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Día 155 de 365 · 4 de junio

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1 Reyes 18

1 Después de muchos días, la palabra del Señor vino a Elías en el tercer año, diciéndole: «Ve, muéstrate a Acab, y enviaré lluvia sobre la superficie de la tierra». 2Y Elías fue a mostrarse a Acab. Y el hambre era intensa en Samaria. 3Y Acab llamó a Abdías que era mayordomo de la casa. (Y Abdías temía en gran manera al Señor; 4pues cuando Jezabel destruyó a los profetas del Señor, Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en una cueva, y los sustentó con pan y agua). 5Entonces Acab dijo a Abdías: «Ve por la tierra a todas las fuentes de agua y a todos los valles; quizá hallaremos hierba y conservaremos con vida los caballos y los mulos, y no tendremos que matar parte del ganado». 6Y dividieron la tierra entre ellos para recorrerla; Acab se fue solo por un camino, y Abdías se fue solo por otro.
7Abdías estaba en el camino cuando Elías le salió al encuentro, y Abdías lo reconoció y cayó sobre su rostro, y le dijo: «¿Es usted Elías, mi señor?». 8Él le respondió: «Yo soy. Ve, dile a tu señor: “Aquí está Elías” ». 9Y él dijo: «¿Qué pecado he cometido, que entrega a su siervo en manos de Acab para que me mate? 10Vive el Señor su Dios, que no hay nación ni reino adonde mi señor no haya enviado a buscarlo; y cuando decían: “No está aquí”, hacía jurar al reino o a la nación que no lo habían hallado. 11Y ahora dices: “Ve, dile a tu señor: ‘Aquí está Elías’ ”. 12Y sucederá que cuando lo deje, el Espíritu del Señor lo llevará adonde yo no sepa; así que cuando yo vaya y se lo diga a Acab y él no pueda encontrarlo, me matará, aunque yo su siervo he temido al Señor desde mi juventud. 13¿No le han contado a mi señor lo que hice cuando Jezabel mató a los profetas del Señor, que escondí a cien de los profetas del Señor de cincuenta en cincuenta en una cueva, y los sustenté con pan y agua? 14Y ahora usted me dice: “Ve, dile a tu señor: ‘Aquí está Elías’ ”; entonces me matará». 15Elías le dijo: «Vive el Señor de los ejércitos, delante de quien estoy, que hoy ciertamente me mostraré a él».
16Abdías fue al encuentro de Acab, y le dio aviso; y Acab fue al encuentro de Elías. 17Cuando Acab vio a Elías, Acab le dijo: «¿Eres tú, perturbador de Israel?». 18Y él respondió: «Yo no he perturbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, porque ustedes han abandonado los mandamientos del Señor y han seguido a los Baales. 19Ahora pues, envía a reunir conmigo a todo Israel en el monte Carmelo, junto con 450 profetas de Baal y 400 profetas de la Asera que comen a la mesa de Jezabel».
20Acab envió mensaje a todos los israelitas y reunió a los profetas en el monte Carmelo. 21Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: «¿Hasta cuándo vacilarán entre dos opiniones? Si el Señor es Dios, síganlo; y si Baal, síganlo a él». Pero el pueblo no le respondió ni una palabra. 22Entonces Elías dijo al pueblo: «Solo yo he quedado como profeta del Señor, pero los profetas de Baal son 450 hombres. 23Que nos den, pues, dos novillos. Que escojan un novillo para ellos y lo despedacen, y lo coloquen sobre la leña, pero que no le pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro novillo y lo colocaré sobre la leña, y no le pondré fuego. 24Entonces invoquen el nombre de su dios, y yo invocaré el nombre del Señor; y el Dios que responda por fuego, ese es Dios». Y todo el pueblo respondió: «La idea es buena».
25Y Elías dijo a los profetas de Baal: «Escojan un novillo para ustedes y prepárenlo primero, pues son los más, e invoquen el nombre de su dios, pero no le pongan fuego». 26Entonces tomaron el novillo que les dieron y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: «Oh Baal, respóndenos». Pero no hubo voz ni nadie respondió. Y danzaban alrededor del altar que habían hecho. 27Como al mediodía, Elías se burlaba de ellos y decía: «Clamen en voz alta, pues es un dios; tal vez estará meditando o se habrá desviado, o estará de viaje, quizá esté dormido y habrá que despertarlo». 28Y gritaban a grandes voces y se sajaban, según su costumbre, con espadas y lanzas hasta que la sangre chorreaba sobre ellos. 29Pasado el mediodía, se pusieron a gritar frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio de la tarde; pero no hubo voz, ni nadie respondió ni nadie hizo caso.
30Entonces Elías dijo a todo el pueblo: «Acérquense a mí». Y todo el pueblo se acercó a Elías. Entonces él reparó el altar del Señor que había sido derribado. 31Elías tomó doce piedras conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, a quien había venido la palabra del Señor, diciendo: «Israel será tu nombre». 32Con las piedras edificó un altar en el nombre del Señor, e hizo una zanja alrededor del altar, suficientemente grande para contener dos medidas (14.6 litros) de semilla. 33Dispuso después la leña, cortó el novillo en pedazos y lo colocó sobre la leña. 34Y dijo: «Llenen cuatro cántaros de agua y derrámenla sobre el holocausto y sobre la leña». Después dijo: «Háganlo por segunda vez; y lo hicieron por segunda vez». Y añadió: «Háganlo por tercera vez»; y lo hicieron por tercera vez. 35El agua corría alrededor del altar, y también llenó la zanja de agua. 36Y a la hora de ofrecerse el sacrificio de la tarde, el profeta Elías se acercó y dijo: «Oh Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, que se sepa hoy que Tú eres Dios en Israel, que yo soy Tu siervo y que he hecho todas estas cosas por palabra Tuya. 37Respóndeme, oh Señor, respóndeme, para que este pueblo sepa que Tú, oh Señor, eres Dios, y que has hecho volver sus corazones». 38Entonces cayó el fuego del Señor, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y secó el agua de la zanja. 39Cuando todo el pueblo lo vio, se postraron sobre su rostro y dijeron: «El Señor, Él es Dios; el Señor, Él es Dios». 40Entonces Elías les dijo: «Prendan a los profetas de Baal, que no se escape ninguno de ellos». Los prendieron, y Elías los hizo bajar al torrente Cisón y allí los degolló.
41Y Elías dijo a Acab: «Sube, come y bebe; porque se oye el estruendo de mucha lluvia». 42Acab subió a comer y a beber, pero Elías subió a la cumbre del Carmelo; y allí se agachó en tierra y puso su rostro entre las rodillas. 43Y dijo a su criado: «Sube ahora, y mira hacia el mar». Y él subió, miró y dijo: «No hay nada». Y Elías dijo siete veces: «Vuelve a mirar». 44Y sucedió que a la séptima vez, él dijo: «Veo una nube tan pequeña como la mano de un hombre, que sube del mar». Y Elías le dijo: «Sube, y dile a Acab: “Prepara tu carro y desciende, para que la fuerte lluvia no te detenga” ». 45Al poco tiempo, el cielo se oscureció con nubes y viento, y hubo gran lluvia. Y Acab montó en su carro y fue a Jezreel. 46Y la mano del Señorestaba sobre Elías, quien ajustándose el cinturón corrió delante de Acab hasta Jezreel.

1 Reyes 19

1Acab le contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho y cómo había matado a espada a todos los profetas. 2Entonces Jezabel envió un mensajero a Elías, diciendo: «Así me hagan los dioses y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu vida como la vida de uno de ellos». 3Elías tuvo miedo, y se levantó y se fue para salvar su vida; y vino a Beerseba de Judá y dejó allí a su criado, 4y anduvo por el desierto un día de camino, y vino y se sentó bajo un arbusto; pidió morirse y dijo: «Basta ya, Señor, toma mi vida porque yo no soy mejor que mis padres». 5Y acostándose bajo el arbusto, se durmió; pero un ángel lo tocó y le dijo: «Levántate, come». 6Entonces vio que en su cabecera había una torta cocida sobre piedras calientes y una vasija de agua. Comió y bebió, y volvió a acostarse. 7El ángel del Señor volvió por segunda vez, lo tocó y le dijo: «Levántate, come, porque es muy largo el camino para ti». 8Se levantó, pues, y comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.
9Allí entró en una cueva y pasó en ella la noche; y vino a él la palabra del Señor, y Él le dijo: «¿Qué haces aquí, Elías?». 10Y él respondió: «He tenido mucho celo por el Señor, Dios de los ejércitos; porque los israelitas han abandonado Tu pacto, han derribado Tus altares y han matado a espada a Tus profetas. He quedado yo solo y buscan mi vida para quitármela».
11Entonces el Señor le dijo: «Sal y ponte en el monte delante del Señor». En ese momento el Señor pasaba, y un grande y poderoso viento destrozaba los montes y quebraba las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. 12Después del terremoto, un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Y después del fuego, el susurro de una brisa apacible. 13Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con su manto, y salió y se puso a la entrada de la cueva. Y una voz vino a él y le preguntó: «¿Qué haces aquí, Elías?». 14Entonces él respondió: «He tenido mucho celo por el Señor, Dios de los ejércitos; porque los israelitas han abandonado Tu pacto, han derribado Tus altares y han matado a espada a Tus profetas. He quedado yo solo y buscan mi vida para quitármela».
15Y el Señor le dijo: «Ve, regresa por tu camino al desierto de Damasco y cuando hayas llegado, ungirás a Hazael por rey sobre Aram; 16y a Jehú, hijo de Nimsi, ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo, hijo de Safat de Abel Mehola, ungirás por profeta en tu lugar. 17Al que escape de la espada de Hazael, Jehú lo matará, y al que escape de la espada de Jehú, Eliseo lo matará. 18Pero dejaré 7,000 en Israel, todas las rodillas que no se han doblado ante Baal y toda boca que no lo ha besado».
19Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando con doce yuntas de bueyes delante de él, y él estaba con la última. Elías pasó adonde él estaba y le echó su manto encima. 20Dejando él los bueyes, corrió tras Elías, y dijo: «Permítame besar a mi padre y a mi madre, entonces lo seguiré». Y él le dijo: «Ve, vuélvete, pues, ¿qué te he hecho yo?». 21Entonces se volvió, dejando de seguirlo, tomó un par de bueyes y los sacrificó, y con los aparejos de los bueyes coció su carne, y ladio a la gente y ellos comieron. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.

2 Corintios 6

1Y como colaboradores con Él, también les exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios; 2pues Él dice:
«En el tiempo propicio te escuché,
Y en el día de salvación te socorrí».
Pero ahora es «el tiempo propicio»; ahora es «el día de salvación».
3No dando nosotros en nada motivo de tropiezo, para que el ministerio no sea desacreditado. 4Pues en todo nos recomendamos a nosotros mismos como ministros de Dios, en mucha perseverancia, en aflicciones, en privaciones, en angustias, 5en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos, 6en pureza, en conocimiento, con paciencia, con bondad, en el Espíritu Santo, con amor sincero, 7en la palabra de verdad, en el poder de Dios; por armas de justicia para la derecha y para la izquierda; 8en honra y en deshonra, en mala fama y en buena fama; como impostores, pero veraces.
9Somos tratados como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, pero vivimos; como castigados, pero no condenados a muerte; 10como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo.
11Nuestra boca, oh corintios, les ha hablado con toda franqueza. Nuestro corazón se ha abierto de par en par. 12Ustedes no están limitados por nosotros, sino que están limitados en sus sentimientos. 13Ahora bien, en igual reciprocidad (les hablo como a niños) ustedes también abran de par en par su corazón.
14No estén unidos en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? 15¿O qué armonía tiene Cristo con Belial? ¿O qué tiene en común un creyente con un incrédulo? 16¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo:
«Habitaré en ellos, y andaré entre ellos;
Y seré su Dios, y ellos serán Mi pueblo.
17-»Por tanto, salgan de en medio de ellos y apártense», dice el Señor;
«Y no toquen lo inmundo,
Y Yo los recibiré.
18-»Yo seré un padre para ustedes,
Y ustedes serán para Mí hijos e hijas»,
Dice el Señor Todopoderoso.

Salmo 5

Para el director del coro; para acompañamiento de flauta. Salmo de David.
1Escucha mis palabras, oh Señor;
Considera mi lamento.
2Atiende a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío,
Porque es a Ti a quien oro.
3Oh Señor, de mañana oirás mi voz;
De mañana presentaré mi oración a Ti,
Y con ansias esperaré.
4¶Porque Tú no eres un Dios que se complace en la maldad;
El mal no mora en Ti.
5Los que se ensalzan no estarán delante de Tus ojos;
Aborreces a todos los que hacen iniquidad.
6Destruyes a los que hablan falsedad;
El Señor aborrece al hombre sanguinario y engañador.
7Pero yo, por la abundancia de Tu misericordia entraré en Tu casa;
Me postraré en Tu santo templo con reverencia.
8¶Señor, guíame en Tu justicia por causa de mis enemigos;
Allana delante de mí Tu camino.
9Porque no hay sinceridad en lo que dicen;
Destrucción son sus entrañas,
Sepulcro abierto es su garganta;
Con su lengua hablan lisonjas.
10Tenlos por culpables, oh Dios;
¡Que caigan por sus mismas intrigas!
Échalos fuera por la multitud de sus transgresiones,
Porque se rebelan contra Ti.
11¶Pero alégrense todos los que en Ti se refugian;
Para siempre canten con júbilo,
Porque Tú los proteges;
Regocíjense en Ti los que aman Tu nombre.
12Porque Tú, oh Señor, bendices al justo,
Como conun escudo lo rodeas de Tu favor.

Proverbios 31

1Palabras del rey Lemuel, oráculo que le enseñó su madre.
2¶¿Qué, hijo mío?
¿Y qué, hijo de mis entrañas?
¿Y qué, hijo de mis votos?
3No des tu vigor a las mujeres,
Ni tus caminos a lo que destruye a los reyes.
4No es para los reyes, oh Lemuel,
No es para los reyes beber vino,
Ni para los gobernantes desear bebida fuerte;
5No sea que beban y olviden lo que se ha decretado,
Y perviertan los derechos de todos los afligidos.
6Denle bebida fuerte al que está pereciendo,
Y vino a los amargados de alma.
7Que beba y se olvide de su pobreza,
Y no recuerde más su aflicción.
8Abre tu boca por los mudos,
Por los derechos de todos los desdichados.
9Abre tu boca, juzga con justicia,
Y defiende los derechos del afligido y del necesitado.
10¶Mujer hacendosa, ¿quién la hallará?
Su valor supera en mucho al de las joyas.
11En ella confía el corazón de su marido,
Y no carecerá de ganancias.
12Ella le trae bien y no mal
Todos los días de su vida.
13Busca lana y lino,
Y con agrado trabaja con sus manos.
14Es como las naves de mercader,
Trae su alimento de lejos.
15También se levanta cuando aún es de noche,
Y da alimento a los de su casa
Y tarea a sus doncellas.
16Evalúa un campo y lo compra;
Con sus ganancias planta una viña.
17Ella se ciñe de fuerza
Y fortalece sus brazos.
18Nota que su ganancia es buena,
No se apaga de noche su lámpara.
19Extiende sus manos a la rueca,
Y sus manos toman el huso.
20Extiende su mano al pobre,
Y alarga sus manos al necesitado.
21No tiene temor de la nieve por los de su casa,
Porque todos los de su casa llevan ropa escarlata.
22Se hace mantos para sí;
Su ropa es de lino fino y de púrpura.
23Su marido es conocido en las puertas de la ciudad,
Cuando se sienta con los ancianos de la tierra.
24Hace telas de lino y las vende,
Y provee cinturones a los mercaderes.
25Fuerza y dignidad son su vestidura,
Y sonríe al futuro.
26Abre su boca con sabiduría,
Y hay enseñanza de bondad en su lengua.
27Ella vigila la marcha de su casa,
Y no come el pan de la ociosidad.
28Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada,
También su marido, y la alaba diciendo:
29«Muchas mujeres han obrado con nobleza,
Pero tú las superas a todas».
30Engañosa es la gracia y vana la belleza,
Pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada.
31Denle el fruto de sus manos,
Y que sus obras la alaben en las puertas de la ciudad.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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