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Día 19 de 365 · 19 de enero

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Génesis 37

1Jacob habitó en la tierra donde había peregrinado su padre, en la tierra de Canaán. 2Esta es la historia de las generaciones de Jacob:
Cuando José tenía diecisiete años, apacentaba el rebaño con sus hermanos. El joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre. Y José trajo a su padre malos informes sobre ellos. 3Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque era para él el hijo de su vejez; y le hizo una túnica de muchos colores. 4Y sus hermanos vieron que su padre amaba más a José que a todos ellos; por eso lo odiaban y no podían hablarle amistosamente.
5José tuvo un sueño y cuando se lo contó a sus hermanos, ellos lo odiaron aún más. 6Y él les dijo: «Les ruego que escuchen este sueño que he tenido. 7Estábamos atando gavillas en medio del campo, y sucedió que mi gavilla se levantó y se puso derecha, y entonces las gavillas de ustedes se ponían alrededor y se inclinaban hacia mi gavilla».
8Y sus hermanos le dijeron: «¿Acaso reinarás sobre nosotros? ¿O acaso te enseñorearás sobre nosotros?». Y lo odiaron aún más por causa de sus sueños y de sus palabras.
9José tuvo también otro sueño, y se lo contó a sus hermanos, diciendo: «He tenido otro sueño; y el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí». 10Cuando se lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre lo reprendió, y le dijo: «¿Qué es este sueño que has tenido? ¿Acaso yo, tu madre y tus hermanos vendremos a inclinarnos hasta el suelo ante ti?».
11Sus hermanos le tenían envidia, pero su padre reflexionaba sobre lo que se había dicho.
12Después sus hermanos fueron a apacentar el rebaño de su padre en Siquem. 13Israel dijo a José: «¿No están tus hermanos apacentando el rebaño en Siquem? Ven, y te voy a enviar a ellos». «Iré», le dijo José.
14Entonces Israel le dijo: «Ve ahora y mira cómo están tus hermanos y cómo está el rebaño, y tráeme noticias de ellos». Lo envió, pues, desde el valle de Hebrón, y José fue a Siquem. 15Estando él dando vueltas por el campo, un hombre lo encontró, y el hombre le preguntó: «¿Qué buscas?». 16«Busco a mis hermanos», respondió José; «le ruego que me informe dónde están apacentando el rebaño». 17«Se han ido de aquí», le contestó el hombre, «pues yo les oí decir: “Vamos a Dotán” ». Entonces José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán.
18Cuando ellos lo vieron de lejos, y antes que se les acercara, tramaron contra él para matarlo. 19Y se dijeron unos a otros: «Aquí viene el soñador. 20Ahora pues, vengan, matémoslo y arrojémoslo a uno de los pozos; y diremos: “Una fiera lo devoró”. Entonces veremos en qué quedan sus sueños».
21Pero Rubén oyó esto y lo libró de sus manos, y dijo: «No le quitemos la vida». 22Rubén les dijo además: «No derramen sangre. Échenlo en este pozo del desierto, pero no le pongan la mano encima». Esto dijo para poder librarlo de las manos de ellos y devolverlo a su padre.
23Y cuando José llegó a sus hermanos, lo despojaron de su túnica, la túnica de muchos colores que llevaba puesta. 24Lo tomaron y lo echaron en el pozo. El pozo estaba vacío, no había agua en él.
25Entonces se sentaron a comer, y cuando levantaron los ojos, vieron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad con sus camellos cargados de resina aromática, bálsamo y mirra, e iban bajando hacia Egipto. 26Y Judá dijo a sus hermanos: «¿Qué ganaremos con matar a nuestro hermano y ocultar su sangre? 27Vengan, vendámoslo a los ismaelitas y no pongamos las manos sobre él, pues es nuestro hermano, carne nuestra». Y sus hermanos le hicieron caso.
28Pasaron entonces los mercaderes madianitas, y ellos sacaron a José, subiéndolo del pozo, y vendieron a José a los ismaelitas por veinte monedas de plata. Y estos se llevaron a José a Egipto.
29Cuando Rubén volvió al pozo, José ya no estaba en el pozo. Entonces rasgó sus vestidos; 30y volvió a sus hermanos y les dijo: «El muchacho no está allí; y yo, ¿adónde iré?».
31Así que tomaron la túnica de José, mataron un macho cabrío, y empaparon la túnica en la sangre. 32Entonces enviaron la túnica de muchos colores y la llevaron a su padre, y dijeron: «Encontramos esto. Te rogamos que lo examines para ver si es la túnica de tu hijo o no». 33Él la examinó, y dijo: «Es la túnica de mi hijo. Una fiera lo ha devorado. Sin duda José ha sido despedazado». 34Jacob rasgó sus vestidos, puso cilicio sobre sus lomos y estuvo de duelo por su hijo muchos días.
35Todos sus hijos y todas sus hijas vinieron para consolarlo, pero él rehusó ser consolado, y dijo: «Ciertamente enlutado bajaré al Seol por causa de mi hijo». Y su padre lloró por él. 36Mientras tanto, los madianitaslo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.

Génesis 38

1Por aquel tiempo Judá se separó de sus hermanos, y visitó a un adulamita llamado Hira. 2Allí Judá vio a la hija de un cananeo llamado Súa. La tomó, y se llegó a ella. 3Ella concibió y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Er. 4Concibió otra vez y dio a luz otro hijo, y le puso por nombre Onán. 5Aún dio a luz a otro hijo, y le puso por nombre Sela. Y fue en Quezib que le nació.
6Entonces Judá tomó mujer para Er su primogénito, la cual se llamaba Tamar. 7Pero Er, primogénito de Judá, era malo ante los ojos del Señor, y el Señor le quitó la vida.
8Entonces Judá dijo a Onán: «Llégate a la mujer de tu hermano, y cumple con ella tu deber como cuñado, y levanta descendencia a tu hermano». 9Y Onán sabía que la descendencia no sería suya. Acontecía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, derramaba su semen en tierra para no dar descendencia a su hermano. 10Pero lo que hacía era malo ante los ojos del Señor. También a él le quitó la vida. 11Entonces Judá dijo a su nuera Tamar: «Quédate viuda en casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Sela»; pues pensaba: «Temo que él muera también como sus hermanos». Así que Tamar se fue y se quedó en casa de su padre.
12Pasaron muchos días y murió la hija de Súa, mujer de Judá. Y pasado el duelo, Judá subió a los trasquiladores de sus ovejas en Timnat, él y su amigo Hira el adulamita. 13Y se lo hicieron saber a Tamar, diciéndole: «Mira, tu suegro sube a Timnat a trasquilar sus ovejas». 14Entonces ella se quitó sus ropas de viuda y se cubrió con un velo, se envolvió bien y se sentó a la entrada de Enaim que está en el camino de Timnat. Porque veía que Sela había crecido, y ella aún no había sido dada a él por mujer.
15Cuando la vio Judá, pensó que era una ramera, pues se había cubierto el rostro. 16Y se acercó a ella junto al camino, y le dijo: «Vamos, déjame estar contigo»; pues no sabía que era su nuera. «¿Qué me darás por estar conmigo?», le dijo ella. 17«Yo te enviaré un cabrito de las cabras del rebaño», respondió Judá. «¿Me darás una prenda hasta que lo envíes?», le dijo ella. 18«¿Qué prenda tengo que darte?», preguntó Judá. «Tu sello, tu cordón y el báculo que tienes en la mano», dijo ella. Y él se los dio y se llegó a ella, y ella concibió de él. 19Entonces ella se levantó y se fue. Se quitó el velo y se puso sus ropas de viuda.
20Cuando Judá envió el cabrito por medio de su amigo el adulamita, para recobrar la prenda de mano de la mujer, no la halló. 21Y preguntó a los hombres del lugar: «¿Dónde está la ramera que estaba en Enaim, junto al camino?». «Aquí no ha habido ninguna ramera», dijeron ellos.
22Él volvió donde Judá, y le dijo: «No la encontré. Además, los hombres del lugar dijeron: “Aquí no ha habido ninguna ramera” ». 23Entonces Judá dijo: «Que se quede con las prendas, para que no seamos causa de burla. Ya ves que envié este cabrito, y tú no la has encontrado».
24Y a los tres meses, informaron a Judá, diciendo: «Tu nuera Tamar ha fornicado, y ha quedado encinta a causa de las fornicaciones». «Sáquenla y que sea quemada», dijo Judá. 25Cuando la sacaban, ella envió a decir a su suegro: «Del hombre a quien pertenecen estas cosas estoy encinta». Y añadió «Le ruego que examine y vea de quién es este sello, este cordón y este báculo».
26Judá los reconoció, y dijo: «Ella es más justa que yo, por cuanto yo no la di por mujer a mi hijo Sela». Y no volvió a tener más relaciones con ella.
27Y sucedió que al tiempo de dar a luz, había mellizos en su seno. 28Aconteció, además, que mientras daba a luz, uno de ellos sacó su mano, y la partera la tomó y le ató un hilo escarlata en la mano, diciendo: «Este salió primero». 29Pero sucedió que cuando él retiró su mano, su hermano salió. Entonces ella dijo: «¡Qué brecha te has abierto!». Por eso le pusieron por nombre Fares. 30Después salió su hermano que tenía el hilo escarlata en la mano; y le pusieron por nombre Zara.

Mateo 19

1Cuando Jesús terminó estas palabras, partió de Galilea y se fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán; 2y grandes multitudes siguieron a Jesús, y los sanó allí.
3Y se acercaron a Él algunos fariseos para ponerlo a prueba, diciendo: «¿Le está permitido a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?». 4Jesús les respondió: «¿No han leído que Aquel que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra, 5y dijo: “Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”? 6Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe».
7Ellos le dijeron*: «Entonces, ¿por qué mandó Moisés darle carta de divorcio y repudiarla?». 8Él les contestó*: «Por la dureza de su corazón Moisés les permitió a ustedes divorciarse de sus mujeres; pero no ha sido así desde el principio. 9Pero Yo les digo que cualquiera que se divorcie de su mujer, salvo por infidelidad, y se case con otra, comete adulterio». 10Los discípulos le dijeron*: «Si así es la relación del hombre con su mujer, no conviene casarse». 11Jesús les dijo: «No todos pueden aceptar este precepto, sino solo aquellos a quienes les ha sido dado. 12Porque hay eunucos que nacieron así desde el seno de su madre, y hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, y también hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que pueda aceptar esto, que lo acepte».
13Entonces trajeron algunos niños a Jesús para que pusiera las manos sobre ellos y orara; y los discípulos los reprendieron. 14Pero Jesús dijo: «Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a Mí, porque de los que son como estos es el reino de los cielos». 15Y después de poner Él las manos sobre ellos, se fue de allí.
16Y un hombre se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué cosa buena haré para obtener la vida eterna?». 17Jesús le respondió: «¿Por qué me preguntas acerca de lo que es bueno? Solo Uno es bueno; pero si deseas entrar en la vida, guarda los mandamientos». 18«¿Cuáles?», preguntó* el hombre. Y Jesús respondió: «No matarás; no cometerás adulterio; no hurtarás; no darás falso testimonio; 19honra a tu padre y a tu madre; y amarás a tu prójimo como a ti mismo».
20El joven dijo*: «Todo esto lo he guardado; ¿qué me falta todavía?». 21Jesús le respondió: «Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que posees y da a los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sé Mi discípulo». 22Pero al oír el joven estas palabras, se fue triste, porque era dueño de muchos bienes.
23Jesús dijo entonces a Sus discípulos: «En verdad les digo que es difícil que un rico entre en el reino de los cielos. 24Otra vez les digo que es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios». 25Al oír esto, los discípulos estaban llenos de asombro, y decían: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?». 26Jesús, mirándolos, les dijo: «Para los hombres eso es imposible, pero para Dios todo es posible».
27Entonces Pedro le respondió: «Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué, pues, recibiremos?». 28Jesús les dijo: «En verdad les digo que ustedes que me han seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de Su gloria, ustedes se sentarán también sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. 29Y todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o tierras por Mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. 30Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros.

Salmo 19

Para el director del coro. Salmo de David.
1Los cielos proclaman la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de Sus manos.
2 Un día transmite el mensaje al otro día,
Y una noche a la otra noche revela sabiduría.
3No hay mensaje, no hay palabras;
No se oye su voz.
4 Pero por toda la tierra salió su voz,
Y hasta los confines del mundo sus palabras.
En ellos Dios puso una tienda para el sol,
5Y este, como un esposo que sale de su alcoba,
Se regocija como hombre fuerte al correr su carrera.
6De un extremo de los cielos es su salida,
Y su curso hasta el otro extremo de ellos;
Y no hay nada que se esconda de su calor.
7¶La ley del Señor es perfecta, que restaura el alma;
El testimonio del Señor es seguro, que hace sabio al sencillo.
8Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón;
El mandamiento del Señor es puro, que alumbra los ojos.
9El temor del Señor es limpio, que permanece para siempre;
Los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos;
10Deseables más que el oro; sí, más que mucho oro fino,
Más dulces que la miel y que el destilar del panal.
11Además, Tu siervo es amonestado por ellos;
En guardarlos hay gran recompensa.
12¿Quién puede discernir sus propios errores?
Absuélveme de los que me son ocultos.
13Guarda también a Tu siervo de pecados de soberbia;
Que no se enseñoreen de mí.
Entonces seré íntegro,
Y seré absuelto de gran transgresión.
14Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de Ti,
Oh Señor, roca mía y Redentor mío.

Proverbios 19

1Mejor es el pobre que anda en su integridad
Que el de labios perversos y necio.
2Tampoco es bueno para una persona carecer de conocimiento,
Y el que se apresura con los pies peca.
3La insensatez del hombre pervierte su camino,
Y su corazón se irrita contra el Señor.
4La riqueza añade muchos amigos,
Pero el pobre es separado de su amigo.
5El testigo falso no quedará sin castigo,
Y el que cuenta mentiras no escapará.
6Muchos buscan el favor del generoso,
Y todo hombre es amigo del que da.
7Todos los hermanos del pobre lo aborrecen,
¡Cuánto más sus amigos se alejarán de él!
Los persigue con palabras, pero ellos se han ido.
8El que adquiere cordura ama su alma;
El que guarda la prudencia hallará el bien.
9El testigo falso no quedará sin castigo,
Y el que cuenta mentiras perecerá.
10Al necio no conviene la vida de lujo;
Mucho menos a un siervo gobernar a los príncipes.
11La discreción del hombre le hace lento para la ira,
Y su gloria es pasar por alto una ofensa.
12Como rugido de león es la ira del rey,
Y su favor como rocío sobre la hierba.
13El hijo necio es ruina de su padre,
Y gotera constante las contiendas de una esposa.
14Casa y riqueza son herencia de los padres,
Pero la mujer prudente viene del Señor.
15La pereza hace caer en profundo sueño,
Y el alma ociosa sufrirá hambre.
16El que guarda el mandamiento guarda su alma,
Pero el que desprecia sus caminos morirá.
17El que se apiada del pobre presta al Señor,
Y Él lo recompensará por su buena obra.
18Disciplina a tu hijo mientras hay esperanza,
Pero no desee tu alma causarle la muerte.
19El hombre de gran ira llevará el castigo,
Porque si tú lo rescatas, tendrás que hacerlo de nuevo.
20Escucha el consejo y acepta la corrección,
Para que seas sabio el resto de tus días.
21Muchos son los planes en el corazón del hombre,
Mas el consejo del Señor permanecerá.
22Lo que es deseable en un hombre es su bondad,
Y es mejor ser pobre que mentiroso.
23El temor del Señor conduce a la vida,
Para poder dormir satisfecho, sin ser tocado por el mal.
24El perezoso mete su mano en el plato,
Y ni aun a su boca la llevará.
25Golpea al insolente y el ingenuo se volverá astuto,
Pero reprende al que tiene inteligencia y ganará en conocimiento.
26El que asalta a su padre y echa fuera a su madre
Es un hijo que trae vergüenza y desgracia.
27Cesa, hijo mío, de escuchar la instrucción,
Y te desviarás de las palabras de sabiduría.
28El testigo perverso se burla de la justicia,
Y la boca de los impíos esparce iniquidad.
29Los juicios están preparados para los insolentes,
Y los azotes para la espalda de los necios.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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