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Día 166 de 365 · 15 de junio

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2 Reyes 18

1En el año tercero de Oseas, hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías, hijo de Acaz, rey de Judá. 2Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. El nombre de su madre era Abi, hija de Zacarías. 3Hizo lo recto ante los ojos del Señor, conforme a todo lo que su padre David había hecho. 4Quitó los lugares altos, derribó los pilares sagrados y cortó la Asera. También hizo pedazos la serpiente de bronce que Moisés había hecho, porque hasta aquellos días los israelitas le quemaban incienso; y la llamaban Nehustán.
5Ezequías confió en el Señor, Dios de Israel. Después de él, no hubo ninguno como él entre todos los reyes de Judá, ni entre los que fueron antes de él, 6porque se apegó al Señor; no se apartó de Él, sino que guardó los mandamientos que el Señor había ordenado a Moisés. 7El Señor estaba con él; adondequiera que iba prosperaba. Se rebeló contra el rey de Asiria y no le sirvió. 8Derrotó a los filisteos hasta Gaza y su territorio, desde las torres de atalaya hasta las ciudades fortificadas.
9En el año cuarto del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas, hijo de Ela, rey de Israel, Salmanasar, rey de Asiria, subió contra Samaria y la sitió, 10y después de tres años la tomaron. En el año sexto de Ezequías, que era el año noveno de Oseas, rey de Israel, Samaria fue tomada. 11Y el rey de Asiria llevó a Israel al destierro en Asiria, y los puso en Halah y en el Habor, río de Gozán, y en las ciudades de los medos, 12porque no obedecieron la voz del Señor su Dios, sino que quebrantaron Su pacto, es decir, todo lo que Moisés, siervo del Señor, había ordenado; no escucharon, ni lo cumplieron.
13En el año catorce del rey Ezequías, subió Senaquerib, rey de Asiria, contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó. 14Entonces Ezequías, rey de Judá, envió a decir al rey de Asiria en Laquis: «He hecho lo malo. Retírate de mí; lo que me impongas, aceptaré». Y el rey de Asiria impuso a Ezequías, rey de Judá, 10.2 toneladas de plata y una tonelada de oro. 15Y Ezequías le dio toda la plata que se hallaba en la casa del Señor y en los tesoros de la casa del rey. 16En aquel tiempo Ezequías quitó el oro de las puertas del templo del Señor, y de los postes de las puertas que el mismo Ezequías, rey de Judá, había revestido de oro, y lo entregó al rey de Asiria.
17Desde Laquis el rey de Asiria envió a Jerusalén, al Tartán, al Rabsaris y al Rabsaces con un gran ejército contra el rey Ezequías. Y subieron y llegaron a Jerusalén. Y cuando subieron, llegaron y se colocaron junto al acueducto del estanque superior que está en la calzada del campo del Batanero. 18Llamaron al rey, y salió a ellos Eliaquim, hijo de Hilcías, que era mayordomo, con el escriba Sebna y el cronista Joa, hijo de Asaf.
19Entonces el Rabsaces les dijo: «Digan ahora a Ezequías: “Así dice el gran rey, el rey de Asiria: ‘¿Qué confianza es esta que tú tienes? 20Tú dices (pero solo son palabras vanas): “Tengo consejo y poder para la guerra”. Pero ahora, ¿en quién confías que te has rebelado contra mí? 21Yo sé que tú confías en el báculo de esta caña quebrada, es decir, en Egipto, en el cual, si un hombre se apoya, penetrará en su mano y la traspasará. Así es Faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en él. 22Pero si ustedes me dicen: “Nosotros confiamos en el Señor nuestro Dios”, ¿no es Él aquel cuyos lugares altos y cuyos altares Ezequías ha quitado y ha dicho a Judá y a Jerusalén: “Adorarán delante de este altar en Jerusalén”? 23Ahora pues, te ruego que llegues a un acuerdo con mi señor el rey de Asiria, y yo te daré 2,000 caballos, si por tu parte puedes poner jinetes sobre ellos. 24¿Cómo, pues, puedes rechazar a un oficial de los menores de los siervos de mi señor, y confiar en Egipto para tener carros y hombres de a caballo? 25¿He subido ahora sin el consentimiento del Señor contra este lugar para destruirlo? El Señor me dijo: “Sube contra esta tierra y destrúyela” ’ ” ».
26Entonces Eliaquim, hijo de Hilcías, Sebna y Joa dijeron al Rabsaces: «Le rogamos que hable a sus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos, y no nos hable en la lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre la muralla». 27Pero el Rabsaces les dijo: «¿Acaso me ha enviado mi señor para hablar estas palabras solo a tu señor y a ti, y no a los hombres que están sentados en la muralla, condenados a comer sus propios excrementos y beber su propia orina con ustedes?». 28El Rabsaces se puso en pie, gritó a gran voz en la lengua de Judá, y dijo: «Escuchen la palabra del gran rey, el rey de Asiria. 29Así dice el rey: “Que no los engañe Ezequías, porque él no los podrá librar de mi mano; 30ni que Ezequías les haga confiar en el Señor, diciendo: ‘Ciertamente el Señor nos librará, y esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asiria’. 31No escuchen a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: ‘Hagan la paz conmigo y salgan a mí, y coma cada uno de su vid y cada uno de su higuera, y beba cada cual de las aguas de su cisterna, 32hasta que yo venga y los lleve a una tierra como la tierra de ustedes, tierra de grano y de vino nuevo, tierra de pan y de viñas, tierra de olivos y de miel, para que vivan y no mueran’.
Pero no escuchen a Ezequías porque los engaña, diciendo: ‘El Señor nos librará’. 33¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria? 34¿Dónde están los dioses de Hamat y de Arfad? ¿Dónde están los dioses de Sefarvaim, de Hena y de Iva? ¿Cuándo han librado ellos a Samaria de mi mano? 35¿Quiénes de entre todos los dioses de estas tierras han librado su tierra de mi mano, para que el Señor libre a Jerusalén de mi mano?” ». 36Pero el pueblo se quedó callado y no le respondió palabra alguna, porque la orden del rey era: «No le respondan». 37Entonces Eliaquim, hijo de Hilcías, mayordomo de la casa real,el escriba Sebna y el cronista Joa, hijo de Asaf, fueron a Ezequías con sus vestidos rasgados, y le relataron las palabras del Rabsaces.

2 Reyes 19

1Cuando el rey Ezequías oyó esto rasgó sus vestidos, se cubrió de cilicio y entró en la casa del Señor. 2Envió entonces a Eliaquim, mayordomo de la casa real, con el escriba Sebna y los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, para hablar con el profeta Isaías, hijo de Amoz. 3Y ellos le dijeron: «Así dice Ezequías: “Este día es día de angustia, de reprensión y de desprecio, pues hijos están para nacer, pero no hay fuerzas para dar a luz. 4Tal vez el Señor tu Dios oirá todas las palabras del Rabsaces, a quien su señor, el rey de Asiria, ha enviado para injuriar al Dios vivo, y lo reprenderá por las palabras que el Señor tu Dios ha oído. Eleva, pues, una oración por el remanente que aún queda” ».
5Cuando llegaron los siervos del rey Ezequías ante Isaías, 6este les dijo: «Así dirán a su señor: “Así dice el Señor: ‘No temas por las palabras que has oído, con las que los criados del rey de Asiria me han blasfemado. 7Yo pondré en él un espíritu, oirá un rumor y se volverá a su tierra; y en su tierra lo haré caer a espada’ ” ».
8Entonces el Rabsaces volvió y halló al rey de Asiria peleando contra Libna, pues había oído que el rey había partido de Laquis. 9Y les oyó decir acerca de Tirhaca, rey de Cus: «Ha salido a pelear contra ti». Entonces envió de nuevo mensajeros a Ezequías, diciendo: 10«Así dirán a Ezequías, rey de Judá: “No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo: ‘Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria’. 11Tú has oído lo que los reyes de Asiria han hecho a todas las naciones, destruyéndolas por completo, ¿y serás tú librado? 12¿Acaso los libraron los dioses de las naciones que mis padres destruyeron, es decir, Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que estaban en Telasar? 13¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?” ».
14Entonces Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó, y subió a la casa del Señor y la extendió delante del Señor. 15Y oró Ezequías delante del Señor, y dijo: «Oh Señor, Dios de Israel, que estás sobre los querubines, solo Tú eres Dios de todos los reinos de la tierra. Tú hiciste los cielos y la tierra. 16Inclina, oh Señor, Tu oído y escucha; abre, oh Señor, Tus ojos y mira; escucha las palabras que Senaquerib ha enviado para injuriar al Dios vivo. 17En verdad, oh Señor, los reyes de Asiria han asolado las naciones y sus tierras, 18y han echado sus dioses al fuego, porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, de madera y piedra; por eso los han destruido. 19Y ahora, oh Señor, Dios nuestro, líbranos, te ruego, de su mano para que todos los reinos de la tierra sepan que solo Tú, oh Señor, eres Dios».
20Entonces Isaías, hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Lo que me has rogado acerca de Senaquerib, rey de Asiria, he escuchado”. 21Esta es la palabra que el Señor ha hablado contra él:
“Te ha despreciado y se ha burlado de ti
La virgen hija de Sión;
Ha movido la cabeza a tus espaldas
La hija de Jerusalén.
22-”¿A quién has injuriado y blasfemado?
¿Y contra quién has alzado la voz
Y levantado con orgullo tus ojos?
¡Contra el Santo de Israel!
23-”Por mano de tus mensajeros has injuriado al Señor,
Y has dicho: ‘Con mis numerosos carros
Subí a las cumbres de los montes,
A las partes más remotas del Líbano;
Corté sus altos cedros y sus mejores cipreses,
Y entré en su morada más lejana, en su más frondoso bosque.
24-’Yo cavé pozos y bebí aguas extranjeras,
Y sequé con la planta de mi pie
Todos los ríos de Egipto’.
25¶”¿No has oído?
Hace mucho tiempo que lo hice,
Desde la antigüedad lo había planeado.
Ahora lo he realizado,
Para que conviertas las ciudades fortificadas
En montones de ruinas.
26-”Sus habitantes, faltos de fuerzas,
Fueron desalentados y humillados;
Vinieron a ser como la vegetación del campo
Y como la hierba verde,
Como la hierba en los techos que se quema
Antes de que haya crecido.
27-”Pero conozco tu sentarte,
Tu salir y tu entrar,
Y tu furor contra Mí.
28-”Porque estás lleno de ira contra Mí,
Y porque tu arrogancia ha subido hasta Mis oídos,
Pondré, pues, Mi argolla en tu nariz
Y Mi freno en tus labios,
Y te haré volver por el camino por donde viniste.
29”Esto te será por señal: Este año ustedes comerán lo que crezca espontáneamente; el segundo año lo que nazca de por sí, y en el tercer año siembren, sieguen, planten viñas y coman su fruto. 30Y el remanente de la casa de Judá que se salve, de nuevo echará raíces por debajo y dará fruto por arriba. 31Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sión sobrevivientes. El celo del Señor de los ejércitos hará esto.
32”Por tanto, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: ‘Él no entrará en esta ciudad, ni lanzará allí flecha alguna; tampoco vendrá delante de ella con escudo, ni levantará terraplén contra ella. 33Por el camino que vino, por él se volverá, y no entrará en esta ciudad’ ”, declara el Señor. 34“Porque defenderé esta ciudad para salvarla por amor a Mí mismo y por amor a Mi siervo David” ».
35Aconteció que aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió a 185,000 en el campamento de los asirios. Cuando los demás se levantaron por la mañana, vieron que todos eran cadáveres. 36Senaquerib, rey de Asiria, salió y regresó a su tierra, y habitó en Nínive. 37Y mientras él adoraba en la casa de su dios Nisroc, Adramelec y Sarezer lo mataron a espada y huyeron a la tierra de Ararat. Y su hijo Esar Hadón reinó en su lugar.

Gálatas 4

1Digo, pues: mientras el heredero es menor de edad, en nada es diferente del siervo, aunque sea el dueño de todo, 2sino que está bajo guardianes y tutores hasta la edad señalada por el padre. 3Así también nosotros, mientras éramos niños, estábamos sujetos a servidumbre bajo las cosas elementales del mundo.
4Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, 5a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos. 6Y porque ustedes son hijos, Dios ha enviado el Espíritu de Su Hijo a nuestros corazones, clamando: «¡Abba! ¡Padre!». 7Por tanto, ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios.
8Pero en aquel tiempo, cuando ustedes no conocían a Dios, eran siervos de los que por naturaleza no son dioses. 9Pero ahora que conocen a Dios, o más bien, que son conocidos por Dios, ¿cómo es que se vuelven otra vez a las cosas débiles, inútiles y elementales, a las cuales desean volver a estar esclavizados de nuevo? 10Ustedes observan los días, los meses, las estaciones y los años. 11Temo que quizá he trabajado en vano por ustedes.
12Les ruego, hermanos, háganse como yo, pues yo también me he hecho como ustedes. Ningún agravio me han hecho. 13Pero saben que fue por causa de una enfermedad física que les prediqué el evangelio la primera vez. 14Y lo que para ustedes fue una prueba en mi condición física, que no despreciaron ni rechazaron, sino que me recibieron como un ángel de Dios, como a Cristo Jesús mismo.
15¿Dónde está, pues, aquel sentido de bendición que tuvieron? Pues testigo soy en favor de ustedes de que de ser posible, se hubieran sacado los ojos y me los hubieran dado. 16¿Me he vuelto, por tanto, enemigo de ustedes al decirles la verdad? 17Algunos les tienen celo, no con buena intención, sino que quieren excluirlos a fin de que ustedes muestren celo por ellos. 18Es bueno mostrar celo con buena intención siempre, y no solo cuando yo estoy presente con ustedes. 19Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes, 20quisiera estar presente con ustedes ahora y cambiar mi tono, pues estoy perplejo en cuanto a ustedes.
21Díganme, los que desean estar bajo la ley, ¿no oyen a la ley? 22Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos, uno de la sierva y otro de la libre. 23Pero el hijo de la sierva nació según la carne, y el hijo de la libre por medio de la promesa.
24Esto contiene una alegoría, pues estas mujeres son dos pactos. Uno procede del monte Sinaí que engendra hijos para ser esclavos; este es Agar. 25Ahora bien, Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, porque ella está en esclavitud con sus hijos. 26Pero la Jerusalén de arriba es libre; esta es nuestra madre. 27Porque escrito está:
«Regocíjate, oh estéril, la que no concibes;
Prorrumpe y clama, tú que no tienes dolores de parto,
Porque más son los hijos de la desolada,
Que de la que tiene marido».
28Y ustedes, hermanos, como Isaac, son hijos de la promesa.
29Pero así como entonces el que nació según la carne persiguió al que nació según el Espíritu, así también sucede ahora. 30Pero, ¿qué dice la Escritura?
«Echa fuera a la sierva y a su hijo,
Pues el hijo de la sierva no será heredero con el hijo de la libre».
31Así que, hermanos, no somos hijos de la sierva, sino de la libre.

Salmo 16

Mictam de David.
1Protégeme, oh Dios, pues en Ti me refugio.
2Yo dije al Señor: «Tú eres mi Señor;
Ningún bien tengo fuera de Ti».
3En cuanto a los santos que están en la tierra,
Ellos son los nobles en quienes está toda mi delicia.
4Se multiplicarán las aflicciones de aquellos que han corrido tras otro dios;
No derramaré yo sus libaciones de sangre,
Ni sus nombres pronunciarán mis labios.
5¶El Señor es la porción de mi herencia y de mi copa;
Tú sustentas mi suerte.
6Las cuerdas me cayeron en lugares agradables;
En verdad es hermosa la herencia que me ha tocado.
7¶Bendeciré al Señor que me aconseja;
En verdad, en las noches mi corazón me instruye.
8Al Señor he puesto continuamente delante de mí;
Porque está a mi diestra, permaneceré firme.
9Por tanto, mi corazón se alegra y mi alma se regocija;
También mi carne morará segura,
10Porque Tú no abandonarás mi alma en el Seol,
Ni permitirás que Tu Santo sufra corrupción.
11Me darás a conocer la senda de la vida;
En Tu presencia hay plenitud de gozo;
En Tu diestra hay deleites para siempre.

Proverbios 11

1La balanza falsa es abominación al Señor,
Pero el peso cabal es Su deleite.
2Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra;
Pero la sabiduría está con los humildes.
3La integridad de los rectos los guiará,
Pero la perversidad de los traidores los destruirá.
4De nada sirven las riquezas el día de la ira,
Pero la justicia libra de la muerte.
5La justicia del íntegro enderezará su camino,
Pero el impío caerá por su propia impiedad.
6La justicia de los rectos los librará,
Pero los traidores en su codicia serán atrapados.
7Cuando muere el hombre impío, su esperanza se acaba,
Y la expectación de los poderosos perece.
8El justo es librado de tribulación,
Y el impío toma su lugar.
9Con la boca el impío destruye a su prójimo,
Pero por el conocimiento los justos serán librados.
10Con el bien de los justos, se regocija la ciudad,
Y cuando perecen los impíos, hay gritos de alegría.
11Por la bendición de los rectos, se enaltece la ciudad,
Pero por la boca de los impíos, es derribada.
12El que desprecia a su prójimo carece de entendimiento,
Pero el hombre prudente guarda silencio.
13El que anda en chismes revela secretos,
Pero el de espíritu leal oculta las cosas.
14Donde no hay buen consejo, el pueblo cae,
Pero en la abundancia de consejeros está la victoria.
15Ciertamente sufrirá el que sale fiador por un extraño,
Pero el que odia salir fiador está seguro.
16La mujer agraciada alcanza honra,
Y los poderosos alcanzan riquezas.
17El hombre misericordioso se hace bien a sí mismo,
Pero el cruel a sí mismo se hace daño.
18El impío gana salario engañoso,
Pero el que siembra justicia recibe verdadera recompensa.
19El que persiste en la justicia alcanzará la vida,
Y el que va en pos del mal, su propia muerte.
20Los de corazón perverso son abominación al Señor,
Pero los de camino intachable son Su deleite.
21Ciertamente el malvado no quedará sin castigo,
Pero la descendencia de los justos será librada.
22Como anillo de oro en el hocico de un cerdo
Es la mujer hermosa que carece de discreción.
23El deseo de los justos es solo el bien,
Pero la esperanza de los malvados es la ira.
24Hay quien reparte, y le es añadido más,
Y hay quien retiene lo que es justo, solo para venir a menos.
25El alma generosa será prosperada,
Y el que riega será también regado.
26Al que retiene el grano, el pueblo lo maldecirá,
Pero habrá bendición sobre la cabeza del que lo vende.
27El que con diligencia busca el bien, se procura favor,
Pero el que busca el mal, este le vendrá.
28El que confía en sus riquezas, caerá,
Pero los justos prosperarán como la hoja verde.
29El que turba su casa, heredará viento,
Y el necio será siervo del sabio de corazón.
30El fruto del justo es árbol de vida,
Y el que gana almas es sabio.
31Si el justo es recompensado en la tierra,
¡Cuánto más el impío y el pecador!

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