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Día 194 de 365 · 13 de julio

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2 Crónicas 20

1Aconteció después de esto, que los moabitas, los amonitas, y con ellos algunos de los meunitas, vinieron a pelear contra Josafat.
2Entonces vinieron algunos y dieron aviso a Josafat: «Viene contra ti una gran multitud de más allá del mar, de Aram y ya están en Hazezon Tamar, es decir, En Gadi». 3Josafat tuvo miedo y se dispuso a buscar al Señor, y proclamó ayuno en todo Judá. 4Y Judá se reunió para buscar ayuda del Señor; aun de todas las ciudades de Judá vinieron para buscar al Señor.
5Entonces Josafat se puso en pie en la asamblea de Judá y de Jerusalén, en la casa del Señor, delante del atrio nuevo, 6y dijo: «Oh Señor, Dios de nuestros padres, ¿no eres Tú Dios en los cielos? ¿Y no gobiernas Tú sobre todos los reinos de las naciones? En Tu mano hay poder y fortaleza y no hay quien pueda resistirte. 7¿No fuiste Tú, oh Dios nuestro, el que echaste a los habitantes de esta tierra delante de Tu pueblo Israel, y la diste para siempre a la descendencia de Tu amigo Abraham? 8Y han habitado en ella, y allí te han edificado un santuario a Tu nombre, diciendo: 9“Si viene mal sobre nosotros, espada, juicio, pestilencia o hambre, nos presentaremos delante de esta casa y delante de Ti (porque Tu nombre está en esta casa), y clamaremos a Ti en nuestra angustia, y Tú oirás y nos salvarás”.
10»Y ahora, los amonitas y moabitas y los del monte Seir, a quienes no permitiste que Israel invadiera cuando salió de la tierra de Egipto (por lo cual se apartaron de ellos y no los destruyeron), 11mira cómo nos pagan, viniendo a echarnos de Tu posesión, la que nos diste en heredad. 12Oh Dios nuestro, ¿no los juzgarás? Porque no tenemos fuerza alguna delante de esta gran multitud que viene contra nosotros, y no sabemos qué hacer; pero nuestros ojos están vueltos hacia Ti». 13Todo Judá estaba de pie delante del Señor, con sus niños, sus mujeres y sus hijos.
14Entonces el Espíritu del Señor vino en medio de la asamblea sobre Jahaziel, hijo de Zacarías, hijo de Benaía, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, levita de los hijos de Asaf, 15y dijo Jahaziel: «Presten atención, todo Judá, habitantes de Jerusalén y tú, rey Josafat: así les dice el Señor: “No teman, ni se acobarden delante de esta gran multitud, porque la batalla no es de ustedes, sino de Dios. 16Desciendan mañana contra ellos; pues ellos subirán por la cuesta de Sis, y los hallarán en el extremo del valle, frente al desierto de Jeruel. 17No necesitan pelear en esta batalla; tomen sus puestos y estén quietos, y vean la salvación del Señor con ustedes, oh Judá y Jerusalén”. No teman ni se acobarden; salgan mañana al encuentro de ellos porque el Señor está con ustedes».
18Entonces Josafat se inclinó rostro en tierra, y todo Judá y los habitantes de Jerusalén se postraron delante del Señor, adorando al Señor. 19Y se levantaron los levitas, de los hijos de Coat y de los hijos de Coré, para alabar al Señor, Dios de Israel, en voz muy alta.
20Se levantaron muy de mañana y salieron al desierto de Tecoa. Cuando salían, Josafat se puso en pie y dijo: «Óiganme, Judá y habitantes de Jerusalén, confíen en el Señor su Dios, y estarán seguros. Confíen en Sus profetas y triunfarán». 21Después de consultar con el pueblo, designó a algunos que cantaran al Señor y a algunos que le alabaran en vestiduras santas, conforme salían delante del ejército y que dijeran: «Den gracias al Señor, porque para siempre es Su misericordia».
22Cuando comenzaron a entonar cánticos y alabanzas, el Señor puso emboscadas contra los amonitas, los moabitas y los del monte Seir, que habían venido contra Judá, y fueron derrotados. 23Porque los amonitas y los moabitas se levantaron contra los habitantes del monte Seir destruyéndolos completamente, y cuando habían acabado con los habitantes de Seir, se pusieron a destruirse unos a otros.
24Cuando Judá llegó a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, y solo vieron cadáveres tendidos por tierra, ninguno había escapado. 25Al llegar Josafat y su pueblo para recoger el botín, hallaron mucho entre los cadáveres, incluyendo mercaderías, vestidos y objetos preciosos que tomaron para sí, más de los que podían llevar. Estuvieron tres días recogiendo el botín, pues había mucho. 26Al cuarto día se reunieron en el valle de Beraca, porque allí bendijeron al Señor. Por tanto llamaron aquel lugar el valle de Beraca hasta hoy.
27Y todos los hombres de Judá y de Jerusalén, con Josafat al frente de ellos, regresaron a Jerusalén con alegría, porque el Señor les había hecho regocijarse sobre sus enemigos. 28Entraron en Jerusalén, en la casa del Señor, con arpas, liras y trompetas. 29Y vino el terror de Dios sobre todos los reinos de aquellas tierras cuando oyeron que el Señor había peleado contra los enemigos de Israel. 30El reino de Josafat estuvo en paz, porque su Dios le dio tranquilidad por todas partes.
31Josafat reinó sobre Judá. Tenía treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su madre era Azuba, hija de Silhi. 32Anduvo en el camino de su padre Asa, y no se apartó de él, haciendo lo recto ante los ojos del Señor. 33Sin embargo, los lugares altos no fueron quitados, pues el pueblo no había vuelto aún su corazón al Dios de sus padres. 34Los demás hechos de Josafat, los primeros y los postreros, están escritos en las crónicas de Jehú, hijo de Hananí, que están mencionados en el libro de los reyes de Israel.
35Después de esto, Josafat, rey de Judá, se alió con Ocozías, rey de Israel. Al hacer esto obró impíamente. 36Y se alió con él para hacer naves que fueran a Tarsis, y construyeron las naves en Ezión Geber. 37Entonces Eliezer, hijo de Dodava de Maresa, profetizó contra Josafat: «Por cuanto te has aliado con Ocozías, el Señorha destruido tus obras». Así que las naves fueron destruidas y no pudieron ir a Tarsis.

2 Crónicas 21

1Josafat durmió con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. Su hijo Joram reinó en su lugar. 2Tenía varios hermanos, los hijos de Josafat: Azarías, Jehiel, Zacarías, Azaryahu, Micael y Sefatías. Todos estos eran hijos de Josafat, rey de Israel. 3Su padre les había dado muchos presentes de plata, oro y cosas preciosas, y ciudades fortificadas en Judá, pero dio el reino a Joram porque era el primogénito.
4Cuando Joram tomó posesión del reino de su padre y se hizo fuerte, mató a espada a todos sus hermanos, y también a algunos de los jefes de Israel. 5Joram tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén. 6Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, tal como había hecho la casa de Acab (pues la hija de Acab era su mujer), e hizo lo malo ante los ojos del Señor. 7Sin embargo, el Señor no quiso destruir la casa de David a causa del pacto que había hecho con David, y porque le había prometido darle una lámpara a él y a sus hijos para siempre.
8En sus días se rebeló Edom contra el dominio de Judá, y pusieron rey sobre ellos. 9Entonces pasó Joram con sus capitanes, y todos sus carros con él. Y levantándose de noche, atacó a los edomitas que lo tenían cercado a él y a los capitanes de los carros. 10Y Edom continuó en rebeldía contra el dominio de Judá hasta el día de hoy. Entonces Libna se rebeló en ese mismo tiempo contra su dominio, porque había abandonado al Señor, Dios de sus padres. 11Además, Joram hizo lugares altos en los montes de Judá, haciendo que los habitantes de Jerusalén se prostituyeran y que Judá se desviara.
12Entonces le llegó a Joram una carta del profeta Elías, que decía: «Así dice el Señor, Dios de tu padre David: “Por cuanto no has andado en los caminos de Josafat tu padre, ni en los caminos de Asa, rey de Judá, 13sino que has andado en el camino de los reyes de Israel, y has hecho que Judá y los habitantes de Israel se hayan prostituido como se prostituyó la casa de Acab, y también has matado a tus hermanos, tu propia familia, que eran mejores que tú, 14el Señor herirá con gran azote a tu pueblo, a tus hijos, a tus mujeres y a todas tus posesiones; 15y tú sufrirás una grave enfermedad, una enfermedad de los intestinos, hasta que día tras día se te salgan a causa de la enfermedad” ».
16Entonces el Señor movió contra Joram el espíritu de los filisteos y de los árabes que eran vecinos de los etíopes; 17los cuales subieron contra Judá y la invadieron, y se llevaron todas las posesiones que se hallaban en la casa del rey, y también a sus hijos y a sus mujeres, de modo que no le quedó más hijo que Joacaz, el menor de sus hijos.
18Después de todo esto, el Señor hirió a Joram en los intestinos con una enfermedad incurable. 19Con el correr del tiempo, después de dos años, los intestinos se le salieron a causa de su enfermedad, y murió con grandes dolores. Su pueblo no le encendió una hoguera como la hoguera que habían encendido por sus padres. 20Joram tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén; y murió sin que nadie lo lamentara. Lo sepultaron en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.

1 Timoteo 4

1El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, 2mediante la hipocresía de mentirosos que tienen cauterizada la conciencia. 3Esos prohibirán casarse y mandarán abstenerse de algunos alimentos, que Dios los ha creado para que con acción de gracias participen de ellos los que creen y que han conocido la verdad. 4Porque todo lo creado por Dios es bueno y nada se debe rechazar si se recibe con acción de gracias; 5porque es santificado mediante la palabra de Dios y la oración.
6Al señalar estas cosas a los hermanos serás un buen ministro de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido. 7Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad. 8Porque el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente y también para la futura. 9Palabra fiel es esta, y digna de ser aceptada por todos. 10Porque por esto trabajamos y nos esforzamos, porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los creyentes. 11Esto manda y enseña. 12No permitas que nadie menosprecie tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza. 13Entretanto que llego, ocúpate en la lectura de las Escrituras, la exhortación y la enseñanza. 14No descuides el don espiritual que está en ti, que te fue conferido por medio de la profecía con la imposición de manos del presbiterio. 15Reflexiona sobre estas cosas; dedícate a ellas, para que tu aprovechamiento sea evidente a todos. 16Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza. Persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan.

Salmo 44

Para el director del coro. Masquil de los hijos de Coré.
1Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído,
Nuestros padres nos han contado
La obra que hiciste en sus días,
En los tiempos antiguos:
2Tú con Tu mano echaste fuera las naciones,
Pero a ellos los plantaste.
Afligiste a los pueblos,
Pero a ellos los hiciste crecer.
3Pues no fue por su espada que tomaron posesión de la tierra,
Ni fue su brazo el que los salvó,
Sino Tu diestra y Tu brazo, y la luz de Tu presencia,
Porque te complaciste en ellos.
4¶Tú eres mi Rey, oh Dios;
Manda victorias a Jacob.
5Contigo rechazaremos a nuestros adversarios;
En Tu nombre pisotearemos a los que contra nosotros se levanten.
6Porque yo no confiaré en mi arco,
Ni me podrá salvar mi espada;
7Pues Tú nos has salvado de nuestros adversarios,
Y has avergonzado a los que nos aborrecen.
8En Dios nos hemos gloriado todo el día.
Por siempre alabaremos Tu nombre. (Selah)
9¶Sin embargo, Tú nos has rechazado y nos has confundido,
Y no sales con nuestros ejércitos.
10Nos haces retroceder ante el adversario,
Y los que nos aborrecen tomaron botín para sí.
11Nos entregas como ovejas para ser devorados,
Y nos has esparcido entre las naciones.
12Vendes a Tu pueblo a bajo precio,
Y nada has ganado con su venta.
13Nos haces el oprobio de nuestros vecinos,
Escarnio y burla de los que nos rodean.
14Nos pones por proverbio entre las naciones,
Causa de risa entre los pueblos.
15Todo el día mi ignominia está delante de mí,
Y la vergüenza de mi rostro me ha abrumado
16Por la voz del que me reprocha e insulta,
Por la presencia del enemigo y del vengativo.
17¶Todo esto nos ha sobrevenido, pero no nos hemos olvidado de Ti,
Ni hemos faltado a Tu pacto.
18No se ha vuelto atrás nuestro corazón,
Ni se han desviado nuestros pasos de Tu senda;
19Sin embargo, nos has quebrantado en la región de los chacales,
Y nos has cubierto con la sombra de la muerte.
20¶Si nos hubiéramos olvidado del nombre de nuestro Dios,
O extendido nuestras manos a un dios extraño,
21¿No se habría dado cuenta Dios de esto?
Pues Él conoce los secretos del corazón.
22Pero por causa Tuya nos matan cada día;
Se nos considera como ovejas para el matadero.
23¡Despierta! ¿Por qué duermes, Señor?
¡Levántate! No nos rechaces para siempre.
24¿Por qué escondes Tu rostro
Y te olvidas de nuestra aflicción y de nuestra opresión?
25Porque nuestra alma se ha hundido en el polvo;
Nuestro cuerpo está pegado a la tierra.
26¡Levántate! Sé nuestra ayuda,
Y redímenos por amor de Tu misericordia.

Proverbios 8

1¿No clama la sabiduría,
Y levanta su voz la prudencia?
2En la cima de las alturas, junto al camino,
Donde cruzan las sendas, se coloca;
3Junto a las puertas, a la salida de la ciudad,
En el umbral de las puertas, da voces:
4«Oh hombres, a ustedes clamo,
Para los hijos de los hombres es mi voz.
5-»Oh simples, aprendan prudencia;
Y ustedes, necios, aprendan sabiduría.
6-»Escuchen, porque hablaré cosas excelentes,
Y con el abrir de mis labios rectitud.
7-»Porque mi boca proferirá la verdad,
Abominación a mis labios es la impiedad.
8-»Conforme a la justicia son todas las palabras de mi boca,
No hay en ellas nada torcido ni perverso.
9-»Todas son sinceras para el que entiende,
Y rectas para los que han hallado conocimiento.
10-»Reciban mi instrucción y no la plata,
Y conocimiento antes que el oro escogido,
11Porque mejor es la sabiduría que las joyas,
Y todas las cosas deseables no pueden compararse con ella.
12¶»Yo, la sabiduría, habito con la prudencia,
Y he hallado conocimiento y discreción.
13-»El temor del Señor es aborrecer el mal.
El orgullo, la arrogancia, el mal camino
Y la boca perversa, yo aborrezco.
14-»Mío es el consejo y la prudencia,
Yo soy la inteligencia, el poder es mío.
15-»Por mí reinan los reyes,
Y los gobernantes decretan justicia.
16-»Por mí gobiernan los príncipes y los nobles,
Todos los que juzgan con justicia.
17-»Amo a los que me aman,
Y los que me buscan con diligencia me hallarán.
18-»Conmigo están las riquezas y el honor,
La fortuna duradera y la justicia.
19-»Mi fruto es mejor que el oro, que el oro puro,
Y mi ganancia es mejor que la plata escogida.
20-»Yo ando por el camino de la justicia,
Por en medio de las sendas del derecho,
21Para otorgar heredad a los que me aman
Y así llenar sus tesoros.
22¶»El Señor me poseyó al principio de Su camino,
Antes de Sus obras de tiempos pasados.
23-»Desde la eternidad fui establecida,
Desde el principio, desde los orígenes de la tierra.
24-»Cuando no había abismos fui engendrada,
Cuando no había manantiales abundantes en aguas.
25-»Antes que los montes fueran asentados,
Antes que las colinas, fui engendrada,
26Cuando Él no había hecho aún la tierra y los campos,
Ni el polvo primero del mundo.
27-»Cuando estableció los cielos, allí estaba yo;
Cuando trazó un círculo sobre la superficie del abismo,
28Cuando arriba afirmó los cielos,
Cuando las fuentes del abismo se afianzaron,
29Cuando al mar puso sus límites
Para que las aguas no transgredieran Su mandato,
Cuando señaló los cimientos de la tierra,
30Yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto;
Yo era Su delicia de día en día,
Regocijándome en todo tiempo en Su presencia,
31Regocijándome en el mundo, en Su tierra,
Y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.
32¶»Ahora pues, hijos, escúchenme,
Porque bienaventurados son los que guardan mis caminos.
33-»Escuchen la instrucción y sean sabios,
Y no la desprecien.
34-»Bienaventurado el hombre que me escucha,
Velando a mis puertas día a día,
Aguardando en los postes de mi entrada.
35-»Porque el que me halla, halla la vida
Y alcanza el favor del Señor.
36-»Pero el que peca contra mí, a sí mismo se daña;
Todos los que me odian, aman la muerte».

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