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Día 18 de 365 · 18 de enero

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Génesis 35

1Entonces Dios dijo a Jacob: «Levántate, sube a Betel y habita allí. Haz allí un altar a Dios, que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú». 2Y Jacob dijo a los de su casa y a todos los que estaban con él: «Quiten los dioses extranjeros que hay entre ustedes. Purifíquense y cámbiense los vestidos. 3Levantémonos, y subamos a Betel; y allí haré un altar a Dios, quien me respondió en el día de mi angustia, y que ha estado conmigo en el camino por donde he andado». 4Entregaron, pues, a Jacob todos los dioses extranjeros que tenían en su poder y los pendientes que tenían en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de la encina que estaba junto a Siquem.
5Al continuar el viaje, hubo gran terror en las ciudades alrededor de ellos, y no persiguieron a los hijos de Jacob. 6Llegó Jacob a Luz, es decir, Betel, que está en la tierra de Canaán, él y todo el pueblo que estaba con él. 7Edificó allí un altar, y llamó al lugar El Betel, porque allí Dios se le había manifestado cuando huía de su hermano.
8Débora, nodriza de Rebeca, murió y fue sepultada al pie de Betel, debajo de la encina. Esta fue llamada Alón Bacut.
9Cuando Jacob volvió de Padán Aram, Dios se le apareció de nuevo, y lo bendijo. 10Y Dios le dijo:
«Tu nombre es Jacob;
No te llamarás más Jacob,
Sino que tu nombre será Israel».
Y le puso el nombre de Israel. 11También le dijo Dios:
«Yo soy el Dios Todopoderoso.
Sé fecundo y multiplícate;
Una nación y multitud de naciones vendrán de ti,
Y reyes saldrán de tus entrañas.
12-»La tierra que les di a Abraham y a Isaac,
Te la daré a ti
Y a tu descendencia después de ti».
13Entonces Dios se alejó de su lado, del lugar donde había hablado con él. 14Jacob erigió un pilar en el lugar donde Dios había hablado con él, un pilar de piedra, y derramó sobre él una libación; también derramó sobre él aceite. 15Y Jacob le puso el nombre de Betel al lugar donde Dios había hablado con él.
16Entonces salieron de Betel; y cuando aún faltaba cierta distancia para llegar a Efrata, Raquel comenzó a dar a luz y tuvo mucha dificultad en su parto. 17Cuando ella estaba en lo más duro del parto, la partera le dijo: «No temas, porque ahora tienes este otro hijo».
18Y cuando su alma partía (pues murió), lo llamó Benoni; pero su padre lo llamó Benjamín. 19Murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, es decir, Belén. 20Y Jacob erigió un pilar sobre su sepultura; ese es el pilar de la sepultura de Raquel hasta hoy. 21Entonces Israel salió y plantó su tienda más allá de Migdal Eder.
22Y mientras Israel moraba en aquella tierra, Rubén fue y se acostó con Bilha, concubina de su padre; e Israel lo supo.
Y los hijos de Jacob fueron doce. 23Hijos de Lea: Rubén, el primogénito de Jacob, después Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. 24Hijos de Raquel: José y Benjamín. 25Hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan y Neftalí. 26Hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad y Aser. Estos son los hijos de Jacob que le nacieron en Padán Aram.
27Jacob fue a su padre Isaac en Mamre de Quiriat Arba, es decir, Hebrón, donde habían residido Abraham e Isaac.
28Isaac vivió 180 años. 29Y expiró Isaac. Murió y fue reunido a su pueblo, anciano y lleno de días. Sus hijos Esaú y Jacob lo sepultaron.

Génesis 36

1Estas son las generaciones de Esaú, es decir, Edom.
2Esaú tomó sus mujeres de las hijas de Canaán: a Ada, hija de Elón, el hitita; a Aholibama, hija de Aná y nieta de Zibeón el heveo; 3y a Basemat, hija de Ismael, hermana de Nebaiot. 4Ada dio a luz a Elifaz para Esaú; y Basemat dio a luz a Reuel. 5Y Aholibama dio a luz a Jeús, a Jaalam y a Coré. Estos son los hijos que le nacieron a Esaú en la tierra de Canaán.
6Entonces Esaú tomó a sus mujeres, sus hijos y sus hijas y todas las personas de su casa, también su ganado y todas sus bestias, y todos los bienes que había acumulado en la tierra de Canaán, y se fue a otra tierra lejos de su hermano Jacob. 7Porque los bienes de ellos habían llegado a ser tantos que no podían habitar juntos, y la tierra en que moraban no podía sostenerlos a causa de su mucho ganado. 8Esaú habitó en la región montañosa de Seir. Esaú es Edom. 9Estas son las generaciones de Esaú, padre de los edomitas, en la región montañosa de Seir.
10Estos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Ada, mujer de Esaú, y Reuel, hijo de Basemat, mujer de Esaú. 11Y los hijos de Elifaz fueron Temán, Omar, Zefo, Gatam y Quenaz. 12Timna fue concubina de Elifaz, hijo de Esaú, y le dio un hijo, Amalec. Estos son los descendientes de Ada, mujer de Esaú. 13Estos son los hijos de Reuel: Nahat, Zera, Sama y Miza. Estos fueron los hijos de Basemat, mujer de Esaú. 14Y estos fueron los hijos de Aholibama, mujer de Esaú, hija de Aná, nieta de Zibeón: ella tuvo de Esaú a Jeús, Jaalam y Coré.
15Estos son los jefes de entre los hijos de Esaú. Los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú, son: el jefe Temán, el jefe Omar, el jefe Zefo, el jefe Quenaz, 16el jefe Coré, el jefe Gatam y el jefe Amalec. Estos son los jefes que descendieron de Elifaz en la tierra de Edom; estos son los hijos de Ada. 17Estos son los hijos de Reuel, hijo de Esaú: el jefe Nahat, el jefe Zera, el jefe Sama y el jefe Miza. Estos son los jefes que descendieron de Reuel en la tierra de Edom; estos son los hijos de Basemat, mujer de Esaú. 18Estos son los hijos de Aholibama, mujer de Esaú: el jefe Jeús, el jefe Jaalam, el jefe Coré. Estos son los jefes que descendieron de Aholibama, mujer de Esaú, hija de Aná. 19Estos fueron los hijos de Esaú, es decir, Edom, y estos sus jefes.
20Estos son los hijos de Seir el Horeo, habitantes de aquella tierra: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná, 21Disón, Ezer y Disán. Estos son los jefes que descendieron de los horeos, los hijos de Seir en la tierra de Edom. 22Los hijos de Lotán fueron Hori y Hemam; y la hermana de Lotán era Timna. 23Estos son los hijos de Sobal: Alván, Manahat, Ebal, Sefo y Onam.
24Estos son los hijos de Zibeón: Aja y Aná. Este es el Aná que halló las fuentes termales en el desierto cuando pastoreaba los asnos de su padre Zibeón. 25Estos son los hijos de Aná: Disón y Aholibama, hija de Aná. 26Estos son los hijos de Disón: Hemdán, Esbán, Itrán y Querán. 27Estos son los hijos de Ezer: Bilhán, Zaaván y Acán.
28Estos son los hijos de Disán: Uz y Arán. 29Estos son los jefes que descendieron de los horeos: el jefe Lotán, el jefe Sobal, el jefe Zibeón, el jefe Aná, 30el jefe Disón, el jefe Ezer y el jefe Disán. Estos son los jefes que descendieron de los horeos, jefe por jefe, en la tierra de Seir.
31Estos son los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes de que rey alguno reinara sobre los israelitas: 32Bela, hijo de Beor, reinó en Edom; y el nombre de su ciudad era Dinaba. 33Murió Bela, y reinó en su lugar Jobab, hijo de Zera, de Bosra. 34Murió Jobab, y reinó en su lugar Husam, de la tierra de los temanitas.
35Murió Husam, y reinó en su lugar Hadad, hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad era Avit. 36Murió Hadad, y reinó en su lugar Samla de Masreca. 37Murió Samla, y reinó en su lugar Saúl de Rehobot, junto al río Éufrates. 38Murió Saúl, y reinó en su lugar Baal Hanán, hijo de Acbor. 39Y murió Baal Hanán, hijo de Acbor, y reinó en su lugar Hadar; y el nombre de su ciudad era Pau; y el nombre de su mujer era Mehetabel, hija de Matred, hija de Mezaab.
40Estos son los nombres de los jefes que descendieron de Esaú, según sus familias y sus localidades, por sus nombres: el jefe Timna, el jefe Alva, el jefe Jetet, 41el jefe Aholibama, el jefe Ela, el jefe Pinón, 42el jefe Quenaz, el jefe Temán, el jefe Mibsar, 43el jefe Magdiel y el jefe Iram. Estos son los jefes de Edom, es decir, Esaú, padre de los edomitas, según sus moradas en la tierra de su posesión.

Mateo 18

1En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?». 2Él, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos, 3y dijo: «En verdad les digo que si no se convierten y se hacen como niños, no entrarán en el reino de los cielos. 4Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos. 5Y el que reciba a un niño como este en Mi nombre, me recibe a Mí.
6 »Pero al que haga pecar a uno de estos pequeñitos que creen en Mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar.
7 »¡Ay del mundo por sus piedras de tropiezo! Porque es inevitable que vengan piedras de tropiezo; pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!
8 »Si tu mano o tu pie te hace pecar, córtalo y tíralo. Es mejor que entres en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos y dos pies, ser echado en el fuego eterno. 9Y si tu ojo te hace pecar, arráncalo y tíralo. Es mejor que entres en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno de fuego.
10 »Miren que no desprecien a uno de estos pequeñitos, porque les digo que sus ángeles en los cielos contemplan siempre el rostro de Mi Padre que está en los cielos. 11Porque el Hijo del Hombre ha venido a salvar lo que se había perdido.
12 »¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se ha descarriado, ¿no deja las noventa y nueve en los montes, y va en busca de la descarriada? 13Y si sucede que la halla, en verdad les digo que se regocija más por esta que por las noventa y nueve que no se han descarriado. 14Así, no es la voluntad del Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeñitos.
15 »Si tu hermano peca , ve y repréndelo a solas ; si te escucha, has ganado a tu hermano. 16Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos. 17Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos. 18En verdad les digo, que todo lo que ustedes aten en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desaten en la tierra, será desatado en el cielo.
19 »Además les digo, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por Mi Padre que está en los cielos. 20Porque donde están dos o tres reunidos en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos».
21Entonces acercándose Pedro, preguntó a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». 22Jesús le contestó*: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
23 »Por eso, el reino de los cielos puede compararse a cierto rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. 24Al comenzar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10,000 talentos (216 toneladas de plata). 25Pero no teniendo él con qué pagar, su señor ordenó que lo vendieran, junto con su mujer e hijos y todo cuanto poseía, y así pagara la deuda. 26Entonces el siervo cayó postrado ante él, diciendo: “Tenga paciencia conmigo y todo se lo pagaré”. 27Y el señor de aquel siervo tuvo compasión, lo soltó y le perdonó la deuda.
28 »Pero al salir aquel siervo, encontró a uno de sus consiervos que le debía 100 denarios , y echándole mano, lo ahogaba, diciendo: “Paga lo que debes”. 29Entonces su consiervo, cayendo a sus pies, le suplicaba: “Ten paciencia conmigo y te pagaré”. 30Sin embargo, él no quiso, sino que fue y lo echó en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
31 »Así que cuando sus consiervos vieron lo que había pasado, se entristecieron mucho, y fueron y contaron a su señor todo lo que había sucedido. 32Entonces, llamando al siervo, su señor le dijo*: “Siervo malvado, te perdoné toda aquella deuda porque me suplicaste. 33¿No deberías tú también haberte compadecido de tu consiervo, así como yo me compadecí de ti?”. 34Y enfurecido su señor, lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía. 35Así también Mi Padre celestial hará con ustedes, si no perdonan de corazón cada uno a su hermano».

Salmo 18

Para el director del coro. Salmo de David, siervo del Señor, el cual dirigió al Señor las palabras de este cántico el día que el Señor lo libró de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saúl. Y dijo:
1«Yo te amo, Señor, fortaleza mía».
2El Señor es mi roca, mi baluarte y mi libertador;
Mi Dios, mi roca en quien me refugio;
Mi escudo y el poder de mi salvación, mi altura inexpugnable.
3Invoco al Señor, que es digno de ser alabado,
Y soy salvo de mis enemigos.
4¶Los lazos de la muerte me cercaron,
Y los torrentes de iniquidad me atemorizaron.
5Los lazos del Seol me rodearon;
Las redes de la muerte surgieron ante mí.
6En mi angustia invoqué al Señor,
Y clamé a mi Dios;
Desde Su templo oyó mi voz,
Y mi clamor delante de Él llegó a Sus oídos.
7¶Entonces la tierra se estremeció y tembló;
Los cimientos de los montes temblaron
Y fueron sacudidos, porque Él se indignó.
8Humo subió de Su nariz,
Y el fuego de Su boca consumía;
Carbones fueron por Él encendidos.
9También inclinó los cielos, y descendió
Con densas tinieblas debajo de Sus pies.
10Cabalgó sobre un querubín, y voló;
Y rápido voló sobre las alas del viento.
11De las tinieblas hizo Su escondedero, Su pabellón a Su alrededor;
Tinieblas de las aguas, densos nubarrones.
12Por el fulgor de Su presencia se desvanecieron Sus densas nubes
En granizo y carbones encendidos.
13El Señor también tronó en los cielos,
Y el Altísimo dio Su voz:
Granizo y carbones encendidos.
14Él envió Sus flechas, y los dispersó,
Y muchos relámpagos, y los confundió.
15Entonces apareció el lecho de las aguas,
Y los cimientos del mundo quedaron al descubierto
A Tu reprensión, oh Señor,
Al soplo del aliento de Tu nariz.
16¶Extendió la mano desde lo alto y me tomó;
Me sacó de las muchas aguas.
17Me libró de mi poderoso enemigo,
Y de los que me aborrecían, pues eran más fuertes que yo.
18Se enfrentaron a mí el día de mi infortunio,
Pero el Señor fue mi sostén.
19También me sacó a un lugar espacioso;
Me rescató, porque se complació en mí.
20¶El Señor me ha premiado conforme a mi justicia;
Conforme a la pureza de mis manos me ha recompensado.
21Porque he guardado los caminos del Señor,
Y no me he apartado impíamente de mi Dios.
22Pues todas Sus ordenanzas estaban delante de mí,
Y no alejé de mí Sus estatutos.
23También fui íntegro para con Él,
Y me guardé de mi iniquidad.
24Por tanto el Señor me ha recompensado conforme a mi justicia,
Conforme a la pureza de mis manos delante de Sus ojos.
25¶Con el benigno te muestras benigno,
Con el íntegro te muestras íntegro.
26Con el puro eres puro,
Y con el perverso eres sagaz.
27Porque Tú salvas al pueblo afligido,
Pero humillas los ojos altivos.
28Tú enciendes mi lámpara, oh Señor;
Mi Dios que alumbra mis tinieblas.
29Pues contigo aplastaré ejércitos,
Y con mi Dios escalaré murallas.
30¶En cuanto a Dios, Su camino es perfecto;
Acrisolada es la palabra del Señor;
Él es escudo a todos los que a Él se acogen.
31Pues, ¿quién es Dios, fuera del Señor?
¿Y quién es roca, sino solo nuestro Dios,
32El Dios que me ciñe de poder,
Y ha hecho perfecto mi camino?
33Él hace mis pies como de ciervas,
Y me afirma en mis alturas.
34Él adiestra mis manos para la batalla,
Y mis brazos para tensar el arco de bronce.
35Tú me has dado también el escudo de Tu salvación;
Tu diestra me sostiene,
Y Tu benevolencia me engrandece.
36Ensanchas mis pasos debajo de mí,
Y mis pies no han resbalado.
37¶Perseguí a mis enemigos y los alcancé;
Y no me volví hasta acabarlos.
38Los destrocé y no pudieron levantarse;
Cayeron debajo de mis pies.
39Pues Tú me has ceñido con fuerza para la batalla;
Has subyugado debajo de mí a los que contra mí se levantaron.
40También has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas,
Y destruí a los que me odiaban.
41Clamaron, pero no hubo quién los salvara;
Aun al Señor clamaron, pero no les respondió.
42Entonces los desmenucé como polvo delante del viento;
Los arrojé como lodo de las calles.
43¶Tú me has librado de las contiendas del pueblo;
Me has puesto por cabeza de las naciones;
Pueblo que yo no conocía me sirve.
44Al oírme, me obedecen;
Los extranjeros me fingen obediencia.
45Los extranjeros desfallecen,
Y salen temblando de sus fortalezas.
46¶El Señor vive, bendita sea mi roca,
Y ensalzado sea el Dios de mi salvación,
47El Dios que por mí ejecuta venganza,
Y subyuga pueblos debajo de mí;
48El que me libra de mis enemigos.
Ciertamente Tú me exaltas sobre los que se levantan contra mí;
Me rescatas del hombre violento.
49Por tanto, te daré gracias, oh Señor, entre las naciones,
Y cantaré alabanzas a Tu nombre.
50Grandes victorias da Él a Su rey,
Y muestra misericordia a Su ungido,
A David y a su descendencia para siempre.

Proverbios 18

1El que vive aislado busca su propio deseo,
Contra todo consejo se encoleriza.
2El necio no se deleita en la prudencia,
Sino solo en revelar su corazón.
3Cuando llega el impío, llega también el desprecio,
Y con la deshonra viene la afrenta.
4Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre;
Arroyo que fluye, la fuente de la sabiduría.
5No es bueno mostrar preferencia por el impío,
Para ignorar al justo en el juicio.
6Los labios del necio provocan riña,
Y su boca llama a los golpes.
7La boca del necio es su ruina,
Y sus labios una trampa para su alma.
8Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
9También el que es negligente en su trabajo
Es hermano del que destruye.
10El nombre del Señor es torre fuerte,
A ella corre el justo y está a salvo.
11La fortuna del rico es su ciudad fortificada,
Y como muralla alta en su imaginación.
12Antes de la destrucción el corazón del hombre es altivo,
Pero a la gloria precede la humildad.
13El que responde antes de escuchar,
Cosecha necedad y vergüenza.
14El espíritu del hombre puede soportar su enfermedad,
Pero el espíritu quebrantado, ¿quién lo puede sobrellevar?
15El corazón del prudente adquiere conocimiento,
Y el oído del sabio busca el conocimiento.
16La dádiva del hombre le abre camino
Y lo lleva ante la presencia de los grandes.
17Justo parece el primero que defiende su causa
Hasta que otro viene y lo examina.
18La suerte pone fin a los pleitos
Y decide entre los poderosos.
19El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada,
Y los pleitos son como cerrojos de fortaleza.
20Con el fruto de su boca el hombre sacia su vientre,
Con el producto de sus labios se saciará.
21Muerte y vida están en poder de la lengua,
Y los que la aman comerán su fruto.
22El que halla esposa halla algo bueno
Y alcanza el favor del Señor.
23El pobre habla suplicando,
Pero el rico responde con dureza.
24El hombre de muchos amigos se arruina,
Pero hay amigomás unido que un hermano.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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