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Día 160 de 365 · 9 de junio

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2 Reyes 6

1Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo: «Mire, el lugar en que habitamos con usted es muy estrecho para nosotros. 2Le rogamos que nos deje ir al Jordán, para que cada uno de nosotros tome de allí una viga, y nos hagamos allí un lugar donde habitar». Y él dijo: «Vayan». 3Entonces uno dijo: «Le rogamos que consienta ir con sus siervos». Y Eliseo respondió: «Yo iré». 4Fue, pues, con ellos; y cuando llegaron al Jordán, cortaron árboles. 5Pero sucedió que cuando uno de ellos estaba derribando un tronco, el hierro del hacha se le cayó al agua; y gritó, y dijo: «¡Ah, señor mío, era prestado!». 6Entonces el hombre de Dios dijo: «¿Dónde cayó?». Y cuando le mostró el lugar, cortó un palo y lo echó allí, e hizo flotar el hierro. 7Y Eliseo le dijo: «Tómalo». Y el hombre extendió la mano y lo tomó.
8El rey de Aram estaba en guerra con Israel; y consultó con sus siervos, diciéndoles: «En tal y tal lugar estará mi campamento». 9Y el hombre de Dios envió un mensaje al rey de Israel: «Procura no pasar por tal lugar, porque los arameos van a bajar allí». 10Entonces el rey de Israel envió gente al lugar que el hombre de Dios le había dicho; así que, al prevenirlo él, se cuidó de ir allí, y esto no una ni dos veces. 11Y se enfureció el corazón del rey de Aram por este hecho; y llamando a sus siervos, les dijo: «¿No me van a revelar quién de los nuestros está a favor del rey de Israel?». 12Y uno de sus siervos dijo: «No, rey señor mío, sino que Eliseo, el profeta que está en Israel, le dice al rey de Israel las palabras que tú hablas en el interior de tu alcoba». 13Y él dijo: «Vayan y vean donde está, y enviaré a prenderlo». Y le avisaron: «Él está en Dotán». 14Entonces envió allá caballos, carros y un gran ejército; y llegaron de noche y cercaron la ciudad.
15Y cuando el que servía al hombre de Dios se levantó temprano y salió, vio que un ejército con caballos y carros rodeaba la ciudad. Y su criado le dijo: «¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos?». 16Y él respondió: «No temas, porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos». 17Eliseo entonces oró, y dijo: «Oh Señor, te ruego que abras sus ojos para que vea». Y el Señor abrió los ojos del criado, y miró que el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo.
18Cuando descendieron hacia él los arameos, Eliseo oró al Señor, y dijo: «Te ruego que hieras a esta gente con ceguera». Y Él los hirió con ceguera conforme a la palabra de Eliseo. 19Entonces Eliseo les dijo: «Este no es el camino, ni es esta la ciudad; síganme y yo los guiaré al hombre que buscan». Y los llevó a Samaria.
20Cuando llegaron a Samaria, dijo Eliseo: «Oh Señor, abre los ojos de estos para que vean». Y el Señor abrió sus ojos y vieron que estaban en medio de Samaria. 21Al verlos, el rey de Israel dijo a Eliseo: «¿Los mato, padre mío? ¿Los mato?». 22Y él respondió: «No los mates. ¿Matarías a los que has tomado cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua para que coman y beban y se vuelvan a su señor». 23Entonces les preparó un gran banquete; y después que comieron y bebieron, los despidió, y se volvieron a su señor. Y las bandas armadas de arameos no volvieron a entrar más en la tierra de Israel.
24Pero aconteció que después de esto, Ben Adad, rey de Aram, reunió a todo su ejército, y subió y sitió a Samaria. 25Y hubo gran hambre en Samaria. La sitiaron de tal modo que la cabeza de un asno se vendía por ochenta siclos (912 gramos) de plata, y medio litro de estiércol de paloma por cinco siclos de plata.
26Pasando el rey de Israel por la muralla, una mujer le gritó, diciendo: «¡Ayúdeme, oh rey señor mío!». 27Y él respondió: «Si el Señor no te ayuda, ¿de dónde te podré ayudar? ¿De la era o del lagar?». 28Y el rey le dijo: «¿Qué te pasa?». Y ella respondió: «Esta mujer me dijo: “Da tu hijo para que lo comamos hoy, y mi hijo lo comeremos mañana”. 29Así que cocimos a mi hijo y nos lo comimos; y al día siguiente, le dije a ella: “Da tu hijo, para que lo comamos”; pero ella ha escondido a su hijo». 30Cuando el rey oyó las palabras de la mujer, rasgó sus vestidos y como él pasaba por la muralla, la gente miró, y vio que interiormente, llevaba cilicio sobre su cuerpo. 31Entonces él dijo: «Así me haga Dios, y aun me añada, si la cabeza de Eliseo, hijo de Safat, se mantiene sobre sus hombros hoy».
32Eliseo estaba sentado en su casa, y los ancianos estaban sentados con él. El rey envió a un hombre de los que estaban en su presencia; pero antes de que el mensajero llegara a Eliseo, este dijo a los ancianos: «¿Ven cómo este hijo de asesino ha enviado a cortarme la cabeza? Miren, cuando el mensajero llegue, cierren la puerta y manténganla cerrada contra él. ¿No se oye tras él el ruido de los pasos de su señor?». 33Todavía estaba hablando con ellos, cuando el mensajero descendió a él, y le dijo: «Mira, este mal viene del Señor; ¿por qué he de esperar más en el Señor?».

2 Reyes 7

1Entonces Eliseo dijo: «Oigan la palabra del Señor. Así dice el Señor: “Mañana como a esta hora en la puerta de Samaria, una medida (7.3 litros) de flor de harina se venderá a un siclo (11.4 gramos de plata), y dos medidas de cebada a un siclo” ». 2El oficial real en cuyo brazo se apoyaba el rey, respondió al hombre de Dios, y dijo: «Mira, aunque el Señor hiciera ventanas en los cielos, ¿podría suceder tal cosa?». Entonces Eliseo dijo: «Bien, tú lo verás con tus propios ojos, pero no comerás de ello».
3Había cuatro leprosos a la entrada de la puerta, y se dijeron el uno al otro: «¿Por qué estamos aquí sentados esperando la muerte? 4Si decimos: “Vamos a entrar en la ciudad”, como el hambre está en la ciudad, moriremos allí; y si nos sentamos aquí, también moriremos. Ahora pues, vayamos y pasemos al campamento de los arameos. Si nos perdonan la vida, viviremos; y si nos matan, pues moriremos».
5Los leprosos se levantaron al anochecer para ir al campamento de los arameos, y cuando llegaron a las afueras del campamento de los arameos, resultó que no había nadie allí. 6Porque el Señor había hecho que el ejército de los arameos oyera estruendo de carros y ruido de caballos, el estruendo de un gran ejército, de modo que se dijeron el uno al otro: «Ciertamente el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los hititas y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros». 7Por lo cual se levantaron y huyeron al anochecer, y abandonaron sus tiendas, sus caballos y sus asnos y el campamento tal como estaba, y huyeron para salvar sus vidas. 8Cuando los leprosos llegaron a las afueras del campamento, entraron en una tienda y comieron y bebieron, y se llevaron de allí plata y oro y ropas, y fueron y lo escondieron; y volvieron y entraron en otra tienda y de allí también se llevaron botín, y fueron y lo escondieron.
9Entonces se dijeron el uno al otro: «No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, pero nosotros estamos callados; si esperamos hasta la luz de la mañana, nos vendrá castigo. Vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia a la casa del rey». 10Así que fueron y llamaron a los porteros de la ciudad, y les informaron: «Fuimos al campamento de los arameos, y vimos que no había nadie allí, ni siquiera se oía voz de hombre; solamente los caballos atados, también los asnos atados y las tiendas intactas». 11Los porteros de la puerta llamaron, y lo anunciaron dentro de la casa del rey. 12Entonces el rey se levantó de noche y dijo a sus siervos: «Ahora les diré lo que los arameos nos han hecho. Saben que estamos hambrientos; por tanto han salido del campamento para esconderse en el campo, diciendo: “Cuando salgan de la ciudad, los tomaremos vivos y entraremos en la ciudad” ».
13Entonces uno de sus siervos respondió: «Deja que algunos hombres tomen cinco de los caballos que quedan, de los que quedan en la ciudad. Porque en todo caso les sucederá como a toda la multitud de Israel que queda en la ciudad, (como a toda la multitud de Israel que ya ha perecido), vamos a enviarlos y veamos qué sucede». 14Así que tomaron dos carros con caballos, y el rey los envió en pos del ejército de los arameos, diciendo: «Vayan y vean». 15Los siguieron hasta el Jordán, y resultó que todo el camino estaba lleno de vestidos y objetos diferentes que los arameos habían arrojado en su prisa. Entonces los mensajeros volvieron e informaron al rey.
16Y el pueblo salió y saqueó el campamento de los arameos. Entonces una medida de flor de harina se vendió a un siclo y dos medidas de cebada a un siclo, conforme a la palabra del Señor. 17El rey había puesto a cargo de la puerta de la ciudad al oficial real en cuyo brazo se apoyaba; pero el pueblo lo atropelló junto a la puerta y murió, tal como había dicho el hombre de Dios, el cual habló cuando el rey descendió a verlo. 18Aconteció tal como el hombre de Dios había hablado al rey, cuando dijo: «Mañana a estas horas a la puerta de Samaria dos medidas de cebada serán vendidas a un siclo y una medida de flor de harina a un siclo». 19Y el oficial real, había respondido al hombre de Dios, diciendo: «Mira, aunque el Señor hiciera ventanas en los cielos, ¿podría suceder tal cosa?». Y Eliseo le dijo: «Bien, tú lo verás con tus propios ojos, pero no comerás de ello». 20Y así sucedió, porque el pueblo lo atropelló a la puerta, y murió.

2 Corintios 11

1Ojalá que me soportaran un poco de insensatez, y en verdad me soportan. 2Porque celoso estoy de ustedes con celo de Dios; pues los desposé a un esposo para presentarlos como virgen pura a Cristo. 3Pero temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, las mentes de ustedes sean desviadas de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo. 4Porque si alguien viene y predica a otro Jesús, a quien no hemos predicado, o reciben un espíritu diferente, que no han recibido, o aceptan un evangelio distinto, que no han aceptado, bien lo toleran. 5Pues yo no me considero inferior en nada a los más eminentes apóstoles. 6Pero aunque yo sea torpe en el hablar, no lo soy en el conocimiento; de hecho, por todos los medios se lo hemos demostrado en todas las cosas.
7¿O cometí un pecado al humillarme a mí mismo para que ustedes fueran exaltados, porque les prediqué el evangelio de Dios gratuitamente? 8A otras iglesias despojé, tomando salario de ellas para servirles a ustedes. 9Cuando estaba con ustedes y tuve necesidad, a nadie fui carga; porque cuando los hermanos llegaron de Macedonia, suplieron plenamente mi necesidad, y en todo me guardé, y me guardaré, de serles carga. 10Como la verdad de Cristo está en mí, este gloriarme no se me impedirá en las regiones de Acaya. 11¿Por qué? ¿Porque no los amo? ¡Dios lo sabe!
12Pero lo que hago continuaré haciéndolo, a fin de privar de oportunidad a aquellos que desean una oportunidad de ser considerados iguales a nosotros en aquello en que se glorían. 13Porque los tales son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. 14Y no es de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz. 15Por tanto, no es de sorprender que sus servidores también se disfracen como servidores de justicia, cuyo fin será conforme a sus obras.
16Otra vez digo, que nadie me tenga por insensato. Pero si ustedes lo hacen, recíbanme aunque sea como insensato, para que yo también me gloríe un poco. 17Lo que digo, no lo digo como lo diría el Señor, sino como en insensatez, en esta confianza de gloriarme. 18Pues ya que muchos se glorían según la carne, yo también me gloriaré. 19Porque ustedes, siendo tan sabios, con gusto toleran a los insensatos. 20Pues toleran si alguien los esclaviza, si alguien los devora, si alguien se aprovecha de ustedes, si alguien se exalta a sí mismo, si alguien los golpea en el rostro.
21Para vergüenza mía digo que en comparación nosotros hemos sido débiles. Pero en cualquier otra cosa que alguien más sea osado (hablo con insensatez), yo soy igualmente osado. 22¿Son ellos hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? Yo también. 23¿Son servidores de Cristo? (Hablo como si hubiera perdido el juicio). Yo más. En muchos más trabajos, en muchas más cárceles, en azotes un sinnúmero de veces, con frecuencia en peligros de muerte. 24Cinco veces he recibido de los judíos treinta y nueve azotes. 25Tres veces he sido golpeado con varas, una vez fui apedreado, tres veces naufragué, y he pasado una noche y un día en lo profundo.
26Con frecuencia en viajes, en peligros de ríos, peligros de salteadores, peligros de mis compatriotas, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; 27en trabajos y fatigas, en muchas noches de desvelo, en hambre y sed, con frecuencia sin comida, en frío y desnudez. 28Además de tales cosas externas, está sobre mí la presión cotidiana de la preocupación por todas las iglesias. 29¿Quién es débil sin que yo sea débil? ¿A quién se le hace pecar sin que yo no me preocupe intensamente?
30Si tengo que gloriarme, me gloriaré en cuanto a mi debilidad. 31El Dios y Padre del Señor Jesús, el cual es bendito para siempre, sabe que no miento. 32En Damasco, el gobernador bajo el rey Aretas, vigilaba la ciudad de los damascenos con el fin de prenderme. 33Pero me bajaron en un cesto por una ventana en la muralla, y asíescapé de sus manos.

Salmo 10

1¿Por qué, oh Señor, te mantienes alejado,
Y te escondes en tiempos de tribulación?
2Con arrogancia el impío acosa al afligido;
¡Que sea atrapado en las trampas que ha preparado!
3¶Porque del deseo de su corazón se gloría el impío,
Y el codicioso maldice y desprecia al Señor.
4El impío, en la arrogancia de su rostro, no busca a Dios.
Todo su pensamiento es: «No hay Dios».
5¶Sus caminos prosperan en todo tiempo;
Tus juicios, oh Dios, están en lo alto, lejos de su vista;
A todos sus adversarios los desprecia.
6Dice en su corazón: «No hay quien me mueva;
Por todas las generaciones no sufriré adversidad».
7Llena está su boca de blasfemia, engaño y opresión;
Bajo su lengua hay malicia e iniquidad.
8Se sienta al acecho en las aldeas,
En los escondrijos mata al inocente;
Sus ojos espían al desvalido.
9Acecha en el escondrijo como león en su guarida;
Acecha para atrapar al afligido,
Y atrapa al afligido arrastrándolo a su red.
10Se agazapa, se encoge,
Y los desdichados caen en sus garras.
11El impío dice en su corazón: «Dios se ha olvidado;
Ha escondido Su rostro; nunca verá nada».
12¶Levántate, oh Señor; alza, oh Dios, Tu mano.
No te olvides de los pobres.
13¿Por qué ha despreciado el impío a Dios?
Ha dicho en su corazón: «Tú no le pedirás cuentas».
14lo has visto, porque has contemplado la malicia y el maltrato, para hacer justicia con Tu mano.
A Ti se acoge el desvalido;
Tú has sido amparo del huérfano.
15Quiébrale el brazo al impío y al malvado;
Persigue su maldad hasta que desaparezca.
16¶El Señor es Rey eternamente y para siempre;
Las naciones han perecido de Su tierra.
17Oh Señor, Tú has oído el deseo de los humildes;
Tú fortalecerás su corazón e inclinarás Tu oído
18Para hacer justicia al huérfano y al afligido;
Para que no vuelva a causar terror el hombre que es de la tierra.

Proverbios 5

1Hijo mío, presta atención a mi sabiduría,
Inclina tu oído a mi prudencia,
2Para que guardes la discreción
Y tus labios conserven el conocimiento.
3Porque los labios de la extraña destilan miel,
Y su lengua es más suave que el aceite;
4Pero al final es amarga como el ajenjo,
Aguda como espada de dos filos.
5Sus pies descienden a la muerte,
Sus pasos solo logran el Seol.
6No considera la senda de la vida;
Sus senderos son inestables, y no lo sabe.
7¶Ahora pues, hijos míos, escúchenme,
Y no se aparten de las palabras de mi boca.
8Aleja de la extraña tu camino,
Y no te acerques a la puerta de su casa;
9No sea que des tu vigor a otros
Y tus años al cruel;
10No sea que se sacien los extraños de tus bienes
Y tu esfuerzo vaya a casa del extranjero;
11Y al final te lamentes,
Cuando tu carne y tu cuerpo se hayan consumido,
12Y digas: «¡Cómo he aborrecido la instrucción,
Y mi corazón ha despreciado la corrección!
13-»No he escuchado la voz de mis maestros,
Ni he inclinado mi oído a mis instructores.
14-»He estado a punto de completa ruina
En medio de la asamblea y la congregación».
15¶Bebe agua de tu cisterna
Y agua fresca de tu pozo.
16¿Se derramarán por fuera tus manantiales,
Tus arroyos de aguas por las calles?
17Sean para ti solo,
Y no para los extraños contigo.
18Sea bendita tu fuente,
Y regocíjate con la mujer de tu juventud,
19Amante cierva y graciosa gacela;
Que sus senos te satisfagan en todo tiempo,
Su amor te embriague para siempre.
20¿Por qué has de embriagarte, hijo mío, con una extraña,
Y abrazar el seno de una desconocida?
21Pues los caminos del hombre están delante de los ojos del Señor,
Y Él observa todos sus senderos.
22De sus propias iniquidades será presa el impío,
Y en los lazos de su pecado quedará atrapado.
23Morirá por falta de instrucción,
Y por su mucha necedad perecerá.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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