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Día 17 de 365 · 17 de enero

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Génesis 33

1Cuando Jacob alzó los ojos, vio que Esaú venía y 400 hombres con él. Entonces dividió a los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas. 2Puso a las siervas con sus hijos delante, a Lea con sus hijos después, y a Raquel con José en último lugar.
3Entonces Jacob se les adelantó, y se inclinó hasta el suelo siete veces hasta que llegó cerca de su hermano. 4Esaú corrió a su encuentro y lo abrazó, y echándose sobre su cuello lo besó, y ambos lloraron. 5Esaú alzó sus ojos y vio a las mujeres y a los niños, y dijo: «¿Quiénes son estos que vienen contigo?». «Son los hijos que Dios en Su misericordia ha concedido a tu siervo», respondió Jacob. 6Entonces se acercaron las siervas con sus hijos, y se inclinaron. 7Lea también se acercó con sus hijos, y se inclinaron. Después José se acercó con Raquel, y se inclinaron. 8«¿Qué te propones con toda esta muchedumbre que he encontrado?», preguntó Esaú. «Hallar gracia ante los ojos de mi señor», respondió Jacob. 9Pero Esaú dijo: «Tengo bastante, hermano mío. Sea tuyo lo que es tuyo».
10Pero Jacob respondió: «No, te ruego que si ahora he hallado gracia ante tus ojos, tomes el presente de mi mano, porque veo tu rostro como uno ve el rostro de Dios, y me has recibido favorablemente. 11Acepta, te ruego, el presente que se te ha traído, pues Dios me ha favorecido, y porque yo tengo mucho». Y le insistió, y él lo aceptó.
12Entonces Esaú dijo: «Pongámonos en marcha y vámonos; yo iré delante de ti». 13Pero él le dijo: «Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que debo cuidar de las ovejas y las vacas que están criando. Si los apuramos mucho, en un solo día todos los rebaños morirán. 14Adelántese ahora mi señor a su siervo; y yo avanzaré sin prisa, al paso del ganado que va delante de mí, y al paso de los niños, hasta que llegue a mi señor en Seir».
15Y Esaú dijo: «Permíteme dejarte parte de la gente que está conmigo». «¿Para qué? Halle yo gracia ante los ojos de mi señor», le respondió Jacob.
16Aquel mismo día regresó Esaú por su camino a Seir. 17Jacob siguió hasta Sucot. Allí se edificó una casa e hizo cobertizos para su ganado. Por eso al lugar se le puso el nombre de Sucot.
18Jacob llegó sin novedad a la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán, cuando vino de Padán Aram, y acampó frente a la ciudad. 19Y la parcela de campo donde había plantado su tienda se la compró a los hijos de Hamor, padre de Siquem, por 100 monedas (100 siclos, 1,140 gramos de plata). 20Allí levantó un altar, y lo llamó: El Elohe Israel.

Génesis 34

1Y Dina, la hija de Lea, a quien esta había dado a luz a Jacob, salió a visitar a las hijas de la tierra. 2Cuando la vio Siquem, hijo de Hamor heveo, príncipe de la tierra, se la llevó y se acostó con ella y la violó.
3Pero él se enamoró de Dina, hija de Jacob, y amó a la joven y le habló tiernamente. 4Entonces Siquem habló a su padre Hamor, diciendo: «Consígueme a esta muchacha por mujer». 5Y Jacob oyó que Siquem había deshonrado a su hija Dina, pero como sus hijos estaban con el ganado en el campo, Jacob guardó silencio hasta que ellos llegaran.
6Hamor, padre de Siquem, salió a donde Jacob para hablar con él. 7Y los hijos de Jacob regresaron del campo al oírlo. Y aquellos hombres estaban muy tristes e irritados en gran manera porque Siquem había cometido una terrible ofensa en Israel acostándose con la hija de Jacob, pues tal cosa no debe hacerse. 8Pero Hamor habló con ellos: «El alma de mi hijo Siquem anhela a la hija de ustedes. Les ruego que se la den por mujer. 9Enlácense con nosotros en matrimonios. Dennos sus hijas y tomen las nuestras para ustedes. 10Así morarán con nosotros, y la tierra estará a su disposición. Habiten y comercien y adquieran propiedades en ella». 11Dijo también Siquem al padre y a los hermanos de ella: «Si hallo gracia ante sus ojos, les daré lo que me digan. 12Pídanme cuanta dote y presentes quieran y les daré conforme a lo que me digan, pero denme a la joven por mujer».
13Pero los hijos de Jacob respondieron a Siquem y a su padre Hamor y les hablaron con engaño, porque Siquem había deshonrado a su hermana Dina. 14Y les dijeron: «No podemos hacer tal cosa, dar nuestra hermana a un hombre no circuncidado, pues para nosotros eso es una deshonra. 15Solo con esta condición los complaceremos: si ustedes se hacen como nosotros, circuncidándose cada uno de sus varones; 16entonces les daremos nuestras hijas, y tomaremos sus hijas para nosotros, y moraremos con ustedes y seremos un solo pueblo. 17Pero si no nos escuchan, y no se circuncidan, entonces tomaremos a nuestra hija y nos iremos».
18Sus palabras parecieron razonables a Hamor y a Siquem, hijo de Hamor. 19El joven, pues, no tardó en hacerlo porque estaba enamorado de la hija de Jacob. Y él era el más respetado de toda la casa de su padre.
20Entonces Hamor y su hijo Siquem vinieron a la puerta de su ciudad, y hablaron a los hombres de la ciudad: 21«Estos hombres están en paz con nosotros; déjenlos, pues, morar en la tierra y comerciar en ella, porque vean, la tierra es bastante amplia para ellos. Tomemos para nosotros a sus hijas por mujeres y démosles nuestras hijas. 22Pero solo con esta condición consentirán ellos en morar con nosotros para que seamos un solo pueblo: que se circuncide todo varón entre nosotros, como ellos están circuncidados. 23¿No serán nuestros su ganado y sus propiedades y todos sus animales? Consintamos solo en esto, y morarán con nosotros».
24Y escucharon a Hamor y a su hijo Siquem todos los que salían por la puerta de la ciudad, y fue circuncidado todo varón: todos los que salían por la puerta de la ciudad.
25Pero sucedió que al tercer día, cuando estaban con más dolor, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada y entraron en la ciudad, que estaba desprevenida, y mataron a todo varón. 26Mataron también a Hamor y a su hijo Siquem a filo de espada, y tomaron a Dina de la casa de Siquem, y salieron.
27 Después vinieron los hijos de Jacob, pasaron sobre los muertos y saquearon la ciudad, porque ellos habían deshonrado a su hermana. 28Y se llevaron sus ovejas, sus vacas y sus asnos, lo que había en la ciudad y lo que había en el campo. 29También se llevaron cautivos a todos sus pequeños y a sus mujeres, y saquearon todos sus bienes y todo lo que había en las casas.
30Entonces Jacob dijo a Simeón y a Leví: «Ustedes me han traído dificultades, haciéndome odioso entre los habitantes del país, entre los cananeos y los ferezeos. Como mis hombres son pocos, ellos se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa». 31Pero ellos dijeron: «¿Había de tratarél a nuestra hermana como a una ramera?».

Mateo 17

1Seis días después, Jesús tomó* con Él a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó* aparte a un monte alto. 2Delante de ellos se transfiguró; y Su rostro resplandeció como el sol y Sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. 3En esto, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Él.
4Entonces Pedro dijo a Jesús: «Señor, bueno es que estemos aquí; si quieres, haré aquí tres enramadas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías». 5Mientras estaba aún hablando, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: «Este es Mi Hijo amado en quien Yo estoy complacido; óiganlo a Él».
6Cuando los discípulos oyeron esto, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran temor. 7Entonces Jesús se les acercó, y tocándolos, dijo: «Levántense y no teman». 8Y cuando alzaron sus ojos no vieron a nadie, sino a Jesús solo.
9Mientras descendían del monte, Jesús les ordenó: «No cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos». 10Los discípulos entonces le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?». 11Respondió Jesús: «Elías ciertamente viene, y restaurará todas las cosas; 12pero Yo les digo que Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que le hicieron todo lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos». 13Entonces los discípulos entendieron que Él les había hablado de Juan el Bautista.
14Cuando llegaron a la multitud, se acercó a Jesús un hombre, que arrodillándose delante de Él, dijo: 15«Señor, ten misericordia de mi hijo, porque es epiléptico y sufre terriblemente, porque muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. 16Lo traje a Tus discípulos y ellos no pudieron curarlo». 17Jesús respondió: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo acá». 18Jesús lo reprendió y el demonio salió de él, y el muchacho quedó curado desde aquel momento.
19Entonces los discípulos, llegándose a Jesús en privado, dijeron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?». 20Y Él les dijo*: «Por la poca fe de ustedes; porque en verdad les digo que si tienen fe como un grano de mostaza, dirán a este monte: “Pásate de aquí allá”, y se pasará; y nada les será imposible. 21Pero esta clase no sale sino con oración y ayuno».
22Mientras andaban juntos por Galilea, Jesús les dijo: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres. 23Lo matarán, y al tercer día resucitará». Y ellos se entristecieron mucho.
24Cuando llegaron a Capernaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban las dos dracmas del impuesto del templo y dijeron: «¿No paga su maestro el impuesto del templo?». 25«Sí», contestó* Pedro. Y cuando él llegó a casa, Jesús se le anticipó, diciendo: «¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes cobran tributos o impuestos los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?». 26«De los extraños», respondió Pedro. «Entonces los hijos están exentos», le dijo Jesús. 27«Sin embargo, para que no los escandalicemos, ve al mar, echa el anzuelo, y toma el primer pez que salga; y cuando le abras la boca hallarás un siclo; tómalo y dáselo por ti y por Mí».

Salmo 17

Oración de David.
1Oye, oh Señor, una causa justa; atiende a mi clamor;
Presta oído a mi oración, que no es de labios engañosos.
2Que de Tu presencia venga mi vindicación;
Que Tus ojos vean lo que es justo.
3Tú has probado mi corazón,
Me has visitado de noche;
Me has puesto a prueba y nada hallaste.
He resuelto que mi boca no peque.
4En cuanto a las obras de los hombres, por la palabra de Tus labios
Yo me he guardado de los caminos de los violentos.
5Mis pasos se han mantenido firmes en Tus sendas.
No han resbalado mis pies.
6¶Yo te he invocado, oh Dios, porque Tú me responderás;
Inclina a mí Tu oído, escucha mi palabra.
7Muestra maravillosamente Tu misericordia,
Oh, Salvador de los que se refugian a Tu diestra
Huyendo de los que se levantan contra ellos.
8Guárdame como a la niña de Tus ojos;
Escóndeme a la sombra de Tus alas
9De los impíos que me despojan,
De mis enemigos mortales que me rodean.
10Han cerrado su insensible corazón;
Hablan arrogantemente con su boca.
11Ahora han cercado nuestros pasos;
Fijan sus ojos para echarnos por tierra,
12Como león que ansía despedazar,
Como leoncillo que acecha en los escondites.
13¶Levántate, Señor, sal a su encuentro, derríbalo;
Con Tu espada libra mi alma del impío.
14Líbrame de los hombres, con Tu mano, oh Señor,
De los hombres del mundo, cuya herencia está en esta vida,
Y cuyo vientre llenas de Tu tesoro.
Se llenan de hijos,
Y dejan lo que les abunda a sus pequeños.
15En cuanto a mí, en justicia contemplaré Tu rostro;
Al despertar, me saciaré cuando contempleTu semblante.

Proverbios 17

1Mejor es un bocado seco y con él tranquilidad,
Que una casa llena de banquetes con discordia.
2El siervo prudente prevalecerá sobre el hijo sin honra,
Y con los hermanos participará de la herencia.
3El crisol es para la plata y el horno para el oro,
Pero el Señor prueba los corazones.
4El malhechor escucha a los labios perversos;
El mentiroso presta atención a la lengua detractora.
5El que se burla del pobre afrenta a su Hacedor;
El que se regocija de la desgracia no quedará sin castigo.
6Corona de los ancianos son los nietos,
Y la gloria de los hijos son sus padres.
7No convienen al necio las palabras elocuentes,
Mucho menos al príncipe los labios mentirosos.
8Talismán es el soborno a los ojos de su dueño;
Dondequiera que se vuelva, prospera.
9El que cubre una falta busca afecto,
Pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos.
10La reprensión penetra más en el que tiene entendimiento
Que cien azotes en el necio.
11El rebelde solo busca el mal,
Y un cruel mensajero se enviará contra él.
12Mejor es encontrarse con una osa privada de sus cachorros,
Que con un necio en su necedad.
13Al que devuelve mal por bien,
El mal no se apartará de su casa.
14El comienzo del pleito es como el soltar de las aguas;
Deja, pues, la riña antes de que empiece.
15El que justifica al impío y el que condena al justo,
Ambos son igualmente abominación al Señor.
16¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría
Cuando no tiene entendimiento?
17En todo tiempo ama el amigo,
Y el hermano nace para tiempo de angustia.
18El hombre falto de entendimiento se compromete,
Y sale fiador a favor de su prójimo.
19El que ama la transgresión, ama el pleito;
El que alza su puerta, busca la destrucción.
20El de corazón perverso nunca encuentra el bien,
Y el de lengua pervertida cae en el mal.
21El que engendra un necio, para su tristeza lo engendra,
Y el padre del necio no tiene alegría.
22El corazón alegre es buena medicina,
Pero el espíritu quebrantado seca los huesos.
23El impío recibe soborno bajo el manto
Para pervertir las sendas del derecho.
24En presencia del que tiene entendimiento está la sabiduría,
Pero los ojos del necio están en los extremos de la tierra.
25El hijo necio es pesadumbre de su padre
Y amargura para la que lo dio a luz.
26Ciertamente no es bueno multar al justo,
Ni golpear a los nobles por su rectitud.
27El que retiene sus palabras tiene conocimiento,
Y el de espíritu sereno es hombre entendido.
28Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio,
Cuando cierra los labios, porprudente.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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