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Día 175 de 365 · 24 de junio

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1 Crónicas 11

1Entonces se congregó todo Israel alrededor de David en Hebrón, y le dijeron: «Mire, somos hueso suyo y carne suya. 2Ya de antes, cuando Saúl aún era rey, usted era el que sacaba a Israel y el que lo volvía a traer. Y el Señor su Dios le dijo: “Tú pastorearás a Mi pueblo Israel, y serás príncipe sobre Mi pueblo Israel” ». 3Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y David hizo un pacto con ellos en Hebrón delante del Señor; luego ungieron a David como rey sobre Israel, conforme a la palabra del Señor por medio de Samuel.
4Entonces David fue con todo Israel a Jerusalén, es decir, Jebús, y allí estaban los jebuseos, habitantes de la tierra. 5Los habitantes de Jebús dijeron a David: «Usted no entrará aquí». Pero David capturó la fortaleza de Sión, es decir, la ciudad de David. 6Y David había dicho: «El que primero hiera a un jebuseo será jefe y comandante». Y Joab, hijo de Sarvia, subió primero, y fue hecho jefe. 7David habitó en la fortaleza; por tanto fue llamada la ciudad de David. 8Y edificó la ciudad alrededor, desde el Milo hasta la muralla que la rodeaba; y Joab reparó el resto de la ciudad. 9David se engrandecía cada vez más, y el Señor de los ejércitos estaba con él.
10Estos son los jefes de los valientes que tenía David, quienes le dieron fuerte apoyo en su reino, junto con todo Israel, para hacerlo rey, conforme a la palabra del Señor concerniente a Israel. 11Y estos constituyen la lista de los valientes que tenía David: Jasobeam, hijo de Hacmoni, jefe de los treinta; él blandió su lanza contra 300 a los cuales mató de una sola vez. 12Después de él, Eleazar, hijo de Dodo el ahohíta; él era uno de los tres valientes. 13Él estaba con David en Pasdamim cuando los filisteos se reunieron allí para la batalla; y había una parcela llena de cebada, y el pueblo huyó delante de los filisteos, 14y se apostaron en medio de la parcela, y la defendieron e hirieron a los filisteos; y el Señor los salvó con una gran victoria.
15Tres de los treinta jefes descendieron a la roca donde estaba David, en la cueva de Adulam, mientras el ejército de los filisteos acampaba en el valle de Refaim. 16David estaba entonces en la fortaleza, mientras la guarnición de los filisteos estaba en Belén. 17David sintió un gran deseo, y dijo: «¡Quién me diera a beber agua del pozo de Belén que está junto a la puerta!». 18Entonces los tres se abrieron paso por el campamento de los filisteos, y sacando agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta, se la llevaron y la trajeron a David; pero David no quiso beberla, sino que la derramó para el Señor, 19y dijo: «Lejos esté de mí que haga tal cosa delante de mi Dios. ¿Beberé la sangre de estos hombres que fueron con riesgo de sus vidas? Porque con riesgo de sus vidas la trajeron». Por eso no quiso beberla. Estas cosas hicieron los tres valientes.
20Y Abisai, hermano de Joab, era el primero de los treinta, y blandió su lanza contra 300 y los mató; y él tuvo tanto renombre como los tres. 21De los treinta en el segundo grupo, él fue el más distinguido y llegó a ser capitán de ellos; pero no igualó a los tres primeros.
22Benaía, hijo de Joiada, hijo de un valiente de Cabseel, de grandes hazañas, mató a los dos hijos de Ariel de Moab. Y él descendió y mató a un león en medio de un foso un día que estaba nevando. 23También mató a un egipcio, un hombre grande de 5 codos (2.25 metros) de estatura; y en la mano del egipcio había una lanza como un rodillo de tejedor, pero Benaía descendió a él con un palo, y arrebatando la lanza de la mano del egipcio, lo mató con su propia lanza. 24Estas cosas hizo Benaía, hijo de Joiada, y tuvo tanto renombre como los tres valientes. 25Él fue el más distinguido entre los treinta, pero no igualó a los tres; y David lo puso sobre su guardia.
26Y los valientes de los ejércitos fueron Asael, hermano de Joab, Elhanan, hijo de Dodo de Belén, 27Samot el harodita, Heles el pelonita, 28Ira, hijo de Iques el tecoíta, Abiezer el anatotita, 29Sibecai el husatita, Ilai el ahohíta, 30Maharai el netofatita, Heled, hijo de Baana el netofatita, 31Itai, hijo de Ribai de Guibeá de los hijos de Benjamín, Benaía el piratonita, 32Hurai de los arroyos de Gaas, Abiel el arbatita, 33Azmavet el barhumita, Eliaba el saalbonita, 34los hijos de Hasem el gizonita, Jonatán, hijo de Sage el ararita, 35Ahíam, hijo de Sacar el ararita, Elifal, hijo de Ur, 36Hefer el mequeratita, Ahías el pelonita, 37Hezro el carmelita, Naarai, hijo de Ezbai, 38Joel, hermano de Natán, Mibhar, hijo de Hagrai, 39Selec el amonita, Naharai el beerotita, escudero de Joab, hijo de Sarvia, 40Ira el itrita, Gareb el itrita, 41Urías el hitita, Zabad, hijo de Ahlai, 42Adina, hijo de Siza el rubenita, jefe de los rubenitas, y treinta con él. 43Hanán, hijo de Maaca, y Josafat el mitnita, 44Uzías el astarotita, Sama y Jehiel, hijos de Hotam el aroerita, 45Jediael, hijo de Simri, y Joha su hermano, el tizita, 46Eliel el mahavita, Jerebai y Josavía, hijos de Elnaam, Itma el moabita, 47Eliel, Obed y Jaasiel el mesobaíta.

1 Crónicas 12

1Estos son los que vinieron a David en Siclag, mientras aún se ocultaba por causa de Saúl, hijo de Cis. Eran de los hombres valientes que lo ayudaron en la guerra. 2Estaban armados con arcos, y usaban tanto la mano derecha como la izquierda para lanzar piedras y tirar flechas con el arco. Eran parientes de Saúl de Benjamín. 3El jefe era Ahiezer, después Joás, hijos de Semaa el guibeatita; Jeziel y Pelet, hijos de Azmavet; Beraca y Jehú el anatotita; 4Ismaías el gabaonita, hombre valiente entre los treinta, y jefe de los treinta. Después Jeremías, Jahaziel, Johanán, Jozabad el gederatita, 5Eluzai, Jerimot, Bealías, Semarías, Sefatías el harufita, 6Elcana, Isías, Azareel, Joezer, Jasobeam, los coreítas, 7y Joela y Zebadías, hijos de Jeroham de Gedor.
8También de los de Gad se pasaron a David en la fortaleza en el desierto, hombres fuertes y valientes, entrenados para la guerra, diestros con el escudo y la lanza, cuyos rostros eran como rostros de leones, y eran tan ligeros como las gacelas sobre los montes. 9Ezer fue el primero, Obadías el segundo, Eliab el tercero, 10Mismana el cuarto, Jeremías el quinto, 11Atai el sexto, Eliel el séptimo, 12Johanán el octavo, Elzabad el noveno, 13Jeremías el décimo, Macbanai el undécimo. 14De los hijos de Gad, estos fueron capitanes del ejército; el menor valía por 100 hombres y el mayor por 1,000. 15Estos son los que cruzaron el Jordán en el primer mes, cuando todas sus riberas estaban inundadas, y pusieron en fuga a todos los de los valles, tanto al oriente como al occidente.
16Entonces vinieron algunos de los hijos de Benjamín y Judá a David a la fortaleza. 17Y David salió a su encuentro, y les dijo: «Si vienen a mí en paz para ayudarme, mi corazón se unirá con ustedes; pero si vienen para entregarme a mis enemigos, ya que no hay maldad en mis manos, que el Dios de nuestros padres lo vea y decida». 18Entonces el Espíritu vino sobre Amasai, jefe de los treinta, el cual dijo:
«Tuyos somos, oh David,
Y contigo estamos, hijo de Isaí.
Paz, paz a ti,
Y paz al que te ayuda;
Ciertamente tu Dios te ayuda».
Entonces David los recibió y los hizo capitanes del grupo.
19Algunos de Manasés se pasaron también a David, cuando este iba con los filisteos a la batalla contra Saúl. Pero estos no les ayudaron, porque los príncipes de los filisteos, después de tomar consejo, despidieron a David, diciendo: «A costa de nuestras cabezas se pasará a su señor Saúl». 20Y cuando David iba a Siclag, se pasaron a él de Manasés: Adnas, Jozabad, Jediaiel, Micael, Jozabad, Eliú y Ziletai, capitanes de miles que eran de Manasés. 21Ellos ayudaron a David contra la banda de merodeadores, pues todos eran hombres fuertes y valientes, y capitanes en el ejército. 22Porque día tras día se pasaban hombres a David para ayudarlo, hasta que hubo un gran ejército, como un ejército de Dios.
23Y estos son los números de los escuadrones equipados para la guerra, que vinieron a David en Hebrón para transferirle el reino de Saúl, conforme a la palabra del Señor: 24Los hijos de Judá que llevaban escudo y lanza eran 6,800 equipados para la guerra. 25De los hijos de Simeón, hombres fuertes y valientes para la guerra, 7,100. 26De los hijos de Leví, 4,600. 27Y Joiada, príncipe de la casa de Aarón, y con él 3,700; 28también Sadoc, joven fuerte y valiente, y de la casa de su padre veintidós capitanes. 29De los hijos de Benjamín, parientes de Saúl, 3,000; porque hasta entonces la mayor parte de ellos habían permanecido fieles a la casa de Saúl. 30De los hijos de Efraín, 20,800 hombres fuertes y valientes, famosos en sus casas paternas. 31De la media tribu de Manasés, 18,000 que por nombre fueron designados para venir y hacer rey a David. 32De los hijos de Isacar, expertos en discernir los tiempos, con conocimiento de lo que Israel debía hacer, sus jefes eran 200; y todos sus parientes estaban bajo sus órdenes. 33De Zabulón había 50,000 que salieron con el ejército, que podían ponerse en orden de batalla con toda clase de armas de guerra y que ayudaron a David sin doblez de corazón. 34De Neftalí había 1,000 capitanes, y con ellos 37,000 con escudo y lanza. 35De los de Dan que podían ponerse en orden de batalla, había 28,600. 36De Aser había 40,000 que salieron con el ejército para ponerse en orden de batalla. 37Del otro lado del Jordán de los rubenitas y gaditas y de la media tribu de Manasés, había 120,000 con toda clase de armas de guerra para la batalla.
38Todos estos, hombres de guerra, que podían ponerse en orden de batalla, vinieron con corazón perfecto a Hebrón, para hacer rey a David sobre todo Israel; también todos los demás de Israel eran de un mismo parecer para hacer rey a David. 39Y estuvieron allí con David tres días, comiendo y bebiendo, porque sus parientes habían hecho provisión para ellos. 40También, los que estaban cerca de ellos, yhasta los de Isacar, Zabulón y Neftalí, trajeron víveres en asnos, camellos, mulos y bueyes; grandes cantidades de tortas de harina, tortas de higos y racimos de uvas pasas, vino, aceite, bueyes y ovejas. Verdaderamente había alegría en Israel.

Filipenses 1

1Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús:
A todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, incluyendo a los obispos y diáconos: 2Gracia a ustedes y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
3Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de ustedes. 4Pido siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos ustedes, 5por su participación en el evangelio desde el primer día hasta ahora.
6Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. 7Es justo que yo sienta esto acerca de todos ustedes, porque los llevo en el corazón, pues tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del evangelio, todos ustedes son participantes conmigo de la gracia. 8Porque Dios me es testigo de cuánto los añoro a todos con el entrañable amor de Cristo Jesús.
9Y esto pido en oración: que el amor de ustedes abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento, 10a fin de que escojan lo mejor, para que sean puros e irreprensibles para el día de Cristo; 11llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios.
12Quiero que sepan, hermanos, que las circunstancias en que me he visto, han redundado en un mayor progreso del evangelio, 13de tal manera que mis prisiones por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los demás. 14La mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor. 15Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero también otros lo hacen de buena voluntad. 16Estos lo hacen por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del evangelio. 17Aquellos proclaman a Cristo por ambición personal, no con sinceridad, pensando causarme angustia en mis prisiones.
18¿Entonces qué? Que de todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado; y en esto me regocijo, sí, y me regocijaré. 19Porque sé que esto resultará en mi liberación mediante las oraciones de ustedes y la provisión del Espíritu de Jesucristo, 20conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado, sino que con toda confianza, aun ahora, como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte.
21Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia. 22Pero si el vivir en la carne, esto significa para mí una labor fructífera, entonces, no sé cuál escoger. 23Porque de ambos lados me siento apremiado, teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor.
24Sin embargo, continuar en la carne es más necesario por causa de ustedes. 25Y convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con todos ustedes para su progreso y gozo en la fe, 26para que su profunda satisfacción por mí abunde en Cristo Jesús a causa de mi visita otra vez a ustedes.
27Solamente compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo, de modo que ya sea que vaya a verlos, o que permanezca ausente, pueda oír que ustedes están firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del evangelio. 28De ninguna manera estén atemorizados por sus adversarios, lo cual es señal de perdición para ellos, pero de salvación para ustedes, y esto, de Dios.
29Porque a ustedes se les ha concedido por amor de Cristo, no solo creer en Él, sino también sufrir por Él, 30teniendo el mismo conflicto que vieron en mí, y que ahora oyen que estáen mí.

Salmo 25

Salmo de David.
1A Ti, oh Señor, elevo mi alma.
2Dios mío, en Ti confío;
No sea yo avergonzado,
Que no se regocijen sobre mí mis enemigos.
3Ciertamente ninguno de los que esperan en Ti será avergonzado;
Sean avergonzados los que sin causa se rebelan.
4¶Señor, muéstrame Tus caminos,
Enséñame Tus sendas.
5Guíame en Tu verdad y enséñame,
Porque Tú eres el Dios de mi salvación;
En Ti espero todo el día.
6Acuérdate, oh Señor, de Tu compasión y de Tus misericordias,
Que son eternas.
7No te acuerdes de los pecados de mi juventud ni de mis transgresiones;
Acuérdate de mí conforme a Tu misericordia,
Por Tu bondad, oh Señor.
8¶Bueno y recto es el Señor;
Por tanto, Él muestra a los pecadores el camino.
9Dirige a los humildes en la justicia,
Y enseña a los humildes su camino.
10Todas las sendas del Señor son misericordia y verdad
Para aquellos que guardan Su pacto y Sus testimonios.
11Oh Señor, por amor de Tu nombre,
Perdona mi iniquidad, porque es grande.
12¶¿Quién es el hombre que teme al Señor?
Él le instruirá en el camino que debe escoger.
13En prosperidad habitará su alma,
Y su descendencia poseerá la tierra.
14Los secretos del Señor son para los que le temen,
Y Él les dará a conocer Su pacto.
15De continuo están mis ojos hacia el Señor,
Porque Él sacará mis pies de la red.
16¶Vuélvete a mí y tenme piedad,
Porque estoy solitario y afligido.
17Las angustias de mi corazón han aumentado;
Sácame de mis congojas.
18Mira mi aflicción y mis trabajos,
Y perdona todos mis pecados.
19Mira mis enemigos, que son muchos,
Y con odio violento me detestan.
20Guarda mi alma y líbrame;
No sea yo avergonzado, porque en Ti me refugio.
21La integridad y la rectitud me preserven,
Porque en Ti espero.
22Oh Dios, redime a Israel
De todas sus angustias.

Proverbios 20

1El vino es provocador, la bebida fuerte alborotadora,
Y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio.
2Como rugido de león es el furor del rey,
El que lo provoca a ira pone en peligro su propia vida.
3Es honra para el hombre evitar las discusiones,
Pero cualquier necio se enredará en ellas.
4Desde el otoño, el perezoso no ara,
Así que pide durante la cosecha, pero no hay nada.
5 Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre,
Y el hombre de entendimiento lo sacará.
6Muchos hombres proclaman su propia lealtad,
Pero un hombre digno de confianza, ¿quién lo hallará?
7El justo anda en su integridad;
¡Cuán dichosos son sus hijos después de él!
8El rey que se sienta sobre el trono del juicio,
Disipa con sus ojos todo mal.
9¿Quién puede decir: «Yo he limpiado mi corazón,
Limpio estoy de mi pecado»?
10Pesas desiguales y medidas desiguales,
Ambas cosas son abominables al Señor.
11Aun por sus hechos un muchacho se da a conocer
Si su conducta es pura y recta.
12El oído que oye y el ojo que ve,
Ambos los ha hecho el Señor.
13No ames el sueño, no sea que te empobrezcas;
Abre tus ojos y te saciarás de pan.
14«Malo, malo», dice el comprador,
Pero cuando se marcha, entonces se jacta.
15Hay oro y abundancia de joyas,
Pero cosa más preciosa son los labios con conocimiento.
16Tómale la ropa al que sale fiador del extraño;
Y tómale prenda por los extranjeros.
17El pan obtenido con falsedad es dulce al hombre,
Pero después su boca se llenará de grava.
18Los proyectos con consejo se preparan,
Y con dirección sabia se hace la guerra.
19El que anda murmurando revela secretos,
Por tanto, no te asocies con el chismoso.
20Al que maldice a su padre o a su madre,
Se le apagará su lámpara en medio de las tinieblas.
21La herencia adquirida de prisa al principio,
No será bendecida al final.
22No digas: «Yo pagaré mal por mal»;
Espera en el Señor, y Él te salvará.
23Pesas desiguales son abominación al Señor,
Y no está bien usar una balanza falsa.
24Por el Señor son ordenados los pasos del hombre,
¿Cómo puede, pues, el hombre entender su camino?
25Lazo es para el hombre decir a la ligera: «Es santo»,
Y después de los votos investigar.
26El rey sabio avienta a los impíos,
Y hace pasar la rueda de trillar sobre ellos.
27Lámpara del Señor es el espíritu del hombre
Que escudriña lo más profundo de su ser.
28Lealtad y verdad guardan al rey,
Y por la justicia sostiene su trono.
29La gloria de los jóvenes es su fuerza,
Y la honra de los ancianos, sus canas.
30Los azotes que hieren limpian del mal,
Y los golpes llegan a lo más profundodel cuerpo.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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