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Día 165 de 365 · 14 de junio

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2 Reyes 16

1En el año diecisiete de Peka, hijo de Remalías, comenzó a reinar Acaz, hijo de Jotam, rey de Judá. 2Acaz tenía veinte años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén; pero no hizo lo recto ante los ojos del Señor su Dios como su padre David había hecho. 3Anduvo en el camino de los reyes de Israel, y aun hizo pasar a su hijo por el fuego, conforme a las abominaciones de las naciones que el Señor había arrojado de delante de los israelitas. 4Y sacrificó y quemó incienso en los lugares altos, en las colinas y debajo de todo árbol frondoso.
5Entonces Rezín, rey de Aram, y Peka, hijo de Remalías, rey de Israel, subieron a Jerusalén para hacer guerra y sitiaron a Acaz; pero no lo podían vencer. 6En aquel tiempo Rezín, rey de Aram, recuperó a Elat para Aram, y echó a los judíos de Elat completamente; y los arameos vinieron a Elat y allí han morado hasta hoy.
7Acaz envió mensajeros a Tiglat Pileser, rey de Asiria, diciéndole: «Yo soy tu siervo y tu hijo; sube y líbrame de la mano del rey de Aram y de la mano del rey de Israel que se han levantado contra mí». 8Acaz tomó la plata y el oro que se hallaba en la casa del Señor y en los tesoros de la casa del rey, y envió un presente al rey de Asiria. 9El rey de Asiria lo escuchó, y el rey de Asiria subió contra Damasco y la tomó, y se llevó a su pueblo al destierro en Kir, y dio muerte a Rezín.
10El rey Acaz fue a Damasco a ver a Tiglat Pileser, rey de Asiria, y vio el altar que estaba en Damasco; y el rey Acaz envió al sacerdote Urías el diseño del altar y su réplica, conforme a toda su hechura. 11Y el sacerdote Urías edificó un altar; conforme a todo lo que el rey Acaz había enviado de Damasco, así lo hizo el sacerdote Urías antes del regreso del rey Acaz de Damasco. 12Cuando vino el rey de Damasco y vio el altar, el rey se acercó al altar y subió hasta él; 13quemó su holocausto y su ofrenda de cereal, derramó su libación y roció la sangre de sus ofrendas de paz sobre el altar; 14y el altar de bronce, que estaba delante del Señor, lo trajo de delante de la casa, de entre su altar y la casa del Señor, y lo puso al lado norte de su altar.
15Entonces el rey Acaz dio órdenes al sacerdote Urías: «Quema sobre el gran altar el holocausto de la mañana y la ofrenda de cereal de la tarde, el holocausto del rey y su ofrenda de cereal, con el holocausto de todo el pueblo de la tierra y con su ofrenda de cereal y sus libaciones. Rocía sobre él toda la sangre del holocausto y toda la sangre del sacrificio. Pero el altar de bronce será para mí para consultar». 16Y el sacerdote Urías hizo conforme a todo lo que el rey Acaz le había ordenado.
17Entonces el rey Acaz cortó los bordes de las basas, y quitó de ellas la pila. También quitó el mar de sobre los bueyes de bronce que estaban debajo de él y lo puso sobre un enlosado de piedra. 18Y el pórtico para el día de reposo, que habían edificado en la casa, y la entrada exterior del rey, los quitó de la casa del Señor a causa del rey de Asiria. 19Los demás hechos de Acaz, lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá? 20Acaz durmió con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David; y su hijo Ezequías reinó en su lugar.

2 Reyes 17

1En el año doce de Acaz, rey de Judá, Oseas, hijo de Ela, comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, y reinó nueve años. 2Hizo lo malo ante los ojos del Señor, aunque no como los reyes de Israel que habían sido antes de él. 3Subió contra él Salmanasar, rey de Asiria, y Oseas fue hecho su siervo, y le pagaba tributo. 4Pero el rey de Asiria descubrió una conspiración de Oseas, quien había enviado mensajeros a So, rey de Egipto, y no había pagado tributo al rey de Asiria como había hecho año tras año. Por tanto el rey de Asiria lo detuvo y lo encadenó en la cárcel. 5Entonces el rey de Asiria invadió todo el país y subió a Samaria, y le puso sitio por tres años. 6En el año noveno de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria y se llevó a Israel al destierro en Asiria, y los puso en Halah y en Habor, río de Gozán, y en las ciudades de los medos.
7Esto sucedió porque los israelitas habían pecado contra el Señor su Dios, que los había sacado de la tierra de Egipto de bajo la mano de Faraón, rey de Egipto, y habían reverenciado a otros dioses; 8y anduvieron en las costumbres de las naciones que el Señor había arrojado de delante de los israelitas, y en las costumbres de los reyes de Israel que ellos habían introducido. 9Los israelitas secretamente hicieron cosas que no eran rectas contra el Señor su Dios. Además se edificaron lugares altos en todas sus ciudades, desde las torres de atalaya hasta las ciudades fortificadas. 10Se erigieron pilares sagrados y Aseras sobre toda colina alta y bajo todo árbol frondoso. 11Quemaron incienso allí en todos los lugares altos, como las naciones que el Señor se había llevado al destierro de delante de ellos; e hicieron cosas malas provocando al Señor. 12Y sirvieron a ídolos, acerca de los cuales el Señor les había dicho: «Ustedes no harán esto».
13El Señor amonestaba a Israel y a Judá por medio de todos Sus profetas y de todo vidente, diciendo: «Vuélvanse de sus malos caminos y guarden Mis mandamientos, Mis estatutos conforme a toda la ley que ordené a sus padres y que les envié por medio de Mis siervos los profetas». 14Sin embargo, ellos no escucharon, sino que fueron tercos como sus padres, que no creyeron en el Señor su Dios. 15Desecharon Sus estatutos y el pacto que Él había hecho con sus padres, y Sus advertencias con las cuales los había amonestado. Siguieron la vanidad y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que los rodeaban, respecto de las cuales el Señor les había ordenado que no hicieran como ellas. 16Y abandonaron todos los mandamientos del Señor su Dios, y se hicieron imágenes fundidas de dos becerros; hicieron una Asera, adoraron a todo el ejército de los cielos y sirvieron a Baal. 17Hicieron pasar por el fuego a sus hijos y a sus hijas. Practicaron la adivinación y los encantamientos, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos del Señor, provocándolo. 18Y el Señor se enojó en gran manera contra Israel y los quitó de su presencia. Solo quedó la tribu de Judá.
19Tampoco Judá guardó los mandamientos del Señor su Dios, sino que anduvieron en las costumbres que Israel había introducido. 20Y el Señor desechó a toda la descendencia de Israel, y los afligió y los entregó en mano de saqueadores, hasta que los echó de su presencia. 21Cuando Él arrancó a Israel de la casa de David, ellos hicieron rey a Jeroboam, hijo de Nabat. Entonces Jeroboam apartó a Israel de seguir al Señor, y les hizo cometer un gran pecado. 22Los israelitas anduvieron en todos los pecados que había cometido Jeroboam; no se apartaron de ellos, 23hasta que el Señor quitó a Israel de Su presencia, como Él había hablado por medio de todos Sus siervos los profetas. E Israel fue llevado de su propia tierra al destierro, a Asiria, hasta hoy.
24El rey de Asiria trajo hombres de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y los puso en las ciudades de Samaria en lugar de los israelitas. Y tomaron posesión de Samaria y habitaron en sus ciudades. 25Al principio de habitar ellos allí, no temieron al Señor, así que el Señor envió leones entre ellos que mataron a muchos de ellos. 26Entonces hablaron al rey de Asiria: «Las naciones que ha llevado al destierro a las ciudades de Samaria, no conocen la costumbre del dios de la tierra; por eso él ha enviado leones entre ellos, y es la causa por la que los leones los matan porque ellos no conocen la costumbre del dios de la tierra».
27Y el rey de Asiria ordenó: «Lleven allá a uno de los sacerdotes que ustedes llevaron al destierro, y que él vaya y habite allí; y que les enseñe la costumbre del dios de la tierra». 28Y vino uno de los sacerdotes que habían llevado al destierro desde Samaria, y habitó en Betel, y les enseñó cómo habían de temer al Señor. 29Pero cada nación continuó haciendo sus propios dioses, y los pusieron en las casas de los lugares altos que los samaritanos habían hecho, cada nación en las ciudades en que habitaban. 30Y los hombres de Babilonia hicieron a Sucot Benot; los hombres de Cuta hicieron a Nergal; los hombres de Hamat hicieron a Asima; 31y los aveos hicieron a Nibhaz y a Tartac; y los de Sefarvaim quemaban a sus hijos en el fuego como ofrenda a Adramelec y Anamelec, dioses de Sefarvaim. 32También temían al Señor pero nombraron de entre sí sacerdotes de los lugares altos, que oficiaban por ellos en las casas de los lugares altos. 33Temían al Señor pero servían a sus dioses conforme a la costumbre de las naciones de donde habían sido llevados al destierro.
34Hasta el día de hoy siguen haciendo conforme a sus antiguas costumbres. No temen al Señor, ni siguen sus estatutos ni sus ordenanzas ni la ley ni el mandamiento que el Señor había ordenado a los hijos de Jacob, a quien puso el nombre de Israel, 35con los cuales el Señor hizo un pacto y les ordenó: «No temerán a otros dioses ni se inclinarán ante ellos, no los servirán ni les ofrecerán sacrificios. 36Sino que al Señor, que los hizo subir de la tierra de Egipto con gran poder y con brazo extendido, a Él temerán y ante Él se inclinarán y a Él ofrecerán sacrificios. 37Y los estatutos, las ordenanzas, la ley y el mandamiento que Él les escribió, cuidarán de cumplirlos siempre, y no temerán a otros dioses. 38Y el pacto que he hecho con ustedes, no lo olvidarán, ni temerán a otros dioses. 39Sino que al Señor su Dios temerán, y Él los librará de mano de todos sus enemigos».
40Pero ellos no escucharon, sino que hicieron conforme a su antigua costumbre. 41Y aunque estas naciones temían al Señor, también servían a sus ídolos; yde la misma manera que hicieron sus padres, así hacen hasta hoy sus hijos y sus nietos.

Gálatas 3

1¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién los ha fascinado a ustedes, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado públicamente como crucificado? 2Esto es lo único que quiero averiguar de ustedes ¿Recibieron el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? 3¿Tan insensatos son? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿van a terminar ahora por la carne? 4¿Han padecido tantas cosas en vano? ¡Si es que en realidad fue en vano! 5Aquel, pues, que les suministra el Espíritu y hace milagros entre ustedes, ¿lo hace por las obras de la ley o por el oír con fe? 6Así Abraham creyó a Dios y le fue contado como justicia.
7Por tanto, sepan que los que son de fe, estos son hijos de Abraham. 8La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció de antemano las buenas nuevas a Abraham, diciendo: «En ti serán benditas todas las naciones». 9Así que, los que son de la fe son bendecidos con Abraham, el creyente.
10Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: «Maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas». 11Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente, porque «El justo vivirá por la fe». 12Sin embargo, la ley no se basa en la fe. Al contrario, «El que las hace, vivirá por ellas».
13Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: «Maldito todo el que cuelga de un madero», 14a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe.
15Hermanos, hablo en términos humanos. Un pacto, aunque sea humano, una vez ratificado nadie lo invalida ni le añade condiciones. 16Ahora bien, las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. No dice: «y a las descendencias», como refiriéndose a muchas, sino más bien a una: «y a tu descendencia», es decir, Cristo. 17Lo que digo es esto: la ley, que vino 430 años más tarde, no invalida un pacto ratificado anteriormente por Dios, como para anular la promesa.
18Porque si la herencia depende de una ley, ya no depende de una promesa; pero Dios se la concedió a Abraham por medio de una promesa.
19Entonces, ¿para qué fue dada la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera la descendencia a la cual había sido hecha la promesa, ley que fue promulgada mediante ángeles por mano de un mediador. 20Ahora bien, un mediador no representa a uno solo, pero Dios es uno solo.
21¿Es entonces la ley contraria a las promesas de Dios? ¡De ningún modo! Porque si se hubiera dado una ley capaz de impartir vida, entonces la justicia ciertamente hubiera dependido de la ley. 22Pero la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuera dada a todos los que creen.
23Antes de venir la fe, estábamos encerrados bajo la ley, confinados para la fe que había de ser revelada. 24De manera que la ley ha venido a ser nuestro guía para conducirnos a Cristo, a fin de que seamos justificados por la fe. 25Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo el guía. 26Pues todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús. 27Porque todos los que fueron bautizados en Cristo, de Cristo se han revestido.
28No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús. 29Y si ustedes son de Cristo, entonces son descendenciade Abraham, herederos según la promesa.

Salmo 15

Salmo de David.
1Señor, ¿quién habitará en Tu tabernáculo?
¿Quién morará en Tu santo monte?
2El que anda en integridad y obra justicia,
Y habla verdad en su corazón.
3 El que no calumnia con su lengua,
No hace mal a su prójimo,
Ni toma reproche contra su amigo;
4En cuyos ojos el perverso es despreciado, pero honra a los que temen al Señor;
El que aun jurando en perjuicio propio, no cambia;
5 El que su dinero no da a interés,
Ni acepta soborno contra el inocente.
El que hace estas cosas permanecerá firme.

Proverbios 10

1Los proverbios de Salomón.
El hijo sabio alegra al padre,
Pero el hijo necio es tristeza para su madre.
2Tesoros mal adquiridos no aprovechan,
Pero la justicia libra de la muerte.
3El Señor no permitirá que el justo padezca hambre,
Pero rechazará la avidez de los impíos.
4Pobre es el que trabaja con mano negligente,
Pero la mano de los diligentes enriquece.
5El que recoge en el verano es hijo sabio,
El que se duerme durante la siega es hijo que avergüenza.
6Hay bendiciones sobre la cabeza del justo,
Pero la boca de los impíos oculta violencia.
7La memoria del justo es bendita,
Pero el nombre del impío se pudrirá.
8El sabio de corazón aceptará mandatos,
Pero el necio charlatán será derribado.
9El que anda en integridad anda seguro,
Pero el que pervierte sus caminos será descubierto.
10El que guiña el ojo causa disgustos,
Y el necio charlatán será derribado.
11Fuente de vida es la boca del justo,
Pero la boca de los impíos encubre violencia.
12El odio crea rencillas,
Pero el amor cubre todas las transgresiones.
13En los labios del entendido se halla sabiduría,
Pero la vara es para las espaldas del falto de entendimiento.
14Los sabios atesoran conocimiento,
Pero la boca del necio es ruina cercana.
15La fortuna del rico es su fortaleza,
La ruina de los pobres es su pobreza.
16El salario del justo es vida,
La ganancia del impío, castigo.
17 Por senda de vida va el que guarda la instrucción,
Pero el que abandona la reprensión se extravía.
18El que oculta el odio tiene labios mentirosos,
Y el que esparce calumnia es un necio.
19En las muchas palabras, la transgresión es inevitable,
Pero el que refrena sus labios es prudente.
20La lengua del justo es plata escogida,
Pero el corazón de los impíos es poca cosa.
21Los labios del justo apacientan a muchos,
Pero los necios mueren por falta de entendimiento.
22La bendición del Señor es la que enriquece,
Y Él no añade tristeza con ella.
23Como diversión es para el necio el hacer maldad,
Y la sabiduría lo es para el hombre de entendimiento.
24Lo que el impío teme vendrá sobre él,
Y el deseo de los justos será concedido.
25Cuando pasa el torbellino, ya no existe el impío,
Pero el justo tiene cimiento eterno.
26Como el vinagre a los dientes y el humo a los ojos,
Así es el perezoso para quienes lo envían.
27El temor del Señor multiplica los días,
Pero los años de los impíos serán acortados.
28La esperanza de los justos es alegría,
Pero la expectación de los impíos perecerá.
29Fortaleza para el íntegro es el camino del Señor,
Pero ruina para los que obran iniquidad.
30El justo nunca será conmovido,
Pero los impíos no habitarán en la tierra.
31De la boca del justo brota sabiduría,
Pero la lengua perversa será cortada.
32Los labios del justo dan a conocer lo agradable,
Pero la boca de los impíos, lo perverso.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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