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Día 198 de 365 · 17 de julio

TAMAÑO

2 Crónicas 28

1Acaz tenía veinte años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén; pero no hizo lo recto ante los ojos del Señor como su padre David lo había hecho, 2sino que anduvo en los caminos de los reyes de Israel; también hizo imágenes fundidas para los Baales. 3Además quemó incienso en el valle de Ben Hinom, e hizo pasar a sus hijos por el fuego, conforme a las abominaciones de las naciones que el Señor había arrojado de delante de los israelitas. 4Acaz sacrificó y quemó incienso en los lugares altos, en los montes y debajo de todo árbol frondoso.
5Por lo cual el Señor su Dios lo entregó en manos del rey de los arameos, que lo derrotaron, tomaron de él gran número de cautivos y los llevaron a Damasco. Y también él fue entregado en manos del rey de Israel, el cual lo hirió con gran mortandad. 6Porque Peka, hijo de Remalías, mató en Judá a 120,000 en un día, todos hombres valientes, porque habían abandonado al Señor, Dios de sus padres. 7Y Zicri, hombre poderoso de Efraín, mató a Maasías, hijo del rey, y a Azricam, mayordomo de la casa, y a Elcana, segundo después del rey.
8Los israelitas se llevaron cautivos de sus hermanos a 200,000 mujeres, hijos e hijas; y tomaron también mucho botín de ellos y se llevaron el botín a Samaria. 9Pero había allí un profeta del Señor llamado Oded, y este salió al encuentro del ejército que venía a Samaria, y les dijo: «Porque el Señor, Dios de sus padres, estaba lleno de ira contra Judá, los ha entregado en sus manos, y ustedes los han matado con una furia que ha llegado hasta el cielo. 10Y ahora se proponen subyugar a los hijos de Judá y de Jerusalén como sus esclavos y esclavas. ¿No tienen ciertamente transgresiones de parte de ustedes contra el Señor su Dios? 11Ahora pues, óiganme, y devuelvan a los cautivos que capturaron de sus hermanos, porque el furor de la ira del Señor está contra ustedes».
12Entonces algunos de los jefes de los hijos de Efraín: Azarías, hijo de Johanán, Berequías, hijo de Mesilemot, Ezequías, hijo de Salum, y Amasa, hijo de Hadlai, se levantaron contra los que venían de la batalla, 13y les dijeron: «No traigan aquí a los cautivos; porque se proponen traer sobre nosotros culpa contra el Señor, añadiendo a nuestros pecados y a nuestra culpa. Porque nuestra culpa es grande y el furor de Su ira está contra Israel». 14Entonces los hombres armados dejaron a los cautivos y el botín delante de los oficiales y de toda la asamblea. 15Y se levantaron los hombres que habían sido designados por nombre y tomaron a los cautivos, y del botín vistieron a todos los desnudos y les dieron vestidos y sandalias. También les dieron de comer y de beber y los ungieron, y a todos los débiles los condujeron en asnos y los llevaron a Jericó, ciudad de las palmeras, a sus hermanos; entonces regresaron a Samaria.
16En aquel tiempo el rey Acaz envió a pedir ayuda a los reyes de Asiria. 17Porque los edomitas habían venido de nuevo y atacado a Judá y se habían llevado algunos cautivos. 18También los filisteos habían invadido las ciudades de las tierras bajas y del Neguev de Judá, y habían tomado Bet Semes, Ajalón, Gederot y Soco con sus aldeas, Timna con sus aldeas, y Gimzo con sus aldeas; y se establecieron allí. 19Porque el Señor humilló a Judá a causa de Acaz, rey de Israel, pues él había permitido el desenfreno en Judá, y fue muy infiel al Señor. 20Y vino contra él Tilgat Pilneser, rey de Asiria, y lo afligió en vez de fortalecerlo. 21Pues Acaz había tomado una porción del tesoro de la casa del Señor, del palacio del rey y de los príncipes, y la había dado al rey de Asiria; pero no le sirvió de nada.
22Y en el tiempo de su angustia este rey Acaz fue aún más infiel al Señor. 23Sacrificaba a los dioses de Damasco que lo habían derrotado, y decía: «Por cuanto los dioses de los reyes de Aram los ayudaron, sacrificaré a ellos para que me ayuden». Pero ellos fueron su ruina y la de todo Israel. 24Además, cuando Acaz recogió los utensilios de la casa de Dios, hizo pedazos los utensilios de la casa de Dios; cerró las puertas de la casa del Señor e hizo para sí altares en cada rincón de Jerusalén. 25En cada ciudad de Judá hizo lugares altos para quemar incienso a otros dioses, y provocó a ira al Señor, Dios de sus padres.
26Los demás hechos de Acaz y todos sus caminos, los primeros y los postreros, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 27Acaz durmió con sus padres, y lo sepultaron en la ciudad, en Jerusalén, pues no lo pusieron en los sepulcros de los reyes de Israel. Su hijo Ezequías reinó en su lugar.

2 Crónicas 29

1Ezequías comenzó a reinar cuando tenía veinticinco años, y reinó veintinueve años en Jerusalén. El nombre de su madre era Abías, hija de Zacarías. 2Ezequías hizo lo recto ante los ojos del Señor, conforme a todo lo que su padre David había hecho.
3En el primer año de su reinado, en el mes primero, abrió las puertas de la casa del Señor y las reparó. 4Hizo venir a los sacerdotes y a los levitas y los reunió en la plaza oriental. 5Entonces les dijo: «Óiganme, levitas. Santifíquense ahora, y santifiquen la casa del Señor, Dios de sus padres, y saquen lo inmundo del lugar santo. 6Porque nuestros padres han sido infieles y han hecho lo malo ante los ojos del Señor nuestro Dios, lo han abandonado, han apartado sus rostros de la morada del Señor y le han vuelto las espaldas. 7También han cerrado las puertas del pórtico y han apagado las lámparas, y no han quemado incienso ni ofrecido holocaustos en el lugar santo al Dios de Israel.
8»Por tanto, la ira del Señor vino contra Judá y Jerusalén, y Él los hizo objeto de espanto, de horror y de burla, como ustedes lo ven con sus propios ojos. 9Por eso nuestros padres han caído a espada, y nuestros hijos y nuestras hijas y nuestras mujeres están en cautividad a causa de esto. 10Ahora he decidido en mi corazón hacer un pacto con el Señor, Dios de Israel, para que el ardor de Su ira se aparte de nosotros. 11Hijos míos, no sean ahora negligentes, porque el Señor los ha escogido a fin de que estén delante de Él, para servirle y para ser Sus ministros y quemar incienso».
12Entonces se levantaron los levitas: Mahat, hijo de Amasai, y Joel, hijo de Azarías, de los hijos de los coatitas; y de los hijos de Merari, Cis, hijo de Abdi, y Azarías, hijo de Jehalelel; y de los gersonitas, Joa, hijo de Zima, y Edén, hijo de Joa; 13de los hijos de Elizafán, Simri y Jeiel; y de los hijos de Asaf, Zacarías y Matanías; 14de los hijos de Hemán, Jehiel y Simei; y de los hijos de Jedutún, Semaías y Uziel.
15 Estos levitas reunieron a sus hermanos, se santificaron y entraron para limpiar la casa del Señor, conforme al mandamiento del rey según las palabras del Señor. 16Los sacerdotes entraron al interior de la casa del Señor para limpiarla, y sacaron al atrio de la casa del Señor todas las cosas inmundas que hallaron en el templo del Señor. Entonces los levitas las recogieron para llevarlas fuera al torrente Cedrón. 17Comenzaron la santificación el primer día del mes primero, y el octavo día del mes entraron hasta el pórtico del Señor; entonces santificaron la casa del Señor en ocho días, y terminaron el día dieciséis del mes primero. 18Después fueron al rey Ezequías, y le dijeron: «Hemos limpiado toda la casa del Señor, el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la mesa del pan de la proposición con todos sus utensilios. 19Además, todos los utensilios que el rey Acaz en su infidelidad había desechado durante su reino los hemos preparado y santificado, y ahora están delante del altar del Señor».
20Entonces el rey Ezequías se levantó temprano, reunió a los príncipes de la ciudad y subió a la casa del Señor. 21Y trajeron siete novillos, siete carneros, siete corderos y siete machos cabríos como ofrenda por el pecado del reino, por el santuario y por Judá. El rey ordenó a los sacerdotes, los hijos de Aarón, que los ofrecieran sobre el altar del Señor. 22Mataron los novillos, y los sacerdotes recogieron la sangre y la esparcieron sobre el altar. También mataron los carneros y esparcieron la sangre sobre el altar; asimismo mataron los corderos y esparcieron la sangre sobre el altar. 23Después trajeron los machos cabríos de la ofrenda por el pecado del rey y de la asamblea, y pusieron sus manos sobre ellos. 24Los sacerdotes los mataron y purificaron el altar con su sangre como expiación por todo Israel, porque el rey había ordenado el holocausto y la ofrenda por el pecado por todo Israel.
25Luego Ezequías situó a los levitas en la casa del Señor con címbalos, con arpas y con liras, conforme al mandamiento de David y de Gad, el vidente del rey, y del profeta Natán. Porque el mandamiento procedía del Señor por medio de Sus profetas. 26Los levitas se colocaron con los instrumentos musicales de David, y los sacerdotes con las trompetas. 27Entonces Ezequías mandó ofrecer el holocausto sobre el altar. Cuando el holocausto comenzó, también comenzó el canto al Señor con las trompetas, acompañado por los instrumentos de David, rey de Israel. 28Mientras toda la asamblea adoraba, también los cantores cantaban y las trompetas sonaban; todo esto continuó hasta que se consumió el holocausto.
29Después de consumido el holocausto, el rey y todos los que estaban con él se inclinaron y adoraron. 30El rey Ezequías y los oficiales ordenaron a los levitas que cantaran alabanzas al Señor con las palabras de David y del vidente Asaf. Cantaron alabanzas con alegría, y se inclinaron y adoraron.
31Entonces Ezequías dijo: «Ahora que ustedes se han consagrado al Señor, acérquense y traigan sacrificios y ofrendas de gratitud a la casa del Señor». Y la asamblea trajo sacrificios y ofrendas de gratitud, y todos los que quisieron trajeron holocaustos. 32El número de los holocaustos que la asamblea trajo fue de 70 bueyes, 100 carneros y 200 corderos; todos estos fueron para el holocausto al Señor. 33Y las cosas consagradas fueron 600 bueyes y 3,000 ovejas. 34Pero los sacerdotes eran pocos, y no pudieron desollar todos los holocaustos; por eso sus hermanos los levitas los ayudaron hasta que se acabó la obra y hasta que los otros sacerdotes se hubieron santificado. Porque los levitas fueron más cuidadosos para santificarse que los sacerdotes. 35Hubo también holocaustos en abundancia con la grasa de las ofrendas de paz y con las libaciones para los holocaustos. Así quedó restablecido el servicio de la casa del Señor. 36Entonces Ezequías se regocijó con todo el pueblo por lo que Dios había preparado para el pueblo, pues todosucedió rápidamente.

2 Timoteo 2

1Tú, pues, hijo mío, fortalécete en la gracia que hay en Cristo Jesús. 2Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean capaces de enseñar también a otros. 3Sufre penalidades conmigo, como buen soldado de Cristo Jesús. 4El soldado en servicio activo no se enreda en los negocios de la vida diaria, a fin de poder agradar al que lo reclutó como soldado.
5También el que compite como atleta, no gana el premio si no compite de acuerdo con las reglas. 6El labrador que trabaja debe ser el primero en recibir su parte de los frutos. 7Considera lo que digo, pues el Señor te dará entendimiento en todo.
8Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, conforme a mi evangelio, 9por el cual sufro penalidades, hasta el encarcelamiento como un malhechor. Pero la palabra de Dios no está presa. 10Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús, y con ella gloria eterna. 11Palabra fiel es esta:
Que si morimos con Él, también viviremos con Él;
12Si perseveramos, también reinaremos con Él;
Si lo negamos, Él también nos negará;
13Si somos infieles, Él permanece fiel, pues no puede negarse Él mismo.
14Recuérdales esto, encargándoles solemnemente en la presencia de Dios, que no discutan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha y lleva a los oyentes a la ruina. 15Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad. 16Evita las palabrerías vacías y profanas, porque los dados a ellas, conducirán más y más a la impiedad, 17y su palabra se extenderá como gangrena. Entre ellos están Himeneo y Fileto, 18que se han desviado de la verdad diciendo que la resurrección ya tuvo lugar, trastornando así la fe de algunos. 19No obstante, el sólido fundamento de Dios permanece firme, teniendo este sello: «El Señor conoce a los que son Suyos», y: «Que se aparte de la iniquidad todo aquel que menciona el nombre del Señor».
20Ahora bien, en una casa grande no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro, y unos para honra y otros para deshonra. 21Por tanto, si alguien se limpia de estas cosas, será un vaso para honra, santificado, útil para el Señor, preparado para toda buena obra. 22Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro. 23Pero rechaza los razonamientos necios e ignorantes, sabiendo que producen rencillas.
24El siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido. 25Debe reprender tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad, 26y volviendo en sí, escapen del lazo del diablo, habiendo estado cautivos de él para hacersu voluntad.

Salmo 48

Cántico. Salmo de los hijos de Coré.
1Grande es el Señor, y muy digno de ser alabado
En la ciudad de nuestro Dios, Su santo monte.
2Hermoso en su elevación, el gozo de toda la tierra
Es el monte Sión, en el extremo norte,
La ciudad del gran Rey.
3Dios en sus palacios
Se dio a conocer como baluarte.
4¶Pues los reyes se reunieron;
Pasaron juntos.
5Ellos la vieron y quedaron pasmados;
Se aterrorizaron y huyeron alarmados.
6Allí se apoderó de ellos un temblor;
Dolor como el de mujer que está de parto.
7Con el viento del este
Tú destrozas las naves de Tarsis.
8Como lo hemos oído, así lo hemos visto
En la ciudad del Señor de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios;
Dios la afirmará para siempre. (Selah)
9¶Hemos meditado en Tu misericordia, oh Dios,
En medio de Tu templo.
10Oh Dios, como es Tu nombre,
Así es Tu alabanza hasta los confines de la tierra;
Llena de justicia está Tu diestra.
11Alégrese el monte Sión,
Regocíjense las hijas de Judá,
A causa de Tus juicios.
12Caminen por Sión y vayan alrededor de ella;
Cuenten sus torres;
13Consideren atentamente sus murallas,
Recorran sus palacios,
Para que lo cuenten a la generación venidera.
14Porque Este es Dios,
Nuestro Dios para siempre;
Él nos guiará hasta la muerte.

Proverbios 12

1El que ama la instrucción ama el conocimiento,
Pero el que odia la reprensión es torpe.
2El bueno alcanzará el favor del Señor,
Pero Él condenará al hombre de malos designios.
3El hombre no se afianzará por medio de la impiedad,
Y la raíz de los justos no será removida.
4La mujer virtuosa es corona de su marido,
Pero la que lo avergüenza es como podredumbre en sus huesos.
5Los pensamientos de los justos son rectos,
Los consejos de los impíos, engañosos.
6Las palabras de los impíos son asechanzas sangrientas,
Pero a los rectos su boca los librará.
7Los impíos son derribados y ya no existen,
Pero la casa de los justos permanecerá.
8El hombre será alabado conforme a su discernimiento,
Pero el perverso de corazón será despreciado.
9Más vale el poco estimado que tiene siervo,
Que el que se alaba y carece de pan.
10El justo se preocupa de la vida de su ganado,
Pero las entrañas de los impíos son crueles.
11El que labra su tierra se saciará de pan,
Pero el que persigue lo vano carece de entendimiento.
12El impío codicia el botín de los malos,
Pero la raíz de los justos da fruto.
13En la transgresión de sus labios se enreda el malvado,
Pero el justo escapará del apuro.
14Por el fruto de su boca cada uno se saciará de bien,
Y las obras de las manos del hombre volverán a él.
15El camino del necio es recto a sus propios ojos,
Pero el que escucha consejos es sabio.
16El enojo del necio se conoce al instante,
Pero el prudente oculta la deshonra.
17El que habla verdad declara lo que es justo,
Pero el testigo falso, falsedad.
18Hay quien habla sin tino como golpes de espada,
Pero la lengua de los sabios sana.
19Los labios veraces permanecerán para siempre,
Pero la lengua mentirosa, solo por un momento.
20Hay engaño en el corazón de los que traman el mal,
Pero gozo en los consejeros de paz.
21Ningún daño sobreviene al justo,
Pero los impíos están llenos de pesares.
22Los labios mentirosos son abominación al Señor,
Pero los que obran fielmente son Su deleite.
23El hombre prudente oculta su conocimiento,
Pero el corazón de los necios proclama su necedad.
24La mano de los diligentes gobernará,
Pero la indolencia será sujeta a trabajos forzados.
25La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime,
Pero la buena palabra lo alegra.
26El justo es guía para su prójimo,
Pero el camino de los impíos los extravía.
27El indolente no asa su presa,
Pero la posesión más preciosa del hombre es la diligencia.
28En la senda de la justicia está la vida,
Y en sucamino no hay muerte.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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