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Día 196 de 365 · 15 de julio

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2 Crónicas 24

1Joás tenía siete años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años en Jerusalén. El nombre de su madre era Sibia de Beerseba. 2Joás hizo lo recto ante los ojos del Señor todos los días del sacerdote Joiada. 3Joiada escogió dos mujeres para el rey, y este tuvo hijos e hijas.
4Sucedió después de esto que Joás decidió restaurar la casa del Señor. 5Así que reunió a los sacerdotes y a los levitas, y les dijo: «Salgan a las ciudades de Judá, y recojan dinero de todo Israel para reparar anualmente la casa de su Dios; y dense prisa en esto». Pero los levitas no se apresuraron. 6Entonces el rey llamó al sumo sacerdote Joiada, y le dijo: «¿Por qué no has exigido a los levitas que traigan de Judá y de Jerusalén la contribución que Moisés, siervo del Señor, impuso sobre la congregación de Israel para la tienda del testimonio?». 7Porque los hijos de la perversa Atalía habían forzado la entrada a la casa de Dios y aun habían usado para los Baales las cosas sagradas de la casa del Señor.
8Entonces el rey mandó que hicieran un cofre y lo colocaron afuera, junto a la puerta de la casa del Señor. 9Y proclamaron en Judá y en Jerusalén que trajeran al Señor la contribución que Moisés, siervo de Dios, impuso sobre Israel en el desierto. 10Todos los oficiales y todo el pueblo se regocijaron y trajeron sus contribuciones y las echaron en el cofre hasta llenarlo. 11Y sucedía que siempre que el cofre era traído al oficial del rey por los levitas, y cuando veían que había mucho dinero, entonces el escriba del rey y el oficial del sumo sacerdote venían, vaciaban el cofre, lo tomaban y lo volvían a su lugar. Así hacían diariamente y recogían mucho dinero. 12El rey y Joiada lo daban a los que hacían la obra del servicio de la casa del Señor. Estos contrataron canteros y carpinteros para reparar la casa del Señor, y también artífices en hierro y bronce para reparar la casa del Señor.
13Los obreros hicieron su trabajo, y el trabajo de reparación progresó en sus manos, y restauraron la casa de Dios conforme a sus planos y la reforzaron. 14Cuando terminaron, trajeron el resto del dinero delante del rey y de Joiada; y lo convirtieron en utensilios para la casa del Señor, utensilios para el ministerio y para el holocausto, y recipientes y utensilios de oro y de plata. Todos los días de Joiada ofrecieron continuamente holocaustos en la casa del Señor.
15Joiada envejeció y murió a una edad muy avanzada. Tenía 130 años cuando murió. 16Lo sepultaron en la ciudad de David con los reyes, porque había hecho bien en Israel, a Dios y a Su templo. 17Pero después de la muerte de Joiada, vinieron los oficiales de Judá y se inclinaron ante el rey, y el rey los escuchó. 18Abandonaron la casa del Señor, el Dios de sus padres, y sirvieron a las Aseras y a los ídolos; entonces vino la ira de Dios sobre Judá y Jerusalén a causa de esta culpa suya. 19No obstante, Él les envió profetas para hacerlos volver al Señor; y aunque estos dieron testimonio contra ellos, ellos no prestaron atención.
20Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías, hijo del sacerdote Joiada. Él se puso en pie, en un lugar más alto que el pueblo, y les dijo: «Así ha dicho Dios: “¿Por qué quebrantan ustedes los mandamientos del Señor y no prosperan? Por haber abandonado al Señor, Él también los ha abandonado” ». 21Pero ellos conspiraron contra Zacarías, y por orden del rey lo mataron a pedradas en el atrio de la casa del Señor. 22No se acordó el rey Joás de la bondad que Joiada, padre de Zacarías, le había mostrado, sino que asesinó a su hijo. Y este al morir dijo: «Que lo vea el Señor y tome venganza».
23Y aconteció que a la vuelta del año, el ejército de los arameos subió contra Joás; y vinieron a Judá y a Jerusalén, destruyeron de entre la población a todos los oficiales del pueblo, y enviaron todo el botín al rey de Damasco. 24Ciertamente, el ejército de los arameos vino con pocos hombres; sin embargo, el Señor entregó a un ejército muy grande en sus manos, porque los de Judá habían abandonado al Señor, Dios de sus padres. Así ejecutaron juicio contra Joás.
25Cuando los arameos se alejaron de él (dejándolo muy herido), sus mismos siervos conspiraron contra él a causa de la sangre del hijo del sacerdote Joiada, y lo mataron en su cama. Joás murió, y lo sepultaron en la ciudad de David, pero no lo sepultaron en los sepulcros de los reyes. 26Estos son los que conspiraron contra él: Zabad, hijo de Simeat la amonita, y Jozabad, hijo de Simrit la moabita. 27En cuanto a sus hijos, los muchos oráculos contra él y la restauración de la casa de Dios, están escritos en la historiadel libro de los reyes. Entonces su hijo Amasías reinó en su lugar.

2 Crónicas 25

1Amasías tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. El nombre de su madre era Joadán, de Jerusalén. 2Amasías hizo lo recto ante los ojos del Señor, aunque no de todo corazón. 3Y una vez afianzado el reino en su mano, mató a los siervos suyos que habían asesinado al rey su padre. 4Pero a sus hijos no les dio muerte, sino que hizo conforme a lo que está escrito en la ley en el libro de Moisés, tal como el Señor ordenó: «No se dará muerte a los padres por culpa de los hijos, ni se dará muerte a los hijos por culpa de los padres, sino que a cada uno se le dará muerte por su propio pecado».
5Además, Amasías reunió a Judá, y conforme a sus casas paternas los puso bajo capitanes de miles y capitanes de cientos por todo Judá y Benjamín. Hizo un censo de los de veinte años arriba, y halló 300,000 hombres escogidos, hábiles para ir a la guerra y para manejar lanza y escudo. 6También tomó a sueldo a 100,000 guerreros valientes de Israel por 3.4 toneladas de plata. 7Pero un hombre de Dios vino a Amasías y le dijo: «Oh rey, no permita que el ejército de Israel vaya con usted, porque el Señor no está con Israel ni con ninguno de los hijos de Efraín. 8Pero si usted va, hágalo, esfuércese para la batalla; sin embargo, Dios lo derribará delante del enemigo, porque Dios tiene poder para ayudar y para derribar». 9Amasías dijo al hombre de Dios: «¿Y qué debo hacer con las 3.4 toneladas que he dado a las tropas de Israel?». «El Señor tiene mucho más que darle que esto», respondió el hombre de Dios. 10Entonces Amasías despidió las tropas que vinieron a él de Efraín, para que se fueran a sus casas. Porque se encendió en gran manera la ira de ellos contra Judá, así que regresaron a sus casas ardiendo en ira.
11Amasías se fortaleció, y al frente de su pueblo fue al valle de la Sal y mató a 10,000 de los hijos de Seir. 12También los hijos de Judá capturaron vivos a 10,000 y los llevaron a la cumbre de la peña, los echaron abajo desde la cumbre de la peña y todos fueron despedazados. 13Pero las tropas que Amasías había hecho volver para que no fueran con él a la batalla, saquearon las ciudades de Judá desde Samaria hasta Bet Horón, mataron a 3,000 de ellos y tomaron mucho botín.
14Después que Amasías regresó de la matanza de los edomitas, trajo los dioses de los hijos de Seir y los puso como sus dioses, se postró delante de ellos y les quemó incienso. 15Entonces se encendió la ira del Señor contra Amasías, y le envió un profeta que le dijo: «¿Por qué has buscado a los dioses de otro pueblo que no pudieron librar a su propio pueblo de tu mano?». 16Y mientras el profeta hablaba con él, el rey le dijo: «¿Acaso te hemos constituido consejero real? Detente. ¿Por qué buscas que te maten?». Entonces el profeta se detuvo, y dijo: «Yo sé que Dios ha determinado destruirte, porque has hecho esto y no has escuchado mi consejo».
17Entonces Amasías, rey de Judá, tomó consejo y envió mensajeros a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, y le dijeron: «Ven, veámonos cara a cara». 18Joás, rey de Israel, envió este mensaje a Amasías, rey de Judá: «El cardo que estaba en el Líbano, envió a decir al cedro que estaba en el Líbano: “Da a tu hija por mujer a mi hijo”. Pero pasó una fiera que estaba en el Líbano, y pisoteó el cardo. 19Tú dijiste: “He derrotado a Edom”; y tu corazón se ha envanecido para gloriarte. Quédate ahora en tu casa; ¿por qué quieres provocar el mal, de modo que caigas tú y Judá contigo?».
20Pero Amasías no quiso escuchar, porque esto venía de Dios, para entregarlo en mano de Joás, porque había buscado los dioses de Edom. 21Subió Joás, rey de Israel, y él y Amasías, rey de Judá, se enfrentaron en Bet Semes, que pertenece a Judá. 22Y Judá fue derrotado por Israel, y huyeron, cada uno a su tienda. 23Entonces Joás, rey de Israel, capturó en Bet Semes a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Joacaz, y lo llevó a Jerusalén; y derribó la muralla de Jerusalén desde la puerta de Efraín hasta la puerta del Ángulo, 400 codos (180 metros). 24Joás tomó todo el oro y la plata, todos los utensilios que se encontraban con Obed Edom en la casa de Dios, los tesoros de la casa del rey y también los rehenes, y se volvió a Samaria.
25Y Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel. 26Los demás hechos de Amasías, desde el primero hasta el postrero, ¿no están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel? 27Desde el día en que Amasías se apartó de seguir al Señor, conspiraron contra él en Jerusalén, y él huyó a Laquis; pero lo persiguieron hasta Laquis y allí lo mataron. 28Lo trajeron en caballos y lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David.

1 Timoteo 6

1Todos los que están bajo yugo como esclavos, consideren a sus propios amos como dignos de todo honor, para que el nombre de Dios y nuestra doctrina no sean blasfemados. 2Y los que tienen amos que son creyentes, no les falten el respeto, porque son hermanos, sino sírvanles aún mejor, ya que son creyentes y amados los que se benefician de su servicio. Enseña y predica estos principios.
3Si alguien enseña una doctrina diferente y no se conforma a las sanas palabras, las de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, 4está envanecido y nada entiende, sino que tiene un interés corrompido en discusiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, 5y constantes rencillas entre hombres de mente depravada, que están privados de la verdad, que suponen que la piedad es un medio de ganancia.
6Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento. 7Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. 8Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos. 9Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. 10Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores.
11Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia y la amabilidad. 12Pelea la buena batalla de la fe. Echa mano de la vida eterna a la cual fuiste llamado, y de la que hiciste buena profesión en presencia de muchos testigos. 13Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, 14que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, 15la cual manifestará a su debido tiempo el bienaventurado y único Soberano, el Rey de reyes y Señor de señores; 16el único que tiene inmortalidad y habita en luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A Él sea la honra y el dominio eterno. Amén.
17A los ricos en este mundo, enséñales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos. 18Enséñales que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir, 19acumulando para sí el tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan echar mano de lo que en verdad es vida.
20Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, y evita las palabrerías vacías y profanas, y las objeciones de lo que falsamente se llama ciencia, 21la cual profesándola algunos, se han desviado de la fe.
La gracia sea con ustedes.

Salmo 46

Para el director del coro. Salmo de los hijos de Coré, compuesto para Alamot. Cántico.
1Dios es nuestro refugio y fortaleza,
Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
2Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios,
Y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares;
3 Aunque bramen y se agiten sus aguas,
Aunque tiemblen los montes con creciente enojo. (Selah)
4Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios,
Las moradas santas del Altísimo.
5Dios está en medio de ella, no será sacudida;
Dios la ayudará al romper el alba.
6Bramaron las naciones, se tambalearon los reinos;
Dio Él Su voz, y la tierra se derritió.
7El Señor de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro baluarte es el Dios de Jacob. (Selah)
8¶Vengan, contemplen las obras del Señor,
Que ha hecho asolamientos en la tierra;
9Que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra;
Quiebra el arco, parte la lanza,
Y quema los carros en el fuego.
10Estén quietos, y sepan que Yo soy Dios;
Exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra.
11El Señor de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro baluarte es el Dios de Jacob. (Selah)

Proverbios 10

1Los proverbios de Salomón.
El hijo sabio alegra al padre,
Pero el hijo necio es tristeza para su madre.
2Tesoros mal adquiridos no aprovechan,
Pero la justicia libra de la muerte.
3El Señor no permitirá que el justo padezca hambre,
Pero rechazará la avidez de los impíos.
4Pobre es el que trabaja con mano negligente,
Pero la mano de los diligentes enriquece.
5El que recoge en el verano es hijo sabio,
El que se duerme durante la siega es hijo que avergüenza.
6Hay bendiciones sobre la cabeza del justo,
Pero la boca de los impíos oculta violencia.
7La memoria del justo es bendita,
Pero el nombre del impío se pudrirá.
8El sabio de corazón aceptará mandatos,
Pero el necio charlatán será derribado.
9El que anda en integridad anda seguro,
Pero el que pervierte sus caminos será descubierto.
10El que guiña el ojo causa disgustos,
Y el necio charlatán será derribado.
11Fuente de vida es la boca del justo,
Pero la boca de los impíos encubre violencia.
12El odio crea rencillas,
Pero el amor cubre todas las transgresiones.
13En los labios del entendido se halla sabiduría,
Pero la vara es para las espaldas del falto de entendimiento.
14Los sabios atesoran conocimiento,
Pero la boca del necio es ruina cercana.
15La fortuna del rico es su fortaleza,
La ruina de los pobres es su pobreza.
16El salario del justo es vida,
La ganancia del impío, castigo.
17 Por senda de vida va el que guarda la instrucción,
Pero el que abandona la reprensión se extravía.
18El que oculta el odio tiene labios mentirosos,
Y el que esparce calumnia es un necio.
19En las muchas palabras, la transgresión es inevitable,
Pero el que refrena sus labios es prudente.
20La lengua del justo es plata escogida,
Pero el corazón de los impíos es poca cosa.
21Los labios del justo apacientan a muchos,
Pero los necios mueren por falta de entendimiento.
22La bendición del Señor es la que enriquece,
Y Él no añade tristeza con ella.
23Como diversión es para el necio el hacer maldad,
Y la sabiduría lo es para el hombre de entendimiento.
24Lo que el impío teme vendrá sobre él,
Y el deseo de los justos será concedido.
25Cuando pasa el torbellino, ya no existe el impío,
Pero el justo tiene cimiento eterno.
26Como el vinagre a los dientes y el humo a los ojos,
Así es el perezoso para quienes lo envían.
27El temor del Señor multiplica los días,
Pero los años de los impíos serán acortados.
28La esperanza de los justos es alegría,
Pero la expectación de los impíos perecerá.
29Fortaleza para el íntegro es el camino del Señor,
Pero ruina para los que obran iniquidad.
30El justo nunca será conmovido,
Pero los impíos no habitarán en la tierra.
31De la boca del justo brota sabiduría,
Pero la lengua perversa será cortada.
32Los labios del justo dan a conocer lo agradable,
Pero la boca de los impíos, lo perverso.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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