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Día 163 de 365 · 12 de junio

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2 Reyes 12

1En el séptimo año de Jehú, Joás comenzó a reinar, y reinó cuarenta años en Jerusalén; y el nombre de su madre era Sibia de Beerseba. 2Y Joás hizo lo recto ante los ojos del Señor todos los días en que el sacerdote Joiada lo dirigió. 3Solo que los lugares altos no fueron quitados. El pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
4Entonces Joás dijo a los sacerdotes: «Todo el dinero de las cosas sagradas que se trae a la casa del Señor en moneda corriente, tanto el dinero estipulado a cada persona, como todo el dinero que cada uno voluntariamente traiga a la casa del Señor, 5que los sacerdotes lo tomen para sí, cada cual de sus conocidos; y ellos repararán los daños de la casa dondequiera que se encuentre algún daño».
6Pero en el año veintitrés del rey Joás, los sacerdotes aún no habían reparado los daños de la casa. 7Entonces el rey Joás llamó al sacerdote Joiada y a los otros sacerdotes, y les dijo: «¿Por qué no reparan los daños de la casa? Ahora pues, no tomen más dinero de sus conocidos, sino entréguenlo para los daños de la casa». 8Y consintieron los sacerdotes en no tomar más dinero del pueblo, ni reparar ellos los daños de la casa.
9Entonces el sacerdote Joiada tomó un cofre e hizo un agujero en la tapa, y lo puso junto al altar, al lado derecho conforme se entra a la casa del Señor; y los sacerdotes que custodiaban el umbral depositaban en él todo el dinero que se traía a la casa del Señor. 10Cuando veían que había mucho dinero en el cofre, el escriba del rey y el sumo sacerdote subían y lo ponían en sacos, y contaban el dinero que se encontraba en la casa del Señor. 11Y entregaban el dinero que había sido contado en manos de los que hacían el trabajo, los cuales tenían a su cargo la casa del Señor, y ellos lo traían para pagar a los carpinteros y a los constructores que trabajaban en la casa del Señor, 12y a los albañiles y canteros, y para comprar madera y piedra de cantería para reparar los daños de la casa del Señor, y para todo lo que se gastaba para la casa, a fin de repararla.
13Pero del dinero que se traía a la casa del Señor, no se hicieron ni copas de plata, ni despabiladeras, ni tazones, ni trompetas, ni ninguna vasija de oro, ni vasijas de plata para la casa del Señor; 14porque lo daban a los que hacían el trabajo, y con él reparaban la casa del Señor. 15Y no se pedían cuentas a los hombres en cuyas manos se ponía el dinero para dárselo a los que hacían el trabajo, porque procedían fielmente. 16No se traía a la casa del Señor el dinero de las ofrendas por la culpa ni el dinero de las ofrendas por el pecado; era para los sacerdotes.
17Entonces Hazael, rey de Aram, subió y peleó contra Gat y la tomó; y Hazael se propuso subir contra Jerusalén. 18Y Joás, rey de Judá, tomó todas las cosas sagradas que Josafat, Joram y Ocozías, sus padres, reyes de Judá, habían consagrado, y sus propias cosas sagradas y todo el oro que se encontraba en las tesorerías de la casa del Señor y de la casa del rey, y las envió a Hazael, rey de Aram. Entonces él se retiró de Jerusalén.
19Los demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá? 20Y sus siervos se levantaron y tramaron una conspiración, y mataron a Joás en la casa de Milo, cuando descendía a Sila. 21Pues sus siervos Josacar, hijo de Simeat, y Jozabad, hijo de Somer, lohirieron y murió; y lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David, y Amasías su hijo reinó en su lugar.

2 Reyes 13

1En el año veintitrés de Joás, hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz, hijo de Jehú, sobre Israel en Samaria, y reinó diecisiete años. 2Hizo lo malo ante los ojos del Señor, y siguió tras los pecados con que Jeroboam, hijo de Nabat, hizo pecar a Israel; no se apartó de ellos. 3Y la ira del Señor se encendió contra Israel, y los entregó día tras día en mano de Hazael, rey de Aram, y en mano de Ben Adad, hijo de Hazael. 4Entonces Joacaz imploró el favor del Señor, y el Señor lo oyó; porque Él vio la opresión de Israel, de cómo el rey de Aram los oprimía. 5Y el Señor dio a Israel un libertador, y escaparon del poder de los arameos; y habitaron los israelitas en sus tiendas como antes.
6Con todo, no se apartaron de los pecados con que la casa de Jeroboam hizo pecar a Israel, sino que anduvieron en ellos; y también la Asera permaneció en pie en Samaria. 7Pues a Joacaz no le había quedado del ejército más que cincuenta hombres de a caballo, diez carros y 10,000 hombres de a pie, porque el rey de Aram los había destruido y los había hecho como polvo de trilla. 8Los demás hechos de Joacaz y todo lo que hizo y su poder, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel? 9Y durmió Joacaz con sus padres y lo sepultaron en Samaria, y su hijo Joás reinó en su lugar.
10En el año treinta y siete de Joás, rey de Judá, Joás, hijo de Joacaz, comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, y reinó dieciséis años. 11E hizo lo malo ante los ojos del Señor; no se apartó de todos los pecados con que Jeroboam, hijo de Nabat, hizo pecar a Israel, sino que anduvo en ellos. 12Los demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, y el poder con que peleó contra Amasías, rey de Judá, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel? 13Y durmió Joás con sus padres, y Jeroboam se sentó en su trono; y Joás fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel.
14Cuando Eliseo se enfermó con la enfermedad de la cual había de morir, Joás, rey de Israel, descendió a él y lloró sobre su rostro, y dijo: «¡Padre mío, padre mío, los carros de Israel y sus hombres de a caballo!». 15Y Eliseo le dijo: «Toma un arco y flechas». Y él tomó un arco y flechas. 16Entonces dijo al rey de Israel: «Pon tu mano en el arco». Y él puso su mano sobre el arco; entonces Eliseo colocó sus manos sobre las manos del rey. 17Y dijo: «Abre la ventana hacia el oriente, y él la abrió». Entonces Eliseo dijo: «Tira». Y él tiró. Y Eliseo dijo: «Flecha de victoria del Señor, y flecha de victoria sobre Aram, porque derrotarás a los arameos en Afec hasta exterminarlos.» 18Entonces añadió: «Toma las flechas»; y él las tomó. Y dijo al rey de Israel: «Golpea la tierra»; y él la golpeó tres veces y se detuvo. 19Y el hombre de Dios se enojó con él, y dijo: «Deberías haber golpeado cinco o seis veces, entonces hubieras herido a Aram hasta exterminarlo. Pero ahora herirás a Aram solo tres veces».
20Eliseo murió y lo sepultaron. Las bandas de los moabitas solían invadir la tierra en la primavera de cada año. 21Y una vez cuando estaban sepultando a un hombre, vieron que una banda de merodeadores se les acercaba; así que arrojaron al hombre en la tumba de Eliseo. Cuando el hombre cayó y tocó los huesos de Eliseo, revivió, y se puso en pie.
22Hazael, rey de Aram, había oprimido a Israel todos los días de Joacaz. 23Pero el Señor tuvo piedad de ellos, y les tuvo compasión y se volvió a ellos a causa de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob, y no quiso destruirlos ni echarlos de su presencia hasta hoy. 24Al morir Hazael, rey de Aram, su hijo Ben Adad reinó en su lugar. 25Entonces Joás, hijo de Joacaz, recobró de nuevo de mano de Ben Adad, hijo de Hazael, las ciudades que este había tomado en guerra de mano de su padre Joacaz. Tres veces Joás lo derrotóy recobró las ciudades de Israel.

Gálatas 1

1Pablo, apóstol, no de parte de hombres ni mediante hombre alguno, sino por medio de Jesucristo y de Dios el Padre que lo resucitó de entre los muertos, 2y todos los hermanos que están conmigo:
A las iglesias de Galacia: 3Gracia y paz a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo, 4que Él mismo se dio por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, 5a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
6Me maravillo de que tan pronto ustedes hayan abandonado a Aquel que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente, 7que en realidad no es otro evangelio, sino que hay algunos que los perturban a ustedes y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, les anunciara otro evangelio contrario al que les hemos anunciado, sea anatema.
9Como hemos dicho antes, también repito ahora: Si alguien les anuncia un evangelio contrario al que recibieron, sea anatema. 10Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.
11Pues quiero que sepan, hermanos, que el evangelio que fue anunciado por mí no es según el hombre. 12Pues ni lo recibí de hombre, ni me fue enseñado, sino que lo recibí por medio de una revelación de Jesucristo. 13Porque ustedes han oído acerca de mi antigua manera de vivir en el judaísmo, de cuán desmedidamente perseguía yo a la iglesia de Dios y trataba de destruirla. 14Yo aventajaba en el judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, mostrando mucho más celo por las tradiciones de mis antepasados.
15Pero cuando Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por Su gracia, tuvo a bien 16revelar a Su Hijo en mí para que yo lo anunciara entre los gentiles, no consulté enseguida con carne y sangre, 17ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui a Arabia, y regresé otra vez a Damasco.
18Entonces, tres años después, subí a Jerusalén para conocer a Pedro, y estuve con él quince días. 19Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo, el hermano del Señor. 20En lo que les escribo, les aseguro delante de Dios que no miento.
21Después fui a las regiones de Siria y Cilicia. 22Pero todavía no era conocido en persona en las iglesias de Judea que eran en Cristo. 23Ellos solo oían decir: «El que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en un tiempo quería destruir». 24Y glorificaban a Dios por causa demí.

Salmo 13

Para el director del coro. Salmo de David.
1¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo esconderás de mí Tu rostro?
2¿Hasta cuándo he de tomar consejo en mi alma,
Teniendo pesar en mi corazón todo el día?
¿Hasta cuándo mi enemigo se enaltecerá sobre mí?
3¶Considera y respóndeme, oh Señor, Dios mío;
Ilumina mis ojos, no sea que duerma el sueño de la muerte;
4No sea que mi enemigo diga: «Lo he vencido»;
Y mis adversarios se regocijen cuando yo sea sacudido.
5¶Pero yo en Tu misericordia he confiado;
Mi corazón se regocijará en Tu salvación.
6Cantaré al Señor,
Porque me ha llenado de bienes.

Proverbios 8

1¿No clama la sabiduría,
Y levanta su voz la prudencia?
2En la cima de las alturas, junto al camino,
Donde cruzan las sendas, se coloca;
3Junto a las puertas, a la salida de la ciudad,
En el umbral de las puertas, da voces:
4«Oh hombres, a ustedes clamo,
Para los hijos de los hombres es mi voz.
5-»Oh simples, aprendan prudencia;
Y ustedes, necios, aprendan sabiduría.
6-»Escuchen, porque hablaré cosas excelentes,
Y con el abrir de mis labios rectitud.
7-»Porque mi boca proferirá la verdad,
Abominación a mis labios es la impiedad.
8-»Conforme a la justicia son todas las palabras de mi boca,
No hay en ellas nada torcido ni perverso.
9-»Todas son sinceras para el que entiende,
Y rectas para los que han hallado conocimiento.
10-»Reciban mi instrucción y no la plata,
Y conocimiento antes que el oro escogido,
11Porque mejor es la sabiduría que las joyas,
Y todas las cosas deseables no pueden compararse con ella.
12¶»Yo, la sabiduría, habito con la prudencia,
Y he hallado conocimiento y discreción.
13-»El temor del Señor es aborrecer el mal.
El orgullo, la arrogancia, el mal camino
Y la boca perversa, yo aborrezco.
14-»Mío es el consejo y la prudencia,
Yo soy la inteligencia, el poder es mío.
15-»Por mí reinan los reyes,
Y los gobernantes decretan justicia.
16-»Por mí gobiernan los príncipes y los nobles,
Todos los que juzgan con justicia.
17-»Amo a los que me aman,
Y los que me buscan con diligencia me hallarán.
18-»Conmigo están las riquezas y el honor,
La fortuna duradera y la justicia.
19-»Mi fruto es mejor que el oro, que el oro puro,
Y mi ganancia es mejor que la plata escogida.
20-»Yo ando por el camino de la justicia,
Por en medio de las sendas del derecho,
21Para otorgar heredad a los que me aman
Y así llenar sus tesoros.
22¶»El Señor me poseyó al principio de Su camino,
Antes de Sus obras de tiempos pasados.
23-»Desde la eternidad fui establecida,
Desde el principio, desde los orígenes de la tierra.
24-»Cuando no había abismos fui engendrada,
Cuando no había manantiales abundantes en aguas.
25-»Antes que los montes fueran asentados,
Antes que las colinas, fui engendrada,
26Cuando Él no había hecho aún la tierra y los campos,
Ni el polvo primero del mundo.
27-»Cuando estableció los cielos, allí estaba yo;
Cuando trazó un círculo sobre la superficie del abismo,
28Cuando arriba afirmó los cielos,
Cuando las fuentes del abismo se afianzaron,
29Cuando al mar puso sus límites
Para que las aguas no transgredieran Su mandato,
Cuando señaló los cimientos de la tierra,
30Yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto;
Yo era Su delicia de día en día,
Regocijándome en todo tiempo en Su presencia,
31Regocijándome en el mundo, en Su tierra,
Y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.
32¶»Ahora pues, hijos, escúchenme,
Porque bienaventurados son los que guardan mis caminos.
33-»Escuchen la instrucción y sean sabios,
Y no la desprecien.
34-»Bienaventurado el hombre que me escucha,
Velando a mis puertas día a día,
Aguardando en los postes de mi entrada.
35-»Porque el que me halla, halla la vida
Y alcanza el favor del Señor.
36-»Pero el que peca contra mí, a sí mismo se daña;
Todos los que me odian, aman la muerte».

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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