«¿Cuántos panes tienen?», les preguntó* Jesús. Ellos respondieron: «Siete, y unos pocos pececillos».
35Y Él mandó a la multitud que se sentara en el suelo; 36tomó los siete panes y los peces, y después de dar gracias, los partió y empezó a darlos a los discípulos, y los discípulos a las multitudes. 37Comieron todos y se saciaron; y recogieron de lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas. 38Los que comieron fueron 4,000 hombres, sin contar las mujeres y los niños. 39Después de despedir a la muchedumbre, subió a la barca y se fue a la región de Magadán.

Salmo 15

Salmo de David.
1Señor, ¿quién habitará en Tu tabernáculo?
¿Quién morará en Tu santo monte?
2El que anda en integridad y obra justicia,
Y habla verdad en su corazón.
3 El que no calumnia con su lengua,
No hace mal a su prójimo,
Ni toma reproche contra su amigo;
4En cuyos ojos el perverso es despreciado, pero honra a los que temen al Señor;
El que aun jurando en perjuicio propio, no cambia;
5 El que su dinero no da a interés,
Ni acepta soborno contra el inocente.
El que hace estas cosas permanecerá firme.

Proverbios 15

1La suave respuesta aparta el furor,
Pero la palabra hiriente hace subir la ira.
2La lengua del sabio hace grato el conocimiento,
Pero la boca de los necios habla necedades.
3En todo lugar están los ojos del Señor,
Observando a los malos y a los buenos.
4La lengua apacible es árbol de vida,
Pero la perversidad en ella quebranta el espíritu.
5El necio rechaza la disciplina de su padre,
Pero es prudente el que acepta la reprensión.
6 En la casa del justo hay mucha riqueza,
Pero en las ganancias del impío hay turbación.
7Los labios de los sabios esparcen conocimiento,
Pero no así el corazón de los necios.
8El sacrificio de los impíos es abominación al Señor,
Pero la oración de los rectos es Su deleite.
9Abominación al Señor es el camino del impío,
Pero Él ama al que sigue la justicia.
10La disciplina severa es para el que abandona el camino;
El que aborrece la reprensión morirá.
11El Seol y el Abadón están delante del Señor,
¡Cuánto más los corazones de los hombres!
12El insolente no ama al que lo reprende,
Ni se allegará a los sabios.
13El corazón gozoso alegra el rostro,
Pero en la tristeza del corazón se quebranta el espíritu.
14El corazón inteligente busca conocimiento,
Pero la boca de los necios se alimenta de necedades.
15Todos los días del afligido son malos,
Pero el de corazón alegre tiene un banquete continuo.
16Mejor es poco con temor del Señor,
Que gran tesoro con turbación.
17Mejor es un plato de legumbres donde hay amor,
Que buey engordado con odio.
18El hombre irascible provoca riñas,
Pero el lento para la ira apacigua pleitos.
19El camino del perezoso es como un seto de espinos,
Pero la senda de los rectos es una calzada.
20El hijo sabio alegra al padre,
Pero el hombre necio desprecia a su madre.
21La necedad es alegría para el insensato,
Pero el hombre inteligente anda rectamente.
22Sin consulta, los planes se frustran,
Pero con muchos consejeros, triunfan.
23El hombre se alegra con la respuesta adecuada,
Y una palabra a tiempo, ¡cuán agradable es!
24La senda de la vida para el sabio es hacia arriba
Para que se aparte del Seol que está abajo.
25El Señor derribará la casa de los soberbios,
Pero afianzará los linderos de la viuda.
26Abominación al Señor son los planes perversos,
Pero son puras las palabras agradables.
27Perturba su casa el que tiene ganancias ilícitas,
Pero el que aborrece el soborno, vivirá.
28El corazón del justo medita cómo responder,
Pero la boca de los impíos habla lo malo.
29El Señor está lejos de los impíos,
Pero escucha la oración de los justos.
30La luz de los ojos alegra el corazón,
Y las buenas noticias fortalecen los huesos.
31Aquel cuyo oído escucha las reprensiones de la vida
Morará entre los sabios.
32El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo,
Pero el que escucha las reprensiones adquiere entendimiento.
33El temor del Señor es instrucción de sabiduría,
Y antes de la gloria está la humildad.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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