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Día 157 de 365 · 6 de junio

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1 Reyes 22

1Pasaron tres años sin que hubiera guerra entre Aram e Israel. 2Al tercer año, Josafat, rey de Judá, descendió a visitar al rey de Israel. 3El rey de Israel dijo a sus siervos: «¿Saben que Ramot de Galaad nos pertenece, y no estamos haciendo nada para quitarla de mano del rey de Aram?». 4Y le preguntó a Josafat: «¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad?». Respondió Josafat al rey de Israel: «Yo soy como tú, mi pueblo como tu pueblo, mis caballos como tus caballos».
5Josafat dijo además al rey de Israel: «Te ruego que consultes primero la palabra del Señor». 6Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, unos 400 hombres, y les dijo: «¿Debo ir a pelear contra Ramot de Galaad o debo desistir?». Y ellos respondieron: «Suba porque el Señor la entregará en manos del rey».
7Pero Josafat dijo: «¿No queda aún aquí algún profeta del Señor, para que lo consultemos?». 8Y el rey de Israel dijo a Josafat: «Todavía queda un hombre por medio de quien podemos consultar al Señor, pero lo aborrezco, porque no profetiza lo bueno en cuanto a mí, sino lo malo. Es Micaías, hijo de Imla». Pero Josafat dijo: «No hable el rey así». 9Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: «Trae pronto a Micaías, hijo de Imla». 10El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados cada uno en su trono, vestidos con sus mantos reales, en la era a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas estaban profetizando delante de ellos. 11Y Sedequías, hijo de Quenaana, se había hecho unos cuernos de hierro y decía: «Así dice el Señor: “Con estos acornearás a los arameos hasta acabarlos” ». 12Y todos los profetas profetizaban así: «Suba a Ramot de Galaad y tendrá éxito, pues el Señor la entregará en manos del rey».
13Y el mensajero que fue a llamar a Micaías le dijo: «Mira, las palabras de los profetas son unánimes en favor del rey. Te ruego que tu palabra sea como la palabra de uno de ellos, y que hables favorablemente». 14Pero Micaías dijo: «Vive el Señor que lo que el Señor me diga, eso hablaré». 15Cuando llegó al rey, este le dijo: «Micaías, ¿iremos a Ramot de Galaad a pelear, o debemos desistir?». Y él le respondió: «Suba, y tendrá éxito, y el Señor la entregará en manos del rey».
16Entonces el rey le dijo: «¿Cuántas veces he de tomarte juramento de que no me digas más que la verdad en el nombre del Señor?». 17Micaías respondió:
«Vi a todo Israel
Esparcido por los montes,
Como ovejas sin pastor;
Y el Señor dijo: “Estos no tienen señor,
Que cada uno vuelva a su casa en paz” ».
18Entonces el rey de Israel dijo a Josafat: «¿No te dije que no profetizaría lo bueno acerca de mí, sino lo malo?». 19Respondió Micaías: «Por tanto, escuche la palabra del Señor. Yo vi al Señor sentado en Su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a Él, a Su derecha y a Su izquierda. 20Y el Señor dijo: “¿Quién persuadirá a Acab para que suba y caiga en Ramot de Galaad?”. Y uno decía de una manera, y otro de otra. 21Entonces un espíritu se adelantó, y se puso delante del Señor, y dijo: “Yo lo persuadiré”. 22El Señor le preguntó: “¿Cómo?”. Y él respondió: “Saldré y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas”. Entonces Él dijo: “Lo persuadirás y también prevalecerás. Ve y hazlo así”. 23Y ahora el Señor ya ha puesto un espíritu de mentira en boca de todos estos sus profetas; pues el Señor ha decretado el mal contra usted».
24Entonces se acercó Sedequías, hijo de Quenaana, y golpeó a Micaías en la mejilla y dijo: «¿Cómo es que el Espíritu del Señor pasó de mí para hablarte a ti?». 25Respondió Micaías: «Tú mismo lo verás aquel día en que entres en un aposento interior para esconderte». 26Entonces el rey de Israel dijo: «Toma a Micaías y llévaselo a Amón, gobernador de la ciudad, y a Joás, hijo del rey, 27y dile: “Así dice el rey: ‘Echen a este a la cárcel, y aliméntenlo con poco pan y poca agua hasta que yo vuelva en paz’ ” ». 28Micaías le respondió: «Si en verdad vuelves en paz, el Señor no ha hablado por mí». Y añadió: «Oigan, pueblos todos».
29El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, subieron contra Ramot de Galaad. 30Y el rey de Israel dijo a Josafat: «Yo me disfrazaré para entrar en la batalla, pero tú ponte tus ropas reales». El rey de Israel se disfrazó y entró en la batalla. 31Pero el rey de Aram había ordenado a los treinta y dos capitanes de sus carros, diciendo: «No peleen contra chico ni contra grande, sino solo contra el rey de Israel». 32Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: «Ciertamente este es el rey de Israel», y se desviaron para pelear contra él, pero Josafat gritó. 33Al ver los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, dejaron de perseguirlo.
34Un hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre la juntura de la armadura. Y él dijo a su cochero: «Da la vuelta y sácame de la batalla, pues estoy gravemente herido». 35Pero la batalla arreció aquel día, y el rey fue sostenido en su carro frente a los arameos y al atardecer murió. La sangre de la herida corría hasta el fondo del carro. 36A la puesta del sol, pasó un grito por el ejército que decía: «Cada hombre a su ciudad y cada uno a su tierra».
37Pues el rey había muerto. Y fue llevado a Samaria, y sepultaron al rey en Samaria. 38Lavaron el carro junto al estanque de Samaria y los perros lamieron su sangre (y allí se bañaban las rameras), conforme a la palabra que el Señor había hablado. 39Los demás hechos de Acab y todo lo que hizo, la casa de marfil que edificó y todas las ciudades que edificó, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel? 40Durmió, pues, Acab con sus padres; y su hijo Ocozías reinó en su lugar.
41Josafat, hijo de Asa, comenzó a reinar sobre Judá en el cuarto año de Acab, rey de Israel. 42Josafat tenía treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su madre era Azuba, hija de Silhi. 43Anduvo en todo el camino de su padre Asa; no se desvió de él, haciendo lo recto ante los ojos del Señor. Sin embargo, los lugares altos no fueron quitados; todavía el pueblo sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos. 44También Josafat hizo la paz con el rey de Israel.
45Los demás hechos de Josafat, el poderío que mostró y cómo peleó en las guerras, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá? 46Y echó fuera de la tierra al resto de los sodomitas que habían quedado desde los días de su padre Asa. 47No había entonces ningún rey en Edom; había gobernador en lugar de rey. 48Josafat se construyó naves de Tarsis para ir a Ofir por oro, pero no fueron porque las naves se rompieron en Ezión Geber. 49Entonces Ocozías, hijo de Acab, dijo a Josafat: «Permite que mis siervos vayan con tus siervos en las naves». Pero Josafat no quiso. 50Josafat durmió con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de su padre David; y su hijo Joram reinó en su lugar.
51Ocozías, hijo de Acab, comenzó a reinar sobre Israel en Samaria en el año diecisiete de Josafat, rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel. 52Pero hizo lo malo ante los ojos del Señor, y anduvo en el camino de su padre, en el camino de su madre y en el camino de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. 53Sirvió, pues, a Baal y lo adoró, y provocó a ira al Señor, Dios de Israel, conforme a todo lo que había hecho su padre.

2 Reyes 1

1Después de la muerte de Acab, Moab se rebeló contra Israel. 2En Samaria, Ocozías se cayó por la ventana de su aposento alto, y se enfermó. Entonces envió mensajeros diciéndoles: «Vayan, consulten a Baal Zebub, dios de Ecrón, si he de sanar de esta enfermedad». 3Pero el ángel del Señor dijo a Elías el tisbita: «Levántate, sube al encuentro de los mensajeros del rey de Samaria y diles: “¿Acaso no hay Dios en Israel para que ustedes vayan a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón?”. 4Por tanto, así dice el Señor: “No te levantarás del lecho donde te has acostado, sino que ciertamente morirás” ». Entonces Elías se fue.
5Cuando los mensajeros volvieron al rey, este les dijo: «¿Por qué han vuelto?». 6Ellos le respondieron: «Un hombre vino a nuestro encuentro y nos dijo: “Vayan, vuelvan al rey que los envió, y díganle: ‘Así dice el Señor: “¿Acaso no hay Dios en Israel para que envíes a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón? Por tanto, no te levantarás del lecho donde te has acostado, sino que ciertamente morirás” ’ ” ». 7Y él rey les preguntó: «¿Qué aspecto tenía el hombre que subió al encuentro de ustedes y les habló estas palabras?». 8«Era un hombre cubierto de pelo, con un cinturón de cuero ceñido a sus lomos», respondieron ellos. «Es Elías el tisbita», dijo el rey.
9Entonces el rey envió un capitán de cincuenta con sus cincuenta hombres a buscarlo. El capitán subió a él, y allí estaba Elías sentado en la cumbre del monte, y le dijo: «Hombre de Dios, el rey dice: “Desciende” ». 10Elías respondió al capitán de cincuenta: «Si yo soy hombre de Dios, que descienda fuego del cielo y te consuma a ti y a tus cincuenta». Entonces descendió fuego del cielo, y lo consumió a él y a sus cincuenta.
11De nuevo el rey envió a él otro capitán de cincuenta con sus cincuenta que le habló: «Hombre de Dios, así dice el rey: “Desciende inmediatamente” ». 12«Si yo soy hombre de Dios», respondió Elías, «que descienda fuego del cielo y te consuma a ti y a tus cincuenta». Entonces el fuego de Dios descendió del cielo y lo consumió a él y a sus cincuenta.
13De nuevo el rey le envió al tercer capitán de cincuenta con sus cincuenta. Cuando el tercer capitán de cincuenta subió, vino y se postró de rodillas delante de Elías y le rogó, diciéndole: «Hombre de Dios, le ruego que mi vida y la vida de estos cincuenta siervos suyos sean de valor ante sus ojos. 14Ya que ha descendido fuego del cielo y ha consumido a los dos primeros capitanes de cincuenta con sus cincuenta; pero ahora, sea mi vida preciosa ante sus ojos».
15Entonces el ángel del Señor dijo a Elías: «Desciende con él y no le tengas miedo». Se levantó Elías y descendió con él a ver al rey, 16y le dijo: «Así dice el Señor: “Por cuanto has enviado mensajeros a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón (¿acaso no hay Dios en Israel para consultar Su palabra?), por tanto no bajarás del lecho al que has subido, sino que ciertamente morirás” ».
17Ocozías murió conforme a la palabra del Señor que Elías había hablado. Y Joram reinó en su lugar durante el año segundo de Joram, hijo de Josafat, rey de Judá, porque Ocozías no tenía ningún hijo. 18Los demás hechos de Ocozías, lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel?

2 Corintios 8

1Ahora, hermanos, les damos a conocer la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia. 2Pues en medio de una gran prueba de aflicción, abundó su gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad. 3Porque yo testifico que según sus posibilidades, y aun más allá de sus posibilidades, dieron de su propia voluntad, 4suplicándonos con muchos ruegos el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos. 5Y esto no como lo habíamos esperado, sino que primeramente se dieron a sí mismos al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios. 6En consecuencia, rogamos a Tito que como él ya había comenzado antes, así también llevara a cabo en ustedes esta obra de gracia.
7Pero así como ustedes abundan en todo: en fe, en palabra, en conocimiento, en toda solicitud, y en el amor que hemos inspirado en ustedes, vean que también abunden en esta obra de gracia. 8No digo esto como un mandamiento, sino para probar, por la solicitud de otros, también la sinceridad del amor de ustedes. 9Porque conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a ustedes se hizo pobre, para que por medio de Su pobreza ustedes llegaran a ser ricos.
10Doy mi opinión en este asunto, porque esto les conviene a ustedes, que fueron los primeros en comenzar hace un año no solo a hacer esto, sino también a desear hacerlo. 11Ahora pues, acaben también de hacerlo; para que como hubo la buena voluntad para desearlo, así también la haya para llevarlo a cabo según lo que tengan. 12Porque si hay buena voluntad, se acepta según lo que se tiene, no según lo que no se tiene.
13Esto no es para holgura de otros y para aflicción de ustedes, sino para que haya igualdad. 14En el momento actual la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes, de modo que haya igualdad. 15Como está escrito: «El que recogió mucho, no tuvo demasiado; y el que recogió poco, no tuvo escasez».
16Pero gracias a Dios que pone la misma solicitud por ustedes en el corazón de Tito. 17Pues él no solo aceptó nuestro ruego, sino que, siendo de por sí muy diligente, ha ido a ustedes por su propia voluntad. 18Junto con él hemos enviado al hermano cuya fama en las cosas del evangelio se ha divulgado por todas las iglesias.
19Y no solo esto, sino que también ha sido designado por las iglesias como nuestro compañero de viaje en esta obra de gracia, la cual es administrada por nosotros para la gloria del Señor mismo, y para manifestar nuestra buena voluntad; 20teniendo cuidado de que nadie nos desacredite en esta generosa ofrenda administrada por nosotros. 21Pues nos preocupamos por lo que es honrado, no solo ante los ojos del Señor, sino también ante los ojos de los hombres. 22Con ellos hemos enviado a nuestro hermano, de quien hemos comprobado con frecuencia que fue diligente en muchas cosas, pero que ahora es mucho más diligente debido a la gran confianza que tiene en ustedes.
23En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador entre ustedes; en cuanto a nuestros hermanos, son mensajeros de las iglesias y gloria de Cristo. 24Por tanto, muéstrenles abiertamente ante las iglesias la prueba de su amor, y de nuestra razón para jactarnos respecto a ustedes.

Salmo 7

Sigaión de David, que cantó al Señor acerca de Cus, el benjamita.
1Oh Señor, Dios mío, en Ti me refugio;
Sálvame de todo el que me persigue, y líbrame,
2No sea que alguno desgarre mi vida como león,
Y me despedace sin que haya quien me libre.
3¶Oh Señor, Dios mío, si yo he hecho esto,
Si hay en mis manos injusticia,
4Si he pagado con el mal al que estaba en paz conmigo,
O he despojado al que sin causa era mi adversario,
5Que el enemigo me persiga y me alcance;
Que pisotee en tierra mi vida
Y eche en el polvo mi gloria. (Selah)
6¶Levántate, oh Señor, en Tu ira;
Álzate contra la furia de mis adversarios,
Y despiértate en favor mío; Tú has establecido juicio.
7Que te rodee la asamblea de los pueblos,
Y Tú en lo alto regresa sobre ella.
8El Señor juzga a los pueblos.
Júzgame oh Señor, conforme a mi justicia y a la integridad que hay en mí.
9Que se acabe la maldad de los impíos, pero establece Tú al justo,
Porque el Dios justo prueba los corazones y las mentes.
10Mi escudo está en Dios,
Que salva a los rectos de corazón.
11Dios es juez justo,
Y un Dios que se indigna cada día contra el impío.
12¶Y si el impío no se arrepiente, Él afilará Su espada;
Tensado y preparado está Su arco.
13Ha preparado también Sus armas de muerte;
Hace de Sus flechas saetas ardientes.
14Miren, el impío con la maldad sufre dolores,
Y concibe la iniquidad y da a luz el engaño.
15Ha cavado una fosa y la ha ahondado,
Y ha caído en el hoyo que hizo.
16Su iniquidad volverá sobre su cabeza,
Y su violencia descenderá sobre su coronilla.
17¶Daré gracias al Señor conforme a Su justicia,
Y cantaré alabanzas al nombre del Señor, el Altísimo.

Proverbios 2

1Hijo mío, si recibes mis palabras
Y atesoras mis mandamientos dentro de ti,
2Da oído a la sabiduría,
Inclina tu corazón al entendimiento.
3Porque si clamas a la inteligencia,
Alza tu voz por entendimiento;
4Si la buscas como a la plata,
Y la procuras como a tesoros escondidos,
5Entonces entenderás el temor del Señor
Y descubrirás el conocimiento de Dios.
6Porque el Señor da sabiduría,
De Su boca vienen el conocimiento y la inteligencia.
7Él reserva la prosperidad para los rectos
Y es escudo para los que andan en integridad,
8Guarda las sendas del juicio,
Y preserva el camino de Sus santos.
9Entonces discernirás justicia y juicio,
Equidad y todo buen sendero.
10Porque la sabiduría entrará en tu corazón,
Y el conocimiento será grato a tu alma;
11 La discreción velará sobre ti,
El entendimiento te protegerá,
12Para librarte de la senda del mal,
Del hombre que habla cosas perversas;
13De los que dejan las sendas de rectitud,
Para andar por los caminos tenebrosos;
14De los que se deleitan en hacer el mal
Y se regocijan en las perversidades del mal;
15Cuyas sendas son torcidas,
Y se extravían en sus senderos.
16 La discreción te librará de la mujer extraña,
De la desconocida que lisonjea con sus palabras,
17La cual deja al compañero de su juventud,
Y olvida el pacto de su Dios;
18Porque su casa se inclina hacia la muerte,
Y sus senderos hacia los muertos.
19Todos los que van a ella, no vuelven,
Ni alcanzan las sendas de la vida.
20Por tanto, andarás en el camino de los buenos
Y guardarás las sendas de los justos.
21Porque los rectos morarán en la tierra,
Y los íntegros permanecerán en ella;
22Pero los impíos serán cortados de la tierra,
Y los malvados serán desarraigados de ella.

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