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Día 153 de 365 · 2 de junio

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1 Reyes 14

1Por aquel tiempo Abías, hijo de Jeroboam, se enfermó. 2Y Jeroboam dijo a su mujer: «Levántate ahora y disfrázate para que no conozcan que eres la mujer de Jeroboam, y ve a Silo, pues allí está el profeta Ahías, que dijo de mí que yo sería rey sobre este pueblo. 3Toma en tus manos diez panes, tortas y un jarro de miel, y ve a él. Él te dirá lo que le ha de suceder al niño». 4Así lo hizo la mujer de Jeroboam; se levantó, fue a Silo y llegó a casa de Ahías. Y Ahías no podía ver porque sus ojos se habían nublado a causa de su vejez. 5Pero el Señor había dicho a Ahías: «La mujer de Jeroboam viene a consultarte sobre su hijo, pues está enfermo. Esto y esto le dirás, pues será que cuando ella venga, fingirá ser otra mujer».
6Cuando Ahías oyó el ruido de los pasos de ella al entrar por la puerta, dijo: «Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué finges ser otra mujer? Pues he sido enviado a ti con un duro mensaje. 7Ve, dile a Jeroboam: “Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Yo te levanté de entre el pueblo y te hice príncipe sobre Mi pueblo Israel. 8Arranqué el reino de la casa de David y te lo di a ti, pero tú no has sido como Mi siervo David, que guardó Mis mandamientos y me siguió de todo corazón, para hacer solo lo que era recto a Mis ojos; 9sino que has hecho más mal que todos los que fueron antes de ti, y fuiste e hiciste para ti otros dioses e imágenes fundidas para provocarme a ira, y me arrojaste detrás de tus espaldas; 10por tanto, voy a traer mal sobre la casa de Jeroboam, y cortaré de Jeroboam a todo varón, tanto esclavo como libre en Israel. Barreré completamente la casa de Jeroboam, como se barre el estiércol hasta que desaparece del todo. 11Cualquiera de los de Jeroboam que muera en la ciudad, se lo comerán los perros. Y el que muera en el campo, se lo comerán las aves del cielo; porque el Señor ha hablado’ ”. 12Y tú, levántate, vete a tu casa. Cuando tus pies entren en la ciudad, el niño morirá. 13Y todo Israel hará duelo por él y lo sepultarán, pues solo este de la familia de Jeroboam irá a la sepultura, porque de la casa de Jeroboam, solo en él fue hallado algo bueno hacia el Señor, Dios de Israel.
14»Y el Señor levantará para sí un rey sobre Israel que destruirá la casa de Jeroboam en este día, y de ahora en adelante. 15El Señor, pues, herirá a Israel, como se agita una caña en el agua, y Él arrancará a Israel de esta buena tierra que dio a sus padres, y los esparcirá más allá del río Éufrates, porque han hecho sus Aseras, provocando a ira al Señor. 16Él abandonará a Israel a causa de los pecados que cometió Jeroboam y con los cuales hizo pecar a Israel».
17Entonces la mujer de Jeroboam se levantó, se fue y llegó a Tirsa. Y al entrar ella por el umbral de la casa, el niño murió. 18Y todo Israel lo sepultó e hizo duelo por él, conforme a la palabra que el Señor había hablado por medio de Su siervo, el profeta Ahías.
19Los demás hechos de Jeroboam, cómo peleó en las guerras y cómo reinó, están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel. 20El tiempo que Jeroboam reinó fue de veintidós años, y durmió con sus padres; y su hijo Nadab reinó en su lugar.
21Roboam, hijo de Salomón, reinó en Judá. Roboam tenía cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que el Señor había escogido de entre todas las tribus de Israel para poner allí Su nombre. El nombre de su madre era Naama, una amonita.
22Judá hizo lo malo ante los ojos del Señor, y lo provocaron a celos más que todo lo que sus padres lo habían provocado con los pecados que habían hecho. 23Porque ellos también edificaron para sí lugares altos, pilares sagrados y Aseras en toda colina alta y bajo todo árbol frondoso. 24Hubo también en la tierra sodomitas de cultos paganos. Hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que el Señor había echado delante de los israelitas.
25Y sucedió que en el quinto año del rey Roboam, Sisac, rey de Egipto, subió contra Jerusalén. 26Tomó los tesoros de la casa del Señor y los tesoros del palacio del rey. Se apoderó de todo, llevándose aun todos los escudos de oro que había hecho Salomón. 27Entonces el rey Roboam hizo escudos de bronce en su lugar, y los entregó al cuidado de los jefes de la guardia que custodiaban la entrada de la casa del rey. 28Cuando el rey entraba en la casa del Señor, los de la guardia llevaban los escudos; y después los devolvían a la sala de los de la guardia.
29Los demás hechos de Roboam y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá? 30Hubo guerra continua entre Roboam y Jeroboam. 31Y durmió Roboam con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David; y el nombre de su madre era Naama, una amonita. Y su hijo Abiamreinó en su lugar.

1 Reyes 15

1En el año dieciocho del rey Jeroboam, hijo de Nabat, Abiam comenzó a reinar sobre Judá. 2Reinó tres años en Jerusalén; y el nombre de su madre era Maaca, hija de Abisalom. 3Y Abiam anduvo en todos los pecados que su padre había cometido antes de él. Su corazón no estuvo dedicado por completo al Señor su Dios, como el corazón de su padre David. 4Pero por amor a David, el Señor su Dios le dio una lámpara en Jerusalén, levantando a su hijo después de él y sosteniendo a Jerusalén. 5Porque David había hecho lo recto ante los ojos del Señor, y no se había apartado de nada de lo que Él le había ordenado durante todos los días de su vida, excepto en el caso de Urías el hitita. 6Y hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los días de su vida.
7Los demás hechos de Abiam y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá? Y hubo guerra entre Abiam y Jeroboam. 8Y durmió Abiam con sus padres y lo sepultaron en la ciudad de David; y su hijo Asa reinó en su lugar.
9En el año veinte de Jeroboam, rey de Israel, Asa comenzó a reinar sobre Judá. 10Reinó cuarenta y un años en Jerusalén; y el nombre de su abuela era Maaca, hija de Abisalom. 11Asa hizo lo recto ante los ojos del Señor, como David su padre. 12También expulsó de la tierra a los sodomitas de cultos paganos, y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho. 13También quitó a Maaca su abuela de ser reina madre, porque ella había hecho una horrible imagen de Asera. Además, Asa derribó su horrible imagen y la quemó junto al torrente Cedrón. 14Pero los lugares altos no fueron quitados; sin embargo, el corazón de Asa estuvo dedicado por completo al Señor todos sus días. 15Trajo a la casa del Señor las cosas consagradas por su padre y sus propias cosas consagradas: plata, oro y utensilios.
16Y hubo guerra entre Asa y Baasa, rey de Israel, todos sus días. 17Baasa, rey de Israel, subió contra Judá y fortificó Ramá para prevenir que nadie saliera o entrara en ayuda de Asa, rey de Judá. 18Entonces Asa tomó toda la plata y el oro que había quedado en los tesoros de la casa del Señor y en los tesoros de la casa del rey, y los puso en manos de sus siervos. Y el rey Asa los envió a Ben Adad, hijo de Tabrimón, hijo de Hezión, rey de Aram, que habitaba en Damasco, diciéndole: 19«Haya alianza entre tú y yo, como hubo entre mi padre y tu padre. Te envío un presente de plata y de oro. Ve, rompe tu alianza con Baasa, rey de Israel, para que se aparte de mí».
20Ben Adad escuchó al rey Asa y envió a los jefes de sus ejércitos contra las ciudades de Israel, y conquistó Ijón, Dan, Abel Bet Maaca, y toda Cineret, además de toda la tierra de Neftalí. 21Y cuando Baasa lo oyó, dejó de fortificar Ramá, y se quedó en Tirsa. 22Entonces el rey Asa hizo una proclamación a todo Judá, sin excepción, y se llevaron las piedras de Ramá y la madera con que Baasa había estado edificando. Y con ellas el rey Asa fortificó Geba de Benjamín y Mizpa.
23Los demás hechos de Asa y todo su poderío, todo lo que hizo y las ciudades que edificó, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá? Solo que en el tiempo de su vejez se enfermó de los pies. 24Durmió Asa con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David su padre; y su hijo Josafat reinó en su lugar. 25Y Nadab, hijo de Jeroboam, comenzó a reinar sobre Israel en el segundo año de Asa, rey de Judá, y reinó sobre Israel dos años. 26E hizo lo malo ante los ojos del Señor, y anduvo en el camino de su padre y en el pecado con que hizo pecar a Israel.
27Entonces Baasa, hijo de Ahías, de la casa de Isacar, conspiró contra él, y Baasa lo hirió en Gibetón, que pertenecía a los filisteos, mientras Nadab y todo Israel sitiaban a Gibetón. 28Baasa lo mató en el tercer año de Asa, rey de Judá, y reinó en su lugar. 29Y en cuanto fue rey, Baasa hirió a toda la casa de Jeroboam. No dejó con vida a ninguno de los de Jeroboam, hasta destruirlos, conforme a la palabra que el Señor había hablado por medio de Su siervo Ahías el silonita, 30por los pecados que Jeroboam había cometido, y con los cuales había hecho pecar a Israel, y por la provocación con que provocó a ira al Señor, Dios de Israel.
31Los demás hechos de Nadab y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel? 32Hubo guerra entre Asa y Baasa, rey de Israel, todos los días que vivieron.
33En el tercer año de Asa, rey de Judá, Baasa, hijo de Ahías, comenzó a reinar sobre todo Israel en Tirsa, y reinó veinticuatro años. 34Hizo lo malo ante los ojos del Señor, y anduvo en el camino de Jeroboam y en el pecado con que hizo pecar a Israel.

2 Corintios 4

1Por tanto, puesto que tenemos este ministerio, según hemos recibido misericordia, no desfallecemos. 2Más bien hemos renunciado a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino que, mediante la manifestación de la verdad, nos recomendamos a la conciencia de todo hombre en la presencia de Dios.
3Y si todavía nuestro evangelio está velado, para los que se pierden está velado, 4en los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios. 5Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos de ustedes por amor de Jesús. 6Pues Dios, que dijo: «De las tinieblas resplandecerá la luz», es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo.
7Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros. 8Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; 9perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.
10Llevamos siempre en el cuerpo por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 11Porque nosotros que vivimos, constantemente estamos siendo entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo mortal. 12Así que en nosotros obra la muerte, pero en ustedes, la vida.
13Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por tanto hablé», nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, 14sabiendo que Aquel que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará junto con ustedes. 15Porque todo esto es por amor a ustedes, para que la gracia que se está extendiendo por medio de muchos, haga que las acciones de gracias abunden para la gloria de Dios.
16Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día. 17Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación,
18al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven. Porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Salmo 3

Salmo de David, cuando huía de su hijo Absalón.
1¡Oh Señor, cómo se han multiplicado mis adversarios!
Muchos se levantan contra mí.
2Muchos dicen de mí:
«Para él no hay salvación en Dios». (Selah)
3¶Pero Tú, oh Señor, eres escudo en derredor mío,
Mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
4Con mi voz clamé al Señor,
Y Él me respondió desde Su santo monte. (Selah)
5Yo me acosté y me dormí;
Desperté, pues el Señor me sostiene.
6No temeré a los diez millares de enemigos
Que se han puesto en derredor contra mí.
7¶¡Levántate, Señor! ¡Sálvame, Dios mío!
Porque Tú hieres a todos mis enemigos en la mejilla;
Rompes los dientes de los impíos.
8La salvación es del Señor.
¡Sea sobre Tu pueblo Tu bendición! (Selah)

Proverbios 29

1El hombre que después de mucha reprensión se pone terco,
De repente será quebrantado sin remedio.
2Cuando los justos aumentan, el pueblo se alegra;
Pero cuando el impío gobierna, el pueblo gime.
3El que ama la sabiduría alegra a su padre,
Pero el que anda con rameras malgasta su fortuna.
4El rey con la justicia afianza la tierra,
Pero el hombre que acepta soborno la destruye.
5El hombre que adula a su prójimo
Tiende una red ante sus pasos.
6El hombre malo es atrapado en la transgresión,
Pero el justo canta y se regocija.
7El justo se preocupa por la causa de los pobres,
Pero el impío no entiende tal preocupación.
8Los provocadores agitan la ciudad,
Pero los sabios alejan la ira.
9Cuando un sabio tiene controversia con un necio,
Este se enoja o se ríe, y no hay descanso.
10Los hombres sanguinarios odian al intachable,
Pero los rectos se preocupan por su alma.
11El necio da rienda suelta a su ira,
Pero el sabio la reprime.
12Si un gobernante presta atención a palabras mentirosas,
Todos sus servidores se vuelven impíos.
13El pobre y el opresor tienen esto en común:
El Señor alumbra a los ojos de ambos.
14El rey que juzga con verdad a los pobres
Afianzará su trono para siempre.
15La vara y la reprensión dan sabiduría,
Pero el niño consentido avergüenza a su madre.
16Cuando aumentan los impíos, aumenta la transgresión,
Pero los justos verán su caída.
17Disciplina a tu hijo y te dará descanso,
Y dará alegría a tu alma.
18Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena,
Pero bienaventurado es el que guarda la ley.
19Un siervo no aprende solo con palabras;
Aunque entienda, no responderá.
20¿Ves a un hombre precipitado en sus palabras?
Más esperanza hay para el necio que para él.
21El que mima a su siervo desde la niñez,
Al final lo tendrá por hijo.
22El hombre lleno de ira provoca rencillas,
Y el hombre violento abunda en transgresiones.
23El orgullo del hombre lo humillará,
Pero el de espíritu humilde obtendrá honores.
24El que se asocia con un ladrón aborrece su propia vida;
Oye el juramento, pero no dice nada.
25El temor al hombre es un lazo,
Pero el que confía en el Señor estará seguro.
26Muchos buscan el favor del gobernante,
Pero del Señor viene la justicia para el hombre.
27Abominación para los justos es el malvado,
Y abominación para el impío es el recto en su camino.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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