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Día 16 de 365 · 16 de enero

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Génesis 31

1Pero Jacob oyó las palabras de los hijos de Labán, que decían: «Jacob se ha apoderado de todo lo que era de nuestro padre, y de lo que era de nuestro padre ha hecho toda esta riqueza». 2También Jacob observó la actitud de Labán, que ya no era amigable para con él como antes.
3Entonces el Señor dijo a Jacob: «Vuelve a la tierra de tus padres y a tus familiares, y Yo estaré contigo». 4Jacob, pues, envió a llamar a Raquel y a Lea al campo, donde estaba su rebaño, 5y les dijo: «Veo que el semblante de su padre no es amigable para conmigo como antes. Pero el Dios de mi padre ha estado conmigo.
6»Ustedes saben que he servido a su padre con todas mis fuerzas. 7No obstante él me ha engañado, y ha cambiado mi salario diez veces; sin embargo, Dios no le ha permitido perjudicarme. 8Si él decía: “Las moteadas serán tu salario”, entonces todo el rebaño paría moteadas; y si decía: “Las rayadas serán tu salario”, entonces todo el rebaño paría rayadas. 9De esta manera Dios ha quitado el ganado al padre de ustedes y me lo ha dado a mí.
10»Y sucedió que por el tiempo cuando el rebaño estaba en celo, alcé los ojos y vi en sueños que los machos cabríos que cubrían las hembras eran rayados, moteados y abigarrados. 11Entonces el ángel de Dios me dijo en el sueño: “Jacob”; y yo respondí: “Aquí estoy”. 12Y él dijo: “Levanta ahora los ojos y ve que todos los machos cabríos que están cubriendo las hembras son rayados, moteados y abigarrados, pues yo he visto todo lo que Labán te ha hecho. 13Yo soy el Dios de Betel, donde tú ungiste un pilar, donde me hiciste un voto. Levántate ahora, sal de esta tierra, y vuelve a la tierra donde naciste” ».
14Raquel y Lea le respondieron: «¿Tenemos todavía nosotras parte o herencia alguna en la casa de nuestro padre? 15¿No nos ha tratado como extranjeras? Pues nos ha vendido, y también ha consumido por completo el precio de nuestra compra. 16Ciertamente, toda la riqueza que Dios ha quitado de nuestro padre es nuestra y de nuestros hijos; ahora pues, todo lo que Dios te ha dicho, hazlo».
17Entonces Jacob se levantó, montó a sus hijos y a sus mujeres en los camellos, 18y puso en camino todo su ganado y todas las posesiones que había acumulado, el ganado adquirido que había acumulado en Padán Aram, para ir a Isaac su padre, a la tierra de Canaán. 19Mientras Labán había ido a trasquilar sus ovejas, Raquel robó los ídolos domésticos que eran de su padre. 20Jacob engañó a Labán arameo al no informarle que huía.
21Huyó, pues, Jacob con todo lo que tenía. Se levantó, cruzó el río Éufrates y se dirigió hacia la región montañosa de Galaad.
22Al tercer día, cuando informaron a Labán que Jacob había huido, 23tomó a sus parientes consigo y lo persiguió por siete días; y lo alcanzó en los montes de Galaad. 24Pero Dios vino a Labán arameo en sueños durante la noche, y le dijo: «De ningún modo hables a Jacob ni bien ni mal».
25Alcanzó, pues, Labán a Jacob, quien había plantado su tienda en la región montañosa, y Labán y sus parientes acamparon en los montes de Galaad. 26Entonces Labán dijo a Jacob: «¿Qué has hecho, engañándome y llevándote a mis hijas como si fueran cautivas de guerra? 27¿Por qué huiste en secreto y me engañaste, y no me avisaste para que yo pudiera despedirte con alegría y cantos, con panderos y liras? 28¿Por qué no me has permitido besar a mis hijos y a mis hijas? En esto has obrado neciamente. 29Tengo poder para hacerte daño, pero anoche el Dios de tu padre me dijo: “De ningún modo hables a Jacob ni bien ni mal”. 30Ahora, ciertamente te has marchado porque anhelabas mucho la casa de tu padre. Pero ¿por qué robaste mis dioses?».
31Entonces Jacob respondió a Labán: «Porque tuve miedo, pues dije: “No sea que me quites a tus hijas a la fuerza”. 32Pero aquel con quien encuentres tus dioses, no vivirá. En presencia de nuestros parientes indica lo que es tuyo entre mis cosas y llévatelo». Pues Jacob no sabía que Raquel los había robado.
33Entró entonces Labán en la tienda de Jacob, en la tienda de Lea y en la tienda de las dos siervas, pero no los encontró. Después salió de la tienda de Lea y entró en la tienda de Raquel. 34Raquel había tomado los ídolos domésticos, los había puesto en los aparejos del camello y se había sentado sobre ellos. Y Labán buscó por toda la tienda, pero no los encontró. 35Y ella dijo a su padre: «No se enoje mi señor porque no pueda levantarme delante de usted, pues estoy con lo que es común entre las mujeres». Y él buscó, pero no encontró los ídolos domésticos.
36Entonces se enojó Jacob y discutió con Labán. Y Jacob dijo a Labán: «¿Cuál es mi transgresión? ¿Cuál es mi pecado para que con tanta insistencia me hayas perseguido? 37Aunque has buscado en todas mis cosas, ¿qué has hallado de todas las cosas de tu casa? Ponlo delante de mis parientes y de tus parientes para que ellos juzguen entre nosotros dos.
38»Estos veinte años yo he estado contigo. Tus ovejas y tus cabras no han abortado, ni yo he comido los carneros de tus rebaños. 39No te traía lo despedazado por las fieras. Yo cargaba con la pérdida. Tú lo demandabas de mi mano, tanto lo robado de día como lo robado de noche. 40Estaba yo que de día el calor me consumía y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos. 41Estos veinte años he estado en tu casa. Catorce años te serví por tus dos hijas y seis por tu rebaño, y diez veces cambiaste mi salario.
42»Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham, y temor de Isaac, no hubiera estado conmigo, ciertamente me hubieras enviado ahora con las manos vacías. Pero Dios ha visto mi aflicción y la labor de mis manos, y anoche hizo justicia».
43Respondió Labán a Jacob: «Las hijas son mis hijas, y los hijos mis hijos, y los rebaños mis rebaños, y todo lo que ves es mío. ¿Pero qué puedo yo hacer hoy a estas mis hijas, o a sus hijos que ellas dieron a luz? 44Ahora bien, ven, hagamos un pacto tú y yo y que sirva de testimonio entre los dos».
45Entonces Jacob tomó una piedra y la levantó como señal. 46Y Jacob dijo a sus parientes: «Recojan piedras». Y tomaron piedras e hicieron un montón, y comieron allí junto al montón. 47Labán lo llamó Jegar Sahaduta, pero Jacob lo llamó Galed.
48Entonces Labán dijo: «Este montón es hoy un testigo entre tú y yo». Por eso fue llamado Galed, 49y Mizpa, porque dijo: «Que el Señor nos vigile a los dos cuando nos hayamos apartado el uno del otro. 50Si maltratas a mis hijas, o si tomas otras mujeres además de mis hijas, aunque nadie lo sepa, mira, Dios es testigo entre tú y yo».
51Y Labán dijo a Jacob: «Mira este montón, y mira el pilar que he puesto entre tú y yo. 52Testigo sea este montón y testigo sea el pilar de que yo no pasaré de este montón hacia ti y tú no pasarás de este montón y de este pilar hacia mí, para hacer daño. 53El Dios de Abraham y el Dios de Nacor, Dios de sus padres, juzgue entre nosotros». Entonces Jacob juró por el que temía su padre Isaac.
54Luego ofreció Jacob un sacrificio en el monte, y llamó a sus parientes a comer. Comieron, y pasaron la noche en el monte. 55Labán se levantó muy de mañana, besó a sus hijos y a sus hijas, y los bendijo. Entonces Labán se fue y regresó a su lugar.

Génesis 32

1Cuando Jacob siguió su camino, los ángeles de Dios le salieron al encuentro. 2Y al verlos, Jacob dijo: «Este es el campamento de Dios». Por eso le puso a aquel lugar el nombre de Mahanaim.
3Entonces Jacob envió mensajeros delante de sí a su hermano Esaú, a la tierra de Seir, región de Edom. 4Y les dio órdenes, diciendo: «Así dirán a mi señor Esaú: “Así dice su siervo Jacob: ‘He morado con Labán, y allí me he quedado hasta ahora. 5Tengo bueyes, asnos y rebaños, siervos y siervas; y envío a avisar a mi señor, para hallar gracia ante sus ojos’ ” ».
6Los mensajeros regresaron a Jacob, diciendo: «Fuimos a su hermano Esaú, y él también viene a su encuentro, y 400 hombres con él». 7Jacob tuvo mucho temor y se angustió. Dividió en dos campamentos la gente que estaba con él, y las ovejas, las vacas y los camellos, 8y dijo: «Si Esaú viene a un campamento y lo ataca, el campamento que queda escapará».
9Entonces Jacob dijo: «Oh Dios de mi padre Abraham y Dios de mi padre Isaac, oh Señor, que me dijiste: “Vuelve a tu tierra y a tus familiares, y Yo te haré prosperar”. 10Indigno soy de toda misericordia y de toda la fidelidad que has mostrado a Tu siervo. Porque con solo mi cayado crucé este Jordán, y ahora he llegado a tener dos campamentos. 11Líbrame, te ruego, de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque yo le tengo miedo, no sea que venga y me hiera a mí y a las madres con los hijos. 12Porque Tú me dijiste: “De cierto te haré prosperar, y haré tu descendencia como la arena del mar que no se puede contar por su gran cantidad” ».
13Jacob pasó la noche allí. Entonces de lo que tenía consigo escogió un presente para su hermano Esaú: 14200 cabras y 20 machos cabríos, 200 ovejas y 20 carneros, 1530 camellas criando con sus crías, 40 vacas y 10 novillos, 20 asnas y 10 asnos. 16Jacob los entregó a sus siervos, cada manada aparte, y dijo a sus siervos: «Pasen delante de mí, y pongan un buen espacio entre manada y manada».
17Y ordenó al primero: «Cuando mi hermano Esaú te encuentre y te pregunte: “¿De quién eres y adónde vas, y de quién son estos animales que van delante de ti?”, 18entonces responderás: “Son de su siervo Jacob. Es un presente enviado a mi señor Esaú. Mire, él también viene detrás de nosotros” ».
19También dio órdenes al segundo y al tercero, y a todos los que iban tras las manadas, diciendo: «De esta manera hablarán a Esaú cuando lo encuentren, 20y dirán: “Mire, su siervo Jacob también viene detrás de nosotros” ». Pues dijo: «Lo apaciguaré con el presente que va delante de mí. Y después veré su rostro; quizá me acepte». 21El presente pasó, pues, delante de él, y Jacob durmió aquella noche en el campamento.
22Aquella misma noche Jacob se levantó, y tomó a sus dos mujeres, a sus dos siervas y a sus once hijos, y cruzó el vado de Jaboc. 23Después que los tomó y los hizo pasar el arroyo, hizo pasar también todo lo que tenía.
24Jacob se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba. 25Cuando vio que no podía prevalecer contra Jacob, lo tocó en la coyuntura del muslo, y se dislocó la coyuntura del muslo de Jacob mientras luchaba con él. 26Entonces el hombre dijo: «Suéltame porque raya el alba». «No te soltaré si no me bendices», le respondió Jacob. 27«¿Cómo te llamas?», le preguntó el hombre. «Jacob», le respondió él.
28Y el hombre dijo: «Tu nombre ya no será Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has prevalecido». 29Entonces Jacob le dijo: «Dame a conocer ahora tu nombre». «¿Para qué preguntas por mi nombre?», le respondió el hombre. Y lo bendijo allí.
30Y Jacob le puso a aquel lugar el nombre de Peniel, porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y ha sido preservada mi vida». 31El sol salía cuando Jacob cruzaba Peniel, y cojeaba de su muslo. 32Por eso, hasta hoy, los israelitas no comen el tendón de la cadera que está en la coyuntura del muslo, porque el hombretocó la coyuntura del muslo de Jacob en el tendón de la cadera.

Mateo 16

1Entonces los fariseos y los saduceos se acercaron, y poniendo a prueba a Jesús, le pidieron que les mostrara una señal del cielo. 2Pero Él les dijo: «Al caer la tarde ustedes dicen: “Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizo”. 3Y por la mañana: “Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador”. ¿Saben ustedes discernir el aspecto del cielo, pero no pueden discernir las señales de los tiempos? 4Una generación perversa y adúltera busca una señal, y no se le dará señal, sino la señal de Jonás». Y dejándolos, se fue.
5Los discípulos, al pasar al otro lado, se habían olvidado de tomar panes. 6Entonces Jesús les dijo: «Estén atentos y cuídense de la levadura de los fariseos y saduceos». 7Y ellos discutían entre sí, diciendo: «Lo dice porque no tomamos panes».
8Pero Jesús, dándose cuenta, dijo: «Hombres de poca fe, ¿por qué discuten entre ustedes que no tienen pan? 9¿Todavía no entienden ni recuerdan los cinco panes para los cinco mil, y cuántas cestas recogieron? 10¿Ni los siete panes para los cuatro mil, y cuántas canastas recogieron? 11¿Cómo es que no entienden que no les hablé de los panes? Pero cuídense de la levadura de los fariseos y saduceos».
12Entonces entendieron que Él no les había dicho que se cuidaran de la levadura de los panes, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceos.
13Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a Sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?». 14Y ellos respondieron: «Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o alguno de los profetas». 15«Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?», les preguntó* Jesús. 16Simón Pedro respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente».
17Entonces Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos. 18Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 19Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos». 20Entonces ordenó a los discípulos que a nadie dijeran que Él era el Cristo.
21Desde entonces Jesucristo comenzó a declarar a Sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día. 22Tomando aparte a Jesús, Pedro lo reprendió: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca te acontecerá». 23Pero volviéndose Él, dijo a Pedro: «¡Quítate de delante de Mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres».
24Entonces Jesús dijo a Sus discípulos: «Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y que me siga. 25Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de Mí, la hallará. 26Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma? 27Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de Su Padre con Sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta.
28 »En verdad les digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en Su reino».

Salmo 16

Mictam de David.
1Protégeme, oh Dios, pues en Ti me refugio.
2Yo dije al Señor: «Tú eres mi Señor;
Ningún bien tengo fuera de Ti».
3En cuanto a los santos que están en la tierra,
Ellos son los nobles en quienes está toda mi delicia.
4Se multiplicarán las aflicciones de aquellos que han corrido tras otro dios;
No derramaré yo sus libaciones de sangre,
Ni sus nombres pronunciarán mis labios.
5¶El Señor es la porción de mi herencia y de mi copa;
Tú sustentas mi suerte.
6Las cuerdas me cayeron en lugares agradables;
En verdad es hermosa la herencia que me ha tocado.
7¶Bendeciré al Señor que me aconseja;
En verdad, en las noches mi corazón me instruye.
8Al Señor he puesto continuamente delante de mí;
Porque está a mi diestra, permaneceré firme.
9Por tanto, mi corazón se alegra y mi alma se regocija;
También mi carne morará segura,
10Porque Tú no abandonarás mi alma en el Seol,
Ni permitirás que Tu Santo sufra corrupción.
11Me darás a conocer la senda de la vida;
En Tu presencia hay plenitud de gozo;
En Tu diestra hay deleites para siempre.

Proverbios 16

1Los propósitos del corazón son del hombre,
Pero la respuesta de la lengua es del Señor.
2Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos,
Pero el Señor sondea los espíritus.
3Encomienda tus obras al Señor,
Y tus propósitos se afianzarán.
4Todas las cosas hechas por el Señor tienen su propio fin,
Hasta el impío, para el día del mal.
5Abominación al Señor es todo el que es altivo de corazón;
Ciertamente no quedará sin castigo.
6Con misericordia y verdad se expía la culpa,
Y con el temor del Señor el hombre se aparta del mal.
7Cuando los caminos del hombre son agradables al Señor,
Aun a sus enemigos hace que estén en paz con él.
8Mejor es poco con justicia,
Que gran ganancia con injusticia.
9La mente del hombre planea su camino,
Pero el Señor dirige sus pasos.
10Decisión divina hay en los labios del rey;
En el juicio no debe errar su boca.
11El peso y las balanzas justas son del Señor;
Todas las pesas de la bolsa son obra Suya.
12Es abominación para los reyes cometer iniquidad,
Porque el trono se afianza en la justicia.
13El agrado de los reyes son los labios justos,
Y amado será el que hable lo recto.
14El furor del rey es como mensajero de muerte,
Pero el hombre sabio lo aplacará.
15En el resplandor del rostro del rey hay vida,
Y su favor es como nube de lluvia tardía.
16Adquirir sabiduría, cuánto mejor que el oro,
Y adquirir inteligencia es preferible a la plata.
17La senda de los rectos es apartarse del mal;
El que guarda su camino preserva su alma.
18Delante de la destrucción va el orgullo,
Y delante de la caída, la arrogancia de espíritu.
19Mejor es ser de espíritu humilde con los pobres
Que dividir el botín con los soberbios.
20El que pone atención a la palabra hallará el bien,
Y el que confía en el Señor es bienaventurado.
21El sabio de corazón será llamado prudente,
Y la dulzura de palabras aumenta la persuasión.
22El entendimiento es fuente de vida para el que lo posee,
Pero la instrucción de los necios es necedad.
23El corazón del sabio enseña a su boca
Y añade persuasión a sus labios.
24Panal de miel son las palabras agradables,
Dulces al alma y salud para los huesos.
25Hay camino que al hombre le parece derecho,
Pero al final es camino de muerte.
26El apetito del trabajador para él trabaja,
Porque su boca lo impulsa.
27El hombre indigno planea el mal,
Y sus palabras son como fuego abrasador.
28El hombre perverso provoca pleitos,
Y el chismoso separa a los mejores amigos.
29El hombre violento provoca a su prójimo
Y lo guía por camino que no es bueno.
30El que guiña los ojos lo hace para tramar perversidades;
El que aprieta los labios ya hizo el mal.
31La cabeza canosa es corona de gloria,
Y se encuentra en el camino de la justicia.
32Mejor es el lento para la ira que el poderoso,
Y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad.
33La suerte se echa en el regazo,
Pero del Señor viene todadecisión.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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