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Día 158 de 365 · 7 de junio

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2 Reyes 2

1Y sucedió que cuando el Señor iba a llevarse a Elías al cielo en un torbellino, Elías venía de Gilgal con Eliseo. 2Y Elías le dijo a Eliseo: «Te ruego que te quedes aquí, porque el Señor me ha enviado hasta Betel». Pero Eliseo le dijo: «Vive el Señor y vive tu alma, que no me apartaré de ti». Así que ambos descendieron a Betel.
3Entonces los hijos de los profetas que estaban en Betel salieron al encuentro de Eliseo y le dijeron: «¿Sabes que hoy el Señor va a quitarte a tu señor?». Y él dijo: «Sí, yo lo sé; cállense». 4Elías entonces le dijo: «Eliseo, te ruego que te quedes aquí, porque el Señor me ha enviado a Jericó». Pero él dijo: «Vive el Señor y vive tu alma, que no me apartaré de ti». Y fueron juntos a Jericó. 5También los hijos de los profetas que estaban en Jericó se acercaron a Eliseo y le dijeron: «¿Sabes que hoy el Señor va a quitarte a tu señor?». Y él respondió: «Sí, yo lo sé; cállense». 6Entonces Elías le dijo: «Te ruego que te quedes aquí, porque el Señor me ha enviado al Jordán». Pero Eliseo dijo: «Vive el Señor y vive tu alma, que no me apartaré de ti». Y los dos siguieron caminando.
7Y cincuenta hombres de los hijos de los profetas fueron y se pararon frente a ellos, a lo lejos, mientras ellos dos se detuvieron junto al Jordán. 8Entonces Elías tomó su manto, lo dobló y golpeó las aguas, y estas se dividieron a uno y a otro lado, y los dos pasaron por tierra seca. 9Cuando ya habían pasado, Elías le dijo a Eliseo: «Pide lo que quieras que yo haga por ti antes de que yo sea separado de ti». Y Eliseo le respondió: «Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí». 10Elías le dijo: «Has pedido una cosa difícil. Sin embargo, si me ves cuando sea llevado de tu lado, así te sucederá; pero si no, no será así.»
11Mientras ellos iban andando y hablando, de pronto, apareció un carro de fuego y caballos de fuego que separó a los dos. Y Elías subió al cielo en un torbellino. 12Eliseo lo vio y clamó: «Padre mío, padre mío, los carros de Israel y su gente de a caballo». Y no lo vio más. Entonces tomó sus vestidos y los rasgó en dos pedazos. 13También recogió el manto de Elías que se le había caído, y regresó y se paró a la orilla del Jordán. 14Y tomando el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: «¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?». Y cuando él golpeó también las aguas, estas se dividieron a uno y a otro lado, y Eliseo pasó.
15Cuando lo vieron los hijos de los profetas que estaban en Jericó frente a él, dijeron: «El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo». Entonces fueron a su encuentro y se postraron ante él, 16y le dijeron: «Aquí entre tus siervos hay cincuenta hombres fuertes; te rogamos que los dejes ir a buscar a tu señor; tal vez el Espíritu del Señor lo ha levantado y lo ha echado en algún monte o en algún valle». Y él dijo: «No los envíen». 17Pero cuando le insistieron hasta la saciedad, dijo: «Envíenlos». Entonces enviaron cincuenta hombres; y buscaron durante tres días, pero no lo hallaron. 18Volvieron a Eliseo que se había quedado en Jericó, y él les dijo: «¿No les dije: “No vayan”?».
19Entonces los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: «El emplazamiento de esta ciudad es bueno, como mi señor ve, pero el agua es mala y la tierra estéril». 20Y él dijo: «Tráiganme una vasija nueva, y pongan sal en ella». Y se la trajeron. 21Eliseo fue al manantial de las aguas, echó sal en él, y dijo: «Así dice el Señor: “He purificado estas aguas; de allí no saldrá más muerte ni esterilidad” ». 22Y las aguas han quedado purificadas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo.
23Después subió de allí a Betel; y mientras subía por el camino, unos muchachos salieron de la ciudad y se burlaban de él, diciéndole: «¡Sube, calvo; sube, calvo!». 24Cuando él miró hacia atrás y los vio, los maldijo en el nombre del Señor. Entonces salieron dos osas del bosque y despedazaron de ellos a cuarenta y dos muchachos. 25De allí, Eliseo fue al monte Carmelo, y desde allí regresó a Samaria.

2 Reyes 3

1Joram, hijo de Acab, comenzó a reinar sobre Israel en Samaria en el año dieciocho de Josafat, rey de Judá; y reinó doce años. 2Hizo lo malo ante los ojos del Señor, aunque no como su padre y su madre, pues quitó el pilar sagrado de Baal que su padre había hecho. 3Sin embargo, se aferró a los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, con los que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos.
4Y Mesa, rey de Moab, era criador de ovejas, y pagaba al rey de Israel 100,000 corderos y la lana de 100,000 carneros. 5Pero cuando Acab murió, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel. 6Y aquel mismo día el rey Joram salió de Samaria y alistó a todo Israel. 7Y fue y envió palabra a Josafat, rey de Judá, diciendo: «El rey de Moab se ha rebelado contra mí. ¿Irás conmigo a pelear contra Moab?». Y él respondió: «Subiré. Yo soy como tú, mi pueblo como tu pueblo, mis caballos como tus caballos». 8Y le preguntó: «¿Por qué camino subiremos?». Y Joram respondió: «Por el camino del desierto de Edom».
9Entonces el rey de Israel fue con el rey de Judá y el rey de Edom; y después de dar un rodeo de siete días de camino, no había agua para el ejército ni para los animales que los seguían. 10Así que el rey de Israel dijo: «¡Ah! Porque el Señor ha llamado a estos tres reyes para entregarlos en manos de Moab». 11Pero Josafat dijo: «¿No hay aquí un profeta del Señor para que consultemos al Señor por medio de él?». Y uno de los siervos del rey de Israel respondió: «Aquí está Eliseo, hijo de Safat, el que vertía agua en las manos de Elías». 12Y Josafat dijo: «La palabra del Señor está con él». Así que el rey de Israel y Josafat y el rey de Edom fueron adonde estaba Eliseo.
13Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: «¿Qué tengo que ver con usted? Vaya a los profetas de su padre y a los profetas de su madre». Y el rey de Israel le dijo: «No, porque el Señor ha llamado a estos tres reyes para entregarlos en mano de Moab». 14Y Eliseo dijo: «Vive el Señor de los ejércitos, ante quien estoy, que si no fuera por respeto a la presencia de Josafat, rey de Judá, no lo miraría ni lo atendería. 15Pero tráiganme ahora un músico».
Y sucedió que mientras el músico tocaba, la mano del Señor vino sobre Eliseo, 16y él dijo: «Así dice el Señor: “Hagan en este valle muchas zanjas”. 17Pues así dice el Señor: “No verán viento, ni verán lluvias; sin embargo ese valle se llenará de agua, y beberán ustedes y sus ganados y sus bestias. 18Aun esto es poco ante los ojos del Señor; también entregará en manos de ustedes a los moabitas. 19Ustedes destruirán toda ciudad fortificada y toda ciudad principal, talarán todo árbol bueno, cegarán todas las fuentes de agua y dañarán con piedras todo terreno fértil” ». 20Y aconteció que por la mañana, a la hora de ofrecer el sacrificio, el agua vino por el camino de Edom, y la tierra se llenó de agua.
21Y todos los moabitas oyeron que los reyes habían subido a pelear contra ellos. Y convocaron a todos, desde los que podían ponerse armadura en adelante, y se colocaron en la frontera. 22Se levantaron muy de mañana, y cuando el sol brilló sobre el agua, los moabitas vieron el agua frente a ellos tan roja como la sangre. 23Entonces dijeron: «Esto es sangre; sin duda los reyes han peleado entre sí, y se han matado unos a otros. Ahora pues, ¡Moab, al despojo!». 24Pero cuando llegaron al campamento de Israel, los israelitas se levantaron e hirieron a los moabitas, y estos huyeron delante de ellos; y los israelitas invadieron el país matando a los moabitas. 25Destruyeron las ciudades, y cada uno arrojó su piedra en toda parcela de tierra buena, y las llenaron. Cegaron todas las fuentes de agua y talaron todos los árboles buenos, hasta dejar en Kir Hareset solo sus piedras; no obstante, los honderos la rodearon y la destruyeron. 26Al ver el rey de Moab que la batalla arreciaba contra él, tomó consigo 700 hombres que sacaban espada, para abrir brecha hacia el rey de Edom, pero no pudieron. 27Entonces tomó a su hijo primogénito que había de reinar en su lugar, y lo ofreció en holocausto sobre la muralla. Y hubo gran ira contra los israelitas, quienes se apartaron de allí y regresaron a sutierra.

2 Corintios 9

1Porque en cuanto a este servicio a los santos, es por demás que yo les escriba. 2Pues conozco su buena disposición, de la cual me alegro por ustedes ante los macedonios, es decir, que Acaya ha estado preparada desde el año pasado. El celo de ustedes ha estimulado a la mayoría de ellos.
3Pero he enviado a los hermanos para que nuestra jactancia acerca de ustedes no sea hecha vana en este caso, a fin de que, como decía, estén preparados; 4no sea que algunos macedonios vayan conmigo y los encuentren desprevenidos, y nosotros, (por no decir ustedes), seamos avergonzados por esta confianza. 5Así que creí necesario exhortar a los hermanos a que se adelantaran en ir a ustedes, y prepararan de antemano su generosa ofrenda, ya prometida, para que la misma estuviera lista como ofrenda generosa, y no como por codicia.
6Pero esto digo: el que siembra escasamente, escasamente también segará; y el que siembra abundantemente, abundantemente también segará. 7Que cada uno como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría. 8Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abunden para toda buena obra. 9Como está escrito:
«Él esparció, dio a los pobres;
Su justicia permanece para siempre».
10Y el que suministra semilla al sembrador y pan para su alimento, suplirá y multiplicará la siembra de ustedes y aumentará la cosecha de su justicia. 11Ustedes serán enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual por medio de nosotros produce acción de gracias a Dios. 12Porque la ministración de este servicio no solo suple con plenitud lo que falta a los santos, sino que también sobreabunda a través de muchas acciones de gracias a Dios.
13Por la prueba dada por esta ministración, glorificarán a Dios por la obediencia de ustedes a la confesión del evangelio de Cristo, y por la liberalidad de su contribución para ellos y para todos. 14Ellos, a su vez, mediante la oración a favor de ustedes, también les demuestran su anhelo debido a la sobreabundante gracia de Dios en ustedes. 15¡Gracias a Dios por Su don inefable!

Salmo 8

Para el director del coro; sobre Gitit. Salmo de David.
Posiblemente instrumento o melodía procedente de Gat.
1¡Oh Señor, Señor nuestro,
Cuán glorioso es Tu nombre en toda la tierra,
Que has desplegado Tu gloria sobre los cielos!
2Por boca de los infantes y de los niños de pecho has establecido Tu fortaleza,
Por causa de Tus adversarios,
Para hacer cesar al enemigo y al vengativo.
3¶Cuando veo Tus cielos, obra de Tus dedos,
La luna y las estrellas que Tú has establecido,
4 Digo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
Y el hijo del hombre para que lo cuides?
5¡Sin embargo, lo has hecho un poco menor que los ángeles,
Y lo coronas de gloria y majestad!
6Tú le haces señorear sobre las obras de Tus manos;
Todo lo has puesto bajo sus pies:
7Todas las ovejas y los bueyes,
Y también las bestias del campo,
8Las aves de los cielos y los peces del mar,
Cuanto atraviesa las sendas de los mares.
9¶¡Oh Señor, Señor nuestro,
Cuán glorioso es Tu nombre en toda la tierra!

Proverbios 3

1Hijo mío, no te olvides de mi enseñanza,
Y tu corazón guarde mis mandamientos,
2Porque largura de días y años de vida
Y paz te añadirán.
3La misericordia y la verdad nunca se aparten de ti;
Átalas a tu cuello,
Escríbelas en la tabla de tu corazón.
4Así hallarás favor y buena estimación
Ante los ojos de Dios y de los hombres.
5Confía en el Señor con todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propio entendimiento.
6Reconócelo en todos tus caminos,
Y Él enderezará tus sendas.
7No seas sabio a tus propios ojos;
Teme al Señor y apártate del mal.
8Será medicina para tu cuerpo
Y alivio para tus huesos.
9Honra al Señor con tus bienes
Y con las primicias de todos tus frutos;
10Entonces tus graneros se llenarán con abundancia
Y tus lagares rebosarán de vino nuevo.
11Hijo mío, no rechaces la disciplina del Señor
Ni aborrezcas Su reprensión,
12Porque el Señor ama a quien reprende,
Como un padre al hijo en quien se deleita.
13¶Bienaventurado el hombre que halla sabiduría
Y el hombre que adquiere entendimiento.
14Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata,
Y sus utilidades mejor que el oro fino.
15Es más preciosa que las joyas,
Y nada de lo que deseas se compara con ella.
16Larga vida hay en su mano derecha,
En su mano izquierda, riquezas y honra.
17Sus caminos son caminos agradables
Y todas sus sendas, paz.
18Es árbol de vida para los que echan mano de ella,
Y felices son los que la abrazan.
19Con sabiduría fundó el Señor la tierra,
Con inteligencia estableció los cielos.
20Con su conocimiento los abismos fueron divididos
Y los cielos destilan rocío.
21Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos;
Guarda la prudencia y la discreción,
22Y serán vida para tu alma
Y adorno para tu cuello.
23Entonces andarás con seguridad por tu camino,
Y tu pie no tropezará.
24Cuando te acuestes no tendrás temor,
Sí, te acostarás y será dulce tu sueño.
25No temerás el pavor repentino,
Ni el ataque de los impíos cuando venga,
26Porque el Señor será tu confianza,
Y guardará tu pie de ser apresado.
27¶No niegues el bien a quien se le debe,
Cuando esté en tu mano el hacerlo.
28No digas a tu prójimo: «Ve y vuelve,
Y mañana te lo daré»,
Cuando lo tienes contigo.
29No trames el mal contra tu prójimo,
Mientras habite seguro a tu lado.
30No pelees con nadie sin motivo,
Si no te ha hecho daño.
31No envidies al hombre violento,
Y no escojas ninguno de sus caminos.
32Porque el hombre perverso es abominación para el Señor;
Pero Él es amigo íntimo de los rectos.
33La maldición del Señor está sobre la casa del impío,
Pero Él bendice la morada del justo.
34Ciertamente Él se burla de los burladores,
Pero da gracia a los afligidos.
35El sabio heredará honra,
Pero los necios hacen resaltar sudeshonra.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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